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El único testigo será la lluvia

Summary:

José nunca pensó que un simple artículo en un diario cambiaría tanto su vida.
Firmado únicamente como “J”, sus palabras sobre la desigualdad encontraron eco en alguien inesperado: un misterioso autor que escribía bajo la inicial “M”.
Lo que comenzó como un intercambio de cartas pronto se convirtió en algo más: discusiones apasionadas, ideas que ardían como fuego… y el descubrimiento de que el mundo era mucho más injusto de lo que parecía.
En la Argentina de los años noventa, entre libros, música y discusiones escolares, José comenzará a despertar políticamente… sin imaginar que aquel desconocido con quien comparte pensamientos terminará cambiando su vida.

Notes:

Hola :3.
Porfavor no se tomen esto en serio, tan solo hago esto por diversión.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter Text

José había nacido con la suerte de estar en una buena posición económica. Cursó sus primeros años en un colegio público de buen nombre; su padre, por supuesto, no habría permitido menos.

Sin embargo, aun con la reputación de aquella institución, su padre pronto decidió que no era suficiente para su hijo y lo envió a estudiar a un colegio privado de gran prestigio.

Por más fama que tuviera aquel lugar, José lo repudiaba. Le provocaba una irritación profunda, casi infantil… si no fuera porque lo que sentía estaba lejos de ser un simple berrinche de crío.

En ese sitio, que pretendía ser respetable y honorable, José había presenciado los actos más claros de hipocresía y desigualdad. Escuchaba a estudiantes y docentes despreciar sin pudor a los de “abajo”. Veía cómo se arruinaban los estudios de quienes ya no podían pagar. Observaba cómo trataban a los menos favorecidos como si fueran ganado inútil.

Todo aquello le hacía hervir la sangre.

José creía firmemente que cada individuo —sin importar su apellido— debía ser igual y gozar de las mismas oportunidades.
Cuando esos pensamientos comenzaron a volverse demasiado atrevidos para guardarlos en silencio, participó en una actividad de un diario independiente. Consistía en escribir un pequeño artículo sobre la desigualdad.

José, que no podía expresar sus ideas abiertamente en un entorno tan hostil, sintió un extraño alivio al hacerlo. Su artículo estaba en anonimato, firmado simplemente como "J", por razones reglamentarias de la actividad.

Para orgullo de José, su artículo apareció en aquel diario en el apartado de " destacados", al notarlo José sintio una especie de fuego en su pecho que se extendía por su interior, por primera vez, sus ideas eran bienvenidas con complicidad, por primera vez, sus ideas eran aceptadas. Sentía en su interior crecer la llama de la revolución, de la rebeldía, una pasión que lo llegaba a hermandar con los que poseían sus ideales, José ansiaba causar un gran cambio, pero sabía que no podría ser pronto.

Estaba a punto de doblar el diario cuando vio otro texto en la sección de “destacados”. José decidió leerlo antes de ir a dormir.
Quedó absolutamente maravillado. Jamás había escuchado a alguien escribir con tanta pasión sobre aquella causa. Las palabras de ese tal “M” lo dejaron profundamente marcado.

Esa noche apenas pudo pegar un ojo. Sentía un extraño compañerismo hacia aquel desconocido. De alguna forma, se sentía comprendido por él, incluso si nunca habían entablado conversación alguna.
A la mañana siguiente lo había decidido: le escribiría.

José sostuvo la pluma unos segundos antes de empezar.
No conocía al autor de aquel artículo.
Tal vez nunca respondería.
Aun así, comenzó a escribir.
Redactó con la formalidad que requería la ocasión, pero sin el menor rastro de timidez.

