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Rojo de Honor y Gloria

Summary:

Un hombre leal como Zhōng solo tenía 2 cosas en mente: su manada de Armas y su lealtad a Lord Shen. Un guerrero fornido en carácter y tan despiadado en batalla como si su alma no existiera era simplemente un pobre estupido que solo traicionó una vez por amor, que se entregó una vez por amor y vivió por devoción. Lo hizo todo por el. Porque se trataba de el.

Lord Shen solo podía vivir con dos cosas en mente: él mismo y su propio afán. Quizá en algún lado, muy escondido, tendría cierto cariño por Zhōng, pero nada era seguro mientras aquel guerrero de blanco y negro anduviera por allí sin ser vencido y sin que china se postrara ante su gloriosa majestad, lo cual era su único anhelo. Todo lo demás era vanidad.

Zhōng era pasión, Lord Shen era traición.

Dos almas se unen en lo íntimo y florecen en lo privado; sueños, esperanzas y besos que se enredan húmedos en una historia de amargura. Quizá si, quizá no… no lo sabremos con certeza en esta situación.

Notes:

ACLARATORIA: este es un fanfic de lord Shen y el líder de los lobos (Segunda película de Kung Fu panda) y se basará más que todo en sus historias personales y en cómo se volvieron tan íntimos y cómo ya saben, terminaron también. Eh, bueno, también tendrá escenas +18.

NO SERÁ DE FURROS ¿OKEY? SERÁ DE ELLOS VERSIÓN HUMANA (no sé escribir porno furro así que tristeza)
También cabe destacar que, en sí, el líder de los lobos no tiene nombre, nunca hacen mención de él ni de dónde viene en la película (más allá de la simple etiqueta boss wolf), pero como soy una chica comprometida con la causa, me puse a investigar en internet por lo menos cómo se referían a él los guionistas y escritores. Descubrí que igualmente lo llamaban jefe lobo XD, pero también que en ciertas ocasiones se referían a él como Thundering Predator. Y dirán ¿de qué parte del culo te sacaste Zhōng, entonces? Aquí va lo interesante… no me gusta para nada referirme a él como Predator así que decidí investigar más y hay un carácter chino que es Zhōng qué significa lealtad, (pero ojo que ese es su nombre en Chino, porque él tiene otro que también le puse yo fjfkhsj) al mar de obvio pero como yo no sé chino (por desgracia) lo puse así y quedó arrecho 😘

Bueno, ya sin más que añadir por mi parte, que disfruten la historia!

Work Text:

Capítulo 1

Una mañana en el palacio de Gongmen, el joven Shen, de apenas 10 años, se encontraba en sus aposentos siendo peinado por sus asistentes para poder acudir al pabellón sureste, donde usualmente se llevaban a cabo los desayunos reales.

—Joven amo, por favor, manténgase quieto— dijo una mujer de mediana edad llamada Lin Zhú, la cual usualmente se encargaba de su cabello y vestido.

La señora tironeaba de la melena inusualmente blanca del infante con algo de rigor. Lord Shen no era muy robusto, más bien, era un niño bastante frágil y delgado, por lo cual cada tironeada en su cabelllo blanco, largo y lacio dolía bastante.

No habían quejas por su parte, ya estaba acostumbrado a ciertos tratos.

No hablaba, solo lo guardaba.

Lord Shen atribuía en algunas ocasiones las actitudes distantes y hostiles a su apariencia inusual, ya que unas cuantas veces escuchó cuchicheos de que él realmente no era un hijo legítimo o que era un niño maldito. Su padre el emperador decía que solamente había sido bendecido por los dioses, uno en un millón, único y con un gran propósito.

En el reflejo del espejo en su frente, el pequeño Lord Shen, con el supuesto gran propósito, se encontró con su propia mirada roja, inquietantemente roja. Los irices en sus orbes eran rojos escarlata y, así mismo como el cabello que coronaba su cabeza era el tono del resto de sus vellos: Blanco nieve. Eso unido a su nariz bastante curveada, ojos filosos ligados a facciones rasgadas y esbeltas eran motivo de inquietud y disgusto por todos en la corte… y por eso se ganaba uno que otro maltrato.

 

“Espeluznante, espantoso.”

“Parece muerto en vida.”

“Que desdicha.”

“Pobre criatura, toda flacucha y huesuda.”

“Es hijo de una maldición.”

Esto le parecía algo un tanto chistoso al peliblanco, porque el color rojo era un símbolo de lo más sagrado para toda China, pero… ¿por qué con sus ojos no aplicaba igual?

