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Lo huele antes de verlo; la colonia cara que usa hace saltar una alarma en la cabeza de Teddy que activa automáticamente su instinto de lucha, aprieta con tanta fuerza el lápiz que marca de más los números que escribe en la hoja.
Él está acechando (como una serpiente que marcó a su presa y espera la oportunidad perfecta para saltar sobre ella e inyectarle su veneno), pasa distraídamente entre los pupitres, mirando de pasada a los alumnos que fingen que prestan atención a la pizarra, pero para Teddy está muy clara cuál es la verdadera intención del hombre.
A la tierna edad de 11 años, a Teddy Lupin ya le tiembla el ojo izquierdo por el estrés.
—Entonces, Teddy, ¿tu mamá vendrá a la reunión?
El profesor Riddle está parado en frente de su asiento sonriendo de la forma más falsa y empalagosa posible (por desgracia, Teddy ya sabe que las sonrisas del profesor son falsas la mayor parte del tiempo; sólo mamá podía hacer que ese corazón podrido sintiera algo parecido a la felicidad, aparentemente).
Incluso aunque abandonó su lugar favorito en frente de la clase, un sacrificio que tuvo que hacer desde que el diablo se interesó por su familia, el profesor Riddle comenzó a ir hasta el fondo del aula solo para acosarlo con preguntas sobre Harry.
Teddy trató de mantener su rostro lo más inexpresivo posible para que no se note su intenso odio antes de responderle.
—Me temo que no profesor. Hoy tenía mucho trabajo en el gimnasio. —Mentira, nunca le dijo a Harry que tendrán otra reunión de padres hoy, sino seguro hubiera pedido tiempo libre en el trabajo para asistir y eso no podía volver a pasar; la única forma en que Teddy permitiría que el profesor Riddle coqueteara con su mamá era sobre su cadáver.
Fuertes declaraciones para un niño, pero ante situaciones desesperadas se requieren medidas desesperadas y Teddy se prometió que el profesor Riddle no tocaría a Harry ni con un palo de tres metros.
La sonrisa del profesor decayó, su postura relajada pasó a estar en alerta y la amargura comenzó a desprenderse de él en oleadas. Todos los alumnos cercanos se quedaron paralizados ante el evidente cambio en el ambiente y evitaron mirar en su dirección a toda costa, concentrándose solo en copiar las notas de la pizarra en sus hojas.
—Ya veo —dijo el profesor tratando de no sonar decepcionado y fallando en el intento; Teddy se esforzó con todas sus fuerzas en contener la sonrisa victoriosa que amenaza con partirle la cara—. Es una lástima.
Y se dio la vuelta como un rayo, justo en el momento en que dos chicas de las filas de adelante, que no se habían enterado del cambio de humor en su profesor, se están riendo de algún chiste tonto.
—Bones, Parkinson, ¿les molestaría compartir con la clase lo que sea tan gracioso, así nos reímos todos?
Las dos chicas se congelaron en sus lugares, con la respiración contenida, y sus ojos abiertos como los de un cachorro que está siendo regañado y trata de manipularte para que olvides lo que había hecho. Por desgracia esas artimañas no funcionan con el frío corazón de Riddle, que compite con ser el lugar más frío del planeta junto con la Antártida.
—¿Ni una palabra? —dice el profesor fulminandolas con la mirada— Detención, no tendrán receso por perturbar la paz del aula. —Miró con severidad al resto del alumnado. —Terminen de copiar los ejercicios, rápido, porque tendrán que entregar las resoluciones al final de la clase; ahora irán con calificación.
Si fuera cualquier otro profesor, los alumnos hubieran gemido en unísono y estarían quejándose a más no poder por la injusticia de tener que entregar un trabajo sin previo aviso. Pero no era cualquier profesor y lo único que hicieron antes de volver a copiar fue fulminar con la mirada a Teddy por haber arruinado lo que hasta hace cinco minutos era un buen día para Tom Riddle.
A Teddy no podría importarle menos. No era su culpa que el profesor Riddle tuviera la capacidad de regulación emocional de una roca y se enojara ante la mínima decepción en su vida. Estaría de maravilla si un día de estos hiciera lo que toda persona debe hacer una vez en su vida, madurar, y dejará de desquitarse con sus alumnos por los problemas de su vida personal.
Tom Marvolo Riddle era una persona horrible y no se merecía a Harry; por esta razón, Teddy se aseguraría de que nunca tuviera una oportunidad con su mamá.
El calvario de Teddy comenzó dos meses después del inicio de clases.
El día de Halloween los padres de todos los alumnos de Hogwarts habían sido convocados a una reunión de último momento por un tema que preocupaba profundamente a las autoridades de la noble institución.
