Work Text:
August sipped away like a bottle of wine
'Cause you were never mine
Your back beneath the sun
Wishin' I could write my name on it
Will you call when you're back at school?
I remember thinkin' I had you
But I can see us lost in the memory
August slipped away into a moment in time
'Cause it was never mine – Taylor Swift
Capítulo 1: August
Katsuki recibió una carta de una mujer con pelo rosado, con rastros de grasa en sus manos. Tenía un rostro que le resultaba familiar. Parloteaba sin parar sobre sus “bebés” y más cosas a las que no estaba prestando atención
Al principio creyó que era alguna clase de confesión—no sería la primera vez, ni la última—, pero en cuanto vio el sobre negro con letras de un rosa dorado, supo que se trataba de la reciente empresa de trajes y prótesis: Ultra Vision Labs.
Katsuki abrió el envoltorio, mientras la mujer divagaba sobre unas alas hechas de un material que él no reconocía.
—¡Espera! —exclamó la mujer, sacudiendo sus manos con frenesí—. No lo abras aún, espera a que me vaya
Luego se giró, gritando un “adiós” ruidoso, mientras tomaba el teléfono del bolsillo. Katsuki se dio cuenta de que no sabía su nombre.
Sacó del sobre negro mate una tarjeta de invitación. Era igual que el sobre; de un tono más grisáceo y que no dificultaban leer las letras doradas que se reflejaban con la luz.
Estimado Héroe: Great Explosion Murder God Dynamight.
U.V. LABS lo ha seleccionado como uno de nuestros modelos para la nueva colección de trajes para héroes profesionales.
Se le invita a lucir su traje en nuestra fiesta de recaudación para el hospital de niños: Sonrisitas. Junto a los héroes: Shoto y Red Riot.
Por favor confirme su presencia, marcando al número del otro lado de la tarjeta. Se le enviará el resto de la información por correo.
—Hatsume Mei y demás.
Casi se rió.
¿Modelo? ¿Qué clase de presentación era esta?
Katsuki giró la tarjeta, echando un vistazo desinteresado. Él no era modelo, ni siquiera había aceptado estar en las tapas de revista. A menudo, solía discutir con los paparazzis que lo perseguían hasta su departamento. Con suerte, Eijiro solía lograr que se marcharan antes de que perdiera la paciencia
Observó a la mujer que estaba demasiado alejada como para poder negarse en ese mismo instante.
—Tks, qué más da… —murmuró, mientras doblaba el sobre para guardarlo en el bolsillo de su pantalón.
Sonó una alarma de emergencia. Katsuki se impulsó con su quirk, volando por los aires con rapidez, dejando atrás una brillante llamada.
La jornada había llegado a su fin. Katsuki puso los ojos en blanco y cerró la puerta con fuerza.
Hoy había tenido la suerte de que solo un paparazzi estaba dando vueltas molestando.
La noche hacía presencia, con estrellas resplandecientes y una luna gigante. Katsuki no sintió ningún ruido, por lo que supuso que Eijiro aún no había llegado. Dejó el maletín del traje en su lugar designado, junto al de Kirishima.
Frunció el ceño, su labio inferior se alzó ligeramente hacia arriba. ¿Estaba el maletín y no había ruido?
Todas sus dudas se disiparon cuando caminó a la cocina. Donde encontré en la sala al pelirrojo dormido en el sofá.
Katsuki resopló, se le formó una pequeña sonrisa que no se molestó en ocultar. Notó que había una manta caída sobre el suelo, así que la tomó. Sacudió para quitarle el polvo y luego, el tirón sobre Kirishima antes de dirigirse a la cocina.
Sacó su juego de cuchillos, las tablas de madera y las verduras. Subió la cocina, calentó las sartenes.
Cuando el olor del cerdo inundó el departamento; el crujiente sonido de la grasa cocinándose, mientras revolvía unas cebollas que comenzaban a dorarse. Un teléfono comenzó a sonar y Kirishima fue privado de su siesta ante la intromisión.
Los ojos del adormilado pelirrojo brillaron con la presencia de Bakugo y el olor de la comida.
