Work Text:
Estaba harto de lo imbéciles que eran los individuos que tiene la fortuna (y desgracia) de considerar amigos. Parecían colegialas anime de romance rancio cuando se cruzaban con sus intereses amorosos. Tartamudean, se tropiezan con el aire, y pierden todas las neuronas. Para colmo de colmos, son correspondidos, pero estaban tan miedosos de dar el siguiente paso que después venían a quejarse como si en primer lugar no fuesen ellos los que salen corriendo a la primera oportunidad.
Bueno, por algo dicen que el amor te vuelve estúpido, pero era como si esa regla sólo aplicase a los gays. Él no tuvo ningún problema neuronal cuando se enamoró de Grett y le pidió ser su novia. En fin, queers enamorados.
James lo tenía hasta la coronilla de repetir mil veces que se encontró con el chico del club de teatro en los pasillos. Que si se veía lindo, que sus ojos grandes, que su pelo teñido le recordaba a las oreo, que si daba vibras de gato. Y, para su desgracia, Tom le siguió el juego hablando del muchacho peliazul del club de gimnasia.
Le iba a dar diabetes tipo millón.
Ya no más. Se cansó de la situación. Iba a unir esas parejas de una vez por todas o se pegaba un tiro.
Sonrió con malicia en cuanto el paquete llegó a sus manos. Tenía todo preparado, sólo debía dar las invitaciones, hacer algunas interacciones, y finalmente el par de amigos que tiene ya tendrán novios a los cuales pegarles la subida de azúcar.
—Oigan, tengo casa sola. ¿Noche de chicos o se acobardan? —dijo Yul en cuanto se encontró con sus dos amigos en las gradas de la cancha de fútbol.
—No tengo problemas. ¿Tú que dices, Tom? —preguntó el moreno, tomando la botella de agua en su bolso.
—Seguro —respondió Tom levantando la vista de los apuntes de su última clase.
—¡Atssa!, los veo en mi casa a la hora de siempre. Ya compré la comida picante —anunció el coreano con su sonrisa socarrona.
—Dime por favor que está vez si tendrás leche en la nevera —mencionó Tom con cierto temor.
La última vez que intentó comer algo preparado de manos de Yul, terminó llorando por el picante infernal de la sopa.
—Después de ese incidente me hiciste jurar que no volvería a darte comida que contenga gochujang o gochugaru. —contestó—. ¿Ya lo olvidaste?, además, casi ni picaba.
Tom se lo quedó viendo con algo de pánico. Si así era poco picoso, no quería imaginar lo que era verdaderamente picante para sus estándares.
James se limitó a soltar unas sonoras carcajadas, recibiendo una mala cara del hombre de ojos verdes.
Todo iba viento en popa. Era hora de llamar a alguien igual de cansado que él, y con un par de amigos que necesitan novio.
•••
La noche era fresca, y la brisa traía el olor a tierra mojada de la reciente lluvia. James y Tom ya habían llegado hace unos minutos, pero se mantenía atento a la hora. En cuanto el timbre de la casa sonó, ya sabía exactamente el motivo.
—¿Esperabas a alguien? —preguntó curioso el canadiense, teniendo una salchicha frita a medio comer en la boca.
—Oh, demonios. —Hizo su mejor actualización de despistado—. Olvidé decirles que invité a otros amigos. ¿No les molesta?
—Nah. Entre más compañía, mejor es el rato —indicó el brasileño desparramado en el sofá, devorando una bolsa entera de papitas fritas sabor a cebolla.
—Ya regreso. —Por dentro, reía con malicia. Cayeron redonditos en su actuación. Denle el premio al mejor actor a Yul Kim.
Al abrir la puerta estaba justamente a quienes esperaba.
—Hey, Yul —habló Spencer—. Disculpa la tardanza, la lluvia nos retraso.
—No te preocupes, no se han perdido de la gran cosa —restó importancia con un ademán.
—Ellos son Jake, y Aiden —presentó a sus acompañantes.
Los mencionados sonrieron con amabilidad, trayendo cada uno sus propias cosas en sus respectivos bolsos. Se veían bien peinados, perfumados, arreglados aesthetic como tablero de Pinterest. Sus amigos si que eran bien exigentes. Era tan gracioso, el par de enamorados parecen inadaptados sociales.
—Un gusto, gracias por la invitación —agradeció el chico de cabello teñido.
—No hay de que, «Entre más compañía, mejor es el rato» como dice uno de mis amigos. —James se moriría de la vergüenza si se entera que usó su frase frente a Aiden—. Pasen, la diversión no ha comenzado aún.
