Chapter Text
Menma
—Se parece mucho a...
—Naruto.
—Pero también a Sasuke.
—Solo por el cabello, de veras. Tiene estas marcas en mis mejillas.
—¿Hablas de tus bigotes?
—¿Así debería llamarlos?
Abrió sus ojos con lentitud. Temía que fuera un error, pero esas voces se parecían a las de sus padres. Una niña muy parecida a la tía Sakura y un hombre igual a su tío Kakashi se alejaron con el mismo temor que esas dos figuras tan familiares.
Menma se espantó al reconocer los niños de la fotografía de la sala de estar. Retrocedió como un animal asustado hasta chocar con lo que parecía un tronco y analizó la situación.
Había tomado ese pergamino que su papá había traído de un viaje. Le dijo que tenía que tener precaución al tocarlo, pero no había usado guantes como recordó que su papá hizo al traerlo. Le daba curiosidad, pero ahora esa curiosidad se volvió arrepentimiento.
El pergamino del tiempo, claro.
—Oye, tranquilo, amigo — dijo aquel rubio.
Sus bigotes, su apariencia, sus ojos. Era su papá, no había duda. Entonces pensó que era un genjutsu. Se acordó de lo que su padre le había dicho que podía hacer si se encontraba sumido en uno.
—¡Dispersión! — liberó chakra para salir, pero incluso así siguió en el mismo lugar. Esos ojos familiares lo miraban con extrañeza. Intentó una vez más — ¡Dispersión! ¡Dispersión!
—Estás gastando mucho chakra inútilmente — Kakashi le hablaba sereno —. No estás bajo un genjutsu. Llegaste aquí de la nada. Simplemente apareciste en una nube de humo. ¿No sabes por qué estás aquí?
Era verdad. No estaba en un genjutsu. Entonces, si ese era Kakashi, negó con la cabeza para que lo supiera. Los cuatro se miraron.
—¿Cómo es que te pareces tanto a mí? — preguntó ese rubio con una voz similar a su padre. El puño de Sakura fue a parar a su cabeza — ¡Au! ¡¿Qué fue eso?!
—¡Lo confundes aún más! No es relevante que se parezca a ti — lo regañó ella. Esas actitudes parecidas a las de su tía...
—Disculpen — habló bajo. Los cuatro se callaron para ponerle atención —, ¿Qué año es este?
Los genin miraron a su profesor. Esa pregunta era muy rara.
—2002 — contestó Kakashi.
El desconocido negó con su cabeza.
—No. Imposible... — se fue levantando con cuidado. Su rostro reflejaba espanto. En su mano aún tenía el pergamino, pero ahora estaba en blanco.
Entonces no se le ocurrió mejor idea que correr.
—¡Espera, niño! ¡¿Adónde vas?!
Corría tanto como sus manos y pies se lo permitían por esos árboles. Los cuatro ninjas perseguían al extraño. No podían dejar un intruso así nada más, menos uno tan desconcertado.
—Miren eso — dijo Sasuke tomando la delantera entre las ramas.
—¿Qué cosa? — preguntó Naruto.
—Corre como un animal — notó el azabache.
Y es que el chico corría a cuatro patas. Su abrigo de pelaje lo hacía distinguible a pesar de lo oscuro que era. Sus manos y piernas eran cubiertas por protectores negros y cinturones rojos para asegurarlos. Se veía que era una costumbre correr de esa forma. Eso era efectivo, pues llegó un momento en el que se les adelantó tanto que se perdió de su vista.
—Ay no. ¿Adónde se fue? — pararon para buscar en diferentes perspectivas.
Menma cuidaba que su respiración no fuera muy ruidosa en su escondite.
¿Qué estaba pasando? ¿Esos eran sus padres? ¿Estaba en el pasado? Tal vez le estaban jugando una broma, pero lo notaría. Para comprobar que eso fuera real, subió a la copa de un árbol para divisar la Torre del Hokage.
Cinco cabezas.
—Aquí estás.
Kakashi lo tomó por sorpresa. Perdió el equilibrio y cayó al vacío. Tenía pensado cómo aterrizar, pero unos brazos lo apresaron antes de que eso pasase. El profesor había atado hilos alrededor de su cuerpo para mantenerlo quieto. Una vez en el suelo, lo apoyó en el tronco de un árbol hasta que sus alumnos se juntaran alrededor.
El pelinegro intentaba zafarse de esa trampa, pero no podía. Las tanzas estaban muy apretadas. Cada movimiento que hacía era peor.
—¿Nos vas a decir qué haces aquí? — Kakashi se arrodilló para estar a su altura. Menma volvió a cohibirse — No puede ser. ¿Tienes miedo?
—¡Estoy confundido! — expresó. Seguía mirando a los que se suponía que eran sus padres — Este pergamino... Era verdad. Papá va a matarme.
—¿Papá? ¿Vienes con él? ¿Dónde están tus padres? — siguió interrogando, pero el de negro volvió a negar.
—Yo... Yo soy... — miró al niño rubio. Ante su silencio, éste se acercó más.
—¿Cuál es tu nombre? — preguntó con amabilidad, mas él no respondió. ¿Qué tal si decía algo y arruinaba el futuro? — Tal vez te haga sentir más seguro si decimos los nuestros, ¿no? ¡Yo soy Naruto Uzumaki! Preséntense.
Sasuke y Sakura buscaron la aprobación de Kakashi para hacerlo, a lo que él se los permitió.
—Soy Sakura.
—Soy Sasuke Uchiha.
—Soy su profesor, Kakashi. Es tu turno.
El chico sabía que no tenía la edad ni el conocimiento como para escapar de ahí por su cuenta, así que tenía que ganarse su confianza para que le brindaran ayuda.
—Soy Menma — dijo el chico.
—¡Ah! ¡Como el ingrediente del ramen! — notó Naruto, asustándolo por alguna razón — Ah... Lo siento. Mi nombre también significa un ingrediente de ramen, de veras.
—¡Naruto, no lo ofendas! — regañó Sakura.