Se corrió el rumor de que los alumnos de último año estaban organizando una fiesta de disfraces a la salida de la escuela, a la cual estaban invitados todos los alumnos sin importar el año. Tal fiesta estaria llena de excesos que se ofrecierian a cualquiera sin importar la edad.
(¡Todo una gran mentira! Los alumnos de séptimo nunca desperdiciaron sus reservas de alcohol y marihuana en los niños, así que no invitaron a nadie a la fiesta.
Aunque era un gran misterio cómo la información de sus posesiones algo ilegales llegó a oídos del profesorado. Seguramente algún bocón de sexto se enojó por no ser invitado y corrió con el chisme como venganza.)
A Teddy no podría importarle menos el problema; los alumnos fueron bendecidos con la suerte de irse antes a casa cuando los padres, con la intención de evitar cualquier fiesta posterior, se los llevaron apenas terminaban sus reuniones. Teddy vio como sus compañeros se retiraron uno por uno mientras se quedaba sentado en su pupitre esperando a que mamá llegara.
Al final, solo quedó él en el aula. Harry nunca llegó.
El reloj que estaba encima de la pizarra resonaba en lo profundo del pecho de Teddy mientras los segundos pasaban. La pizarra seguía llena, con las anotaciones de la explicación del profesor Riddle de la hora anterior; él fue el que tuvo la tarea de encargarse de la reunión con los padres de primer año por ser el profesor a cargo del curso a la misma hora.
Pasado los dos minutos Teddy comenzó a preocuparse. ¿Y si le paso algo a Harry? El nunca se perdía una reunión del colegio, fuera a la hora que fuera, y menos se olvidaba de recogerlo. ¿Estaría bien? ¿Acaso esta vez no le dejaron irse del trabajo? ¿Avisó a alguien de su ausencia?
La manecilla del reloj marcó un minuto más y Teddy se levantó decidido a averiguar cualquier cosa sobre el paradero de su mamá. Se acercó al prefecto que quedó a cargo de los alumnos mientras el profesor no estaba y le preguntó dónde estaba el aula de la reunión. El prefecto muy amablemente se ofreció en acompañarlo para al fin poder librarse del último mocoso que lo retenía en su puesto.
Así fue como el 31 de octubre, Teddy Lupin vio el inicio de su peor pesadilla en primera fila.
Harry se encontraba en la puerta del aula asignada hablando efusivamente. Un ligero rubor adornaba sus mejillas y sus ojos verdes brillaban con aspecto sobrenatural por la luz del atardecer que entraba por las ventanas. Se pasó una mano por el cabello, siempre despeinado, para apartarse unos mechones que le caían sobre la cara y le sonrió dulcemente a su interlocutor: el profesor Riddle (¡¡¿quien le devolvió la sonrisa?!!).
Teddy casi se cae por tropezar con sus propios pies al ver a la imposible quimera tomar forma ante sus ojos.
Parpadeó perplejo una vez.
Luego dos.
Tres veces. Pero la escena surrealista seguía allí.
Tom Riddle estaba viendo a la mamá de Teddy como si fuera el ser más fascinante del universo y no un simple hombre que ni siquiera llegó a cambiarse la ropa del gimnasio, la cual le está marcando los músculos más de lo debido o al menos eso parecía por la acalorada mirada del profesor más odiado en Hogwarts
Y para mayor cortocircuito de la pobre mente de Teddy, el profesor Riddle comenzó a reír.
(¿Acaso eran las trompetas del apocalipsis lo que estaba sonando a lo lejos?)
Solo para asegurarse que lo que está viendo no es solo su imaginación, Teddy miró a su costado y vio al prefecto. Por su cara bien pudo haber tragado un limón, y por la repentina palidez de su tez parecía como si la muerte le estuviera respirando en la nuca, algo muy probable considerando las circunstancias, porque la única forma en que Tom Riddle sonriera tan abiertamente era probablemente por la repentina muerte de alguien a su alrededor.
—Qué carajos —susurró el prefecto, Teddy apostaría todo su dinero a que estaba a punto de persignarse para tratar de limpiar su alma de la impureza que acaba de ver.
De no ser que Harry lo crió muy bien portado, Teddy también estaría maldiciendo junto al chico; en su lugar, solo pudo asentir en su acuerdo por las apropiadas palabras para describir la situación.
Fue en ese momento cuando Harry decidió darse la vuelta y dejar de prestarle atención al profesor Riddle (quien por un instante parecía dispuesto a asesinar a quien quiera que le hubiera arrancado la atención que estaba recibiendo de su nueva fascinación).
—Teddy. —La sonrisa de mamá pareció ensancharse cuando lo vio.
Teddy trató de recomponer su cara con una sonrisa para que no se notara el trauma que claramente le quedaría, ninguna terapia podría arreglar su psique después, y comenzó a caminar el tramo que le faltaba para llegar a Harry.