-¿Si? Oh… Sho, ¿Qué tal? —Kirishima se levantó del sofá y estiró los músculos, mientras asentía con la cabeza, atenta a la otra persona.
Le faltaba poco para terminar la cena. Katsuki bebió un sorbo de agua. Sus ojos seguían la figura de Eijiro con total impunidad, y el pelirrojo lo sabía.
El pantalón corto dejaba al descubierto parte de sus muslos. La remera que, definitivamente , no era de él.
Le dirigió una mirada fulminante al darse cuenta de que Kirishima había estado hurgando en su armario otra vez. Pero no podía estar demasiado ofendido por eso, agradecía la vista. La remera le quedaba suelta, pero se ajustaba a la perfección en las zonas correctas. Como el pecho y los brazos.
Kirishima se acercó con una sonrisa que dejaba ver sus filosos dientes, contagiando a Katsuki con una más tranquila.
—¡Por supuesto que acepté! —Eijiro rió y se apoyó en la mesada, su hombro chocó contra el de Bakugo. El rubio no tardó en dejar caer su cuerpo sobre él.
Reconoció la voz de Shoto como un suave murmullo indescifrable. Dejó caer la frente en el hombro de Kirishima, mientras que el pelirrojo lo abrazó con el brazo libre, casi dejando caer el teléfono.
—He modelado para una sesión de fotos, pero nunca para una pasarela… —logró apenas entender la estoica voz de Shoto. Kirishima intentó asentir, pero no logró moverse. En cambio, besó la cabeza de Katsuki.
—¡Has visto cómo son los trajes!? ¡Realmente pensaron en todo! —respondió, elevando su voz sin querer, Katsuki gruñó. Kirishima respondió con otro pequeño beso.
Solo se aleja para evitar que la comida se quemara. Revolvió las cebollas una última vez y apagó el fuego de todas las hornallas. Kirishima seguía charlando con Shoto.
No le molestaba. Últimamente solían tener más misiones juntos y eso, inevitablemente, los se acercaron aún más. Dado que Shoto estaba sufriendo la inexplicable ausencia de unos de sus mejores amigos, Katsuki se encontraba en que se refugiara en la calidez natural de Eijiro.
Katsuki sacó su teléfono, grabando. Hoy tampoco había recibido respuesta. Aunque ya había pasado un año. Deku prácticamente había borrado su existencia después de agradecerle por el traje de héroe.
Sabía que estaba dando clases en la UA Solo porque Aizawa se lo había comentado una vez, cuando se cruzó en un bar. Kirishima había propuesto ir a verlo, pero Eraserhead era muy claro al respecto: Deku estaba pasando por un mal momento tras perder su Don y su presencia no sería para nada bienvenida.
Así que Katsuki se hizo a un lado, a regañadientes. Y luego… Se hartó .
Se hartó de las llamadas ignoradas, de los mensajes leídos y jamás respondidos, de las respuestas vagas y cortantes.
Katsuki tenía una vida, tenía un Eijiro. Y, aunque Deku era su amigo; alguien muy importante para él, no podía seguir persiguiendo a alguien que claramente no lo quería en su vida.
La pantalla del celular se apagó. Vio sus propios ojos rojizos reflejados en el vidrio negro.
Había aprendido a perder, y lo odiaba. Pero se lo merecía, después de todo lo que le había causado al peliverde.
Unas disculpas no bastarían, unas charlas emotivas y sentimentales no repararían el daño. No, eso no era suficiente.
Katsuki estaba intentándolo, pero tampoco iría contra el deseo de Deku. Si él deseaba apartarlo, solo le quedaba tragarse su orgullo y aceptarlo.
Aunque… Quizás debería haber peleado un poco más.
—Oye, ¿en qué estás pensando? —la voz de Kirishima, su cable a tierra.
Katsuki levantó su cabeza, justo un tiempo para ver como un pedazo de zanahoria cortada era robada de su lugar.
Katsuki solía perderse en sus propios pensamientos. No era muy común, pero últimamente, su mente se dirigía hacia el pasado. Reconocía que era algo obsesivo al respecto, pero odiaba la incertidumbre. Las preguntas sin respuestas y estar dando vueltas a situaciones que estaban inconclusas.
