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Un Dia Improvisado de Cumpleaños

Summary:

El cumpleaños de Subaru finalmente había llegado. Sin embargo, lo que debería haber sido un día especial no comenzó como él esperaba. Las vacaciones le habían arrebatado la oportunidad de verlo celebrar con sus amigos, dejándolo con la sensación de que algo faltaba… incluso en una fecha tan importante.

Aun así, se resignó a pasar un cumpleaños tranquilo en familia, o al menos, eso creyó. Porque, como siempre, las cosas rara vez salen como Natsuki Subaru las planea.

Entre visitas inesperadas, situaciones incómodas y un ambiente cada vez más caótico, lo que prometía ser un día normal terminará convirtiéndose en un cumpleaños mucho más ruidoso, impredecible… y memorable de lo que jamás imaginó.

- Los personajes no me pertenecen. Son propiedad del autor de Re Zero, Tappei.

Chapter 1

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

El sonido apagado de una notificación vibrando contra la madera del buró fue lo primero que rompió el silencio de aquella habitación.

Subaru Natsuki tardó unos segundos en reaccionar, aún atrapado entre el sueño y esa pesadez típica de despertar sin ninguna prisa real. Giró el rostro contra la almohada, entrecerrando los ojos, y dejó escapar un suspiro largo antes de estirar el brazo a ciegas en busca de su celular.

La pantalla iluminó tenuemente su cara cuando lo tomó. Una notificación de recordatorio de una de las aplicaciones que tenía instalada. Era una felicitación. Lo sabía antes siquiera de desbloquearlo.

—Ah... cierto... —murmuró con la voz aún ronca—. Hoy era...

Su cumpleaños.

No hubo una sonrisa inmediata. Más bien, su mirada se quedó fija en la pantalla unos segundos, como si esperara que la emoción llegara sola... pero no lo hizo. Afuera, la luz del día entraba con calma por la ventana, iluminando una habitación demasiado tranquila para lo que, en teoría, debía sentirse como un día especial.

Se dejó caer nuevamente sobre la cama, el celular descansando sobre su pecho. Era día de vacaciones. No había clases. No habría saludos en persona, ni empujones amistosos en los pasillos, ni bromas incómodas de último momento. Todo se reduciría a mensajes... stickers... audios que probablemente escucharía más tarde.

—Genial... —susurró, sin mucha convicción—. Justo hoy.

No es que no le importara. Al contrario. Precisamente por eso le molestaba un poco. Le habría gustado verlos. A todos. Incluso a los más ruidosos... y a los más molestos.

Se quedó unos segundos más mirando el techo, como si evaluara si valía la pena levantarse de inmediato o seguir ignorando el día un poco más.

—Ahora que lo pienso... normalmente mi viejo debería haber venido a aplastarme en la cama como muchas otras veces... ¿por qué no lo hizo?

Era demasiado bueno para ser verdad, y eso terminó por inquietarlo.

Lo que debería haberlo tranquilizado se fue transformando en una sensación incómoda, casi sospechosa, que lo llevó a mirar a su alrededor como si algo estuviera fuera de lugar. Pero un olor dulce, suave, empezó a colarse desde el pasillo.

Subaru frunció ligeramente el ceño, incorporándose con algo de pereza.

—...¿Eh?

Se pasó una mano por el cabello, aún desordenado, y finalmente se levantó de la cama. Caminó arrastrando un poco los pies, todavía medio dormido, guiándose más por el aroma que por cualquier otra cosa. La casa estaba en silencio... demasiado silencio.

Eso lo hizo dudar un segundo.

— ¿Hola...?

No hubo respuesta. Ni la voz entusiasta de su padre ni la calma suave de su madre. Nada.

Al llegar al comedor, apenas cruzó el umbral—

— ¡FELIZ CUMPLEAÑOS!

El estallido fue instantáneo.

Confeti voló por el aire en una explosión colorida que lo envolvió por completo, acompañado de un pequeño ruido seco de los poppers. Subaru se quedó completamente rígido en el sitio, con los ojos abiertos de par en par, el corazón dando un salto violento dentro del pecho.

— ¡¿QUÉ DEMONIOS—?!

Retrocedió medio paso por puro reflejo, tropezando ligeramente consigo mismo mientras intentaba procesar lo que acababa de pasar. Frente a él, sus padres estaban de pie, claramente satisfechos con la ejecución del ataque sorpresa. Sobre la mesa, un pastel decorado con cuidado ocupaba el centro, aún con las velas sin encender.

Subaru se llevó una mano al pecho, respirando hondo.

— ¡Casi me matan del susto! —se quejó, todavía alterado—. ¡¿Eso era necesario a estas horas?!

