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Español
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Published:
2026-03-25
Words:
6,203
Chapters:
1/1
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Monster

Summary:

“No importa quién sea, si ves a una de esas cosas... No dudes.”
Había sido la instrucción más cruda por parte del teniente Marvin Branagh, luego de entregarle el pesado cuchillo de combate, con la determinación dibujada en sus ojos profundos, indicando que, posiblemente, él hubiera deseado que alguien le diera la misma advertencia. Sin embargo, aquí estaba ahora, en el hospital Spencer Memorial, buscando un remedio, una cura, o algo que pudiera ayudar a recuperar el brillo a esos ojos azules, que había conocido entre un mar de hostiles, sólo porque creyó ver en ellos, todavía un atisbo de vida.

Notes:

NOTA DE LA AUTORA: ¡Hola a todos! Queridos lectores, ¿cómo están? Últimamente el fandom de Resident Evil ha estado muy activo, lo cual me llena de felicidad porque es el fandom en el que más participo y sobretodo de la pareja CLEON que es mi OTP y de los cuales son de quienes más disfruto escribir. Desde hacía tiempo, tenía ganas de hacer algún universo alterno de la historia de Raccoon City y bueno, finalmente pude hacer uno que, es un regalo y dedicatoria especial para el grupo de facebook llamado “Cleon: Security Room”, inspirado del arte de @quackysprouts (síganla en X, una maravilla de artista) en donde vemos a un Leon convertido en zombie quien ataca a todos, menos a Claire Redfield, por lo que este también es mi debut en el monster romance, lo cual me emociona muchísimo más. Disfruté muchísimo haciendo esta historia porque otra vez me sentí una adolescente leyendo historias de humanas enamoradas de vampiros y otras criaturas de ficción (sí, fui adolescente que creció con Crepúsculo) y obviamente, tenía que elegir también cuidadosamente el soundtrack, por lo que este fic también está fuertemente inspirado en, de hecho ahí el título, la canción “Monster” de Paramore, la cual les recomiendo escuchar porque da todas las vibes del fic. También me inspiré muchísimo en la música de My Chemical Romance, Evanescence, esperando poder darle a este romance todas las vibra de esa música, quien fue adolescente en el 2010 y fan de estas bandas, podrán entenderme. Bueno, ya fue demasiado texto y supongo que querrán comenzar a leer, así que espero que disfruten tanto de leer esta historia, como yo de escribirla. Sus comentarios me motivan bastante para crecer en este hobbie, así que, sientanse libres de comunicarme lo que piensan de esta historia. Les mando un abrazo a todos.

Work Text:

***

DESCARGO DE RESPONSABILIDAD: RESIDENT EVIL Y SUS PERSONAJES PERTENECEN A CAPCOM, SOLO LAS IDEAS Y TRAMA ORIGINALES DE ESTA HISTORIA, SON DE MI AUTORÍA. 

***

 

I'll stop the whole world

I'll stop the whole world from turning into a monster

Eating us alive

Don't you ever wonder how we survive?

Well, now that you're gone, the world is ours…”

 

—Monster, Paramore. 

 

***

 

ONE SHOT: MONSTER 

 

“No importa quién sea, si ves a una de esas cosas... No dudes.”

Había sido la instrucción más cruda por parte del teniente Marvin Branagh, luego de entregarle el pesado cuchillo de combate, con la determinación dibujada en sus ojos profundos, indicando que, posiblemente, él hubiera deseado que alguien le diera la misma advertencia. Sin embargo, aquí estaba ahora, en el hospital Spencer Memorial, buscando un remedio, una cura, o algo que pudiera ayudar a recuperar el brillo a esos ojos azules, que había conocido entre un mar de hostiles, sólo porque creyó ver en ellos, todavía un atisbo de vida.

.

.

.

La ciudad estaba en llamas. Raccoon City, el poblado que hasta hace un par de días había sido una ciudad próspera, llena de vida y con un crecimiento económico exponencial debido a la gran inversión por parte de la corporación Umbrella en el lugar, ahora estaba hecha un caos. Manejó la tosca Harley en la cual había llegado hasta que el tanque de gasolina le detuvo, debido a que cuando quiso detenerse a cargar combustible, divisó a lo lejos un par de abominaciones de las cuales no supo distinguir si estaban vivos o muertos, pero que devoraban el cuerpo de un hombre, justo al lado de la bomba de autoservicio.

Seguramente, esta era la razón por la cual su hermano no se había comunicado, el motivo de su ausencia, de sus silencios; un terrible mal había sitiado su hogar y seguramente, sea lo que sea, él estaba luchando contra todo esto. Chris estaba en la Comisaría, tendría que estar allí. Aunque su instinto le gritara que debía huir de Raccoon City, el amor por su único pariente era aún más firme y si iban a morir, lo harían juntos.

 

"Voy a encontrarte, Chris, es una promesa." Dijo mientras miraba el enorme logo del edificio de R.P.D. divisarse entre las calles bloquedas por autos volcados e incendios, pensando que tendría que rodear por algunos callejones para poder llegar a su objetivo.