Un niño de 10 años no debería ser víctima de tanto maltrato, pero a su misma vez, debemos acordar que ese niño de 10 años era portador de tanto odio puro como un peñasco del sur en medio de una nublada noche ensombrecida. Lord Shen era un pozo negro sin fondo, pero que si algún día se llenaba, sería de de puro odio y rencor. O de toda China y el mundo siendo sometidos a su señorío.

Dirían que es muy tonto el motivo: una mirada hostil por aquí, un empujón por allá… pero para el pequeño, esos comportamientos eran obvias señales de reto. Eran un mensaje de indecencia, decadencia y falta de ética. Le parecía aborrecible e inaudito. De rechazo, de pretender que él era inferior. El jamás sería inferior.

«Algún día, los mataré a todos. Y a los que no, los haré besar mi majestuosidad y servirme postrados.»

Así se decía a sus adentros para mantenerse firme y encontrar un impulso para seguir, para mantenerse con la frente en alto. Para tener algo que ganar.

Una vez que los sirvientes le pusieron sus vestiduras y su calzado color morado en tonos muy llamativos, los cuales Lord Shen odiaba con todo su ser, fue enviado a la sala de desayunos del palacio, donde sus padres lo esperaban para dar inicio a otro ordinario día en Gongmen. Solo que, ese día el palacio estaba inusualmente alborotado.

Los guardias revoloteaban y daban órdenes por todos lados, se enfilaban, marchaban a otros lados y todo pasillo de todos los pabellones por donde Shen pasaba tenían al menos 10 guardias en el. El pequeño se preguntó qué ocurriría, puesto que usualmente no había tanto movimiento en plena mañana.

Por un momento quiso preguntar a Lin Zhú, pero no lo verbalizó ni insinuó curiosidad alguna, ya sabía que no valdría la pena porque no habría respuesta.

En el camino, un jardín del palacio tenía enfilados a un grupo numeroso de jóvenes que, honestamente, eran bastante pequeños.

«¿Y estos polvorientos?» Pensó Shen para sí mismo.

Estaban encadenados y manchados de polvo, tierra y sangre seca. Eran robustos, si, pero sus rostros delataban que no eran adultos. Shen se interesó en el acontecimiento y decidió detener la marcha, así también deteniendo a todo el séquito que lo acompañanba.

—Joven amo… —pronunció Lin Zhú, haciendo una clara señal de reprensión.

—Quisiera ver, Zhú. Permíteme un momento para mi ocio y curiosidad —dijo Shen en un tono muy típico de él: exigiendo cautelosamente, aunque más bien, se sentía como una exigencia directa, depende el punto de vista.

Lin pensó que un momento de curiosidad no vendría mal, ya de por si, iban holgados de tiempo para el desayuno.

Shen asumió su silencio y sus ojos de recelo como un permiso y se volvió al jardín a seguir escrutando la situación. Un guardia real les estaba dando órdenes, gritando haciendo movimientos drásticos con sus manos al grupo de desconocidos. Parecía que estos eran mercancía.

«¿Será que el palacio ha comprado es clavos? Padre no suele hacer este tipo de cosas.»

Logró contar al rededor de 60 jóvenes de estos. Mientras más los veía, más detectaba las diferencias físicas. Unos tenían pieles oscuras, ojos de colores claros y miradas redondeadas, a diferencia de las pieles claras y ojos rasgados los cuales eran usuales para Shen.

—Su majestad —exclamó un guardia haciendo acto de presencia delante de Shen y compañía, seguido de una reverencia formal de etiqueta — no es de mi más mínima intención reprenderlo, —dijo y se podría jurar que el guardia estaba sumamente nervioso— ya que no tengo el derecho, pero si quisiera decirle que no puede merodear a estas horas en este sitio.

Shen miró al guardia con cautela y una pequeña sonrisa que más bien parecía una mofa.

—Quisiera saber que está ocurriendo, por eso me he detenido a observar— respondió el infante — ¿Sabrá usted quiénes son ellos? Me he dado cuenta de que no deben ser de una nación cercana, pues tienen rasgos más bien de las tierras medias.

El joven Shen era un erudito muy letrado, conocía mucho para su edad y, claramente, su manera de hablar y expresarse asustaba y hacía crecer esas espinas de recelo en los habitantes del palacio.

El guadia lo miró extrañado, pues no se esperaba este tipo de curiosidad de parte de un niño, pero asumió que esto era porque era un miembro de la realeza, o por la naturaleza de su reputación.

—Pues si, alteza. —contestó aquel hombre. —son unos fugitivos de la ley que intentaron escapar hace unos días y dimos con ellos otra vez.

—¿De la ley, dice usted? ¿No son ellos… otros jóvenes más? —indagó el peli blanco— sus caras delatan bastante inexperiencia ¿Qué hicieron estos insensatos en contra de nuestras leyes?