Su madre fue la primera en reaccionar, llevándose una mano a la boca mientras reía suavemente.

—Ay, no exageres. Apenas son las nueve.

— ¡Horas en las que uno tiene las defensas completamente bajas!

Su padre cruzó los brazos, observándolo con una sonrisa divertida.

—Si sobreviviste a eso, creo que puedes sobrevivir al resto del día.

Subaru lo miró con una mezcla de incredulidad y cansancio.

—Ese es exactamente el tipo de frase que un hijo no quiere escuchar después de casi sufrir un paro cardíaco... y más si fue una conspiración de sus padres.

—Pero míralo por el lado bueno —añadió su madre, acercándose un poco—. Funcionó. Estabas completamente despierto.

— ¡Sí, gracias, ahora mi alma también lo está!

Hubo un breve silencio... y luego ambos padres rieron sin contenerse.

Subaru dejó caer los hombros, resignado, mientras apartaba un poco de confeti que se había quedado atrapado en su cabello.

—En serio... algún día voy a devolverles esto.

—Lo esperamos con gusto —respondió su padre sin dudar—. Así sabremos que sigues siendo creativo.

Subaru soltó un suspiro, pero esta vez con un dejo de sonrisa que no logró ocultar del todo. Miró el pastel sobre la mesa, los detalles, el esfuerzo evidente detrás de algo que claramente habían preparado con tiempo.

—...Huele bien —admitió, más bajo.

—Porque lo es —dijo su madre con orgullo—. Estoy preparando una comida deliciosa para hoy.

Subaru desvió la mirada por un instante, rascándose la mejilla con un poco de torpeza.

—Bueno... supongo que eso compensa el intento de asesinato.

—"Intento de asesinato", dice —repitió su padre, divertido—. Qué dramático.

—Normalmente te diría algo... pero tengo demasiada hambre como para seguir discutiendo.

Subaru sentía que podría comer cualquier cosa que le pusieran en la mesa, incluso si fueran arvejas. Aunque claro, pensarlo era una cosa... hacerlo era otra, y no estaba especialmente dispuesto a comprobarlo.

Sin embargo, después del susto que le habían dado, no podía pensar en otra cosa más que en su apetito. Tenía tanta hambre que era capaz de ignorar cualquier lógica o preferencia por el momento.

La risa volvió a llenar el comedor con naturalidad. Subaru terminó por acercarse a la mesa, todavía sacudiéndose algunos restos de papel de colores, mientras observaba cómo su madre continuaba preparando la comida.

Subaru se quedó un momento observando el pastel, todavía con ese olor dulce flotando en el aire, como si su estómago hubiera despertado antes que el resto de su cuerpo. Se llevó una mano al abdomen, que ya empezaba a reaccionar con un leve gruñido de protesta.

—Entonces... —dijo, mirando de reojo a su madre—, ¿a qué hora estará el almuerzo?

Su madre no respondió de inmediato. Mantuvo esa sonrisa tranquila mientras terminaba de acomodar algunas cosas sobre la mesa, como si la pregunta no fuera tan simple como parecía.

—Hoy no habrá desayuno... ni almuerzo —respondió con total naturalidad.

El silencio que siguió fue inmediato, cayendo sobre Subaru como una ventisca helada que azotó su mente y lo hizo parpadear un par de veces.

—...¿Perdón?

—Quiero que tengas suficiente hambre para la comida de hoy —continuó ella, girándose finalmente hacia él—. Así podrás disfrutarlo todo como se debe.

Subaru la miró fijo durante unos segundos, procesando lentamente lo que acababa de escuchar. Después, su expresión se torció en una mezcla de incredulidad y queja.

—Eso no suena como un plan de cumpleaños... suena como una estrategia de tortura.

Su madre soltó una risa suave, claramente sin sentirse aludida.

—Exageras.

— ¡No exagero! ¡Estoy siendo víctima de privación alimenticia en mi propio cumpleaños!

Antes de que pudiera seguir, su padre intervino, carraspeando ligeramente mientras adoptaba una postura más recta, con una seriedad que parecía fuera de lugar en ese momento.

—Subaru.

El tono fue firme, casi solemne, dejando ver un aire de madurez en sus palabras.

Subaru giró la cabeza hacia él, aún con el ceño fruncido.

—A veces... —continuó su padre, cruzándose de brazos—. los hombres deben aprender a esperar las sorpresas de una mujer.

Hubo una pausa breve, como si estuviera construyendo algo importante.

—A soportar, e incluso resistir por ellas. Y por eso —remató— he decidido acompañarte en esta espera... como hombres.