La diversión para él sí que había dado inicio.
—Tom, James. Tenemos compañía~ —canturreó el coreano entrando en la sala.
En cuanto Aiden y Jake llegaron a la vista de los mencionados, Yul casi se partió intentando contener la risa desquiciada. En menos de un milisegundo Tom se tragó la salchicha que mordisqueaba, tosiendo al atragantarse; James escondió el envoltorio de papas debajo del sofá, además de limpiar frenéticamente las migajas de su ropa y casi tirar el teléfono en el proceso. Nunca antes había visto esas caras pasar por todas las emociones existentes en cuestión de segundos.
—Aiden, que sorpresa verte aquí —balbuceó James.
—Lo mismo digo —mencionó el nombrado.
—¿Tom, estás bien? —interrogó Jake al notar que el susodicho no paraba de toser.
—Sí, estoy... bien. —Trató de fingir, pero todavía tenía la comida atorada en el esófago, y era incómodo.
James terminó por traerle un vaso de agua.
•••
Ok, las cosas entraron en un tipo de tensión sexual. Ah, y también descubrió que a Jake le gustaba su comida picante.
En cuanto James tuvo la oportunidad se escabulló en dirección al baño para lavarse la boca, que seguro le apestaba a cebolla y ajo.
A Tom se le pasó su ataque de tos, ahora trataba de no decir alguna tontería frente a Jake.
Spencer parecía neutral, pero en ocasiones le daba una mirada cómplice cuando los otros no lo notaban. Podía intuir que la situación, y el plan, eran una especie de entretenimiento. Era un diablillo verde muy astuto.
Debía dar marcha a la segunda parte de la operación, y la que lo tenía más impaciente.
—¿Jugamos verdad o reto? —preguntó Yul.
—No somos niños para esas cosas —indicó Jake, arqueando una ceja.
—Tengo algo que lo hará todo mucho más interesante —argumentó, para luego ir a su habitación donde escondía su precioso tesoro.
A los presentes les picaba la curiosidad lo que tenía en mente el asiático. Exceptuando a Spencer, pero mantenía el semblante de confundido para no levantar sospechas.
En cuanto Yul llegó cargando un aparatejo y dos botellas, las dudas aumentaron.
Dejó los implementos en el suelo, y se dispuso a explicar el respectivo juego modificado.
—Las reglas son las mismas, pero el que se niegue tendrá que beber un trago de ésto. —Levantó la botella llena de líquido, la cual fue reconocida como una bebida alcohólica—. Si es atrapado mintiendo deberá tomar el doble. Gana el que no se niegue a tomar y no acabe inconsciente.
—¿Planeas emborracharnos? —protestó Spencer, claramente no muy convencido, y claramente formando parte de la narrativa.
Se estaban regocijando por como avanzaba todo.
Yul acomodó el detector de mentiras, revisando que tuviera energía, mientras recordaba las instrucciones.
—Mí casa, mis reglas —decretó—. Ya que no hay objeciones, demos inicio al juego. —Giró la botella de plástico vacía.
Con cada giro con el cual disminuía la velocidad, los inocentes eran recorridos por los nervios de ser la primera víctima del alcohólico interrogatorio.
En cuanto la botella se detuvo, Aiden chasqueó la lengua. No era su día de suerte.
Yul le indicó que pusiera la mano sobre el dispositivo, con su dedo en la pinza que se encargaría de medir su ritmo cardíaco. El detector haría un ruido específico dependiendo de la respectiva respuesta.
—¿Por qué te pintaste el pelo? —No iba a lanzarle de una la bomba.
Era más factible cuando el alcohol ya estuviera el sangre de cada uno, y así las preguntas indiscretas no suenen tan invasivas. Sería un pequeño desliz inocente.
—Simplemente quería probar un estilo diferente —respondió.
La pantalla en la cara frontal del dispositivo mostró una gran X roja e hizo un ruido desagradable.
El anfitrión no tardó en servir los respectivos tragos y ofrecerlos. Aiden los bebió de mala gana, sintiendo algo de asco por el sabor tan fuerte.
Volvió a girar la botella, ésta vez tocándole a Tom someterse al detector.
—¿Odias al profesor Alec?
—Totalmente —bufó el interrogado.
Poco a poco, las preguntas triviales fueron alternandose con secretos. Entre negarse o mentir, el alcohol comenzó a mezclarse con la sangre y fluir por las venas. Todos estaban ya algo mareados, sin pensar la clase interrogantes que iban a formular. Habían entrado en esa atmósfera indiscreta, en las respuestas incómodas y preguntas sin previo filtro.