Shen sabía que algo había detrás, que algo ocurría con este suceso, acorralar y someter a gente de esta clase siempre significaba una cosa.

El guardia miró a Shen sorprendido, y a su vez, nervioso, muy nervioso.

—Mi señor, estos son bárbaros, vienen de tierras violentas y calientes. De Medio Oriente. Siempre están llenos de tierras y gruñendo. —explicó y miró a Zhú— N-no son dignos de alguna compasión.

 

«Así que fugitivos violentos…» pensó Lord Shen. No serviría de nada continuar indagando en este tema con el guardia, pues este ya le había tratado de engañar con esa mentira y rodeo de que son “fugitivos violentos”.

Dio un último vistazo a los jóvenes dispuesto a seguir su marcha, pero uno de estos, con mucho desdén, movió su mirada directamente a la de Shen.

Ambos orbes estallaron y colisionaron. De manera inmediata, desconcertante y un tanto fuera de base.

«Que osadía» pensó Shen mientras lo consumía la indignación.

El extraño aparentaba rondar los mismos años que Shen. Sus ojos eran verdes jade, o color miel… Shen no lograba distinguir, el sol incidía en la perspectiva de su mirada y se podría presumir que parecía cambiar y volver a cambiar como una ilusión. Sus cabellos eran rebeldes, cortos y oscuros como la noche despejada y espesa. Tenía una piel bronceada y su cuerpo era bastante robusto, a comparación con el de Shen, pero era más bien algurucho y con una figura atlética. Mientras más el pequeño heredero lo observaba, más notorias eran las características destacables: el salvaje tenía colmillos, tenía una mirada ruda, tenía un tatuaje en su brazo… el salvaje estaba delante en la fila…

El arapiento estaba mirándolo fijamente, con mucho escrutinio y detenimiento, casi estudiándolo, como si estuviera leyendo una verdad. El peli blanco quedó muy desconcertado y aturdido, nunca nadie lo había visto tanto tiempo sin hacer una mueca o dejar algo para decir, sin ser visto como algo repugnante.

 

Un escalofrío de curiosidad revolvió el cuerpo de Shen y con esto apartó la mirada. Decidió darse vuelta y continuar con su paso. El guardia se despidió con una reverencia y así el grupo se movió hacia el pabellón destino.

«Investigaré más tarde»

 

••

Los desayunos familiares suelen ser afables, suelen unir lazos de comunión y también suelen ser un momento de caridad. En el caso de la familia real, Shen podría jurar por todos los dioses que era el acto más abominable e injurioso del mundo. Un circo.

Esa farsa de darse los buenos días y elogios, donde los sirvientes servían té con especias sonrientes, donde miembros de la corte endulzaban sus palabras dirigidas al emperador y la emperatriz consorte, donde tenía que escuchar a sus padres decir palabras de falso apoyo y cariño mientras si quiera lo miraban a la cara, donde tan siquiera alguna persona en el pabellón se dignaban a voltear su rostro a su dirección, sino que preferían ignorarle y mirar sus cerámicas en la mesa.

«Si tanto me odian entonces no me hagan venir a estas pantomimas»

—Buen día, padre—Pronunció el infante al poner un pie en el pabellón, yendo a degustar un desayuno estresante un día más.

El sitio entero guardó un silencio abrupto, pues los cuchicheos y el sonido de los objetos chocar entre sí se paralizó a penas llegó al lugar.

Shen miró a todos mientras caminaba a la mesa central como siempre solía hacerlo: con desdén, rabia y una pizca de mal genio.

Este pabellón estaba lleno de vajillas, tazas, muebles y objetos decorados con tonos púrpuras, rojos, dorados y azules al igual que un sinfín de plumas de pavo real, que estaban guindados en el techo haciendo una caída majestuosa con cristales que alumbraban el lugar. Desde la puerta principal del palacio hasta pequeñas decoraciones incrustadas en las columnas habían pavo reales, los habían en todos lados desde hace mucho más tiempo que tres generaciones. La familia real mantenía una gran afición por este animal nombrándolo así el animal representativo real. Shen odiaba los pavo reales.

Las personas dentro del pabellón del desayuno siguieron con la mirada a Shen hasta ver cómo el peli blanco se ponía delante del emperador y hacía una reverencia de etiqueta. El emperador no volteó a verlo, más bien, el emperador estaba nervioso, paralizado, como siempre que tenía que interactuar y ver a su propio hijo.

Shen lo tomaba como un claro signo de odio. Todo lo que hacían lo hacían por odio.

