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La singularidad del único héroe

Summary:

Rick puede salvar galaxias, pero no soporta que Morty busque héroes en otros lados. Tras una pelea amarga y ebria, Rick está listo para marcharse, convencido de que es un monstruo prescindible. No cuenta con que la devoción de Morty es tan oscura como la suya: "—Entonces destrúyeme —respondió el chico—, pero no me dejes con ellos; ya soy tuyo". En una base de héroes de cartón, están por cruzar la línea de la que no hay retorno. ¿Será el fin de su mundo o el inicio de algo más peligroso?

AU s03e04 - Vindicadores
Todos los personajes son mayores de edad

Notes:

Esta historia está escrita completamente en español, en caso de ser traducida es posible que algunas cosas pierdan coherencia.
Trataré de traducirla a inglés lo antes posible.

Disfruta mucho la historia y no dudes en dejar tus comentarios ✨

Work Text:

Nunca había sido bueno trabajando en equipo y mucho menos siguiendo órdenes; era Rick Sánchez, después de todo: el hombre más inteligente del maldito universo. Claro que eso no parecía importarle al grupo de criaturas que —si le preguntaban a Rick— no tenía nada de extraordinario, pero que Morty llamaba "héroes" con tanto entusiasmo.

Ya habían sido convocados por los Vindicadores para ayudar en una misión de “gran importancia para la seguridad del universo”, y Rick no hubiera aceptado de no ser por cómo le rogó Morty. Obviamente, sucedió lo que Rick predijo: una solución simple y estratégica para un problema sobrevalorado.

Decir que habían tenido “conflictos de personalidad” era poco. La verdad es que la única razón por la que no los asesinó a todos en los primeros quince minutos fue que Morty le pidió que no hiciera nada que evitara que fueran convocados en el futuro. Accedió a no matar a nadie, pero no hizo un gran esfuerzo; no es que le importe, mientras el niño no se enterará.

Fue bastante divertido para Rick verlos nuevamente; habían perdido a la mitad de sus miembros por no perder su orgullo y pedir ayuda. No pude evitar recordarles, en cada oportunidad que tuvo, que él no veía nada especial en ellos: no podía hacer nada que Rick no pudiera hacer de mejor manera. Excepto, al parecer, lograr esa mirada de absoluta admiración y devoción en la cara de Morty.

No podía entender exactamente de dónde venía el impulso de querer que esa mirada fuera exclusivamente para él. Había muchas personas que creían que era la persona más asombrosa de todo el multiverso —incluyendo a su propia hija— solo por estar presente. Sin embargo, con ninguna de ellas había visitado un sinfín de dimensiones, ni había burlado a otras tantas criaturas para salirse con la suya, ni había accedido a situaciones ridículas solo por capricho o por el sentimiento de aventura.

Morty tenía mucho más poder sobre él de lo que estaba acostumbrado a dar, y el niño podría obtener cualquier cosa si supiera la manera correcta de pedirla; no es que fuera a admitirlo nunca. Aun así, Rick trataba de complacer y sorprender al chico todo el tiempo, aunque este ni siquiera lo notara. Eso solo lo hacía enfurecer: enojado porque Morty no apreciaba lo que hacía por él, y consigo mismo porque sabía que era totalmente su culpa.

Mentiría si dijera que no le molestó más de lo que debería el hecho de que Morty pareciera estar especialmente emocionado por ver a Vance. El "súper" líder de los Vindicadores era, por mucho, uno de los personajes más simples del grupo. Incluso ese tipo, Alan Rails, el de los trenes fantasmales, era más impresionante.

¿Qué hizo él que Rick no hubiera hecho antes miles de veces? ¿Volar? Rick tenía una nave espacial hecha con chatarra. ¿Armas geniales? Rick era prácticamente un arma viviente; Tenía tantas modificaciones cibernéticas que apenas las recordaba todas. ¿Había salvado a criaturas inocentes? Rick había salvado sistemas enteros (más de los que le reconocían), terminado guerras (aunque puede que haya provocado un par de ellas) y erradicado plagas como si fueran un simple resfriado (y no siempre lo hacía por un pago).

Sinceramente, la lista de hazañas de Rick era lo suficientemente larga como para opacar a cualquiera. ¿Entonces por qué Morty era el único que no podía ver que ya tenía a su lado a la persona más increíble del universo? ¿Por qué no podía entender que no necesitaba la aprobación de nadie más si ya tenía a Rick en su equipo? Pocas eran las cosas que el hombre más inteligente del multiverso no entendía, y una de ellas era por qué le dolía tanto ya no ser el héroe de Morty.

En fin, nada que un buen trago no pueda borrar…

- § -

El destello verde del portal no fue una entrada triunfal; Fue una herida abierta en la realidad de la habitación. Rick salió tambaleándose, con la ropa desaliñada y una botella de un licor violáceo a medio terminar. El olor a ozono y alcohol de una dimensión olvidada por Dios llenó el espacio en un segundo. Se detuvo frente a Morty, y por un segundo, el hombre más inteligente del universo parecía pequeño. La arrogancia que solía usar como armadura estaba abollada, dejando ver el pánico crudo de alguien que siente que su único anclaje al mundo se está soltando.