—¿Fuiste el que contaminó el laboratorio con un sándwich de huevo podrido? —consultó el británico en dirección a Jake.
—En mi defensa, lo había olvidado por completo —aclaró su punto.
El detector indicó que decía la verdad. Jake giró la botella, ahora le tocaba a Yul ser el siguiente.
—¿Rompiste las cañerías de los baños con una bomba casera el primer año? —balbuceó, algo divertido.
—Era un completo desquiciado. Acepto que me funen. —anunció con la verdad, sacándole unas carcajadas a los presentes.
La botella volvió a dar vueltas, ésta vez teniendo James que someterse a la prueba.
—¿Es verdad tu funa por un tuit donde te quejabas de la profesora Karol?
—¡Ya habíamos dejado eso en el pasado! —reclamó, poniendo su mejor rostro de indignación.
—Entonces —se colocó las manos en la cintura— es verdad.
No conocía a James para ese tiempo, a duras penas eran del nuevo ingreso y no se habían topado. No había tenido la oportunidad de indagar ese chisme, hasta éste momento.
—Sí...
El detector corroboró que era cierto.
Jake era el siguiente. Yul se tomó unos segundos, hasta que recordó cierto incidente de hace unas semanas.
—¿Fuiste responsable de llenar el casillero de tu ex con insectos?
—¡Me fue infiel el muy perro desgraciado! Incluso se ligaba a las profesoras casadas —espetó el peliazul—. No me arrepiento de nada.
Así continúo el ciclo. Verdad, mentira y negativa coexistiendo en una sala de estar.
James mintió de que su piercing se lo hizo por una apuesta, Yul dijo la verdad cuando le interrogaron si quería quemar la universidad, Aiden dijo la verdad al preguntarle si le gustaban los fanfics de Crepúsculo, Spencer fue sincero con respecto a que tenía una rivalidad amistosa con Jade, Tom dijo la verdad sobre comerse las donas que trajo Tess de postre el otro día, Jake no respondió el motivo del porque se peleó con Ally, Spencer admitió que regresó varias veces con su ex, James afirmó ser pansexual, Spencer mintió cuando le preguntaron si lo primero que pensó de Diego era morderle los pectorales, Aiden confirmó su gusto por los influencers.
Las preguntas amorosas estaban a la orden del día.
—Vaya, no sabía que te gustaban los influencers —intervino el moreno, algo sorprendido.
—Hay uno en específico que es muy divertido —comentó entre risas—. Ay, olvídalo. Estoy un poco borracho.
—Tu risa es muy linda —susurró en tono halagador.
—Oh, gracias. —Se sonrojó.
Internamente Yul estaba gritando, ya había caído el primero. Él y Spencer intercambiaron miradas, compartiendo el mismo pensamiento por una especie de telepatía temporal.
—Hey, Tom. ¿Has tenido relaciones íntimas? —preguntó con picardía el de cabello bicolor.
El mencionado se atragantó con saliva, pero respondió que sí. Sorpresa. El detector lo identificó como una mentira. Tom quería que la tierra se lo trague y escupa en el rincón más oculto del planeta donde Dios olvidó pasar su mano.
Jake parpadeó un par de veces, su cerebro adormilado procesando torpemente la información.
—Supongo que tengo un privilegio. —soltó sin pensar.
—¿Qué? —Tom intentó autoconvencerse de que escucho mal.
—¡Nada, n-nada! —tartamudeó el gimnasta.
El calor estaba en su punto más alto. La botella parecía ser cómplice ya que Yul fue el siguiente, y tras decir su verdad, le tocó atacar a Jake.
—¿Te gustan los himbos?
—Me encantan. —La sangre se le subió al rostro, incluso pintando sus orejas de un rojo intenso—. Son totalmente mi tipo.
—Tom, tienes un muy buen partido —bromeó maliciosos el británico.
El de cicatrices sintió que el pecho le iba a estallar de lo desenfrenado que late su corazón.
—No creo que-
—A mí no me molesta en lo absoluto intentarlo. Claro, si aceptas. —Acomodó un mechón de su cabello detrás de la oreja, hablando con picardía.
Luego de otras dos rondas, finalmente James era el último encuestado.
—¿Aiden te es atractivo? —Spencer fue el encargado de dar el golpe de gracia.
—Es lo más lindo del mundo —indicó risueño.
El chico rió nervioso, tratando de esconder sus mejillas encendidas con las mangas de la sudadera ancha que llevaba puesta.
—Me gustas mucho, Aiden —confesó con una voz aterciopelada.