—Hola m-Harry. —Miró al profesor Riddle de reojo, ¿debería saludarlo? Seguramente a mamá le molestaría que no saludara como es debido. —Profesor. —Su sonrisa flaqueó un poco, pareciendo más una mueca con muchos dientes.
—Señor Lupin —dijo Riddle con recato, aunque su voz se notaba algo tensa por el fastidio de verlo interrumpir—. ¿No debería estar esperando en el aula con los demás?
—Soy el último que queda señor. Le pedí al prefecto que me acompañara para preguntarle si Harry estaba aquí para poder irnos.
El prefecto saludó con una mano, su cuerpo apenas recuperándose del susto de su vida, esperaba la mínima señal para poder salir corriendo en cualquier momento.
Su mamá arrugó el rostro por preocupación.
—Lo siento Ted, no me di cuenta que pasó tanto tiempo.
El profesor Riddle frunció el ceño y miró su reloj.
—Solo han pasado cinco minu-
—¿Podemos irnos ya? —interrumpió Teddy, interponiéndose entre Riddle y Harry—. Tengo hambre. —Trato de parecer apenado cuando dijo esto para más dramatismo; en realidad no tenía hambre, solo quería que su mamá estuviera en algún lugar donde su profesor no lo pudiera alcanzar.
Quizás estaba exagerando, pero había algo en como su profesor miraba a Harry que le ponía los pelos de punta a Teddy, como si su mamá fuera una piedra preciosa que debía resguardarse en una bóveda de máxima seguridad de algún millonario snob para nunca mostrarlo al público, guardado tan secretamente en un lugar donde Teddy nunca podría acceder a su única familia. Algo inaceptable, nadie le quitaría a Harry nunca.
Así que siguió con su actitud de niño caprichoso hasta el final.
Harry sonrió mientras le despeinaba el pelo con dulzura.
—Iremos a nuestra cafetería favorita y te compraremos algo rico enseguida corazón. —Mamá alzó su vista hasta el profesor que le estaba quemando la nuca a Teddy con la mirada. —Fue una charla muy entretenida, pero debemos irnos. Lamento haberle robado tanto tiempo, profesor Riddle.
—No hay problema señor Potter —dijo Riddle una vez que dejó de intentar hacer desaparecer a Teddy por la pura fuerza de voluntad de su mirada.
—Oh, nada de señor, por favor, me hace sentir viejo, solo digame Harry.
—Harry. —El nombre fue dicho con una reverencia extraña, como si el profesor estuviera saboreando las simples sílabas en su lengua y le parecieron exquisitas. El asco recorrió a Teddy de una forma visceral, dejando la típica acidez en el estómago y la garganta que se tiene luego de vomitar. ¿Quién se creía que era este hombre para profanar de tal manera el nombre de su madre en su presencia? Menos mal que ninguno de los dos estaba mirándolo, sino verían la obvia cara de asco que Teddy no pudo llegar a controlar a tiempo. La sonrisa del profesor era depredadora mientras agarraba la mano que Harry le extendía para despedirse. —En ese caso, puedes decirme Tom —dijo mientras se llevaba a los labios el dorso de la mano ajena (¿Qué, ahora es un caballero medieval? ¿Viajaron al siglo XV acaso?)—. Fue un placer conocerte Harry. Espero volver a verte pronto.
Que siga soñando, pensó Teddy.
—Entonces, Tadeo
Teddy levantó la mirada y vio al profesor Riddle mirándolo. Trató de recordar si alguno de sus compañeros cercanos se llamaba Tadeo, pero su mente se quedó en blanco. El profesor seguía mirándolo fijamente, así que Teddy decidió arriesgarse y suponer que se refería a él.
—Soy Ted-
—¿Cuántos años tiene tu papá?
La charla del aula, que hasta el momento se había mantenido al mínimo por miedo a más ejercicios para resolver, cesó por completo; todos los alumnos se quedaron desconcertados al ver al profesor Riddle sonriéndole con encanto a Teddy mientras fingía que la pregunta era completamente normal.
A Teddy le tembló el ojo, habían pasado dos días desde que Riddle y Harry se vieron en la maldita reunión y había guardado la esperanza de que toda la situación de coqueteo entre su profesor y su mamá fuera simplemente un producto de su imaginación.
Claramente se equivocó y el encuentro había calado más profundo en el profesor Riddle de lo que creyó al principio.
¿Quedaría muy mal ignorar al hombre y seguir con su vida? Apenas conocía al profesor Riddle, pero por los rumores de los alumnos mayores era de público conocimiento que guardaba rencor contra los estudiantes que le caían especialmente mal. Teddy nunca se había llevado mal con ningún profesor; quizás no era el más inteligente de la clase pero era responsable y bien educado con los adultos así que todos siempre tuvieron una buena impresión de él. ¿Podría arriesgarse a enemistades con el profesor más temido de Hogwarts?