 

Ni en la película de terror más bizarra se encontró un escenario igual; decenas de personas que posiblemente horas antes habían sido humanos, ahora eran una especie de zombies que no estaban vivos pero tampoco muertos del todo, que comían carne humana, atacaban con ansias de sangre y enloquecidos lograban matar a los que aún se mantenían con vida. Equipada con un tubo metálico que en el pasado había pertenecido posiblemente a un desagüe, había logrado quitarse a dos de encima, sin embargo, había estado muy cerca. No podía acobardarse ni echarse para atrás, la Comisaría estaba cerca y seguramente Chris estaría allí. Continuó corriendo bajo la lluvia helada que mojaba toda su piel cuando de repente observó que una horda de ellos, golpeaban de manera incesante la cerca de malla metálica que rodeaba a la cancha de basketball que estaba a unos metros de la estación de policía y que su paso era obligatorio, ya que el edificio aledaño, se encontraba en llamas.

 

"Dios mío, debo correr."

 

Con toda la velocidad que sus piernas le permitieron, corrió como alma que lleva el diablo por toda la banqueta, mientras observó como la turba de infectados derribó la ya frágil puerta de entrada y comenzaron a acecharla, persiguiéndola a paso lento. La chica miró de soslayo a quienes la perseguían y continuó su camino hacia la entrada de la Comisaría, llegando a ella con el aliento contenido, abriendo la pesada puerta y colocando el cerrojo detrás de ella, mientras veía como esas cosas se aglomeraban en la entrada luchando por pretender ingresar a por ella. 

—Estuvo cerca... —Murmuró con cierto alivio, respirando con dificultad por el esfuerzo realizado, cuando de repente, unas manos la apresaron por la espalda, con todas las intenciones de clavar los dientes en su fino cuello.

Un grito de terror salió de su garganta, sin embargo con un movimiento rápido logró zafarse de las garras de su agresor y tropezando en el camino, cayendo de espaldas, con el zombie que pretendía matarla frente a él. 

Se trataba de un ser que en sus mejores tiempos era un hombre de mediana edad, bastante alto y fornido, llevaba una cazadora y jeans casuales, tal vez se trataba de alguien que ingresó a la Comisaría por refugio, un padre de familia, un esposo o tal vez, un simple ciudadano que tuvo la mala suerte de ingresar al infierno en el día del apocalipsis, al igual que ella. Su piel grisácea con moretones negruzcos lo hacían ver como si fuera un difunto que ya llevaba varios días en la tumba y la necrosis comenzaba a invadir lo que restaba de su piel y que, con sus dientes embarrados de sangre, demostraba que posiblemente, ella no era la primera de sus víctimas. 

 

"Esto es el fin." Pensó cuando lo tuvo frente a ella y su arma improvisada había rodado a varios metros de distancia. 

 

Cerró los ojos con resignación, pensando que al menos su hermano encontraría su cuerpo o alguien que quedara con vida, la mataría antes de que atacara a alguien más, claro, eso en el más benevolente de los escenarios. 

 

Sin embargo, ese ataque no llegó. 

 

Una especie de gruñido que no provenía del zombie que pretendía asesinarla, se escuchó un poco más lejos, para luego dar paso a gemidos ahogados y un golpe seco de un cuerpo cayendo al suelo. 

 

La chica abrió los ojos y de repente, miró a otro de ellos que había atacado a su agresor con la misma estrategia; había llegado por la espalda y le había clavado los dientes en el cuello, quitándole un trozo de piel, mientras trataba de arrancarle la cabeza con sus propias manos en medio de una sangrienta escena. Inerte en el suelo, el zombie que había tratado de matarla no tenía duda que ya había muerto definitivamente, a manos de otro no muerto, sin embargo, éste era diferente; al juzgar por su uniforme, posiblemente se trataba de un policía, quien en sus mejores días había tenido cabello rubio cenizo o castaño tal vez, la oscuridad de la noche y la tierra que tenía entre las hebras de su cabellera no le permitían definirlo con claridad, al igual que los otros, su piel era pálida, pero no negruzca ni grisácea, sino simplemente pálida, como la de alguien a quien la vida acababa de abandonarle, pero aún parecía más humano, uno débil, uno todavía consciente, comprobándolo cuando este lo miró directamente a los ojos y miró que todavía eran azules y no tenía ese velo blanco que había visto en las pupilas de todos los demás no muertos. Si no fuera porque ella lo estaba viviendo, juraría que estaba en medio de una película de monstruos donde todos eran muertos vivientes y este joven era un vampiro, al juzgar por la sangre ajena que escurría de la comisura de sus labios y la piel blanquecina como si fuera del color de la luna misma. 

El policía la miró fijamente y dejó de atacar a su oponente que ya estaba muerto, para luego acercarse a la chica con aire intimidante, dándose cuenta que era más veloz que el resto, que todavía sus movimientos eran humanos y no torpes y lentos como los del resto de los infectados. 

 

"Genial, me salvó para matarme él mismo y luego comerme." 