—Pero... Se parece mucho a mí — comentó por lo bajo el rubio. Menma quería decirle algo y se notó en su expresión. Kakashi esperó, pero él nunca habló.
—¿Qué haces aquí, Menma? — cuestionó Kakashi otra vez.
—Yo aparecí por este pergamino — debía contar la verdad sobre eso o no podrían darle ningún consejo. Señaló con sus dedos desde su posición el pergamino en blanco. El de máscara lo iba a tomar —. ¡Cuidado! Por no usar guantes, aparecí aquí.
—Pero está en blanco — dijo Naruto.
—No estaba así antes — le respondió Menma.
Kakashi entonces lo tomó sin protección. El niño cerró los ojos esperando que algo pasara, pero no. Kakashi seguía ahí.
—Si está en blanco, entonces el jutsu de sello ya se liberó — le hizo saber al chico —. Pero reconozco esto. ¿De dónde lo sacaste?
—Mi padre... Ah...
—Dime la verdad.
—No puedo decir mucho. Solo necesito su ayuda.
—Ya lo sé, Menma. Si temes alterar el futuro, debes saber que esta es otra línea de tiempo. Funcionamos como dos dimensiones paralelas, así que no te preocupes. Ni bien regreses, tu presencia será olvidada por nosotros, como si no hubieras existido.
Los genin no sabían de qué hablaba sobre el tiempo y el futuro. En cambio, Menma sonrió de alivio.
—Mi padre lo consiguió en una misión en Sunagakure y lo trajo a casa. Quería leer qué decía y me mandó aquí — explicó el niño. El profesor asintió.
—Entonces te llevaremos con la Hokage para encontrar el otro ejemplar — lo desató al decir.
—¿Otro ejemplar? — se reincorporó como si fuera un perro, comparó Sasuke.
—No se puede usar el pergamino en otro tiempo. Tienes que conseguir el del tiempo en el que estés e intercambiarlo — explicó Kakashi. El rostro de Menma se bañó en frustración.
—¡Mi padre tardó en encontrarlo! — dijo — No puedo estar tanto tiempo fuera de casa. Preocuparé a mis padres y ellos no saben qué pasó y...
—Tranquilo — tocó la cabeza de cabellos negros el adulto —. Ellos seguro sabrán lo que pasó. Por el momento tenemos que ir al hospital para que te revisen. Llamaré a Lady Tsunade — se dirigió a sus alumnos —. Llévenlo al hospital y yo voy a la Torre del Hokage.
—Sí — dijeron.
—No le hagan demasiadas preguntas — ordenó Kakashi —. Es en serio.
Eso les extrañó a los tres, pero al final tomaron caminos separados. Volvieron a saltar entre los árboles para aumentar la velocidad. Sasuke vio que el niño seguía corriendo como un perro, así que chistó para que se diera cuenta.
—Ve más despacio y de manera normal — dijo. El chico se volteó sobre su hombro, avergonzado.
Él nunca había recibido un regaño así por parte de su padre.
—¡Oye, Sasuke! ¡Eso fue muy grosero! — le discutió Naruto. Que su papá lo defendiera de su padre era bizarro.
—Tan solo se lo hice notar, idiota. Lo que pasa es que tú haces lo mismo de vez en cuando — dijo, aunque luego se dio cuenta de que eso era otra coincidencia.
—¿Y qué, estúpido? Al final él y yo somos más veloces que tú y eso te molesta — Menma calmó el paso al oír que se devolvían los insultos.
—Por favor — dijo él con angustia —. No se peleen. No creo que deban insultarse así.
Los niños se miraron el uno al otro. Tampoco era para tanto.
—¿De qué aldea vienes, Menma? — preguntó Naruto colocándose al lado de él.
—¿Eh? Yo... — no podía responder que venía de Konoha. No sabía qué responder. Su uniforme y apariencia...
Los símbolos de mis clanes.
Se le fue el aire hasta que recordó que ocultaba los símbolos con su gran chaqueta. Debajo de él traía una polera negra ajustada con lo bordados de su clan a la misma altura: Uchiha y Uzumaki. No podía quitarse eso. Con suerte no llevaba su bandana encima.
—¿Qué parte de que no hagamos preguntas no entendiste? — le recordó Sakura al rubio seguida de un suspiro del compañero faltante.
—Es algo básico, como su nombre — dijo Naruto —. Al menos, ¿nos dices tu edad?
—Tengo doce años — dijo en voz baja y sin hacer contacto visual.
—Como nosotros — le sonrió él.
Menma quería irse a casa.
El camino dentro de la aldea fue peor. Menma iba a paso apresurado, volviendo a ser criticado por Sasuke.
—Chico, en serio. Sé más discreto. Nadie te conoce y te pareces mucho a Naruto — a Menma ya no le gustaba ese tono altanero con el que su padre le hablaba. Volteó para encararlo.
—¿Ah sí? También me parezco mucho a ti, ¿no? — dijo colocando su misma mirada soberbia.
Sasuke no se tomó eso bien tampoco.
Como sabía que tenía razón, se detuvo a colocarse la máscara que guardaba en los bolsillos internos de su abrigo.
—¿Así está mejor? — preguntó. La máscara era de kitsune, con los mismos colores Anbu, pero sin las características principales de una.
Los chicos estaban sorprendidos de ella. Naruto estaba impresionado y se lo hizo saber.
—¡Me encanta esa máscara! — le dijo, aunque Menma seguía avanzando — Yo quiero una igual.
—¿Eres un Anbu? — preguntó Sakura notando similitudes básicas con los uniformes de la fuerza de élite.
—No — dijo Menma —. Es un regalo de mi papá. Cuando tengo misiones no me gusta ser reconocido.
—¿Reconocido? — cuestionó Sasuke. Soltó una sonrisa provocadora — ¿Eres famoso?
Menma lo miró fijamente debajo del recubrimiento.
—Kakashi-sensei dijo que no hicieran preguntas — les recordó. Naruto se burló de Sasuke al haberle callado la boca.
