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El amor nos hace crecer

Summary:

Pequeño fic sobre la llegada del segundo hijo de Wirt y Sara, Patrick. Parte de la continuidad del universo de mi historia "Crecer, correr y tropezar".

Work Text:

El amor nos hace crecer

La familia Wood vivía de una forma muy feliz y satisfactoria. Wirt era compositor de canciones y ya había logrado trabajar con artistas importantes. Sara era periodista y su labor era muy reconocida no solo a nivel local, sino en todo el país. Y su hija, Elaine, quien ya tenía once años y estaba por finalizar la escuela primaria, estaba descubriendo su talento para la música, en parte ayudada por su papá. Y si hablamos del resto de la familia, Greg y Rochelle ya eran una pareja, Isabelle se había mudado junto con su esposo, Arthur, y su hija, Taylor, a Los Ángeles para entrar en la industria del cine, y el pequeño Mikey era un niño contento en casa de los padres de Sara, ya jubilados y orgullosos de su familia.

Wirt y Sara ya habían planeado tener otro hijo, pues sentían que Elaine necesitaba de una compañía y de alguien más a quien querer. Así, durante un tiempo dejaron de usar anticonceptivos cuando tenían relaciones sexuales. Y fue en una de esas ocasiones en que nuevamente la semilla nadadora de Wirt se encontró con el óvulo de Sara, esta vez de una forma planificada y no como algo inesperado.

Unas semanas después, Sara comenzó a sentirse algo extraña, y de inmediato intuyó lo que significaba. Compró una prueba de embarazo y la utilizó, sintiendo sus ojos brillar al descubrir que nuevamente estaba embarazada. A la hora de la cena, Sara miró a su esposo y a su hija con mucha ilusión. Su esposo notó como si algo estuviera a punto de cambiar, mientras que su hija solo disfrutaba su comida como lo hacía siempre.

- ¿Todo está bien, amor? – preguntó Wirt, con una sonrisa suave.

Sara levantó la vista. Sus ojos tenían ese brillo que Wirt ya conocía muy bien: iba a decir algo importante.

- Sí, todo está bien, pero hay algo que quiero decirles – dijo Sara suavemente.

- ¿Qué quieres decirnos, mami? – preguntó Elaine, levantando la cabeza.

Sara miró primero a su hija y luego a su esposo.

- Les tengo una sorpresa.

Se levantó, tomó esa pequeña cajita y la colocó sobre la mesa.

- De hecho, todo está muy bien.

Wirt frunció ligeramente el ceño con curiosidad mientras abría la cajita. Tardó solo un segundo para entender, y sus ojos se agrandaron.

- ¿Es lo que creo que es, cariño? – preguntó Wirt ilusionado.

Sara sonrió con una mezcla de ternura y nervios. Dentro de la caja estaba la prueba con resultado positivo y una ilustración de una cigüeña llevando a un bebé.

- ¿Vamos a tener otro bebé? – volvió a preguntar Wirt, ilusionándose más.

- Sí, amor – le respondió Sara contenta.

Elaine los miraba confundida.

- ¿Qué pasa, mamá?

Sara se inclinó hacia ella con una sonrisa cálida.

- Vas a tener un hermanito, Elaine.

Los ojos de la niña se agrandaron.

- ¡Un hermanito! ¡Siiiiiiiiiiiiiiii! – celebró Elaine, pues estaba ansiosa por volverse una hermana mayor.

Sara abrió los brazos y su hija corrió a abrazarla.

- De verdad, cariño.

Elaine miró inmediatamente la barriga de su madre.

- ¿Está ahí adentro?

- Si, cariño, solo que es muy pequeñito – respondió Sara.

Wirt se levantó de la silla y abrazó a ambas.

- El amor nos hace crecer, y por eso esta familia va a crecer – dijo Wirt orgulloso.

Los meses pasaron, mientras Sara volvía a acostumbrarse a la sensación de estar embarazada, ella y su esposo seguían trabajando y viviendo tranquilamente, mientras Elaine era una alumna ejemplar quien además ganó un recital escolar en la primavera.

Uno de esos días, cuando Sara se encontraba en la sala tejiendo un suéter azul para el bebé, y Elaine dibujaba mientras escuchaba música, acostada en la alfombra, la niña se levantó y miró la barriga de su madre con curiosidad.

- ¿Cómo se siente cuando el bebé se mueve dentro de ti? – preguntó Elaine.

