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El sol naciente daba comienzo al día. Un grupo de jóvenes se encontraban de camino a la cancha del pueblo donde se disputará un partido amistoso de fútbol; en criollo: un picadito.
Los pasos sobre la calle de tierra dejaba marcado el camino por el cual pasaban estos tres muchachos, esa mañana fría de julio los había obligado a abrigarse hasta parecer jugadores de fútbol americano. Muy contrario a la realidad que les daba ese pequeño pueblito de Córdoba y la humilde cancha de barrio.
El esperado partido amistoso se disputaría recién a las diez de la mañana, pero asistían horas previas para poder prepararse y calentar.
–Che Cuti, ¿me trajiste las medias que te pedí? –el más bajito del grupo habló terminando con el silencio que reinaba el ambiente.
–¿Qué medias Licha? si te dije que se las preste a mi primo.
–No boludo si me dijiste que me las prestabas a mi ¿y ahora que uso?
Ambos habían comenzado una pequeña discusión de quién tenía razón, haciendo rodar los ojos con cansancio al tercer joven; Nahuel.
–Bue ya fue, pedile a alguno que te preste un par –concluyó el morocho.
Ya habían llegado al club, se estaban dirigiendo al vestuario donde se cambiarían de ropa para la previa del partido. Todo su grupo de amigos ya se encontraban cambiados y saliendo al campo, el grupo de tres recibió un reclamo por parte del entrenador por la tardanza. Se cambiaron rápido y salieron a entrenar frotando las manos por el frío.
Estiramientos, vueltas a la cancha, pases entre dos y gritos del entrenador corrigiendo a alguien, la mente preocupada de Cristian no podía concentrarse en los entrenamientos. Vio a Lisandro y Nahuel a un costado tomando agua y se acercó.
–Eu al final ¿vamos a hacer eso?
–¿Qué cosa?
–El ritual.
–Y si ni siquiera me trajiste las medias –contestó enojado el rubio.
–¡¿Todavía estás enojado por eso? Te dije que me olvide que me las habías pedido!
El rubio solo se cruzó de brazos para mirar a otro lado.
–Daa culiado no me ignores, dale ayudame –le decía mientras comenzaba a pegarle en los brazos
–Bueno pero deja de romper las pelotas.
Todo esto del ritual era a causa de una sola cosa: el Cuti llevaba muchos partidos con una mala racha, problemas al marcar a un jugador o en un duelo por la pelota no conseguía ganarla y demás. Cansado de esto le había pedido a su amigo que lo ayudara haciendo uno de esos "rituales" que él hacía, y es que Licha era muy creyente en las energías y malas vibras por lo que solía inculcarles sus saberes a sus dos amigos. Normalmente antes de jugar a un partido importante con su club solían prender un palo santo como cábala. Pero nunca habían hecho un ritual como este y particularmente Nahu era el más preocupado en el asunto.
Una vez terminado el entrenamiento, los jugadores tenían un tiempo para reponer fuerzas y comer algo, momento que utilizaron para hacer el famoso ritual. El grupito se dirigía a un lugar apartado del vestuario, era el viejo cuartito de almacenamiento del club.
–Bueno a ver, sentate ahí –señaló Licha un banco alargado, mientras Nahuel se subía a un mueble y cebaba unos mates, el Cuti hizo lo ordenado.
Licha comenzó a sacar sus cosas de su bolso, un pequeño palo santo, unos cuarzos y un poco de sal.
Dejó sobre un costado del banco un montoncito de sal, y ahí también acomodo los cuarzos.
–Cerra los ojos y manifesta.
El Cuti hizo lo pedido mientras el rubio comenzó a encender el palo santo. Surgió humo del mismo llenando la pequeña habitación. Todo iba bien hasta que Lisandro noto como Cristian perdía estabilidad y a pesar de estar sentado en el banco se fue de costado. El rubio miró confundido y luego apago el palo santo dejándolo a un costado y acercándose al Cuti.
–Eu boludo ¿estás bien?
–¿Le habrá hecho mal el humo?
–No sé.
Los dos jóvenes comenzaron a asustarse ya que Cristian no respondía, y aunque hubieran comprobado que su pulso estaba con normalidad no pudieron no preocuparse, no sabían qué hacer.
...
Cristian abrió los ojos rápidamente, hojas moviéndose era todo lo que veía, se sentó rápidamente y empezó a mirar alrededor, casi se le sale el corazón del susto cuando a un lado de él, se encontraba un joven de cabello negro y ojos rasgados que le hablaba en vaya a saber que idioma.
Frunció el ceño aún algo mareado.
–¿Vo' quién so'? –preguntó con su característica tonada cordobesa.
–Ah ¿Hablas español?