 

Claire Redfield se asustó al ver que lo que sea que fuera ese chico, se le acercaba con paso firme y rápido y ella retrocedió arrastrándose por el suelo, mientras él la seguía con decisión.  

—No me hagas daño. —Le pidió con voz ahogada, como si ese individuo aún pudiera entenderla, como si aún pudiera razonar. 

 

Al oír su voz, él se detuvo frente a ella, y de su cinturón, con un movimiento un poco más lento que el de un humano ordinario, sacó de allí un arma, estirando la mano para dársela a la chica, quien sorprendida porque el joven no la hubiese atacado, ahora parecía querer auxiliarla, como si ese uniforme de policía aún avalara que pese a su estado, todavía intentaba cumplir con su deber. 

Con desconfianza, tomó el revólver que el desconocido le había entregado y miró en su rostro las facciones que aún parecían juveniles, como si fuera un chico de su edad, alguien que todavía tenía un poco de vida dentro de su aspecto maltrecho, mientras él la observaba no con acecho, sino con algo parecido a la protección. 

 

—Tú... ¿Me estás ayudando? 

.

.

.

"Los recursos se nos terminan y no sabemos por cuánto tiempo más podremos soportar el asedio. 

Todo empezó hace un par de días; personas atacando a otras con ansias caníbales y pensando que se trataba de un brote de rabia provocado por la caza ilegal de animales salvajes en las montañas de Arklay, fue que se decidió no alarmar a la población, sin embargo, en el Hospital, al hacer los análisis médicos de rigor, no obtuvimos respuesta. Parecen morir, pero luego, inevitablemente, regresan. Las primeras horas parecen conscientes e incluso empáticos, logrando confundir a varios de los nuestros, pero de un momento a otro, se enloquecen. Es luchar contra una enfermedad de la que no sabemos nada, pero rezo por morir, antes de convertirme en un monstruo. Tal vez el jefe, el maldito de Brian Irons sepa algo. Sí, claro que ese hijo de puta sabe algo." 

 

Claire leyó una vez más la nota escrita por Elliot Edward, consistente en un papel corrugado y manchado con sangre, sin querer pensar demasiado en el destino de ese pobre hombre.

 

—Entonces, posiblemente Leon tenga pocas horas de haberse infectado. —Concluyó la chica, mirando al chico que estaba a sus espaldas y del que descubrió que su nombre era Leon S. Kennedy, oficial de policía recién egresado de la academia, dándose cuenta de esto gracias a la documentación que llevaba en la cartera y que ahora, la seguía como si fuera su sombra. 

 

Luego de que el policía le ofreciera su arma, la chica verificó que el no-humano no la atacaría y que por alguna razón, quería cuidarle. Aún seguía sin comprender del todo lo que estaba pasando, cuando de repente escucharon detonaciones al otro extremo de la Comisaría, por lo que la más joven divisó a lo lejos como un par de oficiales que aún eran humanos, tenían una batalla encarnizada contra un pequeño grupo de infectados que por los uniformes, pensó que eran sus mismos ex compañeros de trabajo. 

 

—Si lo ven, lo matarán. —Concluyó. 

 

Entonces, en un impulso, tomó con su mano la fría palma del oficial, sintiendo un escalofrío debido a la temperatura anormal que irradiaba y sin que él opusiera resistencia, lo arrastró hacia la dirección opuesta a la entrada, hacia un pasillo en donde divisó una pequeña bodega, en donde guardaban un par de casilleros y cachibaches, ingresando con su compañero y cerrando bien por dentro, escondiéndose mientras los oficiales armados acababan con los hostiles de afuera y se retiraban. 

 

—Aquí estaremos a salvo. —Le dijo a su interlocutor quien sólo la miró como si esperara algo más de ella. 

No estaba segura de qué tanto, pero sabía que una parte de él, aún podía comprenderla y, de alguna manera, tenía que averiguar quién era él. Razonó que, si él era humano hasta hace relativamente muy poco, posiblemente llevaría alguna cartera o tarjeta de identificación que le permitiera conocer quién era él, o al menos entender qué había pasado, por lo que, aún insegura por lo que estaba a punto de hacer, se le acercó e invadiendo el espacio seguro que los distanciaba por si de repente él decidía atacarle, le habló pausado, mirándolo directamente a los ojos. 

—Necesito acercarme a tomar tu cartera para al menos saber tu nombre. Por favor, no me ataques. —Pidió con gestos suaves a lo que el individuo se quedó quieto.

Con incomodidad, metió la mano a los bolsillos de los pantalones del policía, en donde logró encontrar su cartera, la cual contenía un par de identificaciones en donde descubrió que según por el ID y la tarjeta del trabajo, que su nombre era Leon Scott Kennedy, tenía 21 años de edad y apenas un par de días de haber sido dado de alta en el servicio activo de la Comisaría, estando bajo las órdenes del teniente Marvin Branagh, por lo que era un novato. 