- Se mueve cuando menos lo esperas, y es como si algo te diera pequeños golpecitos desde adentro – le respondió su madre.

- Eso suena algo raro – dijo Elaine.

- Y cuando lo sientes por primera vez, también parece algo raro – añadió Wirt, quien entraba a la sala con tazas de té para los tres.

Sara apoyó su mano sobre su vientre.

- De hecho... creo que está despierto en este momento. ¿Quieres sentirlo, Ellie?

- Si, mamá, por favor – respondió la niña contenta.

Elaine se acercó con cuidado, y Sara le tomó la mano para también ponerla sobre su vientre.

- Es aquí, espera un momento.

Elaine se quedó quieta, concentrada. Durante unos segundos no pasó nada.

- No siento nada – dijo Elaine, cuando de repente pasó. Sintió ese golpecito como un pequeño tic agradable. La niña se quedó congelada, sin saber que hacer ni que decir.

- ¿Ya lo sentiste? – le preguntó Sara con una sonrisa divertida.

- S-si mamá, lo sentí – respondió Elaine, como si hubiera tocado algo mágico – y fue como una patadita, ¿acaso cuando crezca va a jugar fútbol?

- Cualquier cosa es posible, y eso que aún no patea tan fuerte – dijo Wirt, riendo con cariño.

- Hola, hermanito, pronto voy a conocerte y te voy a querer mucho – dijo Elaine mientras seguía sintiendo las pataditas del bebé.

- Ya sabe quien eres, y se que también te va a querer mucho – dijo Sara.

- Estoy seguro de que le encantará tener una hermana mayor como tú – le dijo Wirt mientras apoyaba una mano en su hombro.

- ¿Y cuánto falta para que salga? – preguntó Elaine.

- Algunas semanas, y además va a nacer aquí, en la casa, ¿te gustaría verlo nacer? – preguntó Wirt.

- Claro que sí, debe ser algo muy hermoso – respondió Elaine.

- Así es, mi hija, es hermoso como cuando tu naciste – dijo Sara.

- El tiempo pasará muy rápido y pronto estará con nosotros – dijo Wirt.

- ¿Va a ser niño o niña?

- La doctora ya nos dijo que será niño, y pensamos llamarlo Patrick, en honor a tu abuelo. Nunca lo conociste, pues murió cuando papá era incluso más pequeño que tú y yo aún no lo conocía.

- Me parece un nombre muy bonito, mamá. Entonces, Patrick llegará muy pronto, ¿verdad?

- Sí, amor, muy pronto – respondió Sara.

Esas semanas pasaron volando, y un viernes por la tarde, luego de que Elaine llegara a casa de la escuela, se sorprendió al ver a su madre descansando en la cama.

- Elaine, tu hermano va a nacer dentro de muy poco – dijo Wirt.

- Sí, amor, ya he sentido contracciones y pronto vendrá Tiffany, la doctora, para ayudarnos – dijo Sara.

Elaine se emocionó mucho. Horas después, el cuarto estaba iluminado de una forma muy íntima, mientras ocasionalmente Sara se quejaba por el dolor de las contracciones. Su esposo ahí estaba, tomando su mano y ayudándola a respirar. Elaine se preocupó un poco.

- ¿Mamá está bien, papá? ¿Le duele? – preguntó la niña.

- Sí, le duele un poco, amor, recuerda que te lo explicamos, el bebé se mueve dentro de mamá para poder salir por su vagina, y es algo doloroso, pero tu mamá es muy valiente y todo ese dolor vale la pena cuando llega el bebé. Eso sentimos cuando tu naciste – le respondió Wirt.

- No te preocupes, amor – dijo Sara entre respiraciones rápidas – ese dolor significa que pronto vas a conocer a Patrick.

Tiffany llegó y revisó a Sara, quien sentía contracciones más intensas y seguidas. Instintivamente tomó la mano de Wirt mientras su cuerpo se tensaba y hacía que su fuente finalmente se rompiera.

- Tranquila, amor, lo haces muy bien – le decía Wirt con cariño.

- Muy bien, Sara, ya estás completamente dilatada y es hora de comenzar con lo bueno, como cuando nació Elaine – dijo Tiffany mirando a la niña, quien se sonrojó.