"𝐸𝑠𝑡𝑖𝑚𝑎𝑑𝑜 𝑠𝑒𝑛̃𝑜𝑟 “𝑀”:
𝐻𝑒 𝑙𝑒𝑖́𝑑𝑜 𝑠𝑢 𝑎𝑟𝑡𝑖́𝑐𝑢𝑙𝑜 𝑐𝑜𝑛 𝑝𝑟𝑜𝑓𝑢𝑛𝑑𝑜 𝑖𝑛𝑡𝑒𝑟𝑒́𝑠, 𝑦 𝑐𝑜𝑛𝑠𝑖𝑑𝑒𝑟𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑠𝑢𝑠 𝑎𝑟𝑔𝑢𝑚𝑒𝑛𝑡𝑜𝑠 𝑝𝑜𝑠𝑒𝑒𝑛 𝑢𝑛𝑎 𝑐𝑙𝑎𝑟𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑝𝑜𝑐𝑜 𝑓𝑟𝑒𝑐𝑢𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑞𝑢𝑒 𝑛𝑢𝑛𝑐𝑎 𝑎𝑛𝑡𝑒𝑠 ℎ𝑎𝑏𝑖́𝑎 𝑙𝑒𝑖́𝑑𝑜 𝑎 𝑎𝑙𝑔𝑢𝑖𝑒𝑛 𝑑𝑒𝑓𝑒𝑛𝑑𝑒𝑟 𝑒𝑠𝑡𝑎𝑠 𝑖𝑑𝑒𝑎𝑠 𝑐𝑜𝑛 𝑡𝑎𝑛𝑡𝑎 𝑐𝑜𝑛𝑣𝑖𝑐𝑐𝑖𝑜́𝑛.
𝐸𝑠 𝑒𝑥𝑡𝑟𝑎𝑛̃𝑜, 𝑝𝑒𝑟𝑜 𝑡𝑒𝑛𝑔𝑜 𝑙𝑎 𝑠𝑒𝑛𝑠𝑎𝑐𝑖𝑜́𝑛 𝑑𝑒 𝑞𝑢𝑒 𝑞𝑢𝑖𝑒𝑛 𝑒𝑠𝑐𝑟𝑖𝑏𝑖𝑜́ 𝑒𝑠𝑎𝑠 𝑝𝑎𝑙𝑎𝑏𝑟𝑎𝑠 𝑐𝑜𝑚𝑝𝑟𝑒𝑛𝑑𝑒 𝑒𝑥𝑎𝑐𝑡𝑎𝑚𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑎𝑞𝑢𝑒𝑙𝑙𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑜𝑡𝑟𝑜𝑠 𝑝𝑟𝑒𝑓𝑖𝑒𝑟𝑒𝑛 𝑖𝑔𝑛𝑜𝑟𝑎𝑟.
𝑃𝑜𝑟 𝑒𝑠𝑎 𝑟𝑎𝑧𝑜́𝑛 𝑚𝑒 𝑎𝑡𝑟𝑒𝑣𝑜 𝑎 ℎ𝑎𝑐𝑒𝑟𝑙𝑒 𝑢𝑛𝑎 𝑝𝑒𝑡𝑖𝑐𝑖𝑜́𝑛: 𝑚𝑒 𝑔𝑢𝑠𝑡𝑎𝑟𝑖́𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝑖𝑛𝑡𝑒𝑟𝑐𝑎𝑚𝑏𝑖𝑎́𝑟𝑎𝑚𝑜𝑠 𝑐𝑜𝑟𝑟𝑒𝑠𝑝𝑜𝑛𝑑𝑒𝑛𝑐𝑖𝑎. 𝑆𝑖𝑒𝑚𝑝𝑟𝑒 ℎ𝑒 𝑑𝑒𝑠𝑒𝑎𝑑𝑜 𝑒𝑛𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑎𝑟 a 𝑎𝑙𝑔𝑢𝑖𝑒𝑛 𝑐𝑜𝑛 𝑞𝑢𝑖𝑒𝑛 𝑑𝑒𝑏𝑎𝑡𝑖𝑟 𝑦 𝑑𝑒𝑠𝑎𝑟𝑟𝑜𝑙𝑙𝑎𝑟 𝑒𝑠𝑡𝑎𝑠 ideas 𝑐𝑜𝑛 𝑙𝑖𝑏𝑒𝑟𝑡𝑎𝑑.
𝑅𝑒𝑐𝑖𝑏𝑎 𝑢𝑛 𝑐𝑜𝑟𝑑𝑖𝑎𝑙 𝑠𝑎𝑙𝑢𝑑𝑜,
𝐽𝑜𝑠𝑒́."