—Te llamas Leon. —Dijo mirándolo a los ojos y comparándolo con la foto del carnet, en donde distinguió a un joven de piel blanca y color en las mejillas, facciones simétricas y cabello dorado peinado con flequillo hacia uno de los lados. Lo único que se mantenía igual, eran sus melancólicos ojos azules, en donde todavía había un cierto rasgo de inocencia, incluso ahora. 

El aludido la miraba directamente, como si aún recordara cuál era su nombre, como si aún recordara su identidad, por lo que Claire pensó que si le hablaba por su nombre, tal vez aún pudiera haber alguna esperanza para él. 

—Ok, Leon. Yo soy Claire, Claire Redfield. —Se presentó con la esperanza de que él aún pudiera comprenderle. —Vine a Raccoon City buscando a mi hermano, él también es policía, está en los S.T.A.R.S., tal vez lo conozcas, ojalá pudieras hablarme para responderme eso. —Dijo con una sonrisa triste. —No sé cuál es tu historia, pero puedo imaginarla, eres una víctima al igual que todos nosotros, de lo que sea que esté sucediendo. —Pasó saliva. —Pero si resistes, si me ayudas, no sé cómo, pero voy a encontrar una manera de curarte. Eres muy joven y tu vida no va a terminar aquí, te lo prometo. —Dijo apartándole un mechón de cabello de la cara, el cual, a pesar de estar mojado, aún conservaba su suavidad. 

Guardó la cartera de nueva cuenta en el bolsillo de Leon y se quedó con la tarjeta llave de identificación de su compañero, pensando que posiblemente le sería de utilidad. 

Comenzó a rebuscar de entre el pequeño cuarto de aseo, revisando casilleros, cajones y cosas que le pudieran ser de utilidad antes de adentrarse a la Comisaría y miró allí un maletín de color negro y una carpeta de cuero del mismo color con las siglas U.B.C.S. con anotaciones que llamó su atención. 

Al abrir dicho artefacto, se encontró nada más y nada menos que con una colección de hiervas de color verde, rojo y amarillo y los apuntes que estaban al lado del folder se trataba de un manual sobre su consumo y beneficio. Una pequeña nota escrita a mano, descansaba entre los apuntes. 

 

"Deseo que sea de utilidad para quien lo necesite. -Carlos O." 

 

Revisó rápidamente el manual y verificó que el uso de dicha herbolaria fungía como una especie de potente medicamento contra lo que fuera que estuviera provocando la enfermedad entre la gente. No sabía quién era el tal "Carlos O." pero indudablemente, ya le debían una grande. 

—Esto nos puede servir. —Dijo tomando una mezcla de hiervas en color verde y roja y volteó a mirar a Leon, quien la observaba con atención. 

—Estos apuntes, dicen que estas hiervas son medicinales. —Le explicó. —No sé si esto pueda ayudarte, pero no perdemos nada con intentarlo. —Mencionó y le acercó a la cara la combinación de plantas. —Tienes que comerlas. 

Sin pensarlo demasiado, el joven dio una mordida tragando en el acto la mezcla preparada por Claire, comprobando por ella misma que, en efecto, el chico aún podía entender lo que le decía, provocando en ella una sonrisa genuina. 

—¡Puedes entenderme! Gracias a Dios. —Dijo luego de que él terminó de comer las hierbas proporcionadas por ella y agregó. —Escucha Leon, entraré a la Comisaría, tengo que averiguar si mi hermano está aquí y también qué diablos está pasando para poder ayudarte. —Mencionó atreviéndose a tomarlo por una mano y sujetándola fuertemente, notando que la temperatura de su piel comenzaba a ser un poco más cálida que la de su primer encuentro, evidenciando que, posiblemente, el efecto de la medicina herbal estaba funcionando. —Pero necesito que te quedes aquí, si alguien te ve, intentarán matarte y no podemos permitirlo. Por favor, quédate aquí y yo volveré por ti. Sólo soy una simple humana, pero te prometo que haré algo. ¿Lo entiendes, Leon? 

 

En cuanto terminó de decir esto, el aludido sin pensarlo dos veces, se lanzó sobre ella, asustandola, creyendo por un segundo que iba a atacar, pero en cambio, lo único que hizo fue abrazarla, aferrándose a ella como si fuera su salvavidas, su única esperanza. Desconcertada por el gesto, Claire correspondió despacio a la muestra de afecto de Leon, quien aunque no pudiera hablar, estaba segura que estaba agradeciendo a su manera  lo que estaba haciendo por él. Ella le acarició la espalda con suavidad para intentar reconfortarlo, estaba segura que su compañero estaba tan asustado como ella y un abrazo en un momento así, cuando la incertidumbre era lo único que tenían, un poco de afecto, un poco de certeza, al menos brindaba la sensación de que no estaban solos en esto. 

Se separó de él con amabilidad y tomó la riñonera para equiparse, junto con un par de hiervas. 

—Yo volveré, te lo prometo. 

.

.

.

