Actions

Work Header

Ataleya

Summary:

Un relato que explora el dolor del silencio y la revelación de un secreto que cambia las reglas de Panem.

Notes:

"No soy dueña de Katniss, Peeta ni del universo de Los Juegos del Hambre. Todos los derechos pertenecen a Suzanne Collins. Esta historia es solo por diversión y sin fines de lucro."

Chapter 1: LAS RAÍCES DEL DIENTE DE LEÓN

Summary:

Un relato que explora el dolor del silencio y la revelación de un secreto que cambia las reglas de Panem.

Notes:

"No soy dueña de Katniss, Peeta ni del universo de Los Juegos del Hambre. Todos los derechos pertenecen a Suzanne Collins. Esta historia es solo por diversión y sin fines de lucro".

Chapter Text

LAS RAÍCES DEL DIENTE DE LEÓPARTE I: EL PESO DEL SILENCIO

(Perspectiva de Peeta)

El Distrito 12 huele a ceniza vieja ya la humedad de una primavera que se resiste a florecer. Ha pasado un mes desde que regresamos de la arena, un mes desde que el tren nos dejó en la estación y la frialdad de Katniss levantó un muro de cristal entre nosotros. He pasado treinta días horneando pan que nadie viene y mirando por la ventana de mi nueva casa en la Aldea de los Vencedores, preguntándome en qué momento perdí el derecho a su mirada.

Pero hoy no puedo más. El secreto que me guarda está quemando los pulmones. No es solo el dolor de mi pierna artificial, que tarde con un ritmo metálico y ajeno; es la carta que recibió de un mensajero anónimo en el Capitolio, las fotos borrosas, la amenaza de Snow susurrada al oído antes de salir de la capital.

Camino hacia su casa. El aire frío me corta la cara, pero mi determinación es más fuerte. Llamo a la puerta y es ella quien abre. Sus ojos grises, siempre alerta, analizan mi rostro. Se ven cansados, rodeados de ojeras profundas que delatan que las pesadillas no le dan tregua.

-Katniss - mi voz suena más rasgada de lo que esperaba. Necesito hablar contigo. A solas. Lejos de las cámaras, lejos de las paredes de estas casas que parecen tener oídos.

Ella no pregunta. Solo asiente, toma su chaqueta de cuero y su arco, y me hace una señal para que la siga. Caminamos en silencio hacia la valla. Ella la cruza con la agilidad de un lince; Yo lo hago con la torpeza de quien todavía está aprendiendo a confiar en una extremidad de metal.

Caminamos durante casi una hora. Mis pulmones protestan, pero no me detengo hasta que llegamos a un claro junto a un estanque, un lugar donde los árboles se cierran como un abrazo protector. Es su lugar especial.

-Aquí -dice ella, dándose la vuelta. Aquí nadie nos oye. Di lo que tengas que decir, Peeta. Me estás poniendo nervioso.

Me siento sobre un tronco caído, tratando de organizar el caos en mi cabeza. El espejo. Está tan hermosa y tan rota al mismo tiempo.

-Gracias por traerme aquí - comienzo, bajando la vista. No tenías por qué hacerlo. Sé que me has estado evitando, sé que lo nuestro en la arena... que te sientes culpable por las mentiras.

(Perspectiva de Katniss)

Lo escucho y siento una punzada de rabia mezclada con una tristeza asfixiante. Me dice que "no tenía por qué hacerlo", como si fuera un extraño, como si no fuera la persona que me mantuvo con vida cuando el mundo se desmoronaba.

-¡No digas eso, Peeta! - estallo, y mi voz rebota en los árboles. Fui una estúpida. Fui una cobarde por mentirte, por hacerte creer que todo era un acto para las cámaras. Pensaba que nos estaba salvando a los dos, que si mantenía una distancia emocional, Snow no podría usarnos. Pero me equivoqué.

Me acerco a él, ignorando el miedo que siempre me ha dado la vulnerabilidad.

-Siempre te quise, Peeta. Pero a distancia. Porque el amor en el Distrito 12 es una sentencia de muerte. Tenía miedo de que si te dejaba entrar del todo, el dolor de perderte me mataría. Por eso decidí dejarte solo al bajar del tren. Fui egoísta.

Peeta levanta la vista. Sus ojos azules están empañados, pero hay una chispa de algo más. No es perdón, es urgencia. Me toma de las manos y su tacto es cálido, real, lo único sólido en mi universo.

-Katniss, te perdono. Te perdoné hace tiempo-susurra. Pero hay algo que no sabes. Algo que Snow me obligó a llamar. Dijo que si te lo contaba, ella moriría antes de nacer. Oh después.

Mi corazón se detiene. "¿Ella?".

-¿De qué estás hablando?. Mi voz es un hilo de aire.

(Perspectiva de Peeta)

Este es el momento. El momento en que el mundo de Katniss Everdeen se fragmenta para siempre. La obliga a sentarse a mi lado. Sus manos tiemblan entre las mías.

-En el Capitolio... después de que nos rescataron de la arena, mientras estábamos inconscientes... ellos tomaron muestras. Genes. Míos y tuyos. Katniss, no la crearon de la forma natural, pero ella existe. Es nuestra.

Ella me mira como si estuviera hablando en un idioma extranjero. Sus ojos se abren desmesuradamente y el color abandona sus mejillas.

-¿Un hijo? - balbucea. ¿Un bebé? ¿Cómo...? Peeta, eso es imposible.