Al terminar su carta, le escribió, esta vez al diario independiente, pidiéndoles que le entregarán su carta al participante "M", el diario no hubiese aceptado, si no fuese porque el propio "M" había aceptado responder cualquier duda.

Luego de entregar ambas cartas, José ahora si se sintió la timidez que antes debía sentir, se sentía indigno mandarle esa carta a ese "M", quien afirmaba haber participado activamente en el movimiento, mientras que el tan solo se quedaba la discusión en su mente, y sus ganas por el cambio.

Cualquier inseguridad fue borrada, cuando la respuesta llego apenas unas 2 semanas 𝑑𝑒𝑠𝑝𝑢𝑒́𝑠

"𝐸𝑠𝑡𝑖𝑚𝑎𝑑𝑜 𝑠𝑒𝑛̃𝑜𝑟 “𝐽”:
𝐷𝑒𝑏𝑜 𝑎𝑑𝑚𝑖𝑡𝑖𝑟 𝑞𝑢𝑒 𝑠𝑢 𝑐𝑎𝑟𝑡𝑎 𝑚𝑒 𝑠𝑜𝑟𝑝𝑟𝑒𝑛𝑑𝑖𝑜́ 𝑞𝑢𝑒. 𝑁𝑜 𝑒𝑠 𝑢𝑛 𝑒𝑛𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑎𝑟 𝑎 𝑎𝑙𝑔𝑢𝑖𝑒𝑛 𝑞𝑢𝑒 𝑟𝑒𝑓𝑙𝑒𝑥𝑖𝑜𝑛𝑒 𝑐𝑜𝑛 tanta 𝑠𝑒𝑟𝑖𝑒𝑑𝑎𝑑 𝑠𝑜𝑏𝑟𝑒 𝑎𝑠𝑢𝑛𝑡𝑜𝑠 𝑞𝑢𝑒 𝑚𝑢𝑐ℎ𝑜𝑠 𝑛𝑜 ignorar 𝑝𝑜𝑟 𝑐𝑜𝑚𝑝𝑙𝑒𝑡𝑜.

𝐿𝑎 𝑑𝑒𝑠𝑖𝑔𝑢𝑎𝑙𝑑𝑎𝑑 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝑢𝑠𝑡𝑒𝑑 ℎ𝑎𝑏𝑙𝑎 𝑛𝑜 𝑒𝑠 𝑢𝑛 𝑠𝑖𝑚𝑝𝑙𝑒 𝑑𝑒𝑓𝑒𝑐𝑡𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝑠𝑖𝑠𝑡𝑒𝑚𝑎 𝑒𝑛 𝑒𝑙 𝑞𝑢𝑒 𝑣𝑖𝑣𝑖𝑚𝑜𝑠; 𝑒𝑠 𝑢𝑛𝑎 𝑑𝑒 𝑠𝑢𝑠 𝑏𝑎𝑠𝑒𝑠 𝑚𝑎́𝑠 𝑠𝑜́𝑙𝑖𝑑𝑎𝑠. Y, 𝑝𝑟𝑒𝑐𝑖𝑠𝑎𝑚𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑝𝑜𝑟 𝑒𝑠𝑜, 𝑡𝑎𝑛 𝑑𝑖𝑓𝑖́𝑐𝑖𝑙 𝑑𝑒 𝑐𝑜𝑚𝑏𝑎𝑡𝑖𝑟.

𝑆𝑖𝑛 𝑒𝑚𝑏𝑎𝑟𝑔𝑜, 𝑚𝑒 𝑎𝑙𝑒𝑔𝑟𝑎 𝑠𝑎𝑏𝑒𝑟 𝑞𝑢𝑒 ℎ𝑎𝑦 𝑜𝑡𝑟𝑜𝑠 𝑞𝑢𝑒 𝑠𝑒 𝑛𝑖𝑒𝑔𝑎𝑛 𝑎 𝑎𝑐𝑒𝑝𝑡𝑎𝑟𝑙𝑎 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑎𝑙𝑔𝑜 𝑛𝑎𝑡𝑢𝑟𝑎𝑙.