Después de una larga travesía por la Comisaría y descubrir que sus esfuerzos habían sido inútiles porque Chris Redfield no estaba desde hacía semanas en la ciudad, sólo quedaba encontrar la manera de ayudar a Leon. Su viaje había sido caótico, nunca imaginó que una simple estación de policía pudiera esconder un laberinto  lleno de sitios ocultos, como si en sus paredes, se tratara de esconder todos los secretos de la Raccoon City. Marvin había perecido y con él, la última persona viva dentro de R.P.D. además de ella, por lo que no tenía caso seguir ocultando al ex policía, apresurándose a ir por él hacia la bodega en que se ocultaba, dándose paso entre la estación de policía en donde únicamente, habían descubierto un bosquejo de lo que había provocado la infección. 

—Tenemos que darnos prisa. —Le dijo a su acompañante y continuaron caminando hacia la parte alta de la Comisaría, ya que si el tal Elliot Edward no mentía, en la oficina de Brian Irons, probablemente encontrarían algo. Claire se movía con destreza entre los pasillos infestados de esos monstruos, economizando recursos, dando tiros certeros entre ceja y ceja para gastar menos balas a la vez que Leon hacía lo propio, cuidándole las espaldas a su compañera, como si fuera un ángel de la muerte, protegiéndola de quien quisiera dañarle, atacando con puños, uñas y dientes, no teniendo más armadura que su instinto protector. 

Finalmente, llegaron a una estancia grande y lujosa de la que supusieron, era la oficina del jefe de policía de Raccoon City, Brian Irons. Claire observó con desagrado cómo ese hombre parecía ser fanático de la taxidermia, teniendo varios animales en el lugar como si fuesen trofeos, algunos de los cuales, estaba segura que era ilegal su cacería. 

La chica cerró la puerta detrás de ella y le dio a comer a Leon otra hierva; era vital que la infección en su cuerpo no avanzara en tanto no encontraran una cura. 

En el lujoso escritorio de roble, estaba la computadora encendida con el navegador y el correo electrónico abiertos, razón por la cual intuyó que posiblemente, el jefe de policía no tenía mucho tiempo de haber estado ahí.

—Siéntate aquí, te hará bien descansar mientras reviso el correo del jefe. —Indicó a su acompañante, quien obedeció y se sentó en el sofá de la oficina y ella procedió a hacer lo propio en la silla del escritorio, comenzando a revisar uno por uno algún correo que les brindara información que necesitaran. 

Después de leer algunos mensajes en donde se percató de que tanto altos mandos del gobierno como el jefe de la policía habían tejido una red de corrupción que parecían ocultar la verdadera razón de la caída de la ciudad, encontró una carta que llamó su atención, remitida por un tal Nathaniel Bard. 

 

"La ciudad caerá más pronto de lo que imaginamos. En cuestión de horas, la infección se propagará a un ritmo incontrolable y sólo Dios sabe cuántas víctimas se llevará consigo. Ni yo, ni los Birkin, ni los altos mandos de Umbrella lograrán detener lo inevitable. Cortarán cabezas, nos silenciarán, sin embargo, he desarrollado una vacuna; no para mí, ni para mi familia, sino para quienes pueden sacarnos avantes de este lío, incluído tú. Ordena a algún helicóptero o a alguien de tus perros que me evacúe del Hospital Spencer Memorial y llevaré la vacuna conmigo, tengo tres en existencias, dos en mi poder y una en NEST y sólo una basta para salvarnos. Ni todos los millones del mundo nos puede comprar la vida, pero la vacuna, al menos nos dará la certeza de que este maldito virus, no nos matará. Piénsalo.” 

 

El mensaje era claro; existía una vacuna. Y no sólo un reactivo, sino tres de ellos. Dos estaban en el Hospital Spencer Memorial y otro en un lugar llamado NEST. No tenía ni idea a qué lugar se referían con el nombre de NEST pero el Hospital lo conocía y no estaba lejos de allí. 

 

—Leon, tenemos que ir al Hospital Spencer Memorial, no está muy lejos de aquí, si nos damos prisa, tal vez encontremos una cura o al médico que nos puede ayudar. ¡Vamos! —Apremió y tomó de la mano a su compañero, quien la siguió de cerca, adentrándose nuevamente a las calles desoladas de Raccoon City. 

.

.

.

 

El Hospital Spencer Memorial estaba inusualmente en silencio; la recepción estaba abierta, como si no hubiera nadie más allí.

—Parece un hospital abandonado. —Comentó al mirar todo a su alrededor, sin soltarse de la mano de Leon, acostumbrándose poco a poco a sostenerlo detrás de sí, como si su compañía, le hiciera sentir menos temerosa. 

Claire caminó con dificultad entre los pasillos, llevando en una mano su arma y tratando de buscar la cura o en su defecto, al doctor Bard. Hacia el primer piso, en una de las alas de edificio supuso que posiblemente podrían encontrar algo, según el croquis del hospital; parte del área pediátrica que estaba hecha un caos, bloqueaba el pasillo que conducía hacia el área administrativa que era donde suponía, se encontraba la oficina que buscaban, por lo que tendrían que atravesar un pequeño patio que funcionaba como un respirador del edificio. 