–Si –respondió dudoso intentando descifrar dónde estaba, y lo que pudo averiguar mediante su visión, en algún bosque más precisamente sentado sobre una montaña de hojas.
–Yo soy Heungmin, pasaba por acá y te vi, ¿Necesitas ayuda? ¿Cómo te llamas?
–Eh sí ¿Dónde estoy y cómo llegué acá?
–Estamos en corea del sur y no se como llegaste hasta acá.
–¿Perdón que? –Cristian comenzó a reír.
Era imposible, este pibe seguro era el chino del super de la esquina y le estaba haciendo un joda bastante pelotuda.
–Dale boludo enserio te digo ¿Dónde estoy?
–¿Qué? no entendí eso.
Cristian se quedó en silencio observando al chico.
–Así que posta estamos en corea ¿Y que año es? –dijo con una expresión relajada apoyando una mano en el suelo.
–Eh si estamos en corea y es el año 1850.
Cristian se empezó a reír confundiendo a Heungmin, pero dejó de hacerlo cuando un pensamiento repentino llegó a su cabeza, recordando el supuesto ritual que había hecho con sus amigos, probablemente era la teoría mas loca que podría haber formulado pero llevando la mirada al chico frente a él pudo percatarse de la vestimenta extraña que llevaba puesta. Una especie de camisa algo grande color verde y sin botones, cabello despeinado y un maletín tirado en el suelo.
Si se ponía a pensar un viaje en el tiempo no sonaba tan loco pero aun así era algo difícil de creer. Metió su mano en el bolsillo de su pantalón deportivo con la intención de buscar su celular pero sin encontrarlo. Volvió a levantar la mirada.
–Creo que viaje en el tiempo.
–¿Qué? eso es imposible –comenzó a reír el joven achicando sus ojos.
–Enserio te digo, no hay manera que accidentalmente me haya subido a un avión para llegar a corea y tirarme en una montaña de hojas en medio de un bosque.
–¿Qué es un avión? –Cristian suspiro.
–Escucha ¿Hay alguna manera en que me ayudes a salir de acá y volver a mi casa?
–Claro ¿Dónde vivís?
–En Argentina.
...
–Boludo ¿no se despierta qué hacemos? –preguntó preocupado Licha.
–Y yo que se, vos sos el que sabe de estas cosas, ¿llamamos a una ambulancia?
–Eso haría una persona normal ¿no?
–Si.
–Debo haber hecho algo mal –comentó luego de un tiempo.
–¿Te parece?
–Mi hermana me dijo que se hacía así ¿en que me equivoque? –Decía mientras caminaba por el pequeño cuarto siendo observado por Nahuel que tenía al Cuti recostado en sus piernas completamente dormido o como ellos habían nombrado: en un trance.
...
Cristian miraba a todos lados confundido, montañas en el horizonte, mayoritariamente campo y ni una casa cercana , de vez en cuando algún pequeño cartel de madera con letras desconocidas ilegibles para él. Esto sólo fortalecía su teoría de que había viajado a corea 1850 ya que no veía ningún auto o algo que diera indicios de la era moderna.
–¿Qué hacías en el bosque? –cuestiona el morocho mirando al otro joven que caminaba a un lado de él.
–Juntando especies nativas para un trabajo de biología.
Cuti solo asintió mientras seguía caminando, miro sus pies, los tacos de sus botines se clavaban en la tierra.
–¿Y porque hablas en español?
–Aprendo muchos idiomas en la escuela, entre ellos el español.
Los jóvenes llegaron hasta una gran portón, el cual el coreano se encargó de abrir, Cuti ingreso dudoso mirando todo a su alrededor. Era un gran campo y a lo lejos veía una mansión enorme de estilo asiático.
–Esta es mi casa, puedes quedarte pero sin que mis padres se enteren por eso entramos por la puerta lateral.
–¿Sos millonario?
Solo recibió una mueca como respuesta. ingresaron por una puerta a la gran mansión, Heungmin lo guio hasta una habitación. Todo ahí parecía sacado de una película de época de las que tanto miraba Nahuel que particularmente a Cristian no le gustaban ya que decía que le daban miedo. No estaba muy familiarizado con la historia -es más, se la había llevado a febrero- pero suponía que aún no se inventaba la electricidad porque había velas por todos lados.
La habitación contenía una colchoneta en el suelo que mas parecía una alfombra de lo finita que era, un escritorio y un ropero, era bastante espaciosa.
–¿Cómo me dijiste que era tu nombre?
–Cristian.
–Es muy difícil, ¿de donde sos? –dijo abriendo el ropero y sacando algunas prendas.
–De argentina, podes decirme Cuti si querés.
–¿Cutie? –soltó una risa.
–Cuti –Corrigió.
–Ok Cutie y ¿Cómo llegaste acá? –preguntó dejando la ropa sobre la cama.
