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Taza de té

Summary:

Reunión para debatir sobre el futuro del nuevo overlord...

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

El Emporio de Rosie olía a canela, carne recién cocida... y algo apenas metálico, casi imperceptible.

La lluvia ácida golpeaba los vitrales como de costumbre en los últimos días.

Zestial ocupaba su asiento habitual de cuando iba a ese lugar.

Rosie servía el té de manera elegante, digno de ella en realidad.

—He elegido algo más fuerte esta tarde —comentó ella con una sonrisa ladina—. Los tiempos lo ameritan.

Zestial inclinó levemente la cabeza.

—En efecto... los rumores recorren estas tierras cual peste medieval.

Rosie se sentó frente a él, cruzando las piernas con elegancia.

—"Peste" es una palabra muy fuerte, querido.

—Las pestes, mi estimada, suelen iniciar con un solo portador.

La porcelana tintineó suavemente.

—Dicen que ya ha derribado a tres Overlords antiguos —continuó Zestial, su voz profunda como una cripta—. Demonios cuya permanencia se creía inamovible.

Rosie sopló su té con despreocupación.

—Nada es inamovible en el Infierno.

Zestial la observó.

—Vuestra serenidad resulta... llamativa.

Ella alzó la vista lentamente.

—¿Oh?

—Otros en vuestra posición han reforzado dominios. Sellado pactos. Ejecutado sospechosos al azar. —Una pausa—. Vos, en cambio... ofrecéis té.

Rosie dejó escapar una risa suave, musical.

—¿Acaso preferirías que gritara?

—Preferiría comprender, aunque salir a gritar también es una opción.

Ella apoyó el mentón sobre su mano enguantada.

—Ay querido, tal vez sea porque no me siento en peligro.

—Nadie está exento.

—Oh, pero algunos estamos... mejor preparados.

Zestial sostuvo la taza sin beber.

—Hablad con franqueza, Rosie. ¿Qué sabéis?

Ella inclinó la cabeza, como si evaluara cuánto revelar.

—Antes dime algo, Zestial... ¿cuántos siglos llevas aquí?

—He perdido la cuenta.

—¿Recuerdas tu llegada?

—Con demasiada claridad.

Rosie sonrió, pero sus ojos no.

—Yo no.

Él la observó con atención más aguda.

—¿Insinuáis...?

—Tal vez nunca "llegué". —Tomó un sorbo—. Tal vez simplemente... fui.

El aire pareció volverse más pesado.

Zestial no reaccionó de inmediato. Solo bebió finalmente.

—Sería una afirmación de considerable magnitud.

—Lo sería —canturreó ella—. Aunque no todos los nacimientos requieren memoria.

—Las criaturas nacidas en este reino son... raras.

—¿Raras? Qué palabra tan poco exótica, en especial en el infierno.

—Excepcionales, entonces.

Rosie sonrió satisfecha.

—Me gusta más.

Una pausa larga. El tic-tac de un reloj marcaba un ritmo que ya radiaba impaciencia en Zestial.

—Este nuevo pecador —retomó Zestial—. Ha demostrado fuerza inusual, y... Un sentimiento retorcido por la sangre.

—Y un gusto terrible para su higiene —añadió Rosie con desdén divertido.

—¿Lo habéis visto?

—Digamos que... me gusta mantenerme informada.

—Vuestra reputación de recolectora de secretos no es infundada.

Ella alzó la taza como brindis.

—Soy una chismosa profesional.

—Chismosa —repitió él con un dejo de ironía—. Un término modesto para alguien que comercia con información y... carne.

—Oh, digamos que sí. Aunque yo prefiero decir que selecciono a quién regalo mis hallazgos.

—Y yo me encuentro hoy entre los afortunados.

Rosie lo miró por encima del borde de la taza.

—Tal vez.

Zestial entrelazó los dedos con calma.

—Entonces decidme... ¿qué desea ese recién llegado?

—Lo mismo que todos. —Sonrió—. Permanencia.

—La permanencia es ilusión.

—Exactamente.

Sus miradas se sostuvieron.

—Ha estudiado a los más antiguos —continuó ella finalmente—. Sabe que el poder viejo tiende a confiar en su propia historia.

—La experiencia no equivale a vulnerabilidad.

—No, pero sí a previsibilidad.

Zestial aceptó aquello con un gesto casi imperceptible.