Suspiro profundamente, pidiendo paciencia al universo, antes de responder.
—Treinta y seis —dijo secamente y siguió escribiendo los ejercicios en su cuaderno tratando de transmitirle telepáticamente al profesor que la conversación había terminado y que podía volver al infierno, gracias.
Aparentemente Riddle era tan tonto que no comprendía las claras señales de despedida en una conversación o (lo más probable) no le importaba en absoluto el disgusto de Teddy porque de todas formas continuo preguntando.
—¿Entonces, te tuvo a los 25?
Teddy dejó de escribir y miró al profesor con la mirada más gélida que pudo darle. Si ya de por si estaba molestando a Teddy, tuvo que ir y terminar de arruinar cualquier pizca de buen humor que le quedara en el organismo al hacer la pregunta que más odia.
Porque Teddy odiaba cuando le recordaban que Harry no era ninguno de sus padres biológicos.
No te confundas, no se trata de que Teddy no quiera a Nymphadora Tonks y a Remus Lupin, los quiere como se puede querer a alguien que sacrificó su vida para que tú pudieras vivir; pero en el panorama general, si hoy aparecieran en su puerta sería probablemente como cuando un amigo de la familia que te vio por última vez cuando andabas en pañales saluda a tu madre en la calle y no tienes idea de quién es.
Varios miran a Teddy con lástima cuando menciona su estado de orfandad, pero la verdad es que a Teddy no podría importarle menos; él no es huérfano, tiene a Harry Potter como madre.
Aunque los adultos se esfuerzan en recordarle que Harry no es su figura paterna biológica una vez que se enteran de su falta de parentesco.
Si fuera cualquier otro día, Teddy simplemente ignorará a dicho adulto, desgraciadamente no es cualquier otro día.
Realmente a Teddy le encantaría ahorrarse cualquier comentario del profesor Riddle en este momento donde está a nada de clavarle el lápiz en el ojo; y aunque el resto de Hogwarts lo celebraría como un héroe por tal acto, no tiene muchas ganas de terminar en dirección para que llamen a Harry y tener que soportar que esos dos pasen un minuto juntos. (¿Qué? ¿Creías que Teddy no le clava el lápiz en el ojo solo por la posibilidad de un mísero castigo? Es hijo de Harry “No hace falta que me llames ‘señor’ profesor” Potter —entre otras cosas— ¿Qué esperabas?)
Pero tampoco podía quedarse callado e ignorar al hombre rencoroso.
—No es mi padre biológico —dice entre dientes—. Pero me adoptó cuando tenía dos; viví toda mi vida con él.
El típico comentario incómodo de “Ah, entonces no es tu padre” nunca llega.
Intrigado por la ausencia, Teddy por fin deja de mirar su cuaderno y se centra en el profesor Riddle. Se arrepiente inmediatamente de prestarle atención.
La mirada del profesor Riddle es aterradora, hay una intensidad anormal en ella, como si quisiera tragarse el conocimiento que Teddy acaba de darle hasta que sea parte intrínseca de él. Es realmente preocupante y te hace pensar que el hombre quizás (probablemente) no está del todo cuerdo.
(¿No podría alguien más cuerdo obsesionarse con su mamá?)
—Bastante joven —es lo único que dice el profesor mientras su mirada se vuelve más hambrienta si eso es siquiera posible—, no cualquiera toma esa decisión.
Teddy está gratamente sorprendido, de no ser por la mirada claramente desquiciada de Riddle que asusta, esto podría ser de las cosas más empáticas que le han dicho sobre su falta de parentesco con mamá.
Pero antes de que Teddy pueda subir a Tom Riddle en su top de personas no tan odiosas, el hombre abre la boca.
—¿Y está soltero?
Sacarle el ojo con el lápiz sigue siendo una opción tentadora.
Pero como eso probablemente es ilegal, prefiere romperle las esperanzas en pedacitos.
—No estoy seguro, está viéndose desde hace unos meses con un compañero del trabajo, aunque piensa que no me doy cuenta —no era del todo mentira, Cedric Diggori estaba tratando de invitar a Harry a salir desde hace unos meses después de todo, solo que Harry aun no había aceptado ninguna insinuación—. Pero por como reacciona cuando habla sobre él, estoy seguro que formalizarán la relación en cualquier momento.
Ojalá hubiera tenido una cámara para poder conservar el video del rostro de Tom Riddle transformándose en una mezcla extraña de ira y miedo ante la posibilidad de haber llegado tarde a Harry. Ver como todas las esperanzas del profesor eran destruidas con esas simples palabras fue lo más hermoso que Teddy pudo presenciar jamás.
Valió la pena lo tortuosas qué fueron las clases de matemáticas la semana siguiente. No importa que ahora todo el alumnado lo odie.
