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En las costas de un reino lejano, se encontraba un barco, navegando lleno de un pesado cansancio, pues ya habían pasado meses desde que habían tocado suelo alguno y tanto su cuerpo como sus corazones deseaban gozar de sus nuevas riquezas en su tierra patria.
El capitán, que el barco comandaba miró a sus agotados compañeros, y con el corazón acongojado les dijo.
-"Compañeros, por favor no carescan ahora de fuerza en sus cuerpos y evitad el malestar en su corazón, que ahora por fin vamos a llegar a nuestro hogar para beber delicioso vino y comer un gran banquete mientras descansa nuestra mente alzando grandes libaciones a los dioses siempre presentes que nos miran desde arriba"-.
El hombre alzó la voz dándole ánimos a sus fieles seguidores, sin embargo, entre ellos se levantó uno de piel morena y rulos prominentes a reprocharle.
-"Mí señor Xeno, guiador de tu pueblo, hombre de mucho saber, ¿Cómo esperas que no seda a mi cansancio si hace meses no tocamos tierra? Tenemos la panza llena, mas estamos lejos de casa llenos de océano vacío y silencioso. ¿Cómo quieres que siga con fé si fueron los mismos dioses los que se pelearon metiéndonos en aquella lucha que no nos pertenecía llevándose a tantos de nosotros?"-
Los ojos negros de Xeno se llenaron de pesar al recordar como por culpa de una disputa entre los dioses la esposa de Senku, la joven bruja de blancos brazos, Gen Ishigami, se le fue arrebatada al rey del reino de la ciencia para ser entregada a los brazos del rey Ibara.
Aquello fue tan inesperado que ni siquiera los más inteligentes en ese reino lograron predecir lo que sucedería. Senku, el de ojos rojos como la sangre, lleno de furia al ver a su amada siendo alejada de su lado de una forma tan brusca y al verla en brazos de un hombre tan malévolo, sabiendo que ella sufriría, no dudó en usar sus contactos, pidió, ordenó e incluso le rogó a los demás reyes que lo ayuden, que les daría tesoros enormes si lo ayudaban a recuperar su tesoro más grande.
Xeno aún recordaba sus palabras mientras veía al rey más orgulloso arrodillarse frente a ellos con lágrimas secas en los ojos, en una reunión entre líderes.
-"Por favor, se los ruego, ayúdenme a recuperar a mi amada, nunca les e pedido nada ni e tomado más de lo que se me consede, solo pido una mano amiga en esta lucha, este hombre me a faltado al respecto a mí y a mí gente, me quitó lo que se me fue concedido después de mucho esfuerzo por tenerlo. Se los ruego a ustedes con los que siempre e contado y a quienes siempre e ayudado que hoy me den el placer de pelear a mí lado para poder hacer que la mujer que amo vuelva a casa sana y salva porque los dioses me han jugado una mala pasada, la vendieron a cambió de que ese maldito elija a una diosa como la más hermosa sin si quiera importarles que nos amemos ni que ya estuviéramos juntos en santo matrimonio"-.
El rey Ryusui, con un pueblo rico en peces y bellas sirenas rápidamente aceptó, dándole una mano a quién alguna vez inventó una máquina que los ayudó a mejorar su agricultura y ganadería.
-"Senku Ishigami, joven de mucho saber, hoy no esperes nada de mí que no sea apoyo, pues tu ayuda a mí gente siempre fue eficaz y sin esperar nada a cambio pese a que muchas veces se te fue ofrecido, te daré todo lo que necesites para salvar a tu mujer e iré a la batalla a tu lado para apoyar a quien alguna vez me salvó de la ruina"-.
Tsukasa, el rey del reino más fuerte, lleno de híbridos mitad hombres, mitad animales, hombre justo y de corazón amable habló con simpatía.
