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Language:
Español
Stats:
Published:
2026-04-02
Words:
1,779
Chapters:
1/1
Kudos:
5
Hits:
27

Dormir

Summary:

Las pesadillas, los remordimientos y recuerdos dolorosos siempre atormentan a Bo. Los sueños no son sueños, son pesadillas de las que despierta asustado y lamentando el simple hecho de estar vivo. A veces es tan amargo todo que siente que no existe escapatoria, es entonces cuando busca la única luz que ilumina su miserable vida. Una luz tan pura y brillante que lo hace olvidar todo entre sus brazos, incluso su miserable existencia.

Notes:

Algo cortito que se me ocurrió.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

No podía dormir.

Bo terminó abriendo nuevamente los ojos mientras arrugaba levemente sus cejas, sus ojos miraban el blanco techo. Debería ser madrugada, la oscuridad inundaba la habitación y solo la suave respiración de su acompañante rompía el silencio.

Giró su cuerpo hacia la izquierda con un movimiento suave para no mover mucho la cama. A su lado dormía plácidamente Luis, Bo no pudo evitar sonreír al ver su rostro bonito relajado. Él probablemente llevaba durmiendo desde hace varias horas, siempre había envidiado esa facilidad que tenía para conciliar el sueño.

Pocos traumas, poco insomnio, pensó.

Quiso estirar su mano y acariciar su rostro fino, pero se detuvo. También quiso acercarse a él para acurrucarse en su calidez. No lo hizo. Simplemente le subió un poco más la colcha para cubrir su hombro desnudo.

Cuando tenía esas noches de insomnio sus pensamientos eran incesantes, podía pensar en todo a la vez. Llenarse de autorreproches, reclamos y constantes remordimientos, pero también de preguntas que lo inquietaban. Muchas de ellas tenían como protagonista justamente el durmiente Luis que estaba a centímetros de él en la misma cama, con las mismas sábanas que se enredaban entre ambos y la misma colcha que los cubría.

¿Qué había visto Luis en él para permitirle terminar de esta forma? No lo entendía, Bo realmente no podía comprenderlo. Él era poca cosa y tenía una lista infinita de razones por las que debería ser abandonado, sin embargo, se encontraba allí, en esa mansión que no era suya, durmiendo en una cama con él.

Luis sí debía de ser retrasadito como decía Yados para haberse fijado en alguien como él. Y aunque pensara eso, también desde el fondo de su corazón agradecía tanto que esto que estaba viviendo no fuera un holograma o un sueño que desaparecería al despertar.

Es un niño mimado. Una parte de él también agradecía eso, Luis creció en un ambiente donde no tendría jamás noches de insomnio o pesadillas ¿Qué se sentiría haber crecido rodeado de comodidades y amor de un padre? Quizás por eso es tan bueno.

Aunque, Luis también tenía una parte que no era tan buena. No le molestaba, a decir verdad, le gustaba. Le encantaba todo de Luis. Era fascinante.

Bo suspiró cansado, quizás debería cerrar nuevamente los ojos y fingir dormir. En algún momento eso haría efecto.

Tal vez era culpa del estrés de los últimos días, de todos los pensamientos que lo aturdían producto del insomnio, de sus demonios personales o simplemente de los recuerdos del pasado donde siempre estaban su madre llorando y su padre violento golpeándolos, pero no pudo permanecer quieto. Sentía que se ahogaba al estar quieto en todo ese silencio y oscuridad.

Le estaba dando un ataque de ansiedad.

Maldijo por dentro mientras se volteaba hacia la derecha con delicadeza y se sentaba al borde de la cama. Tenía que hacer el menor movimiento y ruido para no despertar a Luis.

Si algo había aprendido de esos ataques que le quitaban la respiración era que existían dos métodos para calmarlos. El primero no era viable en esos momentos y lo hacía sentir asquerosamente dependiente, así que recurriría al segundo que sería fumar o drogarse. Tabaco, marihuana, cocaína, no importaba, cualquiera funcionaba. Pensaba salir de la habitación y fumar en el salón de la mansión o en el jardín junto a la extraña capilla que había montado el abuelo. De todos modos, no creía en ese dios, no podría enfadarse con él si era irrespetuoso.

Si estuviera en su habitación, fumaría en la misma cama. Pero no era el caso y aunque lo fuera, jamás fumaría o se drogaría con Luis durmiendo a un lado. Jamás. Ni siquiera se planteaba el fumar en el balcón. No. Tenía que dejarlo a él durmiendo tranquilamente y salir a su propia autodestrucción como llevaba haciendo desde que era muy pequeño.

Entrecerró sus ojos forzando a su vista para encontrar en el suelo alfombrado su ropa interior y sus pantalones. Se levantó también con suavidad, dio pasos de puntitas hacia donde los vio y comenzó a vestirse con ellos.

—Puta madre —maldijo cuando mientras se subía los pantalones su celular cayó desde su bolsillo hasta el suelo donde no había alfombra.

Luis se movió poco a poco en la cama y Bo comenzó a ver a todos lados buscando donde esconderse. Finalmente se agachó en cuclillas, se sintió totalmente estúpido por lo que estaba haciendo.

Desde su posición vio cómo Luis se había movido levemente hacia su derecha, luego un poco más y más, hasta que notó que había estirado su brazo izquierdo efusivamente palpando el lado vacío donde Bo debería estar. Fue recién cuando entreabrió sus ojos que estaban totalmente adormilados, que parecía percatarse que efectivamente él no estaba.

—¿Bo? —preguntó adormilado.

Bo no supo si debía de responder o no ¿Sería buena idea? Podría fingir que se había levantado para ir al baño o que quería ir por agua a la cocina. Incluso podría lanzarse a la cama y decir que solo se había levantado para ponerse la parte inferior del pijama porque le había hecho frío.