Había una mujer que sabía realmente la verdad, una mujer muy lista y mística que siempre solía ver las interacciones en el palacio real, pues esta era la chamana Xiolin. Una adivina en potencia y gran amiga de la familia real. Xiolin miró directamente a Shen con una mirada analítica y tan de mofa como las de él, tanto así que el observado, como en todas las ocasiones que esto pasaba, volteaba la mirada con rabia y recelo con un bufido de decoración.

—Buen día, mi querido hijo — respondió por fin el emperador— toma asiento, ve —señaló el puesto habitual de Shen a lo que este obedientemente fue a sentarse.

—Buen día, mi querido hijo —dijo la madre de Shen sonriente, intentando simpatizar con su propia cría — que lindo te queda esa vestidura. El purpura sienta de maravilla con tu cabello.

Shen miró su vestidura y luego la miró a ella. Shen opinaba que su madre era tan linda y pulcra como estúpida.

—Pues la ropa ha sido ya seleccionada ¿no es así madre? —respondió engañosamente meloso—cada prenda de este castillo pasa primero por tu ojo crítico, si no simplemente no se usa.

Su madre enmudeció y miró a otro lado.

«Siempre la misma tontería» pensó el joven.

Xiolin observaba la interacción de cerca con un escrutinio de entendimiento, pues ella, como ya se dijo, sabía muy bien qué era lo que pasaba.

Ellla sabía que, al joven Shen no se le odiaba en el palacio, se le temía.

Su actitud altiva, egocéntrica y distante era un pilar en el miedo que se le tenía, gritaba a quien quería y maltrataba a quienes según él lo merecían. Agredía, insultaba, perseguía y destruía a quien quiera que él deseara. Han pasado muchos cuidadores e institutrices por manos de Shen, y todos han acordado lo mismo: el pequeño, a pesar de ser tan solo un niño muy inteligente y un genio, tenía toda la esencia de un vil tirano sin escrúpulo alguno. A este pequeño tirano nadie le había hecho frente, ni sus padres. Pues con la novedosa infertilidad del emperador, el futuro directo de toda la realeza quedaba en manos del infante Shen. La sangre real era respetada y Shen durante mucho tiempo se aprovechó de eso a penas pudo tomar acto de conciencia. Shen opinaba que, todos estos merecían y debían permanecer en lo bajo, por lo cual el día que lo reprendieron por estas actitudes, lo tomó como una ofensa y una declaración de odio.

Shen no entendía por qué tenían que ver por la seguridad de personas que no incumbían al reino, por personas sin patrimonio ni algo que aportar. No entendía cómo era que sus padres preferían defender a unos extraños en vez de darle la razón. Él estaba protegiendo el legado de honor y gloria y con esto se le pagaba: con desprecio.

Shen miró a su padre mientras los sirvientes ponían los platillos llenos de diferentes cosas para degustar, lo miró analizando cómo podría hacer que este le contara el origen y los “crímenes atroces”cometidos por los jóvenes que estaban en el jardín.

Uniendo palabras en su mente, el joven heredero habló con elocuencia.

—Padre, el día de hoy el palacio está muy bullicioso y lleno de gente —el padre de Shen con sorpresa, al ver que su hijo le dirigía la palabra, volteó su rostro más no del todo su mirada. —Quisiera saber qué ocurre—continuó— pues he oído que se trata de la presencia de unos bárbaros de tierras calientes.

—Oh, si, hijo mío. —respondió inmediatamente el emperador— Ultimanente habíamos tenido problemas con la mercancía en la ruta de la seda —explicó— los guardias descubrieron que éramos intersectados por estos vándalos y dieron con ellos.

Shen decidió indagar un poco más en el asunto.

—¿Qué planea hacer con estos miserables, padre? — cuestionó— ¿No sería mejor ejecutarlos públicamente como merecen y ya?

Shen sabía muy bien que la pregunta escandalizaría a su familia, pues su padre siempre veía con ojos de bondad y comprensión hasta al más vil de los humanos.

El emperador tosió y lanzó una expresión que Shen interpretó como un “Que los dioses nos amparen“.

—N-no planeaba hacer algo como eso, hijo. Son simples jóvenes que no sabían hacer más nada que robar —dijo con la voz un poco distorsionada por el desconcierto—. Planeamos reeducarlos y enseñarles arte de combate e idioma. Podría ser una gran oportunidad para ellos redimirse e ir por un camino de bien, y a su vez, servir en esta corte ¿No te parece eso una buena idea, Shen?

«Absolutamente no»

—Claro, padre. —respondió Shen sorbiendo un poco de té de su taza— Es una gran idea.

La comida transcurrió otra vez en total calma, o la usual calma cuando Shen estaba presente.

El joven heredero estaba maquinando una idea, que podría salir mal, o podría ser la mejor de sus cortos 10 años de vida. Esperaba que fuera lo segundo.

«Es hora de hacer mi propia historia»