–Supongo que viaje en el tiempo, mi amigo estaba haciendo un ritual para sacarme la mala energía.
–¿Tu amigo es brujo? hasta donde sé la ciencia no ha descubierto como viajar en el tiempo.
–No es brujo, bueno no tanto.
–¿Y de qué año venís?
–2019.
El coreano alzó las cejas sorprendido.
–Tengo muchas preguntas con respecto a eso pero supongo que te las diré más tarde.
–Tengo que buscar la forma de volver a Argentina y en mi año, tengo que jugar un partido.
–¿Un partido de qué?
–De fútbol.
–¿Qué es eso?
El Cuti suspiro, iba a ser difícil, más teniendo en cuenta que no sabía nada de los rituales que Licha hacía, aunque en realidad Licha tampoco sabía tanto ya que por algo terminó así.
–Cambiate de ropa, eso parece no estar muy limpio además de que es muy raro ¿Cómo fabrican estas cosas? –se acercó curioso tocando el logo de su camiseta de Belgrano generando cosquillas en Cristian.
–Gracias y quisiera bañarme también.
–Ah sí, este es el baño –abrió una puerta señalando el interior.
...
–¿Seguro que eso va a servir? –preguntaba el morocho mientras se cebaba otro mate.
–Según mi hermana las hierbas frescas sirven como elemento de atracción –comenta mientras ponía varias ramitas del yuyo sobre el cuerpo de Cristian, levantó la mirada enfocando su vista en su compañero que portaba una camiseta de boca del 2000 –Podrías ayudar un poquito vos también.
–¿Y qué querés que haga? si yo no sé de estas cosas –contestó simple levantando los hombros y ofreciéndole un mate, el cual le fue negado.
–Llora por lo menos que se yo, demostra un poco de preocupación por el Cuti no se –dijo mientras encendía nuevamente el palo santo –Además no se que te haces si muchas veces te vi prendiendo un sahumerio en tu cuarto.
–Si porque recién había terminado de limpiar, y era para que quede olor rico.
...
–¿Tene' clases hoy? –preguntaba un Cristian somnoliento y refregándose los ojos., mientras observaba al joven de ojos rasgados con su cabello esta vez perfectamente peinado y su traje bien arreglado.
–Si, y vendrás conmigo, después de clases iremos a la biblioteca.
–¿Para qué? –dijo mientras masticaba el desayuno que le había llevado Heungmin, a decir verdad no sabia que era, una mezcla entre comida estadounidense y coreana. No le importaba porque estaba muerto de hambre.
–Vamos a ver si conseguimos libros que hablen sobre viajes en el tiempo –decía mientras veía comer al argentino y reía al ver lo mal que lo hacía, ensuciando con salsa la comisura de su boca. –¿Y cómo dormiste?
–Bien, esta cama es muy cómoda, pero si te soy sincero ese ropero me da un poco de miedo, siento que está embrujado.
–No lo creo, mi padre compró todos los muebles nuevos cuando nos mudamos a esta casa.
Cristian bufó sarcástico –Castillo querrás decir.
–Si quieres te puedo dar un recorrido, pero tendrá que ser en la noche cuando mis padres no están.
Cuti dudo un poco, no sabía si era de su agrado deambular por la gran mansión en completa oscuridad, o bueno, solo a la iluminación de una vela, pero de todas maneras terminó aceptando.
–¿De qué trabajan tus padres? ¿Son narcos o qué?
–¿Qué es eso? ellos son doctores.
Cristian había terminado de comer, se lavó y partieron directo a la escuela, Heungmin había casi obligado a Cuti que se pusiera un traje para pasar un poco más desapercibido entre la gente, teniendo el argentino que rendirse ante las réplicas del coreano. No le gustaba para nada usar ese tipo de ropa la cual según el joven coreano se llamaba hanbok, eran muchas capas de tela y le era incómodo. Hasta parecía que tenía puesto un vestido.
Ahora se encontraban de camino a la escuela, con el morocho renegando y puteando porque el pantalón interior le molestaba.
A lo que el contrario solo miraba extrañado al no entender las palabras rápidas que soltaba. Tal vez debió darle uno de talla más grande.
–Y ¿me vas a contar que es el fútbol? –preguntó curioso intentando distraerlo.
–¡Pero si culiado! Es un juego donde dos equipos compiten por ganar, el objetivo es...
Había comenzado a contar con emoción desbordada y ojos brillosos, el coreano escuchaba atentamente las explicaciones intentando comprender, cada tanto frenándolo ya que hablaba muy rápido y no lograba llevar el hilo de la conversación.
Entre charla y charla habían logrado llegar a la escuela, la cual constaba de un pequeño edificio de dos pisos, no asistían tantos alumnos ya que solo los adinerados podían gozar de una buena educación.