—Este chico me cae muy bien — dijo el rubio.
Al llegar al hospital, los cuatro quedaron en una habitación esperando a que una enfermera viniera a chequearlo. Cuando llegó alguien, Menma tuvo que quitarse la máscara, pero también le dijeron que se quitara el abrigo.
—No, no puedo hacer eso — se reusó. Los genin buscaron algún problema. Sakura pensó que tal vez se sentía incómodo con ella al frente, pero la enfermera también era mujer.
—¿Es por una cuestión de incomodidad? — preguntó la médica pensando lo mismo que Sakura.
—No. Simplemente no me lo puedo quitar — dijo con seriedad.
La enfermera suspiró.
—No puedo ver si estás herido si no tengo acceso a tu piel. Este abrigo te cubre por completo, es muy grande — explicó.
—Pues traigan a alguien con Byakugan. No sé. Yo no me quitaré esto — se mantuvo firme —. Además, estoy bien. Vine aquí como punto de encuentro con Lady Tsunade ve a saber por qué.
La enfermera se retiró luego de que los genin se lo recomendaran. Era verdad que el chico no parecía herido, pero no sabían qué escondía debajo de esa gran chaqueta. Tampoco podían preguntar, siguiendo las órdenes.
Lady Tsunade entró en la habitación junto al sensei, asombrada por lo que veía. Menma se quedó quieto sin saber qué significaba tanta mirada por parte de su abuela.
—¿Te llamas Menma? — preguntó ella, a lo que el de negro asintió — Con que vienes del futuro, eh...
Los niños soltaron aire por la impresión. Menma volvió a dar un afirmativo con su cabeza.
—¿Vienes del futuro? — carcajeó en felicidad Naruto. Menma se alejó levemente cuando su espacio personal fue invadido — ¡Increíble! Dime, ¿seré Hokage en tu tiempo? ¿Sabes quién soy?
—Naruto, atrás — Kakashi lo tomó de su abrigo naranja y lo apartó. Sin embargo, Menma seguía siendo acosado por la Hokage.
—¿Eres hijo de Naruto?
¿Realmente tenía que contestar esa pregunta?
Las sonrisas bajaron, expectantes.
—Sí — dijo Menma.
Naruto casi se desmaya.
—¡¿Qué?! ¡¿Cómo que mi hijo?! — Naruto se sostenía de Kakashi, colgándose de su chaleco. Sakura y Sasuke estaban paralizados. Por eso se parecían tanto. Menma miró a su padre con pena. Podía ser peor.
—¿Y de quién más? — inquirió la hokage sin inmutarse.
—Eh... Eso no es importante — esquivó Menma. La rubia se acercó como una advertencia —. ¿Para qué quieres saber, abuela?
—Para saber con quién tengo que tener cuidado. Una cosa es Naruto, pero si eres de otra aldea o algo así y tienes una banda...
—No. Papá y mi padre son de Konoha.
—¿Dos padres? Espera, ¿padres como masculino?
Menma supo que había metido la pata en eso.
Naruto no entendió. ¿Por qué Tsunade y los demás estaban más desconcertados que antes?
—Imposible — dijo Sakura —. Dos hombres no pueden tener hijos.
—¡Ya sé eso! — soltó Menma — Esto es muy incómodo. ¿Me ayudan o no? ¿Qué importa si soy de otra aldea?
—Menma — dijo Kakashi —, eres poseedor de un kekkei genkai que Naruto no posee. Pude sentirlo con mi sharingan hace rato. No nos interesa que seas de otra aldea, pero tu poder se siente demasiado.
Menma se cerró más en su abrigo. Naruto veía que parecía más pequeño de lo que era. Entonces empezó a respirar con fuerza.
—Será peor si lo digo. Por favor. No quiero causar más desastres de los que he causado ya — dijo con vergüenza. Ya se sentía mal por haber desobedecido a sus padres por primera vez y de una forma terrible. Sabía lo que pasaría si decía quién era su padre.
Sakura no podía ser, pues ella no tenía un kekkei genkai. Tal vez Hinata, pero...
—Para empezar, tiene que ser hombre. ¿No les parece su nacimiento lo más importante antes que su kekkei genkai? — mencionó Sakura.
Naruto giró, ofendido.
—¡¿Cómo que hombre?! No bromees ahora — exclamó Naruto, enojado.
—No es una broma, tonto. ¿No has entendido? — dijo Sasuke sin burla — Tu hijo dijo que tiene dos papás. Eso quiere decir que te vas a casar con un hombre.
Por un momento Naruto pensó que estaba soñando. Todavía no era tan importante como para que un enemigo lo metiera en un genjutsu, ¿no?
Naruto se empezó a descomponer en los brazos de Sakura. Le tomó un tiempo enderezarse hasta que gritó.
—¡No soy gay! — señaló a su hijo. Menma se cohibió — ¡Y los hombres no tienen bebés! ¡Ni siquiera es una mentira lógica!
—Ya les dije que ya sé eso. No estoy mintiendo — le discutió Menma. Si esa versión de su papá seguía gritándole así, diría todo —. Estás siendo molesto.
Sakura temió por aquella frase. Miró a Sasuke a ver si tenía la misma sensación que ella, pero él lo ignoró. De inmediato se sintió una tonta por pensar en esa posibilidad.
—Molesto o no, nos tienes que decir qué es ese kekkei genkai — exigió Tsunade.
—Saquen a esos tres entonces — condicionó Menma.
—Ah no. ¡Me quedo! ¡De veras! — se cruzó de brazos Naruto.
Kakashi suspiró.
—Tal vez deban dejarnos solos, chicos — dijo el profesor.
Terminaron arrastrando a Naruto afuera. No obstante, Sasuke fue más rápido que el mismo padre del chico y abrió la puerta de un cuarto vacío para ir hacia la ventana.
—Rápido. Escuchemos desde afuera — dijo él. Sakura y Naruto lo siguieron para colgarse del techo y la cornisa, rodeando la ventana del cuarto donde Menma se encontraba para oír.