-"Senku Ishigami, rico en inteligencia y de corazón, por supuesto que ayudaré a quién alguna vez protegió a mí hermana cuando Mozu, el mismísimo nieto de Ibara fingió ser un siervo de mí esposa, Hyoga, e intentó asesinarme para arrebatar mí trono y tomar a mí mujer como suya. Por meses estuve cerca de la muerte pero tú me ayudaste sin malicia en tu alma mientras tu joven prometida consolaba a mí esposa y hermana hasta que mí salud mejore. Gracias a ti ahora puedo ver a mis hijos crecer junto a mí hermana, ya es hora de que Mozu y toda su familia paguen sus crímenes contra los reinos vecinos con oscura sangre"-
Senku, de ojos rojos como la sangre, miró a ambos con agradecimiento, tener a esos dos reyes era algo muy valioso, pues ambos eran amigos apreciados y fuertes líderes con ejércitos que hacían temblar la tierra.
Xeno, de canoso cabello, se quedó en silencio mientras veía a su aprendiz ahora honrar su título de rey con tanta gracia, pues su amable corazón ahora lo había llevado a conseguir aliados fuertes y confiables.
-"Senku Ishigami, de valiente corazón y madurez creciente, veo que has madurado mucho en estos años tras la partida de tu padre al reino de Hades, no dudes en que le daré una mano a quién considero como un hijo propio y con quien compartí mis logros por mucho tiempo. Ven, que seguro ya tienes un plan en esa cabeza tuya y por eso nos mandaste a llamar, seguro rescatar a tu esposa no es tu único objetivo, cuéntanos todo y así tendremos un plan forjado entre los más grandes que de seguro nos llevará a una victoria que nos hará leyenda entre las futuras generaciones"-.
Senku, de ojos rojos como la sangre, les habló con gran tranquilidad, pese a tener el alma partida en dos, una con ellos y la otra con su amada recordando una y otra vez esos momentos en donde se juraban amor eterno entre tiernos besos y dulces caricias.
Su mente iba una y otra vez al momento donde se le fue arrebatada de sus callosas manos por capricho de un ser divino que se creyó dueño de su destino.
Su maestro, Xeno, enseguida se dió cuenta de sus preocupaciones posando su mano en su hombro como forma de devolverlo a la realidad que los consumía en ese momento.
-"Tranquilo, mí querido estudiante, pronto podrás hacerla volver a tus brazos y podrás descansar de Ibara"-.
Le afirmó, intentando consolarlo desde lo más profundo de su corazón, puesto que su querido amigo sufría una pena muy grande que solo otro hombre que amaba a otra alma con profundidad podría entender.
-"Todos lo haremos"-.
La fuerte voz de Tsukasa, rey entre los bosques, resonó en la sala causando sonrisas sinceras en sus compañeros.
Senku, de ojos rojos, plasmó una gran sonrisa en su cara para luego mostrar una gran determinación en sus ojos volviendo a ver el mapa con orgullo de tener aliados tan leales.
Aquello le causó a Ceno un cálido sentimiento en el pecho, uno que no podría borrar ni quería eliminar, puesto que le hacía feliz ver al hijo de su fallecido amigo luchar contra la adversidad.
La lucha fue dura pero corta, Ibara, rey lleno de maldad, era un cobarde sin su gente. La batalla era de uno contra cuatro, con una victoria obvia por parte de la unión de los otros reinos.
Ver a aquel rey sombrío lleno de pánico al tener a Senku, de ojos rojos, frente a él fue sorprendentemente satisfactorio, pero más satisfactorio fue escuchar a Senku decir que tomaría a Ibara, rey de gran maldad, para torturarlo, ya que se había atrevido a tocar a la joven Gen, de blancos brazos, causándole daño y pena.
Senku, de ojos rojos como la sangre, abrazó a su esposa al encontrarla encerrada en un cuarto del castillo, la abrazó con tanto amor que a Xeno solo le hicieron recordar a quien lo esperaba en casa con los brazos abiertos y el corazón en las manos.
Tras la victoria se dividieron los bienes e hicieron libaciones a los dioses, Xeno, de canoso cabello, Ryusui, de dorados deseos y Tsukasa, de gran fuerza, tomaron riquezas, esclavos y joyas junto a un pacto que les permitiría tener puertos libres en el sector que ahora le pertenecería al reino de la ciencia.