Se adentraron al lugar y se sentaron a la espera de que la clase comenzará.
–¿No se darán cuenta que no soy de acá?
–No lo harán, nadie aquí presta atención a otra cosa que no sean los estudios, y los profesores son diferentes cada día.
El Cuti dudo, mas no dijo nada, solo se dedico a ver como Heungmin sacaba sus libros y le ofrecía una hoja y una pluma para que al menos pusiera esfuerzo en pasar desapercibido. Agarró la pluma bajo la atenta mirada del contrario, la inspeccionó y luego conectó sus miradas.
–¿No sabes usarla? –dijo adivinando el dilema del morocho.
–No.
El coreano soltó una risa y tomó su mano agarrando también la pluma, y sumergiéndola en el frasco de tinta le enseño a usarla.
–¿Tienes algún apodo o sobrenombre por el que pueda llamarte? se me hace complicado pronunciar tu nombre –decía Cristian sin prestar atención a su mano que era manejada por el contrario. muy concentrado en mirar sus ojos rasgados y el particular lunar debajo del ojo izquierdo.
–Mi apellido es Son, puedes decirme así si quieres.
–Bueno Sonny
Son levantó la mirada frunciendo un poco el ceño pero asintió.
El profesor llegó y comenzó a hablar haciendo a Cuti suspirar cansado ya que no iba a entender nada de la clase y se iba a aburrir de sobremanera.
Al terminar la clase Cuti casi que salta del banco dispuesto a irse, comenzaron a caminar en dirección a la biblioteca con el Cuti contándole a Sonny todos los cambios que acontecieron después de 200 años, este lo escuchaba atento sorprendiéndose ante cada cosa. Claramente el Cuti omitió las partes históricas ya que no sabía mucho de eso, por algo se había llevado dicha materia y aun la debía.
Habían llegado a la biblioteca, pero el Cuti no creyó que iba a ser tan grande y aun estaba mirando hacia arriba la gran arquitectura que el edificio poseía. Son había llegado a un sector de libros completamente ilegibles para Cristian, se encontraba leyendo uno con el morocho prácticamente pegado a él intentando chusmear lo que decía.
–¿Qué idioma es ese?
–Alemán.
Se pasaron toda la tarde buscando información que pudiera ayudarlos a devolver a Cristian al presente, sin obtener éxito. Era tarde cuando volvieron, con mucha hambre atacaron la cocina. Los padres de Heungmin ya no estaban así que podían andar libremente por la casa.
–¿Qué fue lo que hizo tu amigo para que termines viajando al pasado?
–Ya te dije, prendió un sahumerio y un palo santo, puso piedras de colores en una mesa y me dijo que manifieste que la mala energía se me vaya –comentó mientras caminaba a paso tranquilo junto al dueño de la casa.
–No tiene mucho sentido.
–Probablemente esté intentando devolverme, no deberíamos preocuparnos.
–¿Y si no lo logra? –preguntó ingresando a su habitación siendo seguido por Cristian.
–Tendré que quedarme a vivir en corea 1850, aprender coreano y casarme con una coreana.
Heungmin soltó una escandalosa risa contagiando al menor.
–Las coreanas no se querrán casar contigo siendo extranjero.
–Entonces tendré que casarme con un coreano –comentó haciendo que son lo mirara confundido.
Son había comenzado a leer un libro con Cristian tirado en el piso mirando el libro como si entendiera algo.
–Estoy aburrido ¿No tendrás una pelota?
–Estoy seguro de que no tengo una pelota –dijo sin despegar la vista del libro.
–¿Y papeles que no uses?
Heungmin suspiró y se levantó caminando en dirección a su escritorio, sacando de allí un par de papeles escritos y garabateados, se lo extendió a Cuti observando como este los agarraba y comenzaba a arrugarlos formando una pelota.
–Sonny, hoy te voy a enseñar a hacer jueguitos.
Seguido a eso comenzó a patear la pelota improvisada bajo la atenta mirada del mayor, quien miraba asombrado la habilidad que tenía el argentino para manejar la pelota con los pies. Cuti se movía por la habitación intentando que la pelota no toque el piso, cosa que en algún momento pasó y junto con que se enredó con la tela del hanbok terminó cayendo al piso logrando una escandalosa risa del contrario.
Se levantó puteando, agarró la pelota y se la acercó a Heungmin.
–Ahora intentalo vos –dijo acercando la pelota a los pies del coreano –Ya que tanto te reís seguro te sale mejor.
Son intento golpear la pelota con sus pies errando completamente y causando risas en Cuti.
–Creo que lo tuyo realmente son los libros –comentó divertido viendo al mayor fracasar.
–Estoy de acuerdo.