—¿Y bien? — había dicho Tsunade — Me estoy impacientando, niño. Eres demasiado extraño. ¿Quién sabe si no eres peligroso?
—Fui hecho por Orochimaru — confesó. El nombre de ese tipo erizó a los oyentes. Eso significaba peligro —. Orochimaru es algo así como un amigo de familia... No, mi padre dice que es un aliado. En todo caso, para que mis padres pudieran seguir con la línea de sangre, unió los materiales genéticos y me creó. Soy un ser humano normal a partir de ahí.
Naruto movió de lado a lado su cabeza. No, claro que no. Él nunca confiaría en esa serpiente repugnante para encomendarle un hijo. Partiendo de ahí, no le creía.
—Bien — dijo Kakashi —. Y tú padre es...
Acercaron más las orejas a la ventana.
—Uchiha Sasuke.
Ante la impresión, Sasuke perdió el equilibrio. El chakra se fue de sus pies. Eso nunca le había pasado. El alboroto llamó la atención de los de adentro.
—¡Sasuke!
—¡Idiota!
—Ustedes tres van a hacer que me jubile antes...
(...)
El pergamino estaba en Sunagakure, por lo que saldrían de misión en dentro de dos horas. Kakashi les dio ese tiempo para prepararse. Cuando llegó era muy temprano a la mañana, con suerte.
Menma no quería que lo supieran por eso: estaban caminando los cuatro por la aldea sumidos en una fuerte incomodidad. Ni Naruto, Sakura o Sasuke sabían por dónde empezar a pedirle explicaciones. Una cosa era segura: el chico decía la verdad. Tsunade se los confirmó, así que no podían hacer nada.
Por otro lado, Menma se paseaba con su máscara para que no lo vieran. Esto molesto a Naruto. Se detuvo en medio del camino y extendió la mano para quitársela, a lo que el chico retrocedió antes.
—¿Qué haces? — preguntó Menma. Los ojos con los que lo miraba no le gustaban.
—Quítate eso. Quiero verte bien — exigió Naruto. Sasuke observó sin decir nada, todavía pálido.
—¿No dijeron que no querían que llamara la atención? — dijo, confundido.
—Qué importa. Que la gente se meta en sus propios asuntos — le restó importancia el rubio.
—Naruto, déjalo — suspiró Sakura. Ella también estaba aturdida por la novedad.
—No. Quiero ver qué rasgos tiene de Sasuke. Incluso si es humano.
Ante aquello, Menma reveló su rostro con rudeza. Naruto se alejó levemente al ver su ceño fruncido.
—Bueno, sí encontré algo de Sasuke — comentó al ver esa conocida expresión.
—Sí soy humano — le juró el chico —. Soy muy humano. La forma en la que nací no es importante. Sigo siendo tu hijo — miró a Sasuke — y el tuyo. ¡Créanselo! ¡De veras!
Naruto y Sasuke se miraron para proceder a vomitar en lados contrarios de la calle.
Los aldeanos y Sakura miraban con asco, ahuyentándose. Menma suspiró al ver a sus padres así. No sabía que el malestar emocional pasaría al fisiológico. Sasuke lo tomó del peludo cuello.
—¡Explícame cómo sucedió! ¡¿Cómo me termino casando y teniendo un hijo con Naruto?! — ordenó él. Menma estaba aterrado. Su padre se veía muy diferente a cuando se enojaba con él. Ese era un verdadero enojo combinado con temor. Esos ojos eran dirigidos a él.
No le gustaba. No podía verlo.
—¡Basta!
El de negro se calmó al ver lo que había causado. Sakura y Naruto se asustaron al ver así a ese chico. Estaba a punto de llorar, paralizado, como si mirara algo muy terrible.
—No me odies, por favor — murmuró como en trance —. No me odies. No te enojes conmigo. No me odies.
El chico estaba paralizado del miedo por eso, o tal vez de la tristeza. No sabían lo que le pasaba, pero algo surgió dentro de ambos al verlo de esa manera. Naruto y Sasuke se acercaron a él y dejaron de lado la confusión que sentían.
—N-no te odio. Por favor, no llores — intentó evitar Sasuke.
—Sasuke es muy gruñón algunas veces, pero no quiere decir que te odie — dijo Naruto con una voz dulce que Sakura nunca había oído —. En serio. No te pongas mal. ¿Quieres un helado?
—Sí, eso. Un helado. ¿Qué te gusta? — apoyó Sasuke la idea.
Esta vez, las arcadas las tuvo Sakura. Eso había sido adorable, como si tuvieran una clase de instinto.
Menma relajó los músculos faciales ante aquello. Tomó aire y volvió a colocarse la máscara.
—No quiero un helado — dijo con calma —. Quiero ir a casa. Quiero a mis verdaderos padres.
Los chicos dejaron de estar tan sumergidos en su egoísmo al escuchar su penosa voz. El chico tenía su edad (y sangre), pero les parecía más pequeño. ¿Eran las ropas holgadas o su delicadeza?
—Aunque, tú sabes... — Sasuke no pensó demasiado lo que iba a decir. No estaba en condiciones — mi hijo no lloraría.
—Imbécil — dijo con rudeza detrás de la máscara —. No estaba llorando. Sigues siendo mi padre, tienes sus ojos, su rostro. ¿Cómo te sentirías, como hijo, si tu padre te viera con una mirada que te pide que no existas?
Menma siguió avanzando. Los chicos corrieron detrás de él.
—No soy tu padre — dijo Sasuke, asqueado.
—Lo sé. Esto es como una ilusión. Por eso te llamé imbécil. Nunca le faltaría el respeto a mi padre verdadero... imbécil.
Sasuke gruñía. Ese niño era...
—Igualito a ti — comentó Sakura por lo bajo.
Las náuseas volvieron.
—A todo esto, ¿para dónde estamos yendo? Caminamos como tarados hace veinte minutos — habló Menma como si hace segundos no le hubiera pasado nada.