El silencio volvió a caer... pero esta vez con un matiz distinto.

Subaru lo miró fijamente porque, detrás del tono firme y la postura segura... había algo más. Una pequeña grieta. Una leve tensión en la mirada. Una sonrisa contenida que no terminaba de ser natural.

Y entonces lo entendió.

—...Te obligaron, ¿verdad?

Su padre no respondió de inmediato.

—No sé de qué hablas.

—Te obligaron —repitió Subaru, señalándolo con el dedo—. No decidiste nada. Te arrastraron a esto igual que a mí.

Su padre desvió la mirada apenas un segundo... y eso fue suficiente para que Subaru lo entendiera todo. Su suposición era correcta.

—Oye, no es tan así—

— ¡Ni siquiera puedes sostener la mentira cinco segundos!

Su madre suspiró, llevándose una mano a la frente con una sonrisa resignada.

—En serio, ustedes dos...

Subaru volvió a mirar a su padre, cruzándose de brazos.

—Deberías decirle algo, ¿sabes? Plantarte. Defender tus derechos como padre de familia.

Su padre lo miró... y luego, lentamente, giró la cabeza hacia su esposa.

Hubo un breve intercambio de miradas. Subaru notó cómo su padre se tensaba apenas cuando sus ojos se cruzaron.

—...Creo que el plan de tu madre es excelente. —dijo finalmente, con total seriedad.

—Eres débil. —Subaru lo miró con absoluta decepción.

Su padre dejó escapar una pequeña risa nerviosa.

—Hay batallas que uno decide no pelear.

—Sí... supongo que tiene sentido. —Subaru suspiró, dejando caer los hombros.

Hizo una pausa, mirando ahora a su madre. Luego volvió a su padre con una expresión de total naturalidad y comprensión.

—Da miedo cuando se pone así.

—Mucho. —Su padre asintió con lentitud, completamente de acuerdo.

Subaru soltó un suspiro tan pesado que parecía arrastrar todo su cuerpo con él. Sin decir mucho más, se levantó de la mesa y empezó a caminar de regreso a su habitación con la clara intención de darse un baño y cambiarse.

Si iba a sobrevivir a esa absurda estrategia de ayuno forzado, al menos pensaba prepararse mentalmente... y, de paso, buscar una solución alternativa.

Una bastante simple.

Comprar algo.

Desde abajo, su madre le habló en voz alta, haciendo énfasis a sus palabras como si hubiera leído la mente de Subaru

—Mas vale que no comas nada, de verdad. —lo dijo con su tono dulce de siempre. Carismático y suave.

Pero Subaru lo sintió como una amenaza directa. Y, por supuesto, no tenía ninguna intención de desafiarla.

Entonces, pensó en comprar una barrita energética, quizá. Algo lo suficientemente pequeño como para no contar como "comida de verdad"... pero lo bastante útil como para mantenerlo con vida.


Un rato después, ya cambiado y con el cabello aún ligeramente húmedo, Subaru salió de una tienda de conveniencia cercana mientras terminaba de abrir una barrita energética.

Le dio una mordida casi de inmediato, como si su cuerpo no pudiera esperar ni un segundo más.

Pronto, una ligera sensación de energía comenzó a recorrer su cuerpo. No era suficiente para saciar su hambre, pero al menos le ayudaba a controlarla... aunque fuera un poco.

—Esto no cuenta... definitivamente esto no cuenta... —murmuró entre dientes, más para convencerse a sí mismo que a cualquier otra persona.

El aire de la mañana era agradable. Fresco, pero no frío. Caminó sin prisa por la acera, masticando lentamente mientras observaba el movimiento tranquilo de las calles.

Apenas era temprano... y aun así, el día ya se sentía un poco más animado de lo normal. Tal vez por la "sorpresa mortal" que sus padres le habían dado hacía apenas media hora.

—Supongo que no está tan mal...

Bajó la mirada un momento, sosteniendo la envoltura en su mano.

A pesar de todo, no podía negar algo: sus padres se habían esforzado. A su manera, claro... una bastante cuestionable, pero seguía siendo su forma. Y eso... le gustaba.

Incluso si no podía ver a sus amigos hoy, incluso si no había escuela... no era un mal cumpleaños.

— ¡Natsuki-san!

Una voz lo sacó de sus pensamientos de golpe.

Alzó la mirada, sorprendido, encontrándose de frente con dos figuras conocidas.

— ¡FELIZ CUMPLEAÑOS, JEFE!

Garfiel Tinsel fue el primero en acercarse, con su energía habitual, casi invadiendo su espacio personal mientras le daba una palmada fuerte en la espalda.