¿Ésto que escuchaba resonando en sus oidos eran campanas de iglesia?
—¡Viva el amor! —gritó eufórico Jake, arrebatando la botella de alcohol de lado de Yul, y dando enormes tragos hasta vaciar lo poco que quedaba de bebida.
—¡Tómalo con calma! —El del club de teatro intentó quitarle la botella en vano.
Finalmente Tom cayó rendido, tendido en el piso como una alfombra.
El dueño de la casa los mandó a dormir, decidiendo que el juego se acabó por falta de bebida de castigo, y porque cumplió su cometido.
—Hay tres habitaciones, yo me quedo en el sofá. —informó mientras recogía el aparato.
—Espera. —interrumpió el brasileño—. Entonces habrá que dormir en pareja.
—Tú y Aiden pueden dormir juntos, dejando a Tom y Jake en el otro cuarto—mencionó como si fuese lo más normal que un recién confesado fuese a dormir con su crush.
—Yo no tengo problemas~ —canturreó el peliazul, más ebrio que cuerdo.
—¡¿Qué?! —Se le cayó la cara de la pena al de cabello rizado.
—Si te incómoda, puedes dormir con Tom, pero espero que seas capaz de soportar sus ronquidos de tractor descompuesto —argumentó el asiático.
—Mejor voy con Spen-
—Ya se encerró.
Efectivamente. Spencer no estaba, se había escapado en cuanto escuchó lo de las habitaciones. Seguro escogió la más cómoda.
—Filho da puta —gruñó, frunciendo el ceño.
Un Tom medio inconsciente tuvo que ser llevado entre Yul y James a la habitación que compartiría con el gimnasta. Thomas Reed era puro músculo impulsado por gasolina de donas. Pesaba como un maldito toro.
Al cerrarse la puerta del cuarto de James y Aiden, logró respirar aliviado. Pegaría el grito al cielo de no ser porque tenía el sentido común todavía en funcionamiento. Se apresuró a ir a la puerta de la habitación reclamada por el pelinegro británico, tocando tres veces como habían pactado anteriormente para indicar que los tortolitos ya se acostaron.
—Todo salió a la perfección —se deleitó con el resultado en cuanto su socio abrió la puerta.
—Un placer hacer negocios contigo, socio. —Chocaron los puños en señal de victoria.
—Mañana te doy los boletos del concierto. Me muero de sueño. Espero puedas dormir si algo sucede —comentó algo burlesco.
—Traje tapones para los oídos. —Ya sabiendo los caminos de la situación, era mejor prevenir que lamentar.
—Somos dos. ¿Por qué crees que te sacrifiqué mi hermosa cama para irme al sofá —rechistó—. No quiero escuchar algo que no deba.
Hora de dormir, y esperar a que los tapones hagan muy bien su trabajo si alguna de las parejas deciden hacer cosas indecentes.
•••
Si antes le hubiesen dicho que todos sus problemas se iban a resolver emparejando a los trogloditas con bendecidos por Afrodita, de una les organizaba hasta la luna de miel.
Tom y Jake eran felices, James y Aiden también eran felices. Era como ver las piezas de un rompecabezas encontrar a su compañero destinado. Ya podían dejarlo en paz con sus quejidos e inseguridades. Vivan el amor de sus parejas y el propio.
Al llegar a la clase, su novia lo esperaba mientras se retocaba el maquillaje.
—¿Cómo te fue con tu plan maquiavélico? —Aplicó lápiz labial de su color favorito, con la otra mano sosteniendo el espejo con dibujos de abeja en la tapa.
—Llámame Cupido. Le quité el trabajo a ese perezoso —presumió, inflando el pecho de orgullo.
—Blake va a ponerse histérico —mencionó con un tono de advertencia.
El ex de Jake tenía fama de busca pleitos, celoso, controlador y otras porquerías que llevaba de apellido en el acta de nacimiento. Sobretodo, no superaba que el chico lo dejó en cuanto se enteró de sus infidelidades. De verdad era gracioso y raro que fuese Blake el que pareciera más indignado por ser dejado que por andar de verga alegre. ¿Qué le vió Jake a ese burro deforme?. El amor es ciego, pero no tanto...
—Que lo intente. Nadie va a venir a arruinar mis valiosos ships. —Se tronó los dedos, mostrando una sonrisa caótica y la mirada inyectada en sangre.
—Pareces fudanshi. —Se burló la fémina.
Yul se limitó a ponerse cómodo en su asiento. Había cumplido con su labor, y eso le bastaba al trabajar en nombre del amor.
