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Memorias de un Romance Olvidado

Summary:

La vida puede ser muy extraña a veces... Foolish le vió morir entre sus brazos cuando habían intentado escapar de la isla Quesadilla y el maldito avión se había estrellado en aquel lugar de pesadilla... Entonces¿cómo era posible que ahora estuviese frente a frente con el amor de su vida?. Estaba vivo y le recordaba pero... Solo como su "Little friend". Foolish necesita encontrar la forma de hacer a Vegetta recordar el apasionado romance que tuvieron y desea con ansias continuar.

¿Podrá el semidiós encontrar una forma de volver a encender la llama de su romance con el elfo de ojos violetas?

Notes:

Qspm is black baby!

Chapter 1: Capítulo 1: Ecos bajo la tormenta

Chapter Text

¿Cómo demonios había terminado en aquel crucero que amenazaba naufragar? Las alarmas sonaban tan fuertes que sentía como si le taladrasen los oídos. Foolish estaba aturdido, muy mareado y un poco asustado por aquella siniestra situación en la que se encontraba.
Salió a tropezones de su camarote al escuchar los ruidos causados por los demás pasajeros que gritaban y ventilaban sus preocupaciones en una marejada de idiomas que le estaba comenzando a marear más que el agresivo vaivén del condenado barco en el que estaban. Observaba todo pasar cuando lo escuchó gritar su nombre a lo lejos… su corazón amenazó con detenerse unos segundos al recordar esa voz chillona que tantas veces escuchó reír, cantar, enfadarse y hasta maldecir… esa voz que amaba con locura y que, según su aún acongojado corazón, creyó no volver a escuchar nunca más después del accidente aéreo que dejó a su amado mal herido y le habría cobrado la vida después de ocultar su herida para ayudarle a escapar de las bestias que amenazaban sus vidas.

—¡FOOLISH!

Su cuerpo reaccionó antes que su mente.

Giró bruscamente, ignorando el mareo que amenazaba con tirarlo al suelo, ignorando el crujir antinatural del barco, el olor a sal mezclado con metal y miedo, ignorando incluso el rugido del océano que golpeaba los costados del crucero como si quisiera arrancarlo de la realidad.

Esa voz... Esa maldita voz... Su pecho se contrajo con violencia... Lo vio.

Entre la multitud desesperada, empujando gente sin cuidado, esquivando obstáculos con una agilidad que no había cambiado en absoluto… estaba él.

Vegetta... Vivo.

Sus ojos violetas brillaban incluso bajo la iluminación intermitente de emergencia, su cabello oscuro pegado al rostro por la humedad, el pecho subiendo y bajando con respiraciones rápidas. Había algo distinto… algo que Foolish no alcanzaba a definir, pero no importaba.

Nada importaba. Porque estaba ahí.

—¡My Little friend! —gritó Vegetta, abriéndose paso hacia él con brazos extendidos.

Las palabras fueron como un golpe.

No dijo su nombre. No con ese tono coqueto que siempre usaba. No con ese… calor que tanto añoraba.

Pero Foolish no tuvo tiempo de procesarlo. El barco se estremeció. No fue una sacudida cualquiera. Fue brutal. El suelo desapareció bajo sus pies por un segundo y luego volvió con una violencia que lo lanzó contra la pared. El sonido fue ensordecedor: metal retorciéndose, cristales estallando, gente gritando. Algo había impactado. O ellos habían impactado algo. El mundo se inclinó peligrosamente.

—¡Agárrate! —gritó Vegetta, extendiendo una mano hacia él. Foolish la tomó sin pensar. Siempre la tomaría. El barco se inclinó más... Demasiado. El agua irrumpió como una bestia furiosa, atravesando ventanas, puertas, todo lo que encontraba a su paso. El pasillo comenzó a inundarse en cuestión de segundos.

—¡Tenemos que subir! —dijo Vegetta, ya tirando de él.

Foolish lo siguió, aunque su mente estaba atrapada en algo mucho más profundo que el desastre que los rodeaba. Vegetta lo estaba tocando. Su mano, la que sostuvo ya fría por horas mientras lloraba a gritos en aquella cabaña oscura, ahora estaba caliente... Firme... Real. No era un recuerdo, no era un sueño, no era una ilusión cruel de una mente rota por el duelo... Vegetta estaba vivo... y le estaba sosteniendo como siempre lo había hecho.

Subieron muchas escaleras mientras el barco crujía como huesos rompiéndose, como si sintiera el dolor de su propia destrucción. La inclinación empeoraba con cada segundo.