El rostro de Son se iluminó al recordar algo, Cuti lo miró raro ante su reacción.
–Hay una biblioteca en casa –al ver que Cristian parecía no entender a donde quería llegar, aclaró: –Seguro encontraremos algún libro sobre hechicería y viajes en el tiempo.
Cristian comprendió y asintió con un movimiento de cabeza. Ambos jóvenes salieron de la habitación y comenzaron a caminar por los oscuros pasillos solo alumbrado por la vela que portaba Heungmin. Cristian intentaba no demostrar el miedo que le estaba dando la situación, normalmente no le tenía miedo a la oscuridad pero si a esa casa en especifico.
Un ruido fuerte lo asustó haciendo que casi pegara un grito, Son paró de caminar y se quedó observándolo.
–¿Enserio tienes tanto miedo? –preguntó preocupado.
–Sonny ¿no escuchaste ese ruido? ¿Cómo querés que no me asuste?
–Si lo escuche y fue un chaparrón nomas.
El coreano le restó importancia y comenzó a caminar nuevamente, Cuti siguió sus pasos pero esta vez se pegó a su costado, agarrando levemente la tela de su ropa.
Llegaron a la biblioteca y con el objetivo de buscar un libro que ayudase a Cristian a volver al presente, Son se dirigió al fondo, donde se ubicaban los libros más viejos.
–Esos son todos libros de medicina –comento viendo como Cristian curioseaba un estante intentando entender lo que leía.
–¿Vos también querés ser médico como tus papás?
–No, me llama más la atención las matemáticas. Pero no sé aún qué quiero estudiar –respondió restando importancia, poniendo más atención al libro en sus manos. Poco se hablaba de la hechicería en corea, o tal vez no era tan nombrada como en otros países, aún así había algunas que otras historias sueltas de personas que mataron justamente por practicar la hechicería, pero no había suficiente información que pudiera ayudar en algo. Pensaba que tal vez lo mejor sería dejar de intentar devolver a Cristian al presente y a su país, sino más bien esperar que el universo mismo decidiera volver las cosas a la normalidad. Aunque no sabía cómo decirle eso sin desanimarlo, despegó su mirada del libro y la dirigió a Cristian.
Grande fue su sorpresa al encontrarse la mirada contraria ya puesta en él, el argentino ni siquiera se dio cuenta que su mirada ya era correspondida, estaba literalmente hipnotizado. Heungmin sonrió levemente al intentar pensar qué estaría pensando el contrario, y su intento de comenzar a reír por la situación fue impedido al sentir los labios contrarios ejerciendo presión sobre los suyos y una mano en su nuca. Se sorprendió un poco, por no decir mucho, entró en un completo pánico mental y no sabia que hacer. Aunque debía admitir que en medio de todo ese lío en su mente le estaba gustando el beso, Cristian movía sus labios con suavidad, casi con miedo y él le correspondía también un poco temeroso. Ante esto, el Cuti se separó apenas soltando una pequeña risita que confundió aún más al coreano.
–Somos dos boludos –comentó contagiando la risa a Son. –Creo que no era esta la forma con la que quería empezar.
–¿Te arrepentís?
–¡No! solo que quisiera haberte dicho primero y no mandarme...
La frase quedó en el aire cuando sus ojos volvieron a concentrarse en los pomposos labios contrarios, se veían brillantes y eso hacía que tenga ganas de probarlos otra vez. Esta vez fue Heungmin quien se animó a acercarse a Cristian quien lo recibió gustoso y dispuesto a darle todos los besos que quisiera.
...
–¡Lisandro!
–Ay la puta madre.
–¿Me podés explicar qué mierda hiciste? –pregunta la chica recién llegada observando el panorama.
–Ya te dije, deja de retarme y ayuda –la miraba enojado o más bien asustado.
Entre los dos chicos habían llamado a la hermana mayor de Lisandro -que era quien le había enseñado lo de los "hechizos"- con el objetivo de que ella pudiera ayudarlos a devolver a Cristian.
–¿Pero vos sos boludo? te dije que no hagas nada que no te haya enseñado yo ¿y ahora qué hacemos?
–Para eso te llamamos –contestó Licha viendo a Nahuel y juntos asintieron. La chica, Mariana negó mientras observaba al amigo de su hermano completamente dormido.
...
Mientras que en Argentina 2019 el tiempo pasaba lentamente, en corea 1850 Cristian ya llevaba una semana yendo y viniendo con Heungmin a sus clases, que si se lo preguntaban a él era lo más aburrido en el mundo. O sea ir a la escuela ya de por si era aburrido pero sumándole a que hablaban en otro idioma era el doble de aburrido. Lo único que lo entretenía era ver a Son, y hasta por ahí nomás porque él no lo dejaba, alegando que lo distraía.