Esta vez, tras haber estudiado varias técnicas de parto, Tiffany utilizaría un asiento especial en el cual Sara adoptaría una posición en cuclillas, para que con ayuda de la gravedad, el nacimiento fuera más sencillo y un poco menos doloroso. Wirt se colocó detrás de su esposa, abrazándola por la espalda, mientras que Elaine miró atenta a su madre, algo preocupada pero ansiosa por que naciera su hermanito.

- Muy bien, Sara, recuerda la primera vez que hiciste esto, deja que tu cuerpo te diga que hacer, y cuando sientas una contracción puja lo más fuerte que puedas. Todo está listo – dijo Tiffany, colocándose unos guantes limpios.

- Sí, creo que aquí viene, ufff, sostenme, Wirt, por favor – dijo Sara entre jadeos.

- No te voy a soltar, amor, tú puedes – le respondió su esposo.

Así, Sara pujó mientras con la mano apretaba a Wirt, quien le daba caricias de ánimo y le decía palabras cariñosas hasta que el dolor terminó.

- Muy bien, Sara, está cada vez más cerca, mira – le dijo Tiffany señalando el espejo que había colocado frente a la pareja y su hija para ver nacer al bebé. Una pequeña mancha comenzaba a notarse en la dilatada vulva de la madre, y Elaine la miró atónita.

- ¿Ese es Patrick, mami? – preguntó.

- Si, amor, es él, y ya va a salir – le respondió su madre.

Sara volvió a pujar y la mancha se hizo más grande, hasta que empezó a emerger lo que claramente era el diminuto cabello del bebé. Sara soltó un pequeño grito ante el ardor de que la cabecita empezara a coronar, pero Wirt le recordó que ese dolor se iría en cuanto saliera.

- Recuerda, Sara, inhala, exhala y jadea, deja que la cabecita salga lentamente – le decía Tiffany.

Así lo hizo Sara, y los tres vieron maravillados como la cabecita de Patrick salió completamente.

- Muy bien, Sara, solo un pujido más y tu bebé saldrá, ¿estás lista? – preguntó Tiffany.

- Tu puedes, amor, te amo tanto – la animaba Wirt.

- Si, mami, tu puedes, yo también te quiero – le decía Elaine, sintiendo un torbellino de emociones.

Y así, Sara pujó una última vez y el cuerpo del bebé se liberó por completo, sostenido por Tiffany, quien procedió a limpiarlo antes de dárselo a su madre. El bebé lloraba una tormenta, mostrando que había nacido sin ninguna dificultad y respiraba bien.

- Muy buen trabajo, Sara, otro saludable bebé, un precioso niño.

- Gracias, gracias – decía Sara entre lágrimas de alegría y alivio.

- Nuestro pequeño niño – dijo Wirt queriendo llorar – lo voy a amar por toda mi vida.

- Hola, Patrick, soy tu hermana Elaine. Bienvenido al mundo – dijo Elaine, mirando al bebé con una mezcla de asombro y fascinación, y también llorando de alegría.

Unos minutos después, movieron a Sara con cuidado a su cama para que descansara junto con el bebé, donde además, Wirt le preguntó a Elaine si quería tener el honor de cortar el cordón umbilical de su hermano.

- ¿Puedo hacer eso? ¡Sí, me encantaría! – respondió la niña entusiasmada.

- Muy bien, Elaine, te mostraré como hacerlo – le dijo Tiffany – vas a agarrar las tijeras y en este punto entre las dos pinzitas, es donde lo debes cortar. Hazlo con cuidado, aunque no te preocupes, no le dolerá a Patrick, ¿de acuerdo?

- Está bien, señorita Tiffany.

Elaine tomó las tijeras y cortó donde Tiffany le dijo. Ese sonido de crack se quedaría en su mente el resto de su vida. Así, Patrick fue envuelto en su mantita y colocado sobre el pecho de Sara, donde instintivamente buscó el pezón de su madre para comer por primera vez. Elaine estaba maravillada y se sentía como la niña más afortunada del mundo, viendo como el amor de su familia los había hecho crecer.

- Patrick, te amo mucho, y sé que vas a ser el mejor hermanito del mundo – dijo Elaine.

- Sé que tu serás la mejor hermana mayor del mundo, hija, estamos muy orgullosos de ti – le respondió su papá.

Y así, se escribía el nuevo capítulo en la vida de la familia Wood, una familia que ahora estaba completa y que seguiría amándose hasta el final de sus vidas, e incluso más allá de eso.

FIN