Los vidrios de la ventana estaban hechos añicos por lo que podrían cruzar por allí sin ninguna dificultad. 

Caminaron a través del pasto artificial y la joven, estaba a punto de llegar al área en donde pretendían ingresar, cuando de repente sintió un fuerte empujón que la arrojó lejos del pequeño patio, azotando contra una de las camillas que estaban allí. 

—¿¡Pero qué carajo?! —Se quejó mientras estaba en el suelo e intentaba de buscar su revolver de entre el desastre cuando de repente, una imagen horrorosa se dibujó ante sus ojos. 

Una criatura que parecía estar desollada en vida los estaba acechando; caminaba en cuatro patas, tenía feroces dientes y no poseía ojos, por lo que supuso que esa cosa era ciega. Con un potente rugido acechó a su compañero, a quien ella horrorizada lo llamó por su nombre para escapar, ya que supuso que él la había visto primero y había intentado salvarla. 

—¡Leon! 

El monstruo, atraído por su voz, se lanzó sobre ella y con su enorme lengua como si fuera un brazo poderoso, la atrapó de la pantorrilla, arrastrándola hacia él. 

—¡Mierda! —Maldijo mientras se sostenía fuertemente de uno de los barrotes de la camilla volcada, cuando de repente la presión de esa lengua cedió y un aullido provino de la funesta abominación. 

Leon, quien había desenfundado el cuchillo que llevaba consigo, sin pensarlo dos veces, había cortado la lengua de ese monstruo, sin embargo, ese demonio no se iba a dar por vencido tan fácilmente. Redfield, quien miraba la escena con los ojos desorbitados por el terror, no tenía idea de que Leon pudiera atacar con la utilización de un arma blanca y a pesar de mirar que su compañero aún era fuerte, ese engendro también lo era.  

El monstruo que escupía sangre de su boca a causa de su lengua mutilada, se lanzó sobre Kennedy, dándole un fuerte zarpazo con sus afiladas garras, logrando hacerle una enorme herida que abarcaba gran parte del pecho. 

—¡Leon, no! —Gritó ella quien desesperada se estiró para alcanzar su arma que había caído a unos pocos metros de distancia y apuntó directamente hacia el cerebro expuesto de ese fenómeno, pensando que si no disparaba ahora, esa cosa iba a matar a su amigo. 

Se puso de rodillas y centró a su objetivo, dando un tiro certero directo a la cabeza, destrozándole el cráneo y dejándolo fuera de combate en el acto. 

Rápidamente, se puso de pie y corrió al lado de Leon, quien se había dejado caer sobre el césped artificial y respiraba con dificultad, debido a la gravedad de sus heridas, las cuales sangraban dejando un escandaloso rastro de sangre en su uniforme de policía. 

—¡Leon! ¡Ay Dios mío! ¡No! —Dijo ella a la vez que el aludido proliferaba pequeños quejidos, señal del dolor que le había provocado aquélla batalla, mientras la Redfield observaba cómo pequeñas venas moradas comenzaban a formarse en su frente y un sudor frío estaba perlando la frente de su compañero. 

—Por favor, Leon, resiste, por favor, no mueras, ya casi lo logramos. —Rogó, a la vez que lo sostenía por los hombros para ayudarlo a levantarse. —Por favor, ayúdame a levantarte, te llevaré a un lugar seguro. 

Con dificultad, el policía se puso de pie y caminó sostenido por la chica, quien lo arrastró hacia una pequeña habitación en donde había material de hospital acumulado, suponiendo que se trataba de una especie de sala de emergencias provisional. Lo ayudó a acostarlo en una camilla y con sumo cuidado comenzó a quitarle la camisa del uniforme para limpiar con antiséptico sus heridas. 

—Te vas a poner bien, te lo prometo. —Aseguró a la vez que con una gasa limpiaba la piel escandalosamente blanca a causa de la palidez casi cadavérica y miraba que unas manchas amoratadas comenzaban a aparecer en su abdomen. —Por favor, Leon, tienes que resistir, ambos vamos a lograrlo juntos, ya verás que sí. 

De repente, con una extraña suavidad, el aludido le tocó el rostro con inusual ternura a su cuidadora y la miró con esos ojos, en los que comenzaban a marcarse pequeñas venas resaltadas a causa de la infección, deteniéndola de su labor con la otra mano, obligándola a mirarlo a la cara. 

Claire pasó saliva ante el gesto, no hacía falta que él le dijera lo que estaba pensando, con el lenguaje corporal le bastaba. 

—No, no voy a dejarte, ni mucho menos voy a dejar de luchar por salvarte. Eso ni siquiera lo pienses. —Dijo sosteniendo con firmeza la mano que él mantenía en su rostro, para con la otra sacar de la riñonera la última hierva verde que les quedaba. —¿Ves esto? Cómela por favor, necesito mantenerte con vida mientras busco esa vacuna. 

El aludido parpadeó dos veces y volteó el rostro, negándose a aceptar la petición. 

—Por favor, Leon. Tienes que hacerlo. 

Kennedy continuó negándose, ignorándola. 

