Chapter Text
Los nervios le comían la piel, estaba parado afuera de la casa de Rich, aquel morocho que le quitaba el aliento y que hacía que su corazón fuera a mil por hora. Estaba completamente nervioso, tenía miedo de que algo fallará y que todo su ‘plan’ se echara a perder. Tenía miedo porque, para Farfa, Rich era simplemente perfecto, un chico muy dulce, con una bondad que te hace derretirte, no existía maldad en aquel ser humano, por eso mismo es que Farfadox se había enamorado. Al principio, sí admite que quizás solo era una atracción física, pero a medida que fueron conociéndose, no pudo evitar caer en los encantos de aquel morocho, de su morocho. Porque, aunque todavía no fueran nada oficial, ellos ya se habían entregado por completo al otro en alma y carne.
— ¿Farfa? – Esa voz que conocía tan bien, tan grave pero a la vez suave, como un susurro que lo llevaba a bajar la guardia del mundo y descansar un rato. Levantó la vista del suelo, estaba un poco ido en sus pensamientos, olvidándose que estaba frente a la casa de Rich para llevarlo a lo que sería su cita.
— ¡Rich! Hola, justo te estaba por llamar para que salieras. – Mentira. Y Rich lo sabía, porque lo vio cuando llegó y como se quedó fuera divagando en sus pensamientos. Lo vio haciendo amagues de bajar de la moto, jugando la pata de la misma sobre si dejarla apoyada o seguirla manteniendo con sus pies. Pero no se lo diría. Porque él también estaba nervioso, a pesar de haber salido tantas veces ya, esta cita en particular se sentía distinta. Algo dentro suyo presentía que algo iba a pasar, algo, quizás, muy bueno y lindo. Por eso, cuando sintió el característico ruido de aquella moto cerca de su hogar, y el presenciar aquella escena de un Farfa nervioso fuera de su casa, lo ayudó bastante para aprovechar el tiempo, calmarse un poco y tomar la valentía de salir de su hogar como si nada.
— Bueno… ¿Y dónde me llevas de cita? –
— Ya vas a ver, te va a encantar. Subite morocho. – Y sin más, Rich se acercó como una de tantas otras veces a aquella vieja moto y se subió. Una vez que Farfadox se aseguro que Rich estaba cómodo, arranco la moto para dirigirse al lugar de su cita. El camino iba a ser un poco largo, quería llegar antes de que comenzará el atardecer. La idea era disfrutar de un hermoso picnic bajo las cálidas luces del Sol escondiéndose lentamente.
El verano estaba pronto a cesar y se notaba en el aire. A esta hora la tarde se ponía más fresca, Rich solo traía una campera finita. Fue así, que pensó que sería muy buena idea abrazar a Farfadox durante lo que quedaba de recorrido. Cuando el menor sintió los brazos de su acompañante rodeando su cintura, no pudo evitar sentir un calor formándose en su pecho, subiendo así hasta sus mejillas, Farfa en estos momentos agradeció internamente el estar manejando y que Rich no pudiera ver su cara ahora mismo. A su vez, maldecía por lo bajo, quedaba nada para llegar a su destino, lo que significaba que los brazos del morocho ya no lo estarían abrazando con esa fuerza y apego que tanto le llenaban el corazón.
[...]
Rich iba demasiado cómodo detrás de la moto, abrazando a Farfa mientras apoyaba su mejilla en su espalda. Estaba tan absorto en disfrutar la cercanía con el contrario junto con la suave briza que golpeaba su rostro, que no se dio cuenta que Farfadox había frenado la moto. Habían llegado a su destino.
Ambos bajaron, de primeras solo se veía un parque normal. No malinterpreten, no es como si a Rich le importara mucho el lugar de sus encuentros, solo es que le llamaba la atención tanto viaje ya que siempre que iban a plazas solían ser las mismas de siempre cerca de la casa de alguno de ellos.
— ¿Por qué vinimos aquí Farfa? – El parque era muy bonito, pintado de un hermoso verde, decorado con diversas plantas, flores y árboles. Se notaba que tenía un cuidado y mantenimiento diario. No estaba vacío, pero tampoco lleno, una cantidad justa de gente andaba caminando, paseando a sus mascotas y una familia con bebés sentados cerca; el día era hermoso, un clima perfecto, imposible quedarse en casa a mirar el techo cuando el Sol de afuera estaba en su punto justo de calidez.
Farfadox, luego de asegurarse que su moto estaba bien estacionada, le colocó la cadena y se giró a mirar a su enamorado nuevamente.