Detrás suyo estaba Otto Suwen, el cual levantó la mano con una sonrisa más calmada mientras caminaba. Siguió a Garfiel, el cual aun permanecía al lado de Subaru con una sonrisa al apoyarse contra él.

—Feliz cumpleaños, Natsuki-san.

Subaru los miró un segundo... y luego soltó:

—Ya no es tan feliz cumpleaños teniendo a Otto en frente.

— ¿¡Perdón!? —respondió Otto de inmediato, completamente alarmado—. ¿¡Eso qué se supone que significa!?

Subaru lo observó, masticando con tranquilidad, antes de encogerse ligeramente de hombros.

—Nada, nada... me corrijo. También estoy feliz de verlos a ambos.

— ¡Eso no arregla nada!

Garfiel soltó una carcajada, claramente divertido por la escena.

—Me encontré al hermano Otto en el camino —comentó, señalándolo con el pulgar—. Íbamos cada quien a lo suyo, pero pues... coincidimos.

— ¿Y tú qué haces por aquí? —añadió Otto, aún con el ceño fruncido—. Pensé que estarías en tu casa celebrando.

Subaru levantó ligeramente la barrita como respuesta.

—Estoy en una situación... complicada.

Ambos lo miraron, esperando una explicación un poco más clara.

—Digamos que me prohibieron desayunar y almorzar para que "disfrute más la comida".

Hubo un breve silencio. Otto y Garfiel se miraron entre sí.

—...Eso suena deprimente —dijeron al unísono.

— ¿Verdad?

— ¿Entonces qué? —continuó Garfiel—. ¿No hay problema si salimos un rato? Así matas el tiempo mientras esperas.

Subaru dudó apenas un segundo. La idea era tentadora. Muy tentadora. No hacía mucho desde la última vez que los tres se reunieron para pasarla bien, disfrutando de su juventud al máximo... incluso si eso terminaba en las miradas de desaprobación de Frederica, incapaz de controlarlos a los tres.

—Me gustaría... —admitió—, pero no quiero hacer esperar a mi madre. Siento que, si lo hago, en el peor de los casos... me quita el derecho de comer hoy. Y eso es algo con lo que no quiero arriesgarme.

—Eso suena igualito a mi hermana cuando la hago esperar para comer —dijo Garfiel, cruzándose de brazos.

Otto soltó un pequeño suspiro antes de hablar.

—Entonces hagamos algo mejor. Más tarde iremos a tu casa. Los dos.

— ¿Eh? —Subaru parpadeó.

—Para pasar tu cumpleaños contigo —continuó Otto—. Ya sospecho que todos deben estar ocupados como para felicitarte en persona... y sin escuela, menos aún.

Garfiel asintió con fuerza.

— ¡Exacto! No te vamos a dejar solo hoy, jefe. Si todos se olvidaron de tu cumpleaños o no pueden hacer tiempo para verte en persona, nosotros sí lo haremos.

Subaru los miró. Y, sin darse cuenta, su expresión cambió. Sus ojos se suavizaron, y una ligera humedad comenzó a formarse en ellos antes de que pudiera evitarlo.

—Ustedes... —murmuró, con una sonrisa que no lograba ocultar del todo— son unas increíbles personas...

Hizo una pausa breve, señalando a cada uno con la mirada mientras dejaba salir sus pensamientos con sinceridad.

—No esperaba ver algo de buen juicio de su parte. Otto, siendo tan inexperto en estas cosas... no esperaba un corazón tan bondadoso. Y tú, Garfiel... siempre sabes cómo levantarme el ánimo. No los merezco, chicos.

Garfiel y Otto sonrieron.

Subaru rió, dejando escapar finalmente la tensión que llevaba acumulando desde la mañana.

—En serio... gracias.

Sin decir más, los tres extendieron sus manos al centro casi por inercia. Un gesto simple, natural, y con una sincronía torpe pero genuina, las levantaron al mismo tiempo.

—¡Vamos!

La risa volvió a surgir entre ellos... pero apenas unos segundos después, Otto frunció el ceño, procesando algo que acababa de recordar, como un eco reciente.

—...Espera un momento.

Subaru y Garfiel lo miraron.

— ¿Acabas de insultarme otra vez hace un segundo?

El silencio duró apenas un instante.

—Sí.

— ¡¿POR QUÉ?!

La risa de ambos no tardó en estallar, mientras el día, poco a poco, empezaba a sentirse más como un cumpleaños de verdad.


Subaru regresó a su casa mientras se estiraba con pereza, dejando escapar un leve suspiro al cerrar la puerta detrás de él. El ambiente familiar y reconocible lo envolvió de inmediato, haciendo que su cuerpo se relajara poco a poco.