—¿Qué está pasando? —preguntó Tubbo, la voz se le quebraba por el pánico.

—¡Nos estamos hundiendo! —respondió Maximus.

Foolish sentía el agua subiendo, escuchaba el caos, pero todo eso estaba en segundo plano, él solo podía mirar a Vegetta. Incluso ahora, incluso en medio del desastre, había algo… distante en su expresión. No había reconocimiento. No había ese brillo que antes aparecía cada vez que lo miraba.

—No me mires así —gruñó Vegetta de repente, sin detenerse.

Foolish parpadeó.

—¿Así cómo?

—Como si estuvieras viendo un fantasma.

El comentario le atravesó el pecho, porque si que lo estaba haciendo. Porque eso era exactamente lo que sentía. Más no tuvo tiempo de responder, un segundo impacto llegó, más fuerte, no como una sacudida, sino más bien como una sentencia de muerte. El barco se detuvo en seco con una violencia tan brutal que el aire mismo pareció romperse. El sonido fue indescriptible: un choque profundo, desgarrador, acompañado por el crujido final de una estructura que ya no podía sostenerse. Foolish fue lanzado hacia adelante. Soltó la mano de Vegetta. Y luego todo se volvió agua. Oscuridad. Ruido. Silencio.

No supo cuánto tiempo pasó, podrían haber sido segundos, podrían haber sido horas. Cuando volvió a abrir los ojos, el mundo era… diferente; El sonido del océano era más suave, el aire… más cálido, la arena bajo su mejilla era áspera y húmeda.

Foolish inhaló bruscamente, tosiendo agua salada mientras su cuerpo reaccionaba con violencia al volver a la vida consciente y se incorporó con dificultad. Su mente era un desastre, su visión estaba borrosa, pero lo primero que sintió no fue dolor; Fue pánico.

—Vegetta… —susurró. Luego más fuerte. —¡VEGETTA!

Se levantó a tropezones, ignorando el mareo, ignorando el dolor en cada músculo. La playa estaba cubierta de restos del naufragio: madera, tela, fragmentos metálicos... y cuerpos, demasiados cuerpos, no sabía si muertos o solo, como él unos minutos atrás, inconscientes. El miedo se convirtió en algo más agudo. Más desesperado.

—¡VEGETTA!

Corrió, tropezó, cayó, se levantó. Buscó entre los restos, entre los sobrevivientes que comenzaban a moverse, entre aquellos que no lo hacían.

—Por favor… —murmuró, la voz quebrándose. —¡No otra vez!, ¡No así!.

No después de haberlo tenido de nuevo frente a él, no después de haber escuchado de nuevo su voz llamarle...

Entonces lo vio. A unos metros, parcialmente cubierto por restos de madera... Inmóvil...El mundo se detuvo.

Foolish corrió hacia él, cayendo de rodillas a su lado.

—Vegetta —dijo, temblando. Lo giró con cuidado y su corazón dejó de palpitar por un segundo. Luego… ¡Respiraba! Débil, pero respiraba. Foolish dejó escapar un sonido que no sabía si era risa o llanto.

—Idiota… —susurró, apoyando la frente contra la de él—. No te atrevas a hacerme esto otra vez…

Pero Vegetta no respondió.

No despertó de inmediato, pasaron 3 horas, tal vez más. El sol ya estaba alto cuando finalmente abrió los ojos. Foolish estaba ahí, no se había movido. No podía, no quería. Cuando los ojos violetas se enfocaron en él, su corazón se apretó con una mezcla de esperanza y miedo.

—…Hey —dijo Foolish, con una sonrisa temblorosa.

Vegetta parpadeó, la confusión le golpeó de inmediato como si de una migraña se tratase. Eso fue lo primero y luego reconocimiento... Pero no fue el que Foolish quería.

—Sigues vivo —dijo Vegetta, incorporándose lentamente—. Que bien.

Foolish sintió el golpe en su corazoncito esperanzado... No otra vez.

—Claro… —respondió, intentando no mostrar la decepción en su voz que amenazaba entrecortarse por el sufrimiento—. Tú también.

Un silencio pesado e incómodo se manifestó entre ellos, y un mal presentimiento arropó el corazón de Foolish. Vegetta miró alrededor, evaluando la situación con rapidez.

—¿Dónde estamos?

—No lo sé… —admitió Foolish—. Pero… estamos juntos.

La frase salió sin pensar... y el silencio que siguió fue aún peor para la ya sangrante alma del semidios. Vegetta asintió levemente.

—Sí. Supongo que eso ayuda.

Supongo... Foolish tragó saliva. Algo estaba mal y muy, muy mal.