—Yo no la necesito, tú la necesitas más que yo ahora. —Insistió. 

El aludido continuó en su postura de no hacer caso a sus súplicas. 

—¡Leon, por favor! ¡No puedo dejarte morir! —Dijo subiendo la voz una octava. —¡¿Qué acaso no entiendes que si no puedo salvarte habré estado aquí en vano?! —Reclamó al punto de las lágrimas, haciendo que finalmente, él volteara a mirarla. 

—Mi hermano no está aquí, no logré salvar a Marvin, ni a nadie de esa Comisaría y ahora tampoco a ti. —Reprochó. —Tú me has salvado dos veces esta noche y yo tengo que devolverte el favor. —Insistió. —Si no lo haces, entonces también voy a morir aquí, porque no merezco salir con vida a costa de tantas muertes. —Finalizó sintiendo como un par de lágrimas se le escapaban de sus ojos azules cristalinos, haciendo que Leon hiciera una mueca y tomara con pocas de sus fuerzas, la hierba verde que tenía Claire en su mano, comiendo un par de hojas con dificultad. 

—Gracias, gracias por hacer esto por mí. —Susurró y le acarició el cabello con suavidad. —Ahora, iré a buscar a ese médico, por favor, trata de descansar, yo volveré pronto. —Prometió a la vez que se quitaba la cazadora y se la colocaba encima a Leon a modo de manta. —Saldremos de esta juntos los dos. 

.

.

.

El doctor Nathaniel Bard había muerto. Tal y como lo había predicho, alguien lo había silenciado y yacía sobre un asiento de la que había sido su oficina con un tiro certero entre ceja y ceja. 

—Dios, esto no está pasando. —Dijo apretando los puños, frustrada de que el hombre que podía salvar a Leon y a la ciudad, ahora había pasado a mejor vida. 

Según las instrucciones que había mirado en una de las notas de su escritorio, una de las vacunas estaba dentro de esa oficina, en una pequeña habitación al fondo de la misma, sin embargo; ya no estaba. La otra, supuso que se encontraba en ese lugar al que en los correos electrónicos habían denominado como NEST, ahora restaba encontrar la tercera. 

Con cierta incomodidad, revisó los bolsillos de la bata de laboratorio del doctor Bard y encontró allí unas llaves y una nota escrita a mano, la cual, por la pésima caligrafía, tendría que haber sido escrita por un médico. 

 

“Antivírico TG-12, se encuentra en la caja fuerte del cuarto de sábanas del segundo piso, combinación 659.” 

 

Deseaba de corazón que no se volviera una costumbre frecuente el husmear entre las pertenencias de los difuntos, pero ahora era necesario. Si la primera vacuna ya había sido utilizada, esta tendría que ser la segunda. 

Subió rápidamente las escaleras y en el fondo a la derecha, observó un letrero con el nombre de la recámara que buscaba, mirando que posiblemente las llaves que estaban en posesión del médico, abrían ese lugar. 

Por un segundo se preguntó por qué demonios alguien guardaba un antivírico tan potente en un sitio de lavandería, pero concluyó que posiblemente el doctor Bard al tener sospechas de lo que le harían, muy posiblemente lo escondió allí. 

—Eureka. —Pronunció cuando la puerta cedió ante las llaves, aunque esta felicidad, no le duró mucho tiempo. Cerca de la caja fuerte había otro de esos seres que parecían desollados en vida y estaba vigilante de la caja fuerte en donde estaba la vacuna. 

—Ese maldito sabía lo que hacía. —Murmuró a la vez que guardaba su arma y sacaba el cuchillo. 

Por su experiencia con la pelea contra Leon, se había percatado que esas abominaciones eran sordas y el sonido de la pistola iba a alertarle, por lo que lo mejor, sería emboscarlo con el cuchillo. 

Sin hacer ruido, se acercó en cuclillas hacia la criatura, que continuaba de espaldas a ella, vigilando la caja fuerte, mientras con la mano derecha sostenía el cuchillo, listo para atacar, con el único sonido de su respiración casi inaudible como sonido entre tanta aparente calma. Con sangre fría, tomó el cuchillo y estaba dispuesto a decapitarlo, cuando una corriente de aire tiró un frasco de antiséptico justo en su dirección, alertando al monstruo quien directamente, se lanzó hacia ella sin poder hacer nada, tumbándola en el acto. 

El engendro le gruñó y levantó una de sus garras, completamente listo para desgarrarle la garganta, sin embargo, Claire no había llegado tan lejos para morir así. Levantó el pesado cuchillo que había pertenecido a Marvin y con firmeza, se lo clavó en el cuello, provocando que la criatura provocara un aullido de dolor, no obstante, esto no detuvo a la Redfield, quien clavó más profundo su arma y lo giró poniendo todas sus fuerzas en ello, cortándole la cabeza a su agresor, dejando borbotones de sangre y cayendo con todo su peso encima. 

La joven empujó el cuerpo con ambas manos, escurriendo un rastro de sangre en su camino y se acercó rápidamente a la caja fuerte, en donde poniendo la combinación indicada en a nota, miró como dentro había una pequeña hielera con el vial de la vacuna que rezaba en la etiqueta TG-12. 