-Se llama ingeniería genética, o algo peor. Snow me mostró una imagen antes de la entrevista final. Es una niña, Katniss. Tiene tu cabello, oscuro y rebelde, y mis ojos. La tienen en un laboratorio de alta seguridad en el Capitolio. Snow me amenazó: si te decía la verdad, si intentábamos algo, la usaría como un tributo antes de que aprendiera a caminar. No podía decírtelo mientras las cámaras nos seguían. Pero no puedo cargar con esto solo. No cuando ella está allí, en manos de ese monstruo.

(Perspectiva de Katniss)

Siento que el suelo desaparece. Un hijo. Una hija. Una parte de mí y de Peeta está creciendo en el lugar más cruel de la tierra, rodeado de seda y veneno. No la he llevado en mi vientre, no he sentido sus patas, pero en el instante en que Peeta pronuncia esas palabras, un instinto visceral, salvaje y protector se apodera de mi pecho.

Empiezo a llorar. No son lágrimas de tristeza, es un llanto de furia pura. Sollozo contra el pecho de Peeta y él me rodea con sus brazos, acunándome.

-La amo - logro decir entre hipidos. Peeta, ya la amo y ni siquiera la he visto. ¿Cómo puede ser?

-Porque tienes un gran corazón y es nuestra - responde él, besando la coronilla de mi cabeza. Es lo único real que ha salido de esa pesadilla.

Me separo un poco, limpiando la cara con la manga de mi chaqueta. Mi mente de cazadora empieza a trazar aviones.

-¿Qué vamos a hacer? No podemos dejarla allí.

-En dos meses tengo que volver al Capitolio - dice Peeta con una frialdad que rara vez le veo. Usaré la excusa de los ajustes de mi prótesis de la pierna. Se contactó con alguien, un médico que no simpatiza con Snow. Verificaré si sigue con vida, si está bien. Y luego... luego encontraremos la forma de sacarla.

Lo miro y veo al hombre que sobrevivió a la arena no por su fuerza, sino por su voluntad.

-Iremos juntos -sentencia. Nadie toca a nuestra hija. Ni Snow, ni el Capitolio, ni el destino.

 (Perspectiva de Peeta)

El camino de regreso es diferente. Ya no somos dos extraños fingiendo; Somos dos padres con una misión. Pero al llegar a la linde del Distrito, nos espera un obstáculo que sabía que aparecería tarde o temprano: Gale.

Está apoyado contra un árbol, con su arco al hombro y una expresión de desprecio grabada en el rostro. Mira nuestras manos entrelazadas y luego me mira a mí con un asco mal disimulado.

-Vaya, la pareja trágica ha vuelto de su paseo -dice Gale, su voz goteando sarcasmo. ¿Ya terminaste de jugar a las casitas, Katniss? El panadero no pertenece a este lado de la valla.

Siento que Katniss se tensa a mi lado, pero antes de que yo pueda decir nada, ella da un paso al frente. Su postura es de combate.

-Cuidado, Gale - advierte ella. Si te atreves a tocarle un solo pelo a Peeta, te juro que te arrepentirás.

Gale suelta una carcajada seca, llena de amargura.

-¿Tú defendiéndolo a él? Por favor, Katniss. Es un chico que decora pasteles. No duraría ni un segundo si tuviera que enfrentarse a la realidad de la vida aquí fuera sin que tú le cuides las espaldas.

-Te equivocas tanto -responde Katniss, y su voz es tan fría que incluso a mí me da escalofríos. -Gale, ¿viste los fuegos? ¿Viste la pelea con Cato en la cornucopia? Peeta se contuvo. Todo el tiempo. No quise matarlo porque no es un asesino por naturaleza, pero tiene más fuerza en un brazo de la que tú nunca tendrás. Yo te he observado a ti, Gale, pero también le he prestado atención al chico del pan. Sé cuándo se contiene. Y sé que si quisiera, podría haber acabado con cualquiera en esa arena.

Gale se endereza, herido en su orgullo. Se acerca a ella, ignorándome por completo.

-Tienes que elegir, Katniss. Oh él, oh yo. El panadero que te da flores o el hombre que te ha ayudado a alimentar a tu familia durante años. No puedes tener ambos.

Katniss ni siquiera llegó.

-No hay nada que elegir, Gale. Porque nunca hubo una elección real. Nunca te vi de esa manera. Siempre fue Peeta, desde que tenía once años y me lanzó ese pan bajo la lluvia. Tú y yo... ni siquiera somos amigos de verdad, Gale. Solo somos compañeros de caza que compartían una necesidad. Él es mi vida.

Gale retrocede como si le hubieran dado un puñetazo físico. Se da la vuelta y se interna en la maleza sin decir una palabra más.

Esa noche, Katniss y yo nos quedamos en el porche de su casa. El silencio del Distrito 12 ya no se siente tan pesado. Tenemos un propósito. Tenemos un secreto que es más grande que la rebelión.

-¿Cómo dijiste que se llamaba?-pregunta ella, mirando hacia las estrellas que brillan sobre el Capitolio.

-Snow no le puso nombre, solo un número de serie - respondo con amargura. Pero yo he soñado con ella. En mis sueños, es una luz en medio de la vigilancia.

"Ataleya" dice ella, probando el nombre. Importante torre de vigilancia. O protección. Me gusta.

Nos quedamos allí, dos adolescentes marcados por la guerra, convertidos en padres por la crueldad de un dictador, jurando en silencio que el nombre de Ataleya no sería una cifra en un laboratorio, sino el comienzo de nuestra verdadera libertad.

El secreto sale a luz