Heungmin seguía constantemente leyendo libros, sin éxito alguno, ya hasta había perdido la esperanza de poder ayudar a Cristian.
–Hey Sonny mira eso –un eufórico Cristian apuntaba a lo lejos, iban caminando en dirección a su casa, la eterna jornada escolar había terminado. El coreano miró curioso donde apuntaba el Cuti y empezó a reír cuando este salió corriendo en esa dirección.
Lo siguió aunque se le hizo difícil, el menor estaba mucho mejor en forma que él y se le complicaba seguirle el ritmo.
–Que difícil que es correr con esto culiado –apuntó sus vestimentas y riendo al ver a Son intentar recuperar el aire. –Ave' prestame eso.
Agarró el bolso del contrario sacando de este varios papeles que había visto que el coreano descartó tachando lo que había escrito. Los arrugo, dándoles forma redondeada.
–Ese es tu arco y este el mío, el que más goles haga gana –dijo mientras apuntaba dos árboles que formaban un arco y lo mismo del lado contrario.
–¿Y qué ganamos? –preguntó Heungmin con una sonrisa ladeada haciendo reír a Cristian.
El gesto lo había sorprendido, ya que era una clara señal de chamuyo de parte del coreano, cosa que lo había tomado desprevenido pero aun así decidió seguirle el juego.
–Lo que vos quieras –contestó de la misma manera que el mayor.
Cristian comenzó a correr pateando la pelota y la tiró haciendo un gol dejando a Heungmin confundido.
–Activa porque ahí parado no me vas a ganar.
–¡Cutie eres un tramposo, ni siquiera me avisaste!
–Dale que ya voy por el segundo.
Era una pelea constante de quien era el siguiente en anotar un gol, terminando de vez en cuando tirados en el piso y ¨comiendo tierra¨.
Por ese preciso instante todo alrededor dejó de existir, olvidado había quedado el tema del viaje en el tiempo, dejaron de darle importancia al no encontrar manera de devolver a Cristian a su país y en el presente, ambos jóvenes solo siguieron que su extraña relación se siga desarrollando. Los atardeceres eran testigos de cada mirada y cada suspiro que se dedicaban, el sentimiento del amor extendiéndose como una plaga en sus corazones.
Varias semanas habían pasado, en ese preciso momento el argentino y el coreano corrían bajo la lluvia en dirección a la casa del mayor, ingresaron en la misma agitados pero igualmente sin poder contener las risas. Sus vestimentas mojadas y sucias debido a los charcos, Cristian acorraló al pelinegro contra la puerta de su habitación con sus manos sobre su cintura y dejó un beso en la comisura de su boca mientras seguían riendo.
–Te dije que estaba por llover, tendríamos que haber vuelto antes –renegó Heungmin teniendo el rostro de Cristian a centímetros del suyo –Ahora por tu culpa mi hanbok está todo sucio.
–¿Qué te queja'? si tenés un montón de ropa.
–Pero este es mi favorito –hizo un puchero enojado.
–No me pongas esa carita, mira lo hermoso que sos –Cuti le llenó la cara de besos haciendo soltar más risas a son.
–Cutie basta, me haces cosquillas.
...
–¿Y? ¿Pudiste?
–¿Y cómo voy a poder si no me das lugar Lisandro? salí un cachito –la chica lo empujó viendo a su hermano intentando curiosear.
Había vuelto a su casa a buscar algunas cosas que necesitaba para el ritual y ahora estaba intentando realizarlo poniendo su mayor concentración en el asunto.
–No se que mierda va a hacer con eso, si necesitaba tierra podía decirme y sacábamos de la cancha si total ya está llena de pozos –le dijo Lisandro a Nahuel, quien le ofreció un mate.
–No es tierra, es arena y mejor callate que me distraes.
Licha rodó los ojos evitando hacer más comentarios si no quería realmente hacer enojar a su hermana.
Ambos chicos que se encontraban sentados sobre el mueble se bajaron del mismo de un salto al ver al Cuti sentarse y abrir los ojos exaltado. El silencio inundó la pequeña habitación, todos con la atención puesta en Cristian.
–¡Sonny!
Lisandro y Nahuel miraron a Mariana buscando explicaciones.
–Puede que se encuentre un poco confundido –ella tal vez igual de confundida que los dos menores exclamó intentando que mantengan la calma.
–Hola ¿te acordás de tu nombre? ¿Cuántos años tene'? –Nahuel interrogó agachándose a su altura y recibiendo un zape en la cabeza, cortesía de Licha.
–Dejalo boludo, no lo confundas.
–¿Adonde estoy?
–Primero, ¿recordás cómo te llamas? ¿Tu edad? –cuestiono la chica, Nahu miro enojado a Lisandro ante esto.
