Chapter Text
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Una suave llovizna empapa todo su cuerpo, pero no siente frío, ni tampoco calor. Su cabeza latía dolorosamente como si hubiera recibido un disparo.
Oh, cierto. Sí, le habían disparado en la cabeza .
En un intento de proteger a su tío Ben, Peter no dudó en saltar al frente e interponerse entre el ladrón y su tío, ignorando por completo el dolor punzante en su cráneo que le gritaba que se moviera. Pero apenas comenzaba a comprender sus poderes, era demasiado joven para darse cuenta de que esa advertencia significaba que se estaba poniendo en un peligro inminente que le costaría la vida.
Apenas parpadeó, un fuerte estallido se escuchó, su cuerpo se desplomó y todo quedó oscuro al instante.
Se preguntó, ¿ cómo demonios seguían con vida ? No creía que sus poderes fueran los causantes de su “resurrección”. Pues, lo que lo llevó a terminar en ese callejón con Ben, había sido por una pelea reciente entre ellos en donde tío Ben había descubierto que participaba en peleas callejeras para ganar dinero y le reclamó de cómo pudo hacer algo tan imprudente e irresponsable.
Lo admito, lo fue, pero esos dos meses que pasaron en el ring le permitieron llegar a fin de mes sin la presión constante de cómo pagarían esto o aquello. Sí, quizás al principio la mentira que dijo sobre haber conseguido un trabajo honesto y sencillo lo carcomía demasiado, pero no se arrepiente.
¡Para nada!
La tía May pudo comprar sus medicinas sin preocupaciones de cómo pagaría el recibo de luz o agua y el tío Ben pudo comprarse la caña de pescar que tanto quería.
Y las cosas hubieran seguido así de bien si no fuera por los dientes faltantes que no logró ocultar a tiempo a los ojos de Ben, se había delatado solo. Además, puesto que tampoco logró mentir bien, tuvo que soltar la sopa.
Gritos, reclamos y un “te odio” de parte de Peter, salió corriendo de allí, sin medir las consecuencias que tendría que lidiar al decidir caminar a tan altas horas de la noche en un lugar como Nueva York.
Acabo acorralado en un callejón junto a su tío, quien había ido a buscarlo en cuanto salió. Un arma los apuntaba, sostenida por las manos temblorosas de un hombre desesperado por dinero.
El tío Ben trató de persuadir la situación, pero las cosas no terminaron como uno hubiera querido…
Había perdido seis dientes en su última pelea, tardó una semana para que cuatro volvieran a crecerle, sólo faltaban dos días más como mínimo para que el resto le volviera a crecer, sólo dos y habría mantenido su mentira más tiempo. Sin embargo, Ben lo descubrió y todo acabó así. Con su muerte y seguro dejando una gran culpa sobre los hombros de su única figura paterna.
Así que sí, estaba seguro de que había muerto y algo lo había resucitado. Como sus dientes tardaban mucho en crecer, sus poderes no tenían nada que ver, porque si lo hubieran tenido, habría despertado en su tumba, enterrada a tres metros de profundidad bajo tierra, después de haber permanecido muerto al menos seis meses hasta que sus poderes repararan por completo su cráneo y cerebro. Además, su tío jamás lo habría dejado pudriéndose solo en un callejón. Cuando despertó, seguía en el callejón... bueno, en realidad, era un callejón mucho más oscuro y apestoso que en el que había muerto.
Con un dolor agudo en la cabeza, Peter se obligó a levantarse, pero apenas había logrado ponerse de pie cuando tropezó y volvió a caer, volcando unos contenedores de basura y asustando a unas ratas. Peter quedó abandonado entre la basura podrida del callejón. El olor era insoportable y le dió arcadas.
Si vomita o no, esa información se lo guardaría para él. Cegado por el dolor y la confusión, Peter finalmente cayó inconsciente y esperaba no tardar mucho en despertar. Porque este lugar, no parecía el mejor sitio para desmayarse.
Su último pensamiento fue; «Lo siento…tío Ben», por haberle gritado y por mentirle.
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