𝑈𝑠𝑡𝑒𝑑 𝑚𝑒𝑛𝑐𝑖𝑜𝑛𝑎 𝑒𝑛 𝑠𝑢 𝑐𝑎𝑟𝑡𝑎 𝑒𝑙 𝑑𝑒𝑠𝑒𝑜 𝑑𝑒 𝑑𝑒𝑏𝑎𝑡𝑖𝑟 𝑒𝑠𝑡𝑎𝑠 𝑖𝑑𝑒𝑎𝑠 𝑐𝑜𝑛 𝑙𝑖𝑏𝑒𝑟𝑡𝑎𝑑. 𝐿𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑓𝑖𝑒𝑠𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑐𝑜𝑚𝑝𝑎𝑟𝑡𝑜 𝑒𝑠𝑒 𝑑𝑒𝑠𝑒𝑜. 𝐶𝑜𝑛 𝑑𝑒𝑚𝑎𝑠𝑖𝑎𝑑𝑎 𝑓𝑟𝑒𝑐𝑢𝑒𝑛𝑐𝑖𝑎 𝑢𝑛𝑜 𝑠𝑒 𝑒𝑛𝑐𝑢𝑒𝑛𝑡𝑟𝑎 𝑟𝑜𝑑𝑒𝑎𝑑𝑜 𝑑𝑒 𝑝𝑒𝑟𝑠𝑜𝑛𝑎𝑠 𝑞𝑢𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑠𝑖𝑑𝑒𝑟𝑎𝑛 𝑡𝑎𝑙𝑒𝑠 𝑝𝑒𝑛𝑠𝑎𝑚𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜𝑠 𝑒𝑥𝑎𝑔𝑒𝑟𝑎𝑑𝑜𝑠, 𝑜 𝑖𝑛𝑐𝑙𝑢𝑠𝑜 𝑝𝑒𝑙𝑖𝑔𝑟𝑜𝑠𝑜𝑠.

𝑃𝑒𝑟𝑜 𝑠𝑖 𝑛𝑎𝑑𝑖𝑒 𝑠𝑒 𝑎𝑡𝑟𝑒𝑣𝑒 𝑎 𝑐𝑢𝑒𝑠𝑡𝑖𝑜𝑛𝑎𝑟 𝑎𝑞𝑢𝑒𝑙𝑙𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑠𝑖𝑒𝑚𝑝𝑟𝑒 ℎ𝑎 𝑠𝑖𝑑𝑜 𝑐𝑜𝑛𝑠𝑖𝑑𝑒𝑟𝑎𝑑𝑜 𝑖𝑛𝑐𝑢𝑒𝑠𝑡𝑖𝑜𝑛𝑎𝑏𝑙𝑒, 𝑒𝑛𝑡𝑜𝑛𝑐𝑒𝑠 𝑛𝑎𝑑𝑎 𝑐𝑎𝑚𝑏𝑖𝑎𝑟𝑎́ 𝑗𝑎𝑚𝑎́𝑠.

𝑆𝑖 𝑢𝑠𝑡𝑒𝑑 𝑒𝑠𝑡𝑎́ 𝑑𝑖𝑠𝑝𝑢𝑒𝑠𝑡𝑜 𝑎 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑖𝑛𝑢𝑎𝑟 𝑒𝑠𝑡𝑎 𝑐𝑜𝑟𝑟𝑒𝑠𝑝𝑜𝑛𝑑𝑒𝑛𝑐𝑖𝑎, 𝑦𝑜 𝑒𝑠𝑡𝑎𝑟𝑒́ 𝑒𝑛𝑐𝑎𝑛𝑡𝑎𝑑𝑜 𝑑𝑒 𝑟𝑒𝑠𝑝𝑜𝑛𝑑𝑒𝑟𝑙𝑒.
𝑅𝑒𝑐𝑖𝑏𝑎 𝑡𝑎𝑚𝑏𝑖𝑒𝑛 𝑢𝑛 𝑐𝑜𝑟𝑑𝑖𝑎𝑙 𝑠𝑎𝑙𝑢𝑑𝑜,
𝑀𝑎𝑛𝑢𝑒𝑙"