Cada uno se fue contento con su premio bien merecido, Ryusui, de dorados deseos, planeaba hacer una gran fiesta en su castillo que duraría semanas.
Tsukasa, de gran fuerza, planeaba volver a casa para ver a su hermana y a su esposa, Hyoga, de afilada lengua, ya que la mujer estaba embarazada de otro niño luego de sus pequeños mellizos.
Aparte, se disculparía con la familia de los fallecidos dándoles tesoros para aliviar de cierta forma su pesar.
-Eres demasiado amable Tsukasa, yo invitaré a los familiares a hacer libaciones a los dioses para que puedan ayudarlos en su camino al Hades-
Río con orgullo Ryusui, de dorados deseos.
Tanto maestro como alumno sonrieron con cansancio.
Senku planeaba volver a sus tierras mientras dejaba Soyuz, puesto que él era el legítimo rey de esas tierras pero seguiría siendo controlado y guiado por el reino de Senku.
La mente del de ojos rojos como la sangre solo iba al descanso y a su ahora recuperada esposa, tal vez ahora tras un buen tiempo de recuperación podrían tener un hijo como tanto insistía Gen, de blancos brazos, ya que ella deseaba poder tener un niño de ambos entre sus brazos.
-"Muchas gracias, sin ayuda de ustedes no podría haber vuelto con mí querido Senku, ni podría estar sana y salva en mí hogar"-.
Dijo entre lágrimas Gen, de blancos brazos, ya en mejor estado, abrazando el brazo de su esposo.
-"No hay de que, por favor, vivan mucho con gran alegría"-
Tsukasa, de gran fuerza, los miró con sincera felicidad al ver a su amigo de la infancia con una mujer tan leal y amorosa.
-"Espero que esto haga que pronto nos presenten a un niño fuerte al que podamos tomar como sobrino"-.
Bromeó Ryusui, de dorados deseos, chasqueando los dedos causando un sonrojo en la pareja más joven.
-"Es suficiente Ryusui, acaban de volver a juntarse, déjalos tener un momento más de paz"-.
Dijo Xeno haciendo una reverencia como despedida, habían pasado unos días desde que volvieron al reino de Senku tomando sus premios por su triunfo y ya era hora de partido cada quien a sus tierras.
-"¿Qué harán con Ibara?"-.
Trás una sonrisa de parte de Tsukasa, todo se puso serio con aquella duda causando que Senku apriete a su esposa de la cintura contra él.
-"Está encerrado y siendo torturado por todo lo que hizo"-.
Después de una última charla, cada quien subió a su barco con sus sirvientes y premio, todos cansados pero orgullosos de haber ganado, antes de irse Gen les dió a cada quien un regalo y una profecía de su parte en donde decía que todos estarían llenos de dicha alentando sus corazones.
Xeno suspiró de nuevo, esta vez estaba lleno de alivio, pues ya veía su puerto con gente corriendo a varios lados al divisar el barco.
-"Mirad, mis queridos hermanos, ya casi llegamos, solo un poco más y volveremos con nuestras familias, unidos por siempre como el panal y la miel"-.
Lo último fue con un tono mucho más bajo para si mismo recordando las palabras de su amada esposa.
-"Ya llegaré Stanley, solo espérame un poco más, mí amor"-.
Todo estaba ya listo, a penas puso un pie en el puerto, lo sirvieron como es debido a un rey, pronto los esclavos y sirvientes llevaron sus riquezas al palacio con rapidez y eficiencia.
-"Bordy, mí leal amigo, ¿Cómo está todo desdé mí ida? Te dejé a ti como el cuidado de mí reino y esposa"-.
Sonrió con orgullo al ver a Brody, hombre fuerte y leal, recibirlo mientras iban al castillo.
-"No se preocupe mí señor, todo se encuentra donde debe estar, ahora mismo las ciervas preparan a su esposa para su llegada"-.
