Chapter Text
Al entrar a la iglesia todo era idílico, glorioso, no se podría esperar algo menos que glorioso que una boda organizada por la mismísima reina.
La luz entrando delicadamente por los vitrales, los músicos, las flores, todo era perfecto.
El perfecto comienzo de su nueva vida.
Pudo deslumbrarlo en el altar, junto al párroco. Esperando, esperándola a ella.
Por un momento pudo vislumbrar su futuro, los pudo ver juntos sosteniendo a sus hijos, sentados en el jardín viendo a sus hijos jugar, a él en su despacho con su hijo haciéndole preguntas sin sentidos y el respondiendo todo sin dudar.
Sentía que la dicha la invadia, se sentía lista, dispuesta a dar el paso para dar pie a ese futuro.
Su hermana caminaba delante, el apoyo que le brindó en esta temporada a pesar de la dificultad, a pesar de ocultarle la verdad de la dote por parte de la familia de su madre, pero en este momento no importaba.
Su hermana estaba ahí de pie, caminando frente a ella en el momento más importante de su vida, el día era perfecto.
El momento en que él se giró para verla lo fue todo, como miró en su dirección con anhelo, esa mirada en su rostro siempre la recordaría.
Honestamente no prestaba atención en lo que el párroco decía centrado en el rostro de su futuro esposo, y en el futuro por venir.
Pero hubo un tintineo y un escalofrío la recorrió.
Silencio.
Su casi esposo pasando a su lado.
¿Cómo?
Pudo verlo mientras se alejaba.
Recoger el brazalete de su hermana y sostener su mano izquierda con delicadeza para colocarlo mientras miraba embelesado su rostro.
Una declaración sin palabras.
Un grito silencioso que ahogaba el lugar.
Se sintió destruida y expuesta en el altar; ver la mirada en sus ojos, reflejada en ella.
La mirada en su rostro que no podría olvidar, esa mirada de anhelo que percibió camino al altar.
Dirigida en su dirección, más no a ella.
¿Cómo?
Recordó las peleas, el rechazo entre ellos, los momentos de tensión a lo largo de su cortejo, lo auto justificado como si simplemente fueran diferencias entre los caracteres tan parecidos de su hermana y su prometido. Les pidio que se llevaran bien por ella, porque serían familia.
¿Cómo?
Estaba perpleja, honestamente nunca pensé que esto podría suceder, era su hermana, esto ni siquiera era una posibilidad, ¿verdad?
¿Cómo?
Por más que su hermana no parecía gustarle su prometido, solía pensar que al final de cuentas que ella es la que se casaría y que con el tiempo todo mejoraría, nunca pensó que su rechazo fuera por esto.
Y la traición dolió, sintió como si en su estómago hubiera un hueco y le faltara el aire, no está segura de qué fue lo que se reflejó en su rostro, pero cuando Anthony se recompuso, volvió a su lugar y la vio, de algo estaba segura él sabía que ella lo notó.
Que ella comprendió todo en ese momento, que recordó el incidente con la abeja en el jardín, que en sus delirios de debutante y matrimonios de cuento simplemente era su prometido ayudando a su hermana.
Y él no fue el único que lo notó, fue como una reacción en cadena, la mirada de ella provocando que el apartara la suya, y su hermana alejandose al notar la incomodidad.
Pensó nuevamente en los niños, en ellos jugando en el jardín, en ella sosteniendo a un bebe en brazos, en el contestando las preguntas insistentes de un niño en su despacho…
Sintió que los perdía, un anhelo por lo ajeno que le corroyó por dentro; Sentía que se sofocaba, que su pecho se hacía pedazos sin remedio, mientras permanecía de pie en el altar.
El murmullo la hizo regresar a la realidad, estaban frente a la reina, frente a la alta sociedad, a sus conocidos, familias y amigos, todos los observaban, todos murmuraban.
¿Qué seria de ella?, ¿lo perdería todo?, ¿qué sería de un diamante hundido en el barro?, su futuro, su familia, su propia familia.
Fue como tener claridad por una vez en su vida, podía ver claramente los dos caminos delante.
Podia hacerse a un lado y dejar todo atrás, ¿pero que le quedaría?, ¿quien querría un diamante que ha perdido su brillo?.
Y después estaba él, a su prometido, a un paso de obtener ese futuro que pudo deslumbrar al entrar a la iglesia, el futuro, la familia, y el poder…
Al mirar detrás de el la pudo ver, sentada en toda su gloria, con el suficiente poder y autoridad de inclinar el mundo a sus pies y le devolvía la mirada ante la situación, ella simplemente sonriendo sosteniéndole la mirada.
¿Era ella digna de ese apoyo, tendría la fuerza y resiliencia de soportar lo que ahora sabia y las consecuencias que habría?
Si lo era y se agarraría a ese futuro y seguridad que obtendría y no lo dejaría ir.
Ellos la metieron en esto, y ella lo terminaría.
Los susurros aún se escuchaban a su alrededor, ella lo miró, sostuvo su mirada y simplemente se volvió hacia el párroco, con un gesto delicado de su mano el retomó la ceremonia.
Anthony no estaba seguro, sentía que la situación se le escapaba de las manos, seguía volteando a verla, presentía que lo sabía, estaba seguro, ahora lo sabía.
Ella solo volteó y la ceremonia continuó, ya no podia ver su rostro.
Se escuchaban los susurros alrededor. Todo parecía dar vueltas.
Y un pensamiento se repetía en su cabeza, Kate.
Kate que seguía callada a un lado separándose más de la novia y el altar.
Kate que estaba tan cerca y tan lejos a la vez...
¿Esto era lo que quería?.
No, esto era lo que estaba buscando. Obtendría lo mejor de lo mejor, el mismísimo diamante de la temporada y la bendición de la Reina.
Que más podría pedir, pero el pensamiento seguía, Kate…
De repente el silencio lo devolvió al lugar, el murmullo había acabado, y el párroco lo miraba.
El repitió – vizconde, acepta a esta mujer como esposa- tiene que haber algo en su rostro, un grito silenciado por el deber, que lo hizo contestar – acepto -.
Ella no lo vio, él mantuvo su mirada en frente, consciente de que no había vuelta atrás, seguiría con esto por su familia, mantendría en alto su apellido, no lo dejaría caer más.
Solo pude escucharla decir –acepto-.