–Cristian, 17 años, soy de Córdoba y ustedes son Mariana, Licha y Nahu –contestó rodando los ojos al ver las caras sorprendidas.
–¿Qué te pasó? ¿Qué viste? ¿O estabas soñando?
–Eh... creo que viaje en el tiempo –dijo intentando rescatar algún recuerdo de su nube de pensamientos, al parecer había vuelto a argentina 2019 ya que recordaba haber estado en ese cuartito antes de viajar en el tiempo y la sensación al despertar fue la misma.
–Daa como vas a viajar en el tiempo –soltó Lisandro ocasionando una carcajada en Nahuel.
Cristian ignoró los descansos de sus amigos pensando en esas semanas que había vivido con Son, una sensación de tristeza comenzando a invadirlo ante los recuerdos.
–Bueno dale che viajero del tiempo, apura que tenemos un partido y se nos va a hacer tarde.
Con sus pensamientos causando un quilombo en su cabeza jugó el partido, ganaron y al parecer todo lo del palo santo, los sahumerios y no se que mas si lograron sacarle la mufa pero ahora estaba muy triste, era como si le faltara algo y claro, jamás olvidaría al coreano que conoció en su viaje en el tiempo. Al otro día de haber regresado al presente y luego de haber llorado casi toda la noche se decidió a investigar sobre Son Heungmin, necesitaba saber cómo vivió su vida, si se había casado, si había logrado estudiar algo que le gustara o si al final terminó convirtiéndose en doctor como sus padres.
Al segundo día y aún sin encontrar nada comenzó a plantearse el hecho de que tal vez eso no fue real y que tal vez no había sido más que un sueño, pero, es que se había sentido tan real... el dolorcito lindo en su pecho que sentía cada vez que veía la sonrisa de Son o los besos, sus toques...
Se negaba a pensar que había sido un sueño por lo que no paró su búsqueda, se había recorrido todo internet intentando saber algo sobre un tal Son Heungmin, tanta era su dedicación que incluso había ido a algunas bibliotecas a buscar hasta en los libros, su habitación estaba llena de estos, motivo por el cual Licha y Nahu se encontraban ahora en la entrada de la habitación de Cristian, viéndolo sentado en el piso con un libro de historia en la mano.
Ambos se miraron preocupados, el Cuti había estado actuando raro hace cuatro días.
–Che Cris ¿estás bien?
–Ah perdón, no los vi entrar, pasen.
–Loco vos no estas bien –sentenció Nahu viendo a su alrededor y luego centrando su mirada en el Cuti, los recién llegados se sentaron en la cama.
–¿Eh porque?
–Culiado ¿Cuándo leíste un libro vos? Y encima de historia, decinos la verdad que te paso? Después del ritual estas distinto, hasta diría que sos otro.
Cristian suspiró, claro que no había hablado nada con ellos.
–Ya les dije que viaje en el tiempo, y ahora estoy buscando a alguien que conocí... ahí.
–Bueno contanos qué viste.
–¿Para qué? Ustedes dos me van a gastar –contestó mientras seguía ojeando el libro en sus manos.
–No dale, vamos a hacer lo posible por creerte –la forma en que lo dijo hizo dudar a Cristian pero decidió contarles debido a que no veía burla en sus rostros sino más bien preocupación y es que hasta él notaba su cambio de conducta.
–Bueno, pero no se burlen.
–Bueno –contestaron a la vez.
–Resulta que viaje a Corea del Sur, a 1850, ahí conocí a un pibe... Son Heungmin se llamaba. Bueno el intento ayudarme a volver al presente pero saben en esa época no era tan común la hechicería y toda la cosa o sea ahora tampoco pero... bueno cuestión que allá pasaron varias semanas, casi tres meses creo, y en ese tiempo él y yo –hizo una pausa sin saber cómo seguir pero evitando la mirada de sus amigos, sabía que no le estaban creyendo una mierda– él y yo tuvimos algo, que se yo me re enganche loco y ahora lo re extraño solo quiero saber qué fue de su vida.
Al fin levantó la mirada viendo las expresiones sorprendidas de sus amigos.
–O sea conociste y te enamoraste de un coreano que vivió en 1850? –Cuti torció la boca en un gesto.
–Yo se que no suena nada creíble pero es la posta, me tienen que creer.
Y a pesar de que tanto Lisandro como Nahuel aún dudaban de la veracidad de la historia que les había contado Cuti se dedicaron a ayudarlo a buscar a su amor platónico o amor del pasado: a Sonny.
Una semana había pasado y aún no habían logrado dar con alguna información que los llevara al coreano, pero al menos lograron sacar a Cristian de ese encierro llamado anhelo.
