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Se le había empezado a hacer difícil dormir, estaba seguro que no había empezado en ese mundo pero no conseguía recordar bien los anteriores y se le mezclaban entre sí, le parecía al mismo tiempo que había empezado a tener pesadillas ayer y que las había tenido durante todas sus vidas. Culpaba de esto último al sentido de familiaridad con el que venían, el mundo donde ocurrían, los mundos a veces, las personas, el fin del mundo que había visto una y otra vez…Ver su rostro en quien lo estaba trayendo le dio una sospecha de cuando empezaron de verdad.
Era una tortura, había intentado combatirlo no durmiendo, para el elfo era mejor que la alternativa, al menos cuando estaba despierto podía calmar su subconsciente mejor, podía convencerse mejor de que el seguía siendo Everon y que era distinto y mejor de con quien estaba soñando.
Pero a diferencia de él, este Everon no era un dios y el agotamiento siempre le acababa alcanzando.
El dios del vacío aún era lento, aún no había alcanzado a Tango pero había destruido todo lo que había creado desde que apareció, en ese punto de su existencia aún podía contar los mundos que había devorado, los años que había pasado en sufrimiento, y eran desesperadamente pocos cuando los comparaba con la eternidad que ya había vivido, era hasta humillante que Tango ya lo había creado un reemplazo, miles de ellos abandonados por los mundos. Lo que sí decidió parar de contar era a cuantos les había quitado la vida.
La copia había conseguido acostarse por los pelos antes de desmayarse en el suelo de la torre, por como se retorcía si alguien le estuviera mirando podría ver que no iba a durar mucho inconsciente.
El dios termino con otro mundo, quien buscaba tampoco estaba ahí, pero dudaba que le quedara mucho para llegar y aún así, la desesperación ya le consumía.
Era una suerte para la copia que alguien estaba mirando.
El dios se paró una última vez al borde del mundo, haciendo un esfuerzo por mirar la masacre bien en esperanza de que Tango pudiera ver por sus ojos, observar lo que había causado, y cuando se quedó sin reacción solo grito. Grito y grito por un hombre al que nunca iba a volver a ver.
Everon despertó con alguien masajeando su cara.
“Hey”
La figura de Tango se posaba ante él.
“Hey…¿Qué haces aquí?...”
“Me estabas llamando, pensaba que era una emergencia pero creo que solo estabas hablando en sueños”
Se sintió algo culpable por ello, Tango había estado más distante en los últimos mundos (no sabia que era posible ser más distante de lo que ya era), y se había convencido de que era porque estaba más ocupado desde que tenían al dios del vacío persiguiéndolos para evitar pensar en que probablemente tan solo no le quería ver.
“O…noooo…”
“Te diría que una pesadilla no cuenta como emergencia, pero creo que en este caso lo hace”
Se sentó al lado del dios y apoyo su cabeza en su hombro.
“¿Con que has soñado?”
“Con nada importante”
“Everon, no mientas”
Le empezó a pasar una mano por el pelo y el elfo rompió a llorar
“Si ya lo sabes, si ya lo sabes todo”
“Probablemente, pero quiero saber si te a dicho algo mas a ti”
Se acurrucó más en su esposo, si le veía menos quería aprovechar al máximo cuando estaba con él, intentando volver a memorizar su abrazo.
“Te odia, te odia más de lo que se puede odiar, no va a parar hasta matarte…Y me va a destruir por el camino”
“No te- Tienes razón, ya sabia eso”
Dejó al elfo abrazarle completamente
“Yo no te odio”
“Lo sé, tú no eres el…”
Le planto un beso en la frente, intentando ignorar que tanto la copia como el dios habían venido de la misma persona.
“¿Me dejarías quedarme esta noche contigo?”
“No tienes porque si no quieres…Estaré bien”
“Pero quiero, venga se que tu también quieres, no te hagas el fuerte ahora”
“mm jeje, gracias”
Le devolvió el beso y se acostaron juntos.
Espero a que se durmiera completamente y espero un poco más, en cuanto volvió a temblar le puso las manos en la cara. Ya se le ocurriría como parar al dios del vacío, ya pensaría un plan para evitar la destrucción de todo lo que estaba por venir, pero de momento no iba a dejar que torturase lo que aún tenía, aunque quienes quería tuvieran que olvidar mas. Escribió lo que tenía que escribir y besó una última vez los labios del elfo.
“Tu justo eres de los que más derecho tiene a odiarme”