—Oh, m-mira quién decidió esperar —dijo Rick con la voz arrastrada y una risa amarga que no le llegó a los ojos—. El pequeño... eructa... el pequeño ayudante de los Vindicadores. ¿Qué pasa, Morty? ¿Vance ya te dio tu pijama con capa o estás esperando a que te nombre su "Robin" personal para poder dejarme finalmente en un asilo de baja categoría?

—Rick, estás borracho. Vete a dormir —respondió Morty, tratando de sonar firme, aunque el corazón le martilleaba contra las costillas.

—No, no estoy tan borracho como para no ver lo que está pasando —Rick se acercó, invadiendo su espacio, rodeándolo como un depredador herido—. Viniste a decirme que son tus "héroes". Esos fraudes con esteroides y discursos ensayados. Adelante, Morty. Quédate en esta habitación de cinco estrellas. Yo me largo. Y esta vez... esta vez no habrá un portal de vuelta para ti.

Rick comenzó a rebuscar entre sus cosas de forma errática, tirando todo al suelo. Estaba tratando de "empacar" su presencia, de borrar su rastro, pero sus movimientos eran desesperados. Morty sintió que algo dentro de él se rompía; era la misma sensación de abandono, la misma agonía de ser siempre el "compañero" prescindible.

—¡Deja de actuar como un loco! —gritó Morty, dándole un empujón—. ¡Solo dije eso porque me tratas como basura! ¡Porque nunca puedes admitir que...!

—¿Qué qué, Morty? —Rick se detuvo en seco, quedando a escasos centímetros de su cara. Sus ojos, inyectados en sangre, brillaban con una intensidad aterradora—. ¿Quieres que admita que no puedo competir con ellos? Sé que soy un error en tu vida. Soy la mancha de grasa en tu historial. Y me aterra... —Rick soltó una carcajada seca, casi un sollozo, mientras lo agarraba por los hombros con una fuerza que le hundía los dedos en la piel—. Me aterra que finalmente te hayas dado cuenta. Que veas a esos payasos y pienses: "Hey, esto es lo que merezco, no a un sociópata que me arrastra a morir en dimensiones de mierda".

—¡No los quiero a ellos! —exclamó Morty, agarrando a Rick de la bata, tirando de él hacia abajo—. ¡No quiero ser un héroe, Rick! ¡Quiero que me mires! ¡Dije que eran mis héroes porque quería que te doliera! ¡Porque me duele que parece que no te importo a menos que estemos a punto de morir o que me esté hundiendo solo para que tú tengas la razón! ¡Vance no me importa! ¡Solo tú! ¡Siempre has sido solo tú!

El aire se volvió pesado, cargado de una tensión que ya no era solo rabia. Era el peso de años de silencios, de esa vez que Rick casi se sacrifica en el vacío del espacio para salvarlo, de las miradas que se daban cuando creían que el otro no veía. Rick lo miró, y por primera vez, no hubo sarcasmo. Había una súplica silenciosa en sus ojos.

Ceder a esto significaba cambiarlo todo. Significaba que Rick Sánchez, el nihilista, aceptaba que tenía un punto débil del tamaño de una galaxia.

—Si cruzo esa línea, Morty... —susurró Rick, rozando con su frente la del chico—, no hay vuelta atrás. Seré tuyo, y tú serás mío, y voy a quemar a cualquiera de cualquier dimensión que intente tocarte. Te voy a destruir, Morty. Soy un agujero negro.

—Entonces destrúyeme —respondió Morty, acortando la distancia final—. Pero no me dejes con ellos.

En ese momento, la tensión se estalló. Rick lo besó con la urgencia de un hombre que recupera el aire tras ahogarse. No hubo delicadeza, solo una necesidad mutua, oscura y devota que desafiaba la lógica. Fue el fin de su relación anterior y el nacimiento de algo mucho más peligroso.

- § -

A la mañana siguiente, el silencio en la habitación era absoluto, roto solo por el suave zumbido del sistema de ventilación de los Vindicadores.

Rick fue el primero en abrir los ojos. La pesadez del alcohol había desaparecido, reemplazada por una claridad serena que no sentía en décadas. Se quedó inmóvil, temiendo que cualquier movimiento rompiera el hechizo. A su lado, Morty dormía profundamente, con una mano aún aferrada a la camiseta de Rick incluso en sueños.

A través del enorme ventanal de la suite, una nebulosa recién nacida se tallaba en tonos púrpuras, dorados y cianes. Era la luz más brillante y pura que Rick hubiera visto jamás en todos sus viajes; los colores parecían bailar sobre la piel de Morty, bañándolos en una gloria cósmica que ningún héroe de pacotilla podría igualar. Rick sintió un nudo en la garganta. Por primera vez en su vida, no se sintió el hombre más inteligente del universo, sino el más afortunado por haber sido elegido por ese chico.

Unos segundos después, Morty comenzó a despertar. Sus párpados temblaron antes de abrirse lentamente. Lo primero que vio no fue la nebulosa, ni el lujo de la habitación, sino a Rick.