Ese día con el sol de mediodía iluminando el campo, los tres jóvenes se preparaban para un partido que disputarían en pocas horas, el equipo con quienes jugarían estaba llegando en ese momento y el trío de amigos paró su entrenamiento para observarlos.
–Supuestamente vienen jugando muy bien.
–Che Cuti ¿querés que te hagamos una limpia así marcas bien? –Nahuel se cago de risa con lo que dijo Lisandro claramente para joder al nombrado, quien chasqueo la lengua restando importancia a las risas exageradas de sus amigos.
–Nah no creo que jueguen tan bien, si tienen una cara de giles estos.
Los muchachos del equipo contrario ingresaban a la cancha e iban tirando sus bolsos a un costado, Cuti miraba intentando descifrar quienes podrían ser defensores, no eran tan altos por lo que se le dificultaba.
Un escalofrío le recorrió toda la espalda cuando apareció en el rango de su visión, su cabello negro, piel blanca y rasgos asiáticos. ¡Era él! sentía sus piernas temblar y cuanto más lo miraba más se le aceleraba el corazón. Aún con todo su cuerpo temblando comenzó a acercarse, fue casi en automático, ignoró los llamados de sus amigos y cuando estuvo a sólo un par de metros él notó su presencia, juntaron miradas sintiendo que podría desmayarse ahí nomás.
Sus cuerpos impactaron en un abrazo y las lágrimas mojaron los cachetes de ambos jóvenes que se mantuvieron juntos por lo que pareció una eternidad para los que presenciaban la escena.
–¿De dónde será que lo conoce? –preguntó el Licha.
–Ni idea pero creo que están llorando.
Cuti se separó del abrazo, agarró al mayor de la mano entrelazando sus dedos y salió corriendo bajo la atenta mirada de todos los chicos de ambos equipos.
Cuti abrió la puerta del cuartito de almacenamiento, cerró la puerta al entrar y acorralo al contrario allí, sus miradas conectadas transmitiendo todo tipo de sentimientos y palabras.
–Decime que no estoy soñando por favor –dijo lastimero el Cuti apoyando su frente en el hombro del contrario inhalando su aroma y evitando seguir llorando.
–No es un sueño tranquilo Cuti.
–¿Cómo? –se separó de él pero tan solo por un par de centímetros, intentando mantener la calma –¿Cómo es posible esto? no entiendo nada Sonny.
El nombrado sonrió.
–Bueno la verdad es que tampoco entiendo mucho.
–Veni –Cuti lo guió hasta el banquito donde se sentaron uno frente al otro con sus manos aun unidas.
–¿Cómo es que estás acá?
–Yo no se por donde empezar, supongo que desde 1850 –ante la mirada brillante de Cristian siguió –esa vez nos acostamos a dormir y a la mañana siguiente no pude encontrarte por ningún lado, desapareciste de repente no había quedado ningún rastro de ti, me desespere hasta que entendí que tal vez tus amigos habían logrado traerte al presente nuevamente. Desde esa vez muchos años pasaron, intente seguir una vida normal, pero nunca pude olvidarte Cristian, incluso me case pero como no funciono me divorcie, es de lo poco que puedo recordar ni siquiera se cual fue la causa de mi muerte ni cuantos años viví, pero supongo que renací, cuando era un niño claramente no recordaba todo esto, pero si recuerdo soñar constantemente con alguien y en el sueño un sentimiento de angustia y anhelo me invadía. Comprendí que en sueños el destino me decía que tenía que encontrar a alguien y esa persona eres tú Cristian –el morocho lo escuchaba atento procesando todas las palabras.
–Me estas diciendo que desde que nos conocimos o sea, desde que viajé en el tiempo pasaron muchos años, te casaste, te divorciaste, moriste y en tu nueva vida aún recuerdas tu vida pasada?
–Un poco sí, aunque no recordaba nada hasta que te vi, cuando era niño soñé siempre con alguien a quien no veía el rostro pero al verte se que eras tu, te extrañe mucho –el coreano se lanzó a sus brazos. Cristian sonrió, aferrándose al cuerpo del contrario y sintiendo un gran alivio de poder tenerlo con él.
–También te extrañe tanto mi amor.
Se separaron y se unieron en un beso, sus labios se reconocieron como si no hubieran pasado años -un par de días para el Cuti- demostrando cuanto se habían extrañado.
Unos golpes en la puerta se escucharon haciéndolos sobresaltarse.
–Cuti el partido ya esta por empezar, deberían venir –Licha dijo sin abrir la puerta.
–Ahí vamos.
Los jóvenes se miraron, aún pareciendo irreal tener al contrario frente a ellos, poder sentir sus toques...
–Vos y yo tenemos mucho de qué hablar –dijo Cuti depositando un rápido beso en los labios del coreano, logrando hacerlo reír.
FIN
