Chapter Text
El cielo sobre Torre Nubosa estaba teñido de un gris enfermizo. Nubes densas giraban como si la propia magia del lugar hubiera sido desgarrada desde dentro. El viento silbaba entre las ruinas, levantando polvo y cenizas.
La torre... había caído.
—¡Bloom!... ¡BLOOM! —la voz de Stella temblaba, quebrándose entre la desesperación—. ¡Respóndeme, por favor!
Sus alas brillaban débilmente mientras sobrevolaba los escombros. Había belleza en su luz... pero ahora estaba opacada por el miedo.
Abajo, entre piedras fracturadas y restos de magia oscura, una chispa rojiza parpadeó.
—...Stella... —una voz débil.
En un instante, Stella descendió.
—¡Bloom! —cayó de rodillas a su lado, apartando rocas con las manos sin importarle el dolor—. ¡No vuelvas a hacerme esto!
Bloom respiraba con dificultad. Su energía apenas era un eco de lo que solía ser.
—Lo... logramos... —susurró—. Pero... algo salió mal...
Stella frunció el ceño.
—¿Más mal que esto? ¡Mira a tu alrededor!
Un silencio pesado cayó sobre ambas.
A unos metros, Faragonda observaba la escena. Su expresión no era de alivio... sino de profunda inquietud.
—Está viva —dijo finalmente, con voz firme, aunque cansada—. Pero esto... no ha terminado.
A su lado, Saladin cruzó los brazos, su capa agitada por el viento.
—Lo percibo también... —murmuró—. Esa magia... sigue aquí.
—No solo sigue —intervino Griffin, con la mirada fija al frente—... ha cambiado.
Un grupo se había reunido entre las ruinas:
Griselda, rígida y alerta;
Profesor Palladium, nervioso, sosteniendo un grimorio quemado;
y Profesor Codatorta, cubierto de polvo, aún listo para luchar.
En el centro... había algo.
Tres pequeñas cunas improvisadas, formadas con restos de magia.
Y dentro... bebés.
El aire se volvió frío.
—No puede ser... —susurró Palladium, retrocediendo—. Esto... esto va contra todas las leyes mágicas...
—Ellas lo lograron... —dijo Faragonda en voz baja—. Las Trix... crearon vida.
Un trueno retumbó en la distancia.
—¡No! —Stella, que había llegado cargando a Bloom, miraba con horror—. ¡Eso es imposible! ¡Ellas solo destruían!
—Eso creíamos... —respondió Saladin con gravedad—. Pero el deseo de poder... puede torcer cualquier límite.
Griselda apretó los dientes.
—Debemos eliminarlos. Ahora.
El silencio fue inmediato.
—¿Eliminar...? —repitió Bloom débilmente, intentando incorporarse—. Son... solo bebés...
—¡Son el legado de las Trix! —espetó Griselda—. ¡No sabemos qué son ni qué harán!
—No son culpables —intervino Palladium, aunque su voz temblaba—. No eligieron existir...
—Pero podrían destruirlo todo —respondió Codatorta con dureza.
La tensión creció. El aire parecía vibrar.
Entonces, Griffin avanzó.
Paso a paso.
Sus botas resonaban entre las piedras, como un juicio inevitable.
Se detuvo frente a las cunas.
Los bebés... estaban en silencio. Uno de ellos abrió los ojos. Un destello oscuro... pero no completamente maligno.
Griffin los observó largo rato.
—Yo... —comenzó, pero su voz se quebró por un segundo—... soy responsable.
Todos la miraron.
—Fui su maestra. —Su mirada se endureció—. Vi lo que eran... y no hice lo suficiente para detenerlas.
—Griffin... —murmuró Faragonda.
—No —la interrumpió—. Esta es mi carga.
Se giró lentamente hacia los demás.
—Estos niños vivirán.
Griselda dio un paso adelante.
—¡Eso es una locura!
—No —respondió Griffin con firmeza—. Es justicia.
Saladin la observó con atención.
—¿Estás segura de lo que estás proponiendo?
Griffin respiró hondo.
—Crecerán bajo mi cuidado. En Torre Nubosa. —miró a su alrededor, a las ruinas—. Reconstruiré este lugar si es necesario... piedra por piedra.
—¿Para criar... qué exactamente? —preguntó Codatorta.
Griffin bajó la mirada hacia los bebés.
—No lo sé.
Silencio.
—Pero no serán sus madres.
Bloom, aún débil, sonrió apenas.
—Todos merecen... elegir...
Stella la sostuvo con más fuerza.
—Esto se va a complicar... ¿verdad?
Faragonda cerró los ojos un instante.
—Sí... —dijo con suavidad—. Esto... apenas comienza.
Un relámpago iluminó el cielo.
Y por un segundo... las sombras parecieron moverse.
Griffin tomó en brazos a uno de los bebés.
—Su destino... no está escrito.
Lo miró fijamente.
—Y esta vez... nos aseguraremos de que así sea.
El viento sopló con más fuerza, como si el universo mismo dudara de esa decisión.
Porque, en el fondo...
la magia no olvida.
Y lo que nace de la oscuridad...
siempre guarda un eco de ella.
El viento aún soplaba entre las ruinas de Torre Nubosa. El silencio era pesado... como si el mundo mágico entero estuviera conteniendo la respiración.
Las miradas seguían fijas en los bebés.
Nadie hablaba.
Hasta que Faragonda avanzó lentamente.
—Griffin... —dijo con calma—. El camino que eliges... no será fácil.
Griffin no apartó la mirada del pequeño en sus brazos.
—Nunca lo ha sido.
Faragonda observó a los niños. Sus ojos reflejaban preocupación... pero también algo más profundo: esperanza.
Se inclinó ligeramente, acercándose a ellos.
Uno de los bebés se movió, extendiendo su pequeña mano... como si buscara algo en el aire.
Faragonda sonrió con una tristeza serena.
—La oscuridad puede ser su origen... —murmuró—, pero no tiene por qué ser su destino.
Griselda soltó un leve suspiro, aún tensa.
—Directora... eso es confiar demasiado.
Faragonda se enderezó.
—No. —Su voz se volvió firme, casi solemne—. Es creer en la magia como realmente es.
Se volvió hacia todos.
—La magia no es solo poder... ni luz... ni oscuridad. Es elección.
El viento se calmó por un instante.
Incluso el cielo pareció escuchar.
Faragonda miró nuevamente a los bebés y, con una voz más suave, casi como si les hablara directamente a ellos, dijo:
—Tal vez ahora estén rodeados de sombras...
—tal vez su camino esté lleno de dudas...
Hizo una breve pausa.
—Pero tarde o temprano... —sus ojos brillaron con una certeza inquebrantable—
—estos chicos encontrarán una luz que los guíe.
Un silencio profundo siguió a sus palabras.
Bloom, aún apoyada en Stella, levantó la mirada.
—Yo... quiero creer eso —susurró.
Stella apretó su mano.
—Entonces será verdad.
Griffin cerró los ojos por un instante, como aceptando un peso... y una promesa.
—Me aseguraré de que tengan esa oportunidad.
A lo lejos, un rayo de luz logró atravesar las nubes oscuras, iluminando brevemente las ruinas.
Como si el destino... ya hubiera comenzado a responder