Apenas avanzó unos pasos, vio a su padre cruzando el pasillo con una caja de cartón entre las manos.

—Oh, ya volviste. —dijo con naturalidad, levantando su mano libre a modo de saludo.

—Sí, ya volví. —respondió Subaru, devolviéndole el gesto sin darle demasiada importancia.

Mientras cruzaba el pasillo, la voz de su madre no tardó en escucharse desde la cocina, extendiéndose por la casa como si resonara en cada rincón.

—Subaru, ¿no has comido nada, verdad?

La pregunta cayó como un golpe frío disfrazado bajo esa voz encantadora. Subaru se quedó quieto apenas un instante, pero reaccionó rápido, respondiendo con una naturalidad casi exagerada, como si su vida dependiera de ello.

— ¡Claro que no! —respondió de inmediato, reuniendo toda la seguridad que pudo—. No he comido nada.

La mentira fue clara. Demasiado clara. La barrita energética aún parecía pesar en su conciencia como evidencia del crimen. Pero, por suerte...

—Bien —respondió su madre con total normalidad desde la cocina—. Me alegra que me hayas escuchado.

Subaru soltó el aire lentamente al darse cuenta de que su madre le había creído. Sus hombros se relajaron, y apretó el puño con discreción, alzándolo apenas mientras susurraba "victoria" para sí mismo.

Se adentró más en la casa y cruzó la puerta abierta que conducía al comedor, solo para notar algo que llamó su atención. Su padre ahora estaba acomodando varias cosas en la sala: decoraciones simples... pero claramente pensadas para una celebración de cumpleaños.

Subaru se detuvo un momento, observando.

—Oye... —dijo, acercándose un poco—. ¿para qué es todo eso? Si solo es algo entre familia.

Su padre no dejó de hacer lo que estaba haciendo.

—Es el cumpleaños de mi hijo —respondió con total naturalidad—. Lo normal es que sea algo llamativo.

Subaru se sobresaltó apenas al escuchar eso.

— ¿Llamativo? —repitió, con una ligera tensión en la voz—. Oye, tampoco es para tanto... eso ya va más allá de lo llamativo. ¡¿Tanto te hubiera gustado que fuera una hija?!

Frunció el ceño, señalando directamente las decoraciones.

—Va, no es para tanto, Subaru —respondió su padre con calma mientras le sonreía con pequeño destello en su dentadura—. Además, si hubiera tenido una hija, créeme que sería el hombre más protector del mundo... Y estas cosas serían mucho más sobresalientes que cualquier cumpleaños ajeno.

A Subaru siempre le costaba manejar ese entusiasmo desmedido de su padre. No había razón para no creer en sus palabras, incluso si sonaban como una fantasía lejana... aunque eso no impedía que, si se lo propusiera, intentara darle una hermanita. Claro, eso ya dependería completamente de su madre.

Dándose cuenta de que la conversación se estaba desviando demasiado del punto, Subaru volvió a encararlo, esta vez con una expresión entre desaprobación y ligero pánico.

—Por favor, no quiero que sea tan llamativo... y menos cuando van a venir unos amigos.

Y con esas últimas palabras flotando en el aire, las manos de su padre se detuvieron.

Desde la cocina, su madre también dejó de cortar las verduras.

Cuando Subaru levantó la mirada, se encontró con ambos observándolo: su padre desde la sala y su madre desde la cocina. Los dos con una expresión cargada de desdén... y algo más.

Algo que Subaru reconoció demasiado bien.

—...¿Qué? —preguntó, con una leve incomodidad creciendo en su tono.

En cuanto Subaru notó que ambos lo miraban directamente, se dio cuenta de que había dicho más de lo que debía. Su cuerpo se tensó apenas un segundo, como si intentara encontrar una forma de corregirse o retractarse... pero ya era demasiado tarde.

Antes de que pudiera decir algo, sus padres comenzaron a acercarse.

—Subaru... —dijo su madre, inclinando ligeramente la cabeza—. ¿van a venir tus amigos?

Subaru parpadeó ante la extraña expresión de asombro de su madre, aunque no se viera tan reflejada en su relajada expresión.

—No deberían exagerar tanto —respondió, intentando sonar relajado—. Que unos amigos vengan de visita es lo más normal del mundo para alguien de mi edad que va en pleno camino de la juventud.

Su padre asintió lentamente con los brazos cruzados.

—Sí... eso es lo normal —hizo una breve pausa—. Pero en tu caso... es raro.

Subaru frunció el ceño de inmediato.