— Te tengo una sorpresa.
— Oh. ¿De verdad?
— Sí, pero para eso vas a tener que confiar en mí y cerrar los ojos. Te voy a guiar a la sorpresa.
Rich rió, le daba ternura ver a Farfadox de esta forma tan tierna y algo tímida, extendiéndole su mano para que la tomará y llevarlo donde sería su punto de cita.
— Está bien. Confío en ti Farfa. — Dijo, y tomó la mano del contrario cerrando sus ojos. Le daba un poco de gracia como Farfadox confiaba en él, ya que, si quisiera, podría abrir los ojos y arruinar la sorpresa, pero él no era así y el menor lo sabía. Siempre le fascinaron estas cosas, de que armen regalos o sorpresas para él, siendo así su propio cumpleaños el día que más ilusión le daba. A decir verdad, Rich siempre gozo de cosas buenas a lo largo de su vida, no tuvo una mala infancia y pese a que no era hijo único ya que tenía un hermano mayor, siempre le cumplieron los caprichos que quisiese. Es decir, creció rodeado de un amor inmenso, de esos de familia de película. Por eso, cuando conoció a Farfa no pudo evitar sentir un pinchazo fuerte en el corazón. En su cabeza no era capaz de concebir que un alma tan pura y sensible como lo era aquél sufriera tanto, es por esa misma razón, entre tantas, que se enamoró de F. Porque Farfadox, aun teniendo bastantes malos ratos en su vida, jamás dejó de ser buena persona, de amar y pensar en el otro, cuidando a todos, todo el tiempo. Amaba la forma en que miraba el mundo de una manera positiva a pesar de que esa misma vida que él amaba le había quitado tanto… Amaba la forma de apreciar cada pequeño detalle. Farfadox era observador. Noto eso un día que se quedó a dormir en su casa, mientras estaban acostados, el menor miraba su rostro, acariciaba sus mejillas y de la nada misma, pegó un grito; lo alertó, pensó que un bicho se había subido a la cama, pero no era eso, ni cerca. Era un Farfa emocionado porque había descubierto una seguidilla de lunares en el rostro ajeno, que por cierto, ni siquiera el dueño de aquellos lunares había notado que los traía.
En fin, que amaba a Farfa por ser sincero, por no tener miedo de llorar si es necesario, por ser un amador de la vida y aún más importante; porque le encantaba demostrar que todos vinimos para algo, que nadie es tan importante para creerse mejor que los demás, pero tampoco nadie es tan poco importante como para rendirse y no seguir intentando mejorar cada día más. Y él siempre intentaba mejorar, dar todo de sí mismo. Pudiendo así, demostrarle a Rich todos los días desde que lo conoció, lo locamente enamorado que lo tenia, y como por él sería capaz de ir al fin del.mundo ida y vuelta, solo por él y nadie más que él.
El andar había parado. Se dio cuenta porque se estampo contra la espalda del contrario.
— Joder tio, me hubieses avisado que ya habías terminado de caminar.
— Ay perdón, fue sin querer, te juro. – Decían ambos entre leves risas, aun tomados de la mano, ninguno parecía tener la intención, o ganas, de soltar al otro. Rich seguía con los ojos cerrados, aunque la curiosidad lo mataba, Farfa no le había dado todavía la señal para abrirlos.
— Bueno… – Farfadox se puso detrás de él, tapando los ojos de Rich, otro gesto que le daba ternura al mayor y despertaba más la curiosidad y nervios dentro de él por saber qué era lo que le había preparado con tanto esmero.
— A la cuenta de tres, podes abrir los ojos ¿dale? – Rich asintió, mientras escuchaba el conteo, no lo era, pero parecía tortuosamente lento. “Uno…” No sabía si era por estar tanto con los ojos cerrados, pero empezó a sentir un leve olor dulce adentrándose en sus fosas, parecía ser frutilla. “Dos…” Faltaba poco. Nunca creyó ser tan ansioso, pero ¿cómo no estarlo? el chico que le gusta, no mejor dicho, el chico del cual está enamorado, le había preparado una sorpresa. “Y… Tres.”.
La cuenta regresiva había finalizado, las manos de Farfa fueron retiradas rápidamente mientras que Rich abría sus ojos despacio, acostumbrándome nuevamente a la luz solar.
Las lágrimas fueron imposibles de evitar, estaba realmente conmovido, era hermoso y el mejor regalo que le podrían haber dado a lo largo de toda su vida. Recuerda cómo en una de sus tantas citas le había comentando la ilusión que le hacía tener un picnic y pintar, Rich amaba pintar. Y Farfa lo amaba tanto que escucho cada detalle de su ilusión para hacerla realidad.