—Finalmente.  —Dijo entre jadeos. —Leon, te voy a salvar. 

Colocó la vacuna en la riñonera y se apresuró a bajar hacia la habitación en que su compañero se había quedado, entrando intempestivamente en la misma. 

—¡Leon, tengo la vacuna! —Anunció con entusiasmo. —Ahora mismo voy a aplicarla, yo… 

Se interrumpió, cuando de repente al acercarse a la camilla, vio la hierba verde tirada en el piso ya su amigos con los ojos cerrados. Rápidamente, le tocó la frente y las manos, notando que nuevamente tenía la misma temperatura fría de cuando lo conoció, perdiendo esa leve calidez de unos momentos atrás, descubriendo que su amigo, tampoco respiraba. 

—Ay no… Leon no. 

Diciendo esto, tomó rápidamente la vacuna y sin pensarlo la inyectó en su brazo, mirando como ese líquido rosado desaparecía del vial y entraba en una de las venas del enfermo. 

—Despierta, Leon, por favor, despierta. —Rogó, mientras lo sacudía con suavidad, una vez que le había puesto la vacuna. —Por favor, tienes que curarte, te prometí que lo lograríamos juntos. —Suplicó al borde de las lágrimas, mirando que su amigo seguía inerte en su sitio, descubriendo que, a pesar de sus esfuerzos, todo había sido inútil; había llegado tarde, Leon había muerto. 

Se llevó ambas manos a la boca y rompió a llorar, sintiéndose un completo fracaso. 

—Perdóname, perdón por haber llegado tarde. —Dijo inclinándose sobre el cuerpo de Leon y sollozando sobre su pecho. —Perdóname por fallarte. 

Se abrazó a él y comenzó a llorar amargamente durante varios minutos, lamentándose el no haber llegado a tiempo, sintiendo que Leon había muerto por su culpa, cuando de repente escuchó un pequeño quejido, proveniente de la voz del policía, sobresaltándola y apartándose de inmediato. 

Con sorpresa, observó que la palidez de su piel estaba desapareciendo, y poco a poco el color de su piel iba tomando un color más saludable, así como un ligero rubor en las mejillas y el color natural de los labios regresaba poco a poco, al igual que las venas marcadas y hematomas violáceos iban desapareciendo, señal de que la vacuna estaba funcionando. El hombre que yacía en cama, apretó los párpados con incomodidad y abrió lentamente los ojos azules que, enfocaron su vista en Claire, quien lo miraba con un rostro de completa felicidad. 

—Claire… —Pronunció con la garganta seca. 

La aludida se quedó unos segundos paralizada por la sorpresa; incrédula de que la vacuna hubiere funcionado y nuevamente, Leon volviera a verse como un humano normal. Presurosa, se acercó a él y lo abrazó fuertemente, emocionada de que su compañero hubiera recobrado la vida. 

—¡Leon! —Pronunció aferrándose a su cuello y abrazándolo fuertemente, a lo que él correspondía con el mismo entusiasmo, sintiendo que con ese gesto, habían logrado desafiar a la muerte, sintiendo la cálidez que irradiaba su cuerpo. 

—Lo conseguiste. —Concluyó el policía, acariciándole el cabello, estando eternamente agradecido de lo que la chica había hecho por él. 

—Gracias a Dios estás vivo. —Sollozó aún sin poder creer que Leon estuviera bien. 

—Todo te lo debo a ti. —Dijo separándose de ella y acariciándole el rostro con ternura, limpiando cuidadosamente las lágrimas que rodaban por sus mejillas. —Gracias por no rendirte. 

—Gracias por haberme salvado en la Comisaría. 

Diciendo esto y en medio de un impulso, fue que la más joven cerró sus ojos y el rubio se acercó tímidamente para depositar en sus labios un beso suave, en donde apenas se tocaban, sólo para sentir que todo esto era real, necesitando aferrarse a alguna esperanza, a un contacto cercano, demostrando que él estaba vivo y que ella no estaba teniendo un delirio en medio de tanta tragedia. Los labios de Claire eran suaves, cálidos y los de él, de la misma manera eran tiernos, pero firmes, demostrándole su agradecimiento con acciones y no con palabras. No sabía quién era ella, pero ahora, tenía la certeza que sin su presencia, él no lo hubiera logrado y posiblemente, se habría convertido en un monstruo. 

Cuando se separaron, Leon no quitó la mano de su rostro, mirándola detenidamente, aún sin poder creer del todo que la muchacha que tenía enfrente, lo había regresado a la vida. 

—¿Y ahora qué sigue? —Preguntó, colocando un mechón de cabello detrás de la oreja, clavándole su mirada azul e intensa en los ojos cristalinos de la Redfield, que lo observaban con devoción. 

Y Claire, conteniendo un suspiro y de igual manera, acariciando su mandíbula de su suave piel, respondió: 

—Ahora tenemos que huir de aquí. 

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FIN