— ¿Perdón?

Su madre dio un paso más al frente, cruzándose de brazos. La mirada de ella, la cual estaba clavada en la de Subaru, mostró una expresión intranquila e insatisfecha.

—Es que siempre haces lo mismo —continuó con un tono calmado y sereno —. Nunca dejas que conozcamos a tus amigos.

—Y cuando estás con ellos —añadió su padre—, curiosamente nosotros nunca estamos presentes. Ni en tus actividades, ni en tus "aventuras estudiantiles", ni en absolutamente nada. Es como si nosotros no existiéramos.

Subaru los miró, completamente desconcertado ante las intranquilas declaraciones

—Eso suena... extrañamente conspiranoico —se cruzó de brazos, entrecerrando los ojos—. Y un poco aterrador, si soy honesto.

Su padre suspiró, manteniendo su tono sereno pero mucho más elevado.

—Mira, hijo... yo siempre he sido positivo contigo. Siempre he creído que puedes hacer buenos amigos.

Subaru lo miró detenidamente, escuchando cada palabra que su padre soltaba para él.

—Sabía que tenías lo necesario para lograrlo —hubo una pequeña pausa—. Pero, si te soy sincero... Nunca pensé que fueran reales.

El silencio que siguió fue breve... pero contundente. Su madre asintió, completamente de acuerdo con su esposo.

Subaru los miró en completo shock con una expresión llena de incredulidad y con los ojos entrecerrados.

—...Son unos horribles padres.

Su madre soltó una pequeña risa. Su padre, en cambio, se encogió ligeramente de hombros, como si no pudiera negar la conclusión que sus padres habían llegado sobre él y su relación social con sus compañeros de clase.

Subaru dejó escapar un suspiro pesado, llevándose una mano al rostro.

—En serio... no puedo creer que desconfíen tanto de mi vida social.

Negó con la cabeza, claramente cansado de la situación. Se resignó a seguir con el tema. Pensó que, posiblemente su energía llegaría a a niveles tan bajos que no tendría ni la más minima intención de mover un solo dedo para hacer alguna actividad.

Todo se lo llevaría la depresión... Bueno, aunque no de forma exagerada.

—Voy a cambiarme mejor antes de que lleguen. —dijo Subaru.

Se dio la vuelta, empezando a dirigirse hacia las escaleras, pero se detuvo un momento, mirando por encima del hombro a ambos padres que también lo miraron con atención.

—Y por favor... No vayan a hacer ni decir nada raro cuando lleguen mis amigos.

Hubo un breve silencio en el especio en el que los tres compartían, y luego, los dos sonrieron.

—Claro.

—Por supuesto.

Subaru entrecerró los ojos, claramente sin confiar en absoluto en su palabra, pero de todos modos les daría un gramo de credibilidad.

—...Eso no me tranquiliza nada. —aunque de todas formas, ese sentimiento inquietante no desaparecía.

Aun así, no dijo nada más. Simplemente se giró y comenzó a subir las escaleras, dejando atrás a sus padres, quienes aún compartían esa misma sonrisa sospechosa.

En cuanto ambos vieron a Subaru subir las escaleras y desaparecer en el segundo piso, el ambiente quedó en silencio por unos segundos. Luego, se miraron entre sí con una ligera duda, como si ambos estuvieran pensando exactamente lo mismo, pero sin saber por dónde empezar. La situación no era complicada... pero tampoco era algo que pasara todos los días.

—Tal vez... debería preparar más comida. —dijo Naoko finalmente, rompiendo el silencio mientras llevaba una mano a su mentón.

Su esposo alzó ligeramente las cejas, mirándola con curiosidad.

— ¿Más?

—Sí —continuó ella, girándose un poco hacia la cocina—. Si de verdad van a venir sus amigos, no sería correcto no tener suficiente para todos. Puede que me tome un poco más de tiempo... pero creo que valdrá la pena.

Kenichi la observó unos segundos, y una leve sonrisa —ligeramente triste— se dibujó en su rostro.

—E-Es una buena idea.

Ella se acercó un poco, inclinándose para darle un beso en la mejilla.

—Gracias por entenderlo —dijo con dulzura—. Me temo que tu y Subaru tendrán que esperar un poco más para comer. ¿No tienes problemas con eso, verdad?

—...C-Claro que no.

Trató de mantener una postura firme. Sin embargo, por dentro la situación era completamente distinta.

El hambre ya había empezado a pasar factura, y la idea de extender la espera lo golpeó como una tragedia silenciosa. Aun así, mantuvo la compostura, observando cómo su esposa regresaba a la cocina con determinación renovada.