Eran miles las posibles excusas, pero su cerebro era lento cuando se trataba de mentirle a Luis y antes de poder esbozar algo, Luis ya se había sentado con pereza mientras parpadeaba varias veces en un intento de vencer el sueño. Alzó su mano derecha para masajearse la sien y un bostezo se le escapaba.

—¿Bo? —preguntó de nuevo. Y esta vez Bo percibió que lo estaba viendo en esa posición tan ridícula en la que se encontraba: Sentado de cuclillas escondiéndose de él.

Luis era una de las muchas personas con las que menos quería comportarse como un niño, y en ese momento se sintió totalmente como un mocoso que acababa de ser descubierto en una travesura. Patético, patético, patético.

Los bonitos ojos que eran verdes y azules a la vez se abrieron más y Bo sabía perfectamente que lo estaban viendo a él.

—¿Qué haces a estas horas allí? —preguntó enarcando una de sus cejas finas—. ¿Estás… vestido?

—¡No! Solo pantalones —Bo se levantó de un salto para que vea que solo tenía los pantalones, su torso seguía desnudo.

—Lo puedo ver, pero ¿Qué haces, chino? —volvió a preguntar alzando levemente el rostro para seguir mirándolo directamente a los ojos. Bo estaba seguro de que su ansiedad podía estar aumentando en ese momento al tener esos ojos bonitos interrogándolo.

Si no había podido mentir cuando estaba medio dormido, en estos momentos ya no era una opción válida para nada. Bo detestaba realmente no poder pensar con claridad cuando se trataba de Luis. “Gobernado” decía Yados. Pero Yados no siempre tenía razón.

—Iba salir a tomar aire —no era una mentira del todo, sí necesitaba salir a un espacio más grande para poder tranquilizarse y dejar de sentir que se asfixiaba. El tema de drogarse eran detalles que, si Luis no los pedía, no era mentirle.

Se sintió más interrogado por el silencio.

—… No puedo dormir —susurró desviando la vista. Bo odiaba hablar de sus problemas emocionales. Decirlos en voz alta era admitir que eran reales y eso implicaba tener que enfrentarlos. No quería.

Quizás fue eso lo que hizo que su acompañante se despertara del todo.

—¿Quieres salir a caminar? Te acompaño —Luis hizo ademán de levantar las sábanas para él también levantarse.

—No —Bo inmediatamente respondió caminado hacia él y deteniéndolo—. No es necesario, Luisito. Estoy bien. Solo… solo… —soltó su muñeca cuando se percató de que lo había detenido tomándolo con firmeza.

Se asustó y retrocedió un paso. No, nunca debía de tomar con fuerza a Luis, ni levantarle la mano. Nunca.

Bo no sería como su padre.

Probablemente fue algo en su expresión o simplemente la dulzura de Luis, que lo hizo estirar su mano en un intento de tomar las de Bo. Eso lo hizo retroceder de nuevo.

—Está bien. No me molesta acompañarte —sus ojos tan únicos seguían fijos en Bo y su mano ligeramente estirada, aun buscando ese contacto.

La opresión en su pecho, la sensación de que la habitación comenzaba a reducirse poco a poco, asfixiándolo, el sudor frío que humedecía las palmas de sus manos y esos pensamientos crueles inundaban su mente. Quería dar un paso hacia atrás, uno más y salir huyendo.

Pero me va a seguir, no quiero que me siga. No quiero que por mí salga al frío.

—Bo.

Luis no hizo ningún comentario más, se estiró lo suficiente y logró tomar su mano.

—Ven.

Como si fuera un animalito pequeño perdido y asustado, se dejó llevar. Bo terminó siendo llevado con suavidad hacia Luis que le hizo un espacio en la cama para obligarlo a que se recostara nuevamente, pero esta vez abrazándolo.

Bo se aferró a la calidez que Luis le regalaba como si la vida se le fuera en ello, se acurrucó contra su pecho mientras cerraba fuertemente los ojos y dejaba que el aroma del otro hombre lo inundara junto a su calor y al sonido de su corazón que lo arrullaba. Una de las manos de Luis estaba en el cabello de Bo acariciándolo suavemente, enredándose entre los mechones rosas y la otra en su espalda dándole también suaves caricias en su piel desnuda.

Estaba totalmente aferrado a él como si su vida dependiera de ello, a su cintura y no solo físicamente. Bo estaba aferrado a esa tranquilidad que le podía transmitir con solo estar a su lado, con palabras o con un contacto tan simple como un abrazo. Acurrucado como se encontraba, sintiéndose querido y a salvo, podía llegar a veces a creer que merecía esto.

Otras veces creía que estaba manchando a Luis.

Pero Bo también era egoísta. A pesar de que sentía que sus manos sucias mancillaban a Luis, seguía agarrado de él. Dejándose llevar por lo dulce que era, dejando que él se volviera un lugar seguro donde ni el peor ataque de pánico ni ansiedad podría derribarlo, era él donde acudía cuando necesitaba sentirse por primera vez en su vida, en paz.

Entre sus brazos ya no le dolía tanto el pecho, podía volverá a respirar sin dificultad y esa sensación de estar al borde de la muerte desaparecía totalmente. Odiaba y se sentía tan asqueado al ser consciente de todo ello ¿Cómo podía depender tanto Luis? ¿En qué momento había pasado esto?

El primer método para calmar su ansiedad tenía nombre y apellido.

—¿Mejor? —lo escuchó preguntarle con un tono suave.

Bo no quiso responder, si se le rompía la voz al hablar probablemente se pegaría un tiro. Quería seguir en esa burbuja durante todo el tiempo que fuera posible.

Luis no insistió.

Notes:

Me gustó como quedó, la verdad.