Rick lo estaba mirando fijamente, apoyado en un brazo. No había rastro del cinismo habitual, ni de la mueca de superioridad. Rick le sonreía con una ternura tan cruda, tan genuina y tan carente de defensas que a Morty se le escapó el aire de los pulmones. Era la mirada de alguien que, tras viajar por todo el multiverso, finalmente había llegado a casa.

—Hola, Morty —susurró Rick, con una voz suave que acariciaba el alma del chico.

Morty no pudo responder de inmediato; su corazón dio un vuelco que lo dejó sin aliento. Ver a Rick así, ver que realmente era correspondido con la misma intensidad obsesiva, le dio una paz que nunca creyó posible.

—Hola, Rick —respondió finalmente, devolviéndole la sonrisa mientras se acurrucaba más cerca de él—. ¿Qué hacemos ahora con los Vindicadores?

Rick soltó una pequeña risa, una que sonaba a libertad, y le dio un tierno beso en el frente.

—Oh, vamos a terminar con este circo, Morty. Pero esta vez, lo haremos a nuestra manera. Tú y yo.

—Suena bien para mí —Morty le volvió a sonreír mientras Rick se inclinaba hasta sus labios nuevamente.

- § -

Prólogo - La sala de reuniones de los Vindicadores brillaba con una pulcritud ofensiva. Vance Maxus estaba en medio de un discurso motivacional sobre el "valor" y la "fraternidad", ajustándose su capa frente a un espejo holográfico, cuando la puerta automática se deslizó con un siseo.

Rick entró primero, con la bata abierta y las manos en los bolsillos, luciendo una expresión de aburrimiento absoluto que escondía una confianza letal. A su lado, Morty caminaba con la cabeza en alto, sin rastro de la timidez del día anterior. No miró a Vance. No miré el póster. Su mirada estaba fija en el camino que Rick abría para él.

—¡Ah, Sánchez! —exclamó Vance con esa voz de barítono impostada—. Me alegra que dejes la bebida para unirte a la estrategia. Estamos planeando el asalto a la base de Worldender y...

—Cierra la boca, Vance —interrumpió Rick, sacando un pequeño dispositivo de su bolsillo—. No hay asalto. No hay misión. Y, sobre todo, no hay equipo.

—¿De qué hablas? —preguntó Supernova, frunciendo el ceño—. El universo está en peligro.

Rick soltó una carcajada seca y miró a Morty. El chico soltó un suspiro, cruzándose de brazos.

—Rick tiene razón —dijo Morty, y su voz no tembló—. Ya descifró su "gran amenaza" mientras estaba borracho anoche. Era un desequilibrio térmico en el núcleo del planeta. Ya envió un nanobot para arreglarlo. El peligro terminó hace veinte minutos.

Los Vindicadores se quedaron congelados. Vance parpadeó, confundido.

—Pero... pero tenemos que ir. La gente espera un rescate, una... una señal de esperanza.

—Lo que quieres es un desfile —escupió Rick, acercándose a Vance hasta quedar a un milímetro de su nariz—. Escúchame bien, pedazo de marketing con patas. Te permití jugar a los héroes porque Morty quería ver el show. Pero el show se acabó. Morty ya vio lo que hay detrás del telón, y déjame decirte que eres decepcionante.

Rick presionó un botón en su dispositivo. En todas las pantallas de la base, comenzó a reproducirse un bucle de Vance Maxus llorando en el baño porque su desodorante no combinaba con su capa, seguido de registros financieros que mostraban cómo los Vindicadores cobraban cuotas exorbitantes a los planetas que "salvaban".

—Rick, ¿qué hiciste? —preguntó Alan Rails, conjurando un tren fantasmal por puro instinto.

—Hackeé su red, sus reputaciones y sus cuentas bancarias —respondió Rick con una sonrisa depredadora—. Ahora son solo un grupo de personas disfrazadas de una deuda pública masiva.

Rick se giró hacia Morty y le extendió una mano. No fue una orden, fue una invitación.

—Vámonos de aquí, Morty. Este lugar huele a desesperación ya perfume barato. Tenemos cosas reales que hacer.

Morty tomó la mano de Rick sin dudarlo un segundo. Sintió el calor de su palma y la seguridad de que, por primera vez, estaba exactamente donde pertenecía. Antes de salir, Morty miró a Vance por última vez. El "héroe" se veía pequeño, patético.

—Tenías razón, Rick —dijo Morty mientras cruzaban el umbral—. Son solo criaturas ordinarias.

—Si, Morty. Lo son —Rick disparó su pistola de portales, creando el familiar remolino verde—. Pero tú no. Tú eres la única cosa extraordinaria en este maldito multiverso.

Cruzaron el portal juntos. Mientras el destello verde se cerraba detrás de ellos, dejando a los Vindicadores en ruinas, Rick pasó un brazo sobre los hombros de Morty, atrayéndolo hacia sí. No necesitaban una base espacial, ni capas, ni la aprobación de nadie. Se tenían el uno al otro, y para el hombre más inteligente del universo, eso era más que suficiente para quemarlo todo y volverlo a construir.