Por su parte, él dejó escapar un suspiro apenas perceptible antes de dirigirse hacia el comedor, buscando algunas cosas más para la decoración.

No pasó mucho tiempo antes de que unos pequeños golpes en la puerta de entrada rompieran el pequeño silencio de la casa. Ambos se detuvieron casi al mismo tiempo, intercambiando una breve mirada antes de dirigir su atención hacia la entrada.

Kenichi fue quien avanzó primero, con su esposa observando desde la puerta que la llevaba a la cocina. Al abrir la puerta, ambos se quedaron inmóviles por un instante, con la mirada fija al frente.

La expresión en sus rostros cambió de inmediato, quedándose completamente en blanco, como si lo que tenían delante no encajara en lo absoluto con lo que esperaban ver.


Mientras tanto, Subaru terminó de cambiarse y se quedó frente al espejo, observándose con atención. El atuendo que había elegido no estaba nada mal; de hecho, le quedaba bastante bien para el día de hoy. Con una ligera sonrisa, colocó las manos en su cintura y se permitió apreciarse unos segundos más, claramente satisfecho con lo que veía.

—Nada mal... —murmuró para sí mismo, con un tono casi orgulloso.

Sin embargo, esa pequeña satisfacción no duró demasiado.

Tras unos segundos de contemplación, su expresión cambió de golpe. Frunció el ceño, pasando sus manos sobre su rostro mientras se llenaba de angustia.

—¡Idiota!

Soltó de repente, alzando la voz debajo de sus manos que aun cubrían su rostro. Al quitarlas, se miró de nuevo al espejo, con su rostro frustrado reflejado.

—¿Por qué elegí esto...? —dijo entre pequeños suspiros.

Miró su ropa otra vez, esta vez con evidente molestia. No era que se viera mal... el problema era otro. Era prácticamente lo mismo que usaba siempre en sus días libres: Usando el mismo chándal deportivo distintivo de color negro, blanco y naranja. Nada nuevo. Nada especial.

Simplemente dejando ver el mismo Natsuki Subaru de siempre.

—Se nota mucho el gran esfuerzo que hago... —murmuró con sarcasmo.

Se imaginó la escena casi al instante, donde Otto, con esa mirada suya, ajustándose las gafas mientras empezaba a sermonearlo sobre la importancia de la presentación hacía las visitas. Podía escucharlo claramente en su cabeza.

Subaru no pudo evitar chasquear la lengua ante ese incomodo momento que posiblemente se enfrentaría.

Luego pensó en Garfiel, y su expresión cambió un poco. Estaba seguro de que él diría que no hay problema. Ese chico siempre era tan "salvaje" como un felino que le gustaba la experiencia callejera por alguna extraña razón.

Se cruzó de brazos, mirando su reflejo con cierta duda.

—Probablemente diría algún cumplido para mi. Además, estoy seguro que presumirá algo como que puede pasar días sin bañarse o cambiarse de ropa...

Hizo una breve pausa mientras reacomodaba sus pensamientos.

—...Eso no ayuda en nada —llevó ambas manos a la cabeza, soltando un suspiro pesado—. Ya me veo regañado por algo que ni siquiera hice...

El pensamiento llegó casi por inercia.

Podía imaginar perfectamente la expresión seria y desaprobatoria de Frederica: Su mirada firme y esa forma directa de hablar que no dejaba espacio para excusas, aunque fueran sensatas y honestas.

Se llevó ambas manos a la cabeza, soltando un suspiro pesado.

Volvió a mirar su reflejo una vez más, esta vez con una mezcla de resignación y ligera incomodidad.

—...Bueno, ya qué.

No era como si tuviera tiempo de cambiar todo otra vez. Además, tampoco era tan grave, o al menos, eso quería creer.

Miró el mensaje de texto que había recibido de Otto y Garfiel una vez más. Ambos confirmaron su presencia en al menos una hora y media.

Dejo un poco abatido a Subaru por eso, pero tampoco no le importaba del todo, después de todo, la comida seguramente no estará disponible sino hasta un aproximado de dos horas, así que aun había tiempo para ellos dos.

Además, le daría algo de tiempo más para tener algo mejor que ponerse.

Justo cuando Subaru estaba a punto de cambiarse de nuevo, escuchó unos golpes en la puerta.

—Subaru...

La voz de su madre apenas terminó de oírse cuando, sin más, la puerta se abrió.

— ¡¿EH?!

Subaru se sobresaltó de inmediato, reaccionando casi por instinto. Se cubrió como si lo hubieran atrapado en una situación mucho más comprometida, aunque en realidad ya llevaba puesta su playera negra después de haberse quitado la sudadera.