—Necesitamos provisiones. Ya teníamos preparadas nuestras mochilas en el entrenamiento. Suna no queda tan lejos, con suerte. Guardaremos un par de onigiris en mi contendor que eran para el almuerzo, además de los que tenemos — dijo Sakura.
—Que no queda tan lejos, dices. Un par de onigiris — Sakura gruñó al sentir ese deje de burla —. Su trabajo de escoltas no termina al llegar a la Aldea de la Arena. Será difícil encontrar el pergamino. Vamos a tardar más que un par de horas.
—¿Qué sugieres? — se rindió ella. El kitsune inclinó su cabeza a un costado.
—Ramen — soltó —. Varios potes de ramen instantáneo. Agua y un jutsu de fuego hace que sea la mejor elección, ¿no? Para dos días.
Sakura y Sasuke miraron a Naruto. Eso venía de él.
—Vamos, Naruto — dijo Sasuke con molestia —. Di que estás de acuerdo.
—Lo que... Lo que sea — desvió él la vista. Al kitsune ni le importó.
—Entonces llenen la mochila con eso. Válganse de ninjutsu en lugar de armas, ¿quieren? Son genin, no estudiantes de academia — se oyó una baja risa emitida.
Naruto y Sakura miraron a Sasuke. Eso venía de él.
—¿Estás de acuerdo, Sasuke? — preguntó Naruto con el mismo tono acusador de hace un rato.
—Lo que sea.
Un grito detrás de ellos alarmó a los genin. Menma divisó a la madre de Inojin, el padre de Shikadai y el de Chocho.
—Hola, chicos — saludó Choji —. ¿Y el de la máscara quién es?
Menma miró en incógnita a sus padres y tía buscando qué responder. Ellos estaban temblorosos, sin saber qué decir.
—Vino de la Aldea de la Arena — se le ocurrió a Sakura —. Tenemos como misión escoltarlo devuelta a su hogar.
—Ah — miró Ino de arriba abajo —. Por lo que he visto, no tiene el mismo estilo que los de la Arena.
—No digas estupideces, Ino. La gente se viste como le nace — suspiró Shikamaru —. Oigan, si van hasta allá, ¿van a ver a nuestros amigos de la Arena?
—Seguro — le sonrió Naruto falsamente, deseando que se fueran.
—Oye, niño— se dirigió a Menma. El equipo siete estaba intranquilo ante la interacción —. ¿Puedes entregarle algo a una amiga? Seguro la conoces — Shikamaru fingió estar serio, pero sus amigos sabían que eso le apenaba — Es que la vi hace dos días y se le olvidó una cosa cuando entrenamos.
De su portashuriken Shikamaru sacó un pequeño abanico violeta y se lo extendió. Menma lo tomó.
—¿Llevas eso contigo desde que se lo olvidó? — se burlaron Ino y Choji de él. El siempre monótono Shikamaru enrojeció.
—Tenía pensado mandarlo por correo hoy, por eso — justificó —. ¿Para qué les doy explicaciones? Chico, ¿Puedes llevárselo o no?
—Sí, claro. Para la señorita Temari, entonces — se lo guardó en su bolsillo interno.
Los seis se quedaron con los ojos muy abiertos.
—¿Cómo sabías que es de Temari? Yo nunca lo dije — Menma palideció sin ser visto.
—¡Hay que irnos! ¡Nos matará Kakashi-sensei! — Sasuke quería sacarlos de ahí, pero entonces Ino tuvo un impulso. Sospechaba algo. Queriendo detener al chico, tiró accidentalmente del hilo que ataba su máscara.
Menma tuvo que girar para tomarla, siendo visto por los padres de sus amigos. El trío InoShikaCho se quedó asombrado por el parecido de ese chico con Naruto, solo que con cabello y ojos parecidos a los de Sasuke.
—¡Diablos! ¡¿Por qué la tomas?! — le recriminó Naruto. Ahora tendrían que dar explicaciones.
—¡Es un regalo que me hiciste! ¡No soy un ingrato!
—¡Pues te compraré otra justo ahora si quieres!
—¿Sabes? No sé por qué me confundo con que eres la misma persona que él. ¡Eres un imbécil, igual que este otro imbécil!
—¡¿Es lo único que sabes decir?!
—¡Imbécil! ¡Imbécil! ¡Imbécil!
La situación ya era un desastre por completo. Sakura no sabía cómo decirles a sus amigos que esos dos solo jugaban, que no se conocían, que era una coincidencia. Sin embargo, Sasuke no soportó más.
De pronto, en medio de la discusión, ambos sintieron que les daban un gran coscorrón en la cabeza.
—¡Au! ¡¿Qué te pasa?!
Pero el Uchiha no estaba de humor. La razón detrás de esa mirada era diferente a la anterior que había sufrido Menma, así que no se sintió igual que antes. Era como un regaño, algo habitual en el semblante de su padre. Además, era más dirigida a su papá que a él.
—Ustedes dos — arrastró las palabras el azabache —, no abran la boca. No digan nada. Ahora todo me cierra: son igual de tarados.
—Perdona... — se acobardó Menma al instante.
—¡Perdona nada! ¡Yo no soy tarado! ¡Estaba haciéndolo bien hasta que éste...! — ahí sí se ganó una buena zurra.
Ino tomó el brazo de Menma y lo atrajo hacia ella y sus amigos. Los tres lo analizaron, a lo que el niño se encogió en su sitio.
—Eres idéntico a Naruto — dijo Choji.
—Pero se ve un poco como alguien más... Como Sasuke, ¿no es así? — opinó Shikamaru — Ja. Si tuvieran un hijo, se vería exactamente como él.
Naruto y Sasuke vomitaron por segunda vez en el día ante ese comentario.
—¡Ah! ¡¿Qué les pasa?! — chilló Ino, disgustada.
—Yo me voy. No voy a crear excusas por ustedes — anunció Sakura empezando a caminar hacia su casa —. ¡Iré a preparar la docena de onigiri que tanto quiere nuestro señor Menma!