El moreno se enorgullecía de su papel en el reino, pasando de un esclavo a uno de los ciervos de más confianza de Xeno, hasta el punto de dejarle al cuidado de Stanley, la joya más preciada de aquel hombre que no confiaba fácilmente ni dejaba que muchos se acerquen a la mujer que amaba.
-"Que elegante, ya deseo verla"-.
Xeno suspiró con cansancio contando todo lo sucedido a Brody, dejándolo sorprendido por cada una de las noticias contadas por órden cronológico que su señor le contó
-"¿Y qué hay de Mozu y Kirisame, los nietos de Ibara?"-.
-"Kirisame se unió a nosotros tras ver la traición de Ibara y Moz fue asesinado por Tsukasa como venganza por su intento de haber secuestrado a Hyoga aquella vez, principalmente se unió a la guerra para recuperar el orgullo de su esposa"-.
Ambos adultos mantuvieron una conversación plena dentro del carruaje hasta llegar al castillo, su camino fue corto llegando con rapidez, los sirvientes enseguida se acercaron informándole que Stanley estaba vistiéndose ya siendo preparada para su llegada.
-"Dile que me espere en el cuarto"-.
Le ordenó Xeno a Charlotte, una de las dos damas de compañía y protectoras de su mujer, Charlotte, de mirada afilada, asintió alejándose de él siendo seguida por Maya, la otra dama de compañía.
Los esclavos le prepararon a su señor una tina llena de agua tibia para que pueda descansar tras su largo viaje.
Su cuerpo sintió un golpe intenso y luego un duro cansancio, ahora tenía nuevos premios, mas no le quitaba la sensación del pecho, la sensación de haber perdido casi dos años con su mujer, ahora solo debía verse presentable y se tomaría unos días de descanso antes de tomar su papel como rey de nuevo.
Tenía una última misión que completar, una misión como marido.
-"¿Dónde está?"-
Preguntó el de gran pompón a su sirvienta, Charlotte.
-"En la habitación matrimonial, tal como usted pidió"-.
Dijo sin mucha explicación, rápido y al punto, tal y como le gustaba a Xeno, odiaba que vayan por las ramas a puntos innecesarios.
-"Bien, dile a los sirvientes que lleven algo para comer y avísame cuando lo hayan puesto"-.
Le dió la espalda para continuar leyendo un papel que Brody le dió, no necesitó darse la vuelta para saber que Charlotte hizo una reverencia y se fue ya que el sonido de la puerta fue suficiente.
Por lo que leía Brody había comandado correctamente en su ausencia, no había una revuelta ni nada por el estilo y los papeles no parecían decir nada malo, su castillo estaba limpió, ordenado y ningún problema parecía haber.
Aún no quería darle la cara a Stanley, pese a que sabía que ella lo esperaba y anhelaba tanto como él a ella, se sentía intimidado por la sensación de un posible rechazo hundiéndose en el papel como distracción.
Tok tok.
La puerta resonó en un chirrido cuando una joven esclava habló con la cabeza gacha.
-"Señor, ella lo está esperando"-.
-*Bien, dile a todos que nadie nos moleste"-.
-"Como ordene"-.
Estaba temblando, sí, el gran Xeno Houston Wingfield estaba temblando, lleno de nervios, Stanley estaba del otro lado... Su Stanley, la mujer por la que daría la vida y su corona.
Tragó duro aceptando lo que le seguía, con las palmas jugándole un malvado juego de temblores, logró abrirse paso haciendo rechinar la puerta de fuerte madera teniendo que cerrar un poco los ojos ya que la luz lo golpeaba como viento de verano.
-"¿Xeno?"-.
Oh... Esa voz, la voz que añoraba hace tanto, aquella que lo mantuvo con una llama viva en la guerra, aquella que quedaba como un recuerdo fijo en su cabeza recordándole que debía seguir si quería volver a oírla.
-"Stanley..."-.
Suspiró viéndola, como si de una pintura se tratase, ¿Cómo no caer ante esos ojos miel que lo miraban con tanto amor y anhelo? Solo deseaba poder tirarse en sus brazos y pasar esas noches que no pudieron tener, contarle todo y oírla a ella también, sus días y sus noches.