Llevaba sus auriculares puestos, a un volumen elevado. No quería distracciones durante su entrenamiento matutino, su propia mente ya era suficiente. Tenía la respiración agitada por estar corriendo, no pensaba detenerse.
El atardecer era más anaranjado que otros días. Las calles estaban semi vacías, con un ocasional auto que pasaba a una velocidad moderada y algún que otro fan que se emocionaba al verlo. Katsuki se sorprendió al pensar en que, en realidad, este viaje era bastante relajado.
Kirishima lo convenció de ir al evento después de todo. Bakugo no iba a negarse a pasar tiempo con él, así que llegó a un acuerdo con U.V. Labs.
No iba a modelar, pero a cambio, tendría que pasar toda la fiesta luciendo el traje y haciendo pequeñas demostraciones.
Mierda. Estaba bien, él podía lidiar con algo como eso.
El ritmo de su trote era constante. Sus piernas se sentían pesadas, como siempre al llegar al tramo final del entrenamiento.
El hecho de que los héroes ya no fueron tan solicitados como antes, le daba el privilegio de poder perderse en sus pensamientos. Lo cual, ciertamente, era horroroso . Porque Katsuki vivía en una especie de eclipse mental, salvo cuando estaba en casa o en medio de una persecución.
Detuvo sus pasos justo antes de llegar a una tienda. Recordó que Eijiro había mencionado que tenía antojo de algo dulce. ¿Y quién más que él para cumplir sus caprichos?
Sacó su teléfono para apagar la música, mientras las puertas automáticas se abrían.
Y solo fue un reflejo verde. Apenas una mancha desenfocada de fondo; pero bastó para que levantara su cabeza. Sus ojos se abrieron, al igual que su boca. El pulso se le aceleró, con la garganta secándose a la vez.
Era inconfundible. Ese pelo verde, siempre tan revoltoso. Ahora más corto, un poco más prolijo.
Katsuki giró como si su cuerpo hubiera desarrollado una fuerza magnética hacia Izuku.
— ¿Deku…? — dijo, tan suave que se le resbaló de la punta de la lengua.
Notó los hombros de Midoriya ponerse rígidos, deteniéndose unos pasos más alejados. Tres pasos, Katsuki los contó. Luego se giró, con el ceño fruncido.
—Oh… Eh… Hola, Kacchan…
Izuku sonrió, solo un poco, lo suficiente para que sus pecas se arremolinaran en sus mejillas. Su frente se relajó, pero Katsuki conoció bien esa expresión.
—Qué casualidad. Bueno, adiós...
Habló tan rápido como dio marcha atrás, caminando hacia el lado contrario por donde había llegado Katsuki. El rubio puso los ojos en blanco, resoplando.
¿El idiota estaba huyendo de él?
—¡A dónde crees que vas!? — clamó, siguiéndolo.
—Yo… eh, ¡Lo siento, estoy ocupado! —respondió Izuku, sin mirarlo.
Bakugo lo alcanzó, sujetando su brazo y obligando a que se detenga. Sus ojos rojizos y enfadados se encontraron con el color esmeralda, brillantes y culpables.
Unos mechones de pelo caían por la frente de Izuku. Notó que su rostro se había vuelto más maduro, lo que era obvio. Aunque aún mantenía su forma ovalada; Tenía una mandíbula más marcada y sus ojos ya no eran tan redondos, pero sí seguían siendo sinceros y transparentes.
—Tenemos que hablar —dijo Katsuki, soltando el brazo, el cual necesitaba un agarre mucho más amplio de lo que recordaba. Trató de no pensar en eso.
Deku no levantó la mirada del piso, asintiendo con la cabeza. Su boca era una línea tensa. Pareció ausente por unos segundos. Luego, volvió a mirarlo, más serio, sombrío. Más maduro.
Todo en él lo era.
—Lo sé, pero no… Yo… —Deku tomó aire que dejó escapar en un suspiro agotado—. En serio, estoy ocupado, ¿en otro momento? ¿Quizás?
Y Bakugo no insistió más, sabía que nada resultaría de presionarlo.
Una vez más, lo dejó ir.