— ¡¿Qué haces entrando así?! —reclamó, claramente alterado—. ¡¿No ves que me estoy cambiando?!

Naoko inclinó ligeramente la cabeza, sin parecer afectada en lo más mínimo. Observando a su hijo cubriéndose le pareció muy indiferente de tomarlo con seriedad.

—Pero... toqué la puerta.

— ¡Sí, tocaste! —respondió él de inmediato—. ¡Pero no preguntaste si podía entrar!

Frunció el ceño, todavía tenso por la sorpresa que se había llevado al ver a su madre entrando sin más a su cuarto. No era nada extraño que fuera poniéndose algo alterado mientras se cambiaba de ropa.

— ¡Entraste sin saber si estaba vestido o no!

Ella lo miró con calma, como si no entendiera del todo el problema. Seguía con su mirada serena e indiferente a esta situación.

— ¿Y estabas sin ropa?

— ¡Claro que no! —respondió Subaru casi al instante—. ¡¿Por qué haría eso?!

Naoko se encogió ligeramente de hombros.

—De todas formas, no me importaría. Ya te he visto desnudo varias veces... incluido el día en que naciste.

El silencio que siguió fue algo incomodo para Subaru. Se quedó completamente rígido, teniendo el rostro enrojeciéndose poco a poco.

—...Por favor, no digas eso —se llevó una mano a la cara, avergonzado—. ¿Qué quieres? ¿Por qué entraste?

Naoko parpadeó un momento, como si recién recordara algo importante.

—Ah, cierto —se llevó un dedo al mentón—. Deberías bajar. Tus amigos ya están aquí. Se supone que vinieron a verte, no a que te quedes admirándote en el espejo.

— ¡No estaba haciendo algo así!

En medio de corregir a su madre sobre la situación, se detuvo un segundo. Procesó lo que acababa de escuchar mientras fruncia el ceño. Notó que no cuadraba nada de lo que decía sobre de que llegaron sus amigos.

Otto y Garfiel le habían dicho claramente que vendrían más tarde. No tenía sentido que ya estuvieran aquí.

Sin perder tiempo, salió de la habitación casi de inmediato, volviéndose a poner la sudadera mientras avanzaba con rapidez por el pasillo. La curiosidad —y una ligera confusión— lo empujaban a bajar cuanto antes.

Apenas comenzó a descender las escaleras, escuchó risas provenientes de la sala.

Una la reconoció al instante. Era la de su padre. Logró oír otras dos tambien, las cuales logró reconocer. Una era masculina y otra femenina.

Subaru se detuvo un instante, frunciendo el ceño con más fuerza.

—...No puede ser.

Bajó el resto de las escaleras con rapidez y, al llegar a la puerta que lo llevaba a la sala, lo que vio lo dejó completamente atónito.

— ¿Eh...?

Ahí estaban.

Entre los presentes que estaban allí hablando, estaba Reinhard van Astrea, sentado y con esa presencia impecable de siempre, y Felt, con su actitud despreocupada, ambos junto a su padre como si nada fuera de lo común.

— ¡¿Reinhard?! ¡¿Felt?! —exclamó Subaru, sin poder ocultar su sorpresa.

Reinhard fue el primero en reaccionar e identificar a Subaru. Le dedicó una sonrisa tranquila, levantando ligeramente la mano.

—Oh. Hola Subaru. Feliz cumpleaños.

Desde su lado, Felt chasqueó la lengua, cruzándose de brazos mientras le sometía ante una mirada interrogatoria y amenazadora.

—Ya era hora de que bajaras, ¿no crees?

Subaru se quedó en su sitio, todavía procesando lo que tenía enfrente.

Definitivamente... no eran las personas que esperaba ver ahora y mucho menos en verles en el dia de hoy.
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Continuará…

 

Notes:

Esta es una "pequeña" historia que se me había cruzado por la cabeza en hacer tras saber que estaba muy cerca el cumpleaños de Subaru.

No solo por ellos sino también por el hecho de que la llegada de la temporada 4 me tiene muy emocionado y eso me dio inspiración.

Apenas voy teniendo el ritmo de hacer historias de Re Zero porque me llama la atención de hacer algunas al ser de mis series favoritas. Sin embargo, siento que un me falta para ser uno bueno.

En fin, el que hice antes fue una probada y después este, así que voy bien para darle variedad a mi cuenta.

Espero que les haya gustado mucho y esperen el siguiente que aún va terminándose para actualizar. Aun tengo otra mini historia de Re Zero que estoy haciendo y necesito terminar.

¡Nos leemos hasta la próxima!

¡Sayo!