—Gracias, tí-. Sakura — sonrió él, agradecido. Ella sintió que eso fue genuino, pero desvió la vista con el ceño fruncido.
¿Y ella por qué lo odiaba?
Naruto y Sasuke le rogaron que se quedara, mas la pelirrosa siguió su camino. Ino, Choji y Shikamaru estaba confundidos por aquello. Si bien el chico se parecía a esos dos, no era más que una coincidencia.
—Pero ¿Cómo sabías de Temari? — preguntó Choji, apoyando a sus compañeros en las sospechas.
Menma no era bueno mintiendo, hasta que se le ocurrió algo.
—Es que soy vidente — dijo con una sonrisa nerviosa. Eso cambió la perspectiva de los tres. Naruto y Sasuke observaron cómo se desenvolvía en ese engaño —. Puedo ver el futuro con solo ver una persona a los ojos.
—¿Ah sí? — Shikamaru no le creía — Háblame de mi futuro.
—Eh... — buscó la aprobación de sus padres para decir algo. Ellos asintieron enérgicamente para salir de esa — Vas a tener un cargo muy importante junto al Hokage algún día. Tu hijo se llamará Shikadai Nara, y será muy inteligente y de ojos verdes.
Los tres se miraron, creyéndole cada palabra. Shikamaru no le había dicho su nombre como para armar una historia así en la marcha.
—¡Yo quiero saber también! ¡Dime mi futuro!
—Di-dirigirás una florería y tendrás un hijo llamado Inojin Yamanaka. Sé que es tu apellido, pero eso es porque tu esposo no tendrá un clan en específico. Es un... Digo, este Inojin va a ser bastante insoportable y arrogante, pero será un chico bueno en su interior. A él le va a gustar mucho dibujar.
—¡A mí también dime!
—Tendrás una hija. Se llamará Akimichi Chocho. Le gusta comer tanto como a ti, pero querrá salir con muchos chicos. Va a tener problemas con su imagen y será un largo proceso acompañarla hasta que entienda que lo importante es la esencia de una persona. Debes guiarla en eso, por favor.
—¡Magnífico! ¡Sí eres vidente!
Lo atosigaron con preguntas, pero Menma puso un alto y se escondió detrás de sus padres.
—Verán — les sonrió con nervios —, no puedo ver más allá de eso. Lo que les dije ya es todo lo que puedo contestar. Debo regresar a mi aldea, ¿no es así?
Naruto y Sasuke se movieron rápido. Despidieron a sus amigos sin mucha ceremonia y se fueron corriendo con el chico hasta que los perdiera de vista.
Ino, Shikamaru y Choji quedaron alucinados por la presencia de aquel chico, decidiendo que anotarían eso para ver si era verdad en unos años.
Sasuke, Naruto y Menma avanzaron a paso más lento, quedando mentalmente cansados por lo que acababa de ocurrir.
—Oye, Menma — llamó Naruto, sintiendo ese nombre algo extraño. El chico miraba su máscara con resentimiento, guardándola en su abrigo. Se la pondría en otro momento. Ahora quería que sus padres vieran que él también se sentía pésimo —. Sé que no eres vidente, pero sí sabes del futuro. ¿Yo soy Hokage?
Menma sonrió por eso, ignorando su enfado.
—Sí eres la misma persona — murmuró por lo bajo.
Sasuke se mantuvo en silencio. También quería saber.
—Claro que lo eres, Lord Séptimo — contestó Menma, adelantándose para actuar una reverencia ante él.
Naruto dejó de sentirse tan mal de repente. Saltó de alegría y abrazó a ese chico que decía ser su hijo, como si no lo hubiera maldecido antes. Menma celebró con él. Sasuke estaba parado en el medio de los dos, esperando a que terminaran.
—¡Sasuke! — le habló Naruto — ¡Felicítame! ¡Seré Hokage!
—Todos sabíamos eso, tarado — dijo Sasuke con rudeza, pero Naruto se quedó más con lo que dijo que la forma en la que lo hizo —. Al menos, yo no dudé. Te la pasas prometiéndolo todo el rato.
—¡Una cosa es prometerlo, otra cumplirlo!
—¿Ya has olvidado que ese no será el único suceso "asombroso" en tu vida?
Naruto se miró a sí mismo, abrazando a "su hijo". Se fue alejando con vergüenza. Menma endureció el ceño.
—Claro. Yo soy la noticia que decepciona sus expectativas del futuro — les dijo él.
Ni Sasuke ni Naruto dijeron nada. Menma entonces giró hacia un puesto de dango.
—Quiero — señaló él. Los chicos lo miraron sin entender —. Como si fueran padres terribles, arreglen mi sentir con comida.
Querían decirle que no, pero sí sentían culpa en su interior. Sasuke sacó un par de yenes y se los dio a Naruto para que hiciera la compra. El rubio no se esperaba eso. Incluso había sacado su monedero de rana.
—No tienes dinero nunca, Naruto. Yo lo hago — argumentó el Uchiha al notar que no se movía.
—Sí tenía suficiente...
—Para quedarte en cero. Usa tus ahorros con propiedad.
El rubio le compró a Menma aquel palillo con el dulce.
—Ahora vamos a la maldita entrada — dijo Naruto para terminar con su recorrido. Menma le sonrió y mordió su primer dango —. ¿Feliz?
—No — respondió —. Tú preguntaste.
—¿Qué clase de hijo eres?
—Uno muy parecido a la persona con la que te casaste.
—¡Ya detenlo!
Pero Naruto no había usado sus ahorros. Al ver una máscara muy parecida a la de Menma en un puesto cercano, fue hacia él.
—¿Qué haces? — preguntó Sasuke ante su interés — ¿Una máscara? ¿Es en serio?
—Quiero una parecida a la de Menma — dijo con cierta pena. Menma rio.
—Te la puedo prestar. Solo ten cuidado con ella — dijo el azabache de bigotes. Naruto negó.