Con ayuda de Silithur y Amilcar había armado el picnic perfecto e ideal de todos los sueños del morocho. Horas estuvieron los tres amigos buscando las comidas, pinturas, los mini atriles con sus respectivos cuadros, todo. Todo estaba perfectamente planeado y acomodado para que ambos disfrutaran de la tarde juntos. Por eso lo ponía muy nervioso a Farfadox no ver respuesta del contrario, hasta que un sollozo lo alertó poniéndose en frente de Rich, mientras tomaba su rostro suavemente con sus manos.
— Ay no morocho ¿qué pasó? ¿no te gustó? ¿fue mucho? Perd…
— No. – Lo frenó de golpe. Tratando de que el llanto no le corte la voz, más de lo que ya la tenía. Como las palabras todavía costaban de seguir, tomó también el rostro del contrario para darle un beso, con toda la fe de que Farfadox entendería lo mucho que le encantaba el detalle que había tenido con él.
Al principio, lo tomó por sorpresa, pero luego de bajar un poco los pies a la tierra, sonrió entre el beso para acercar más aún la cara de Rich a la suya y profundizar la pequeña muestra de amor que tenían.
— Entonces… ¿Me tomo esto como que si te gustó? – Dijo separándose finalmente. Ambos con ojos brillosos, que si fuera un anime seguramente a cada uno le saldrían corazones hasta por las orejas.
— Si tonto, me ha encantado.
— Bueno… ¡Ahora a comer!. – Decía con una gran sonrisa en su rostro, pero no el único que su cara parecía explotar en cualquier momento por no poder parar de sonreír. Rich estaba encantado, realmente lo estaba y no creía que nada podría superar este momento realmente. No fue, hasta que ambos se sentaron para comenzar a merendar. Farfadox le iba mostrando cada cosa que compró para el picnic, incluso le explicaba su idea de pintar los dos en los mini cuadros, que él no era muy bueno pintando pero que igualmente haría el intentó. Entre conversaciones vagas mientras comían y se preparaban para comenzar sus ‘grandes obras de arte’ Farfadox interrumpe sobresaltado, se estaba olvidando lo más importante.
— Banca, antes de que empecemos a pintar. – Se da vuelta, sacando así de su riñonera un paquete que para Rich le era muy familiar.
— Toma, también te traje esto, que se que a vos te gusta mucho. – Era su turrón favorito. Rich sentía que en cualquier momento moriría de tanta ternura y amor ¿cómo podía ser posible un hombre tan perfecto? Es que de verdad, no le cabía en la cabeza lo hermoso y feliz que lo hacía sentir Farfadox.
— Ay Farfa… No te hubie…– Se cortó de inmediato, mientras miraba el paquete del turrón, noto que su envoltura había un pequeño detalle, un detalle que no traían todos los turrones, pero este si, porque era único y especial y era solo pará él. Un detalle tan bonito que fue inevitable que sus ojos se le pusieran llorosos nuevamente, y como si fuera posible, ese día había mejorado por mil veces más. Porque en la envoltura de ese turrón que tanto amaba, había una nota hecha a mano por el chico del que estaba enamorado, que decía el simple mensaje de: “¿Quieres ser mi novio?”
— Farfa…
— ¿Si o no morocho? – Aunque lo decía con gracia, los nervios lo consumían a más no poder. Estaba ansioso por escuchar el tan esperado “Si”. Ansioso por volver a besar esos labios que tanto lo embriagaban pidiendo más. Ansioso por oficialmente decir que aquel morocho enfrente de él, era su novio, suyo y solo suyo. Ansioso de que ese sí fuera para siempre, terminar de crecer juntos y amarse a
hasta de viejos. Porque Rich lo hizo ver un mundo que no conocía, le hizo despertar sentimientos apagados hace tiempo. Rich provocó que vuelva a creer en algo que hace rato había abandonado. Rich, su morocho, le demostró que él vale y que su amor vale aún más.
— Pues claro que si tonto. – Y nuevamente se acercaron al otro para sellar su amor y declararlo en un beso. Un beso de novios, donde se prometen cuidar y amar el otro por el resto de sus vidas. Un beso que conecta sus almas de una manera distinta, porque era oficial, tontamente oficial. Un beso que por fin decía “soy tuyo, y tu eres mío”
— Te amo mucho Farfa.
— Yo también te amo mucho, Morocho lindo.
Y por supuesto, era un beso que decía “te amo.”.