—¿Y considera que yo soy predecible?

Rosie rió.

—Tú eres muchas cosas, querido... pero nunca simple.

—Halagos no disipan amenazas.

—No intento disiparla.

—Entonces vuestra calma implica una ventaja.

—Implica conocimiento.

—¿Sobre él?

—Sobre lo que cree saber.

Zestial ladeó la cabeza.

—Explicaos.

—Cree que puede quebrar a los más antiguos atacando sus dominios físicos. Sus territorios.

—Un error común.

—Exacto. —Ella dejó la taza sobre el plato con un sonido suave—. El verdadero poder nunca es lo que se muestra.

—Y vos... ¿dónde reside vuestro poder?

Rosie sonrió lentamente.

Un silencio cómodo se instaló.

—Permitidme una pregunta más personal —dijo Zestial con cortesía intacta—. Si en efecto nacisteis aquí... ¿teméis algo?

Ella lo miró con una chispa casi infantil.

—Aburrirme.

Él soltó una exhalación leve. Casi una risa antigua.

—Una eternidad sin desafío sería castigo mayor que la condena.

—Por eso este pecador es... entretenido. Eso es lo divertido del infierno Zestial.

—¿Planeáis intervenir?

—Solo si interfiere conmigo.

—Lo hará.

—Entonces aprenderá, es imposible no domesticar a un perro.

Zestial apoyó la taza vacía.

—Me preocupa vuestra confianza.

—¿Te preocupa... o te intriga?

—Ambas cosas pueden ser.

Rosie se inclinó levemente hacia él.

—No dejaré que un recién llegado desestabilice siglos de equilibrio. Pero tampoco impediré que sacuda estas aguas.

—El agua, en ocasiones, cubre trampas.

—Y tambien hunde cuerpos.

Un leve destello cruzó los ojos múltiples de Zestial.

—¿Es advertencia?

—Es cortesía.

Él asintió lentamente.

—Aprecio vuestra... transparencia selectiva.

—Y yo aprecio que vengas a tomar té en vez de reforzar las murallas de tu castillo oscurp.

—Las murallas caen. Las conversaciones con usted siempre son... Excentas de mentiras...

Rosie sostuvo su mirada.

—Entonces seguiremos conversando.

—Mientras el té siga caliente...

Afuera, un relámpago iluminó la ciudad infernal.

—Hizo un trato con él, ¿No es asi? con ese nuevo pecador

El rostro de Rosie se iluminó con una sonrisa peligrosa mientras dejaba la taza otra vez en la mesa.

—Tal vez...

Fue su respuesta.

Horas más tarde, cuando Zestial ya se había ido y su establecimiento cerró por la hora Rosie con su pijama dió vueltas en su habitación.

—Ese vejestorio es taaan sexy, ojalá Alastor lo derroque para que se de cuenta de que no es tan importante —dijo mientras se recostaba en su cama.

—Aunque no me quejaría si al final absorbe el alma de Zestial, pero tampoco dejaría que eso suceda... Es poderoso... Ambos lo son...

Murmuró recostandose en cama.

Zestial era agradable, un caballero en todo el sentido de la palabra y su tuviera que buscar una en específico diría que le gustaba Zestial.

Pero conocía el infierno, plagado de gente orgullosa que nunca admite, ni dice nada.

Sabía que no era algo que tuviera que hacer si quería permanecer con su estatus actual, cualquier error derroca a los grandes por eso siempre se dice que caminan sobre un campo minado, entre más poder tienen es más difícil que se lo quiten pero eso no importa...

Alguien sin poder pero con voluntad fuerte puede volver a la cima, sin embargo alguien con una voluntad ya rota nunca volverá a escalar.

Sabía que si Alastor derrocaba a Zestial, volvería a subir a su estatus actual.

—Al menos sus gritos no se escucharán en la anticuada radio de Alastor...

Comento antes de dormir.

Porque esa charla solo fue para que Zestial notará lo que ella quería decirle entre líneas.

"Ten cuidado aunque ya tenga todo planeado".

El deseo de los overlords más antiguos y los caníbales era uno mismo...

Derrocar al rey del infierno y devorar al cielo en desesperación.

Derrocar al rey del infierno y devorar al cielo en desesperación

 

Notes:

Siento que salió muy Danganrompa X'D

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