—Esa es para ti. Tú la necesitas. Siempre me gustaron las máscaras, como si fuera un Anbu — confesó. Por un segundo sintió que estaba hablando con un amigo, pues Menma lo miraba de una forma amigable, contemplándolo —. ¿Qué es esa cara que me pones?
—Lo siento — cerró los ojos —. No ves a tus padres así todos los días. Hoy tienes mi edad y puedes, aunque sea un poco, ser parecido a mí.
Sasuke se vio fuera de lugar en ese ambiente. Menma parecía más hijo de Naruto que suyo. No sentía que hubiera algo más allá de las declaraciones y características físicas de Menma que lo identificaran. Y eso le alegraba, claro. Porque estaba la posibilidad de que ellos no hubieran creado eso. Sí, tal vez había esperanza de que no estuvieran juntos.
De pronto, un bastón golpeó la cabeza rubia. Menma y Sasuke se alarmaron al ver al dueño del negocio, un viejo rengo, amenazando a Naruto para que se alejara.
—¡No toques mi mercancía, fenómeno! — le gritaba. Naruto se alejaba con la cabeza gacha, conteniéndose — ¡Ve a otro lado a esparcir tu asquerosidad!
—Sólo estaba viendo — dijo él.
Menma miró a todos lados, esperando que alguien interviniera, pero todos miraban con el mismo odio que el hombre.
¿Qué estaba pasando? Buscó responder a su incógnita en los ojos de su padre, pero él parecía entender por qué estaba pasando eso.
—¡Largo! ¡Muérete!
No podía creerlo. Simplemente no podía aceptarlo.
Cuando el bastón se elevó en el aire con la intención de dar otro golpe, Menma se interpuso. En un aprieto, partió la madera a la mitad, haciendo que el anciano se alejara al ver sus ojos rojos con símbolos inconfundibles.
Sasuke y Naruto lo reconocieron: el sharingan.
—¿A quién le dices que se muera, viejo estúpido? — pronunció Menma sin intención de dejarlo escapar — Deberías morir tú. ¿Te ayudo con eso?
Cuando sus orbes brillaron, supieron que había encerrado al viejo en un genjutsu. Menma volvió a caminar sin importarle lo que sus padres le decían detrás.
—¡Niño, no puedes hacer eso!
—Un genjutsu en un aldeano. Con su edad quizás lo mates.
El azabache miró atrás con resentimiento. Naruto y Sasuke estaban preocupados por eso como si el sujeto hubiera sido inocente.
—Solo es una pequeña pesadilla, relájense — explicó —. Tengan.
Al chasquear los dedos, el barullo se hizo presente a unos metros de ellos. Las personas habían socorrido al comerciante. Se oían unos gritos sin sentido de su parte, dándoles la señal de que estaba vivo.
De acuerdo, Sasuke no iba a negar que esa actitud vengativa era de su parte. Además, su sharingan era algo que no podía dejar pasar.
—¿Ven que no era para tanto? — dijo él. Se dirigió a su papá — ¡Defiéndete la próxima y yo no hago eso! ¿Por qué te dijo esas cosas? ¿Por qué nadie hacía nada al respecto?
Naruto bajó la mirada. Si ese era su hijo, ahora se lo creía al sentirse mal porque lo viera así de débil.
—Es que... dentro de mí... — sobó su vientre, a lo que Menma adivinó.
—Sí, sí. Ya sé que está Kurama ahí — dijo. Naruto no sabía de quién hablaba —. Kurama. Kyubi. ¿El zorro viejo?
—¿Kurama?
—Es su nombre. Yo también tengo un poco de él.
Sasuke y Naruto lo miraron como esperando que lo compruebe. Menma abrió su abrigo un poco, dejando ver una polera que descubría su abdomen para mostrar su sello.
—Es por seguridad y para que no se muera. Intentamos que Kurama sea inmortal hasta que decida irse — explicó dándose una caricia a sí mismo.
—¿Te llevas bien con el zorro? — cuestionó Sasuke a Naruto.
—Claro que no — dijo Naruto igual de ignorante —. Siempre me dice que cambiemos o está dormido. No le gusta dialogar. ¿Por qué querría mantenerlo o encerrarlo en alguien más? Por mí que se muera.
—No digas eso de Kurama. Él es muy amigo nuestro — dijo Menma con enfado. Kurama para él era muy preciado. Entonces se le ocurrió una idea —. ¡Ah! ¡Soy un tonto! ¡Claro!
—¿Qué pasa?
—¿Cuánto falta para que nos vayamos?
—Pues tenemos que estar ahí en una hora, pero siempre es mejor ir antes. Kakashi no llega tarde cuando se trata de esto.
—¿Hay algún lugar tranquilo por aquí?
—¿Ya quieres descansar? Qué molestia.
—No, quiero meditar.
—¿Meditar?
(...)
Naruto y Sasuke observaban con atención al niño en posición sabia. Habían ido al techo de la casa de Naruto, que era una zona alejada y de mala fama. De hecho, que estuviera silenciosa no era algo bueno si era de noche.
—¿Qué está haciendo? — susurró Naruto a Sasuke.
—No lo sé, pero que se apure porque quiero que el día termine — bajó el tono el contrario.
—¿Saben? — habló Menma aún con sus ojos cerrados — Si me desconcentran, me tardo más.
—¿Meditas o estás cagando? — Sasuke casi lo tira del techo por sus comentarios.
Menma entonces empezó a hablar.
—Kurama — dijo —, tú eres la conexión espiritual que tengo con mi papá, ¿no es así? Ayúdame, por favor.
Sasuke y Naruto se colocaron en posición de defensa al ver una luz cubriendo a Menma.
El aura se desprendió del chico, materializándose en algo más pequeño. El extraño fuego tomó forma de un perro, no, de un zorro. Un zorro pequeño con muchas colas, nueve para ser exactos, dormía en las piernas de Menma.
Sasuke miró a Naruto esperando que le respondiera qué había pasado.
—A mí no me mires. Ni sabía que eso podía ser mi mascota tranquilamente — se lavó él las manos.