Pero... Pero no podía, sus manos manchadas de sangre le causaban disgusto, se sentía sucio, indigno de ella, un ser impuro sin derecho de siquiera mirarla pasar por la lejanía.
¿Cómo no? Si aquellos cabellos dorados brillaban en la luz del medio día que golpeaba el balcón, ¿Cómo no sentirse indigno? Si ese vestido blanco y largo, con dos tiras que pasaban por sus blancos hombros y aquel cinturón dorado con el logo de su reino, la hacía parecer una de las ninfas más bellas de alguno de los templos sagrados.
Esa piel blanca con cicatrices viejas, esos labios color cereza, esa imponente estatura que le sacaba unos centímetros incluso a él, ese cuerpo que parecía el de una guerrera que ha sobrevivido a tanto...
Lo hacían sentir un simple ser que no merecía estar en su presencia, que debía ser prudente si no quería recibir alguna palabra que, cual estaca, apuñalara su corazón.
Tal y como la primera vez que se vieron, cuando eran inocentes niños y ella sin saber su nombre o posición social, lo salvó de ser devorado por un lobo, solo por el hecho de que era otro niño como ella.
-"¿De verdad eres tú? ¿Mis ruegos fueron escuchados?"-.
La voz quebrada lo hizo sentir más pequeño, como si hubiera roto algo de gran valor y estuviera por ser ejecutado en la plaza por su error.
-"¿De verdad eres tú? ¿O estoy soñando otra vez? Luces diferente, tus ojos cansados..."-.
-"Tu figura es más ligera... Tu sonrisa rota... ¿De verdad eres tú mí amor?"-.
El dolor le picaba la garganta, quería abrazarla, quería besarla, quería amarla de nuevo, pero tenía miedo...
Miedo de que si se acercaba tan repentinamente ella lo aleje, lo separe y diga que ya no quería verlo, había perdido peso, sí, pero no porque la guerra lo consumía, sino porque la preocupación de estar tan lejos le asustaba, ¿Acaso ella lo volvería a amar de nuevo?
La garganta le picaba, el cuerpo se le entumeció y apenas pudo cobrar fuerzas para hablar.
-"Yo... Yo soy el hombre que amaste, mírame por favor, no te alejes, mírame bien, soy yo, soy tu gentil y amado esposo, soy el hombre del que te enamoraste antes"-.
Sus ojos estaban llenándose de lágrimas en poco tiempo, ¿Cómo no llorar si a quien más amaba lo miraba con duda? Después de tanto tiempo seguía sin poder hacer lo que tanto deseó por años, todo solo le dejaba una amarga pregunta.
-"Stan...¿Volverías a amarme después de todo lo que hice? Las muertes que causé, lo mucho que me alejé, incluso con el tiempo que pasó y la distancia que nos rompió"-.
-"Sabés lo que en una guerra pasa y no es necesario explicar, con todas esas bajas, ¿Me amarás igual? Seguirás creyendo en mí hasta la muerte e incluso en el más allá?"-.
Su pecho se apretó al no verla responder y darle la espalda, cayendo de rodillas al no aguantar su peso, no le importaba, incluso si entraba algún ciervo y veía a su soberano de rodillas rogándole amor a una mujer, lo único que quería era tenerla.
-"Párate, si eso es verdad, ¿Puedes hacerme un favor? Solo un pequeño trabajo que me traerá algo de paz"-.
Su voz era fría como el hielo invernal, tan cortante como un cuchillo y tan seca como el desierto pero igual asintió sabiendo que ella no lo veía.
-"¿Ves ese lecho nupcial? ¿Podrías trasladarlo? Levántalo sobre tus hombros y llévatelo lejos de aquí"-.
-"¿Cómo podrías pedirme eso?-.
La voz del rey sonó tan fina como el hilo en el viento.