Menma zarandeó un poco al zorrito.
—Kurama — llamó, pero él no abría sus ojos —, Kurama... Deja de dormir, viejo.
—Niño, me cansa este proceso de salir. ¿Es muy urgente? — a pesar de verse tan diminuto a como lo pintaban las historias, su voz era grave y tenebrosa. A Menma no le causaba nada, conociéndolo.
—Sí es urgente — le protestó —. Ayúdame.
—Dime en qué puedo serte útil — se estiró entre sus piernas. Naruto dejó de temerle y empezó a acercarse con curiosidad. Entonces el bicho abrió los ojos —. ¡¿Qué es esto?! — el rubio saltó del susto al igual que el bijuu al encontrarse. Antes de que cayera, Sasuke tomó a su compañero de los hombros para darle otro empujón más alejado del borde. No quería hacer contacto físico con él en esos momentos — Menma, explícame.
—Mi padre trajo un pergamino del tiempo, lo toqué por accidente y ahora estoy en el año 2002 — Kurama miró a su antiguo jinshuriki. Era tan joven como lo recordaba. El zorro suspiró, resignado.
—¿Y tú desde cuándo los desobedeces? ¿Ya estás en esa etapa de rebeldía? — acusó Kurama al niño, quien bajó su mirada.
—Mi padre nunca habla conmigo de sus misiones, y no lo veo mucho. Quería estar informado para tener un tema de conversación — confesó sin orgullo. Kurama asintió. Se volteó al sentir que alguien acariciaba su lomo.
Naruto estaba inseguro, pero se animó a acariciar al ser como si fuera un animal más. Sasuke miraba desde su lugar la extraña escena. Esa cosa había destruido la aldea doce años antes como para ser una mascota.
—Tu papá es igual a como lo recuerdo — dijo Kurama, dejándose hacer —. Niño, al menos hazlo detrás de las orejas... Oh sí, así.
—Esto se siente muy raro — murmuró Naruto.
—Dice que no son amigos — susurró Menma a su bijuu.
—Me evangelizó a sus dieciséis años. Era inevitable. Literalmente hace a todos los enemigos sus amigos. Es un caso especial — rio Kurama. Naruto se alegró por eso.
—Vaya. Eso me parece bien — le sonrió el rubio.
Kurama se inclinó para ver a Sasuke, más alejado que esos dos.
—Niño, si me quieres acariciar, no me quejo — le dijo —. ¿Un Uchiha como tú sabe complacer a un ser divino como yo?
El azabache lo miró con desprecio, centrándose más en el material del tejado que en ellos.
—Tu padre como siempre un gruñón — gruñó Kurama a Menma —. ¿Lo sabe?
—Sí. No les gusta el detalle de que son mis padres — dijo Menma con tristeza.
—No te lo tomes personal — le aconsejó el zorro —. Ellos se odiaban. Bueno, no. Desde niños tienen una relación complicada. Aunque no lo hicieran, saber que tendrás un hijo con tu mejor amigo siendo otro hombre es un tanto shockeante.
—De eso yo no tengo la culpa — frunció el ceño el niño.
Naruto buscó la mirada de Sasuke, pero él fue rápido en desviarla.
—Vamos a ver — dijo Kurama —. ¿Qué le digo a tu papá?
—Dile que estoy bien y que estoy yendo en busca del pergamino con el equipo siete — ideó el mensaje —. Yo mismo arreglaré el error que cometí. Dile a ambos que lo siento.
—Sasuke te está buscando hace un rato. Fue a la oficina de Naruto a ver, pero se les ocurrió que estabas con tus amigos — informó Kurama. Sasuke agudizó la audición al escuchar su nombre —. Me pregunto si ya vio que le faltaba el pergamino.
—¿Sabes algo sobre eso?
—El pergamino se llama "Reloj de Arena". Una vez lo abres, el sello desaparece. Para volver tienes que ir a buscar el del tiempo en el que estés, pero eso ya te lo dijeron, supongo. El punto es que es difícil de encontrar porque está en la Cueva del Tiempo.
—¿Cueva del Tiempo?
(...)
—Cueva del Tiempo. Nuestro amigo "Kurama" tiene razón.
Sakura estaba espantada al ver que Menma tenía al peligroso Kyubi en su hombro. Bien, era una versión pequeña y linda de él, pero seguía siendo el gran Zorro de las Nueve Colas que aterrorizó la aldea. Kakashi no tenía tanta desconfianza como ella, y ahora veía que los padres de Menma quedaron bastante agradados con él.
—La Cueva del Tiempo está hecha para que no tomes el pergamino — continuó Kakashi su explicación —. La persona que quiere tomarlo se tiene que enfrentar a recuerdos que lo atormentan. La cueva selecciona en tu mente para que los revivas y así te largues. Pero espero que podamos ser más fuertes que esa técnica.
—No tengo recuerdos tan feos como para acobardarme — sonrió Menma, convencido, abrazando a su zorro —. Kurama, ¿me mantienes informado?
—De acuerdo — dijo él —. Escucha, Menma. Yo aún tengo que cuidarte. Tus padres son bastante inestables justo ahora. No solo porque son adolescentes, sino porque les han pasado muchas cosas en la vida que son mucho más recientes que cuando sean adultos — Kurama hablaba a Menma como si fuera su abuelo, preocupándose por él. Aquella simpatía fue apreciada por todos. Ese era un Kyubi totalmente diferente al que conocían —. Repite esto en tu mente hasta que se te grabe: ellos no son tus padres.
—E-ellos sí lo son.
—No. Ellos no te conocen. Ni siquiera se conocen a sí mismos. Para ellos es inimaginable lo que les cuentes sobre sus vidas futuras. Mantente al margen. ¿Sabes cuál es el arma de doble filo más peligrosa que tiene tu papá? Hablar mucho, así que no lo hagas. Ya vuelvo.
El zorro se volvió una bola de luz hasta que se consumió.
Menma se sentía más perdido que antes.
—Bien, empecemos nuestro viaje.