-"¿Cómo puedes pedirme que tire nuestra cama? El lugar donde pasamos tantos momentos cálidos y tranquilos? ¿Dónde te besé miles de veces? ¿Hecho con el árbol en el qué te conocí esa tarde de verano entre la reunión de nuestros pueblos?"-.
El llanto se hizo fuerte en él, se acercó a la cama cayendo de rodillas por cada sentimiento contenido, el dolor, la traición, el deseo de no haberse ido empezaba a carcomer su alma.
-"Si eso deseas... Si eso es lo que tu corazón quiere, lo haré. ¡Romperé esto por partes, quitaré madera por madera del suelo, tiraré las sábanas y quemaré todo hasta hacerlo cenizas... Sí así vuelves a amarme, haré lo que sea!"-.
Xeno, entre lágrimas grandes, se levantó bruscamente apretando su agarre entre la madera volviendo su mirada a su amada, sorprendido por lo que vió.
Sus ojos color miel estaban llenos de contenidas, sus mejillas coloradas apretando los puños a más no poder, conteniendo el aire en sus pulmones antes de soltarlos con un suspiro grande.
-"Solo mí esposo sabría todo, así que puedo asegurar con el corazón en la mano que mí amor eres tú... Cada recuerdo que lleva esto que para otros no sería más que un simple mueble, solo él le daría tanto valor..."-.
-"Stanley..."-.
Su nombre salió como un suspiro, como si por fin pudiera soltar cada una de las penas que se cargaba su corazón.
-"Te amo y te amaré una y otra vez, no me importa lo que pasé, tú eres mío, no digas que la guerra te cambió —dijo con una sonrisa tranquila.
-"Stan"-.
Susurró a duras penas.
—Mi amor... "Bienvenida de vuelta".
Le susurró la de pálidos brazos; sus labios se encontraron como si estuvieran hambrientos desde hace años; ninguno quería despegarse de ese momento, tanto tiempo de espera y por fin podían volver a sentir la carne ajena.
—Nunca me sentiría bienvenido ni en mi propio lecho si no fueras tú quien me diera la bienvenida.
Le aseguró el de ojos negros, agarrándola de la cintura por miedo de volverla a perder.
—Seguro tienes mucho que contar.
Sonrió la rubia con ternura en sus labios.
—Demasiado, pero solo deseo poder estar contigo un segundo más... Solo eso necesito para sentirme vivo: el recordarte cada día allá nunca se comparó con volver a tenerte conmigo".
Sus labios volvieron a chocar, cada beso más apasionado y largo que el anterior. Xeno sentó a su amada en la cama dándole suaves caricias.
Cada toque delicado como si aún existiera el miedo de que ella sea solo una ilusión y despertaría en cualquier momento envuelto en sangre y amigos caídos.
Las palabras amorosas salían como agua en un estanque hasta perderse en el mar de su amor y las horas parecieron simples segundos mientras volvían a sentir lo que por tanto tiempo extrañaron.
-"Dos..."-.
Susurró Stanley abrazando a su esposo, sintiendo las sábanas sobre su piel.
-"¿Dos?"-.
Xeno la miró confundida, abrazándola fuertemente, sin querer dormirse, aun queriendo tener más de esa cálida sensación entre sus dedos.
—Han pasado dos años desde que te fuiste y ahora por fin podemos estar juntos de nuevo.
Afirmó con una sonrisa tierna, besándole de nuevo como un corto toque de colibrí.
Xeno dio una larga risa dándole una y otra vez besos, causando risas entre ambos, entrelazando sus dedos.
—Te amo...
Afirmó orgulloso; por fin podía decir lo que tenía atascado desde que se fue aquel amanecer en el puerto.
—Y yo a ti, te amo demasiado.
Aseguró Stanley, porque ella también deseaba poder decirle lo que sentía desde el fondo de su corazón una y otra vez, sus dedos entrelazados sin querer volver a soltarse.
Ahora podrían volver a compartir momentos y caricias, historias y risas porque estaban juntos de nuevo y solo la fría muerte los separaría por un momento antes de volver a unirse en el Hades por toda la eternidad.
¿Fin?
