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purple wednesday

Summary:

Aldo acepta vestirse de morado para la nueva idea de actividad de Juan, pero intenta irse lejos para que nadie lo vea vestido así.

Lo que no sabe es que mientras hace una dungeon, hay alguien observando todos sus movimientos.

Notes:

se que voy un día tarde y ya no es miércoles pero aceptenme este oneshot cortito pls una disculpa si hay faltas o algo, hoy mi beta reader está tocando pasto y no la quiero molestar...

como siempre DISCLAIMER NO ES SOBRE LOS CCS ES SOBRE LOS CUBITOS!!!! si no pongo los q! es por estética okey...

por cierto, les dejo aquí una playlist que hice con mis amigos de los aldash, por si quieren escucharla mientras leen :33

https://open.spotify.com/playlist/6V7IGnECHVH9h0BzfT5Zw3?si=xVbYxecCQ66SPK-ND480VQ&pi=XJdciBscRDWsk

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

—¡Es una actividad de grupo! ¡Para sentirnos como una verdadera familia! — Chillaba Juan, persiguiendo a Aldo por los pasillos de la casa. — Aldo hazme el favorcito, ¿sí?

—Me niego a participar en tus pendejadas, ¿no te parece que ya somos suficiente familia escuchando cada cosa que pasa en la casa por estas putas paredes de papel?

Miércoles de morado. La nueva maravillosa idea de Juan para "unir" a la gente del Norte y ser aún más cercanos, como si hablar entre ellos a gritos por toda la mansión no fuera suficiente.

—¿Qué te cuesta, Aldo? Nada más te estoy pidiendo que te pongas una sudadera distinta por un día, es por Vegetta.

Juan llevaba su mejor carita de perrito triste posible, pero esta parecía no tener ningún efecto en el castaño, que le dio la espalda en un intento más de refugiarse en su habitación a escuchar Twice.

—Ya déjame, no me vas a convencer Juan, buenas noches — Cortó la conversación Aldo, cerrando la puerta de su habitación en toda la cara de Juan.

—…Buenas noches, Aldo — Se escuchó con un tono muy apenado a través de la puerta, seguido del sonido de pasos alejándose, lo que indicaba que Juan estaba de regreso en su oficina o cuarto y había decidido dejar en paz al general.

Aldo suspiró, dirigiéndose a su armario, no solo para sacar la ropa que usaba para dormir, si no también preparando una sudadera morada y una gorra también del mismo color para el día siguiente. Sí, Aldo podía haber mostrado total rechazo a la idea y realmente no le apetecía llevar algo que no fuera su sudadera roja habitual o su traje de Generalísimo, pero, para su desgracia, le tenía demasiado cariño a esa desastrosa familia que llamaban el Norte, y haría cualquier cosa por verlos felices, aunque comprometiera su seguridad muchas veces con sus excesos de confianza a la hora de entrar en conflictos.

Ya cambiado y sentado en su cama, observó de lejos el montón de ropa, el morado destacando entre el amarillo del oro de su cuarto, y su ojo sufrió una contracción nerviosa por un momento, maldiciendo en voz alta porque el color ya no le recordaba al que consideraba su padre adoptivo, Vegetta, si no que le recordaba a su mayor enemigo.

Del enojo, Aldo apagó las luces con tal de no ver más la sudadera e hizo todo lo posible por dormirse hasta la mañana siguiente.

 


 

Al haberse acostado tan temprano, en un intento de esquivar a Juan, había terminado siendo el primero en despertarse de la mansión, o al menos eso supuso debido al silencio que reinaba (lo cual no era para nada habitual si había al menos una sola persona en pie).

La mañana pasó rápida, Aldo tuvo poco tiempo de paz, el justo para vestirse y hacerse algo de desayunar en la sala común donde tenían hornillos e ingredientes comunes. Estaba dando el último bocado a su tostada cuando Juan, vestido también de morado, dio un grito de "Buenos días" que retumbó por toda la mansión. Aldo estaba seguro de que Roier, que ya llevaba casi dos semanas sin prácticamente salir de su cuarto por encontrarse enfermo, estaría a nada de agarrar su hacha y lanzarla a la cabeza de Juan por despertarlo.

La reacción de Juan al verlo vestido de morado no fue mucho más silenciosa que el anterior grito. El de bandana roja dio uno de los chillidos más agudos posibles de hacer por un hombre adulto y se puso a saltar detrás suya, apoyando ambas manos en los hombros del híbrido de mono, usándolo de soporte para sus saltos. Aldo no quiso tener ninguna reacción, intentando terminar su desayuno, pero no pudo evitar que las comisuras de sus labios se curvaran un poco hacia arriba, en una sonrisa medio escondida.

Al final, Juan solo había logrado convencer a Tina, que ya de normal vestía de morado así que no tuvo ninguna complicación, y a Alondra, la última adición a la mansión del Norte. Juan insistió en que se tomaran una foto, despertando (de nuevo) a un muy molesto Roier, como Aldo había previsto, para que la tomara, volviendo a su cuarto arrastrando sus pies en cuanto la foto estuvo bien a los ojos de Juan, murmurando insultos por lo bajo en su camino.

El plan de Aldo para ese día era simple, irse muy muy lejos, buscar alguna dungeon para tener la excusa de que iba a buscar recursos, y así lograr que nadie más le preguntara por su vestimenta. Vació lo que no necesitaba de sus múltiples mochilas, haciendo hueco para nuevos items, y cuando revisó tener suficiente comida y estar bien armado para el viaje, se despidió de la gente de la mansión y se teletransportó a un sitio que ya estaba bastante apartado. Aunque en la opinión de Aldo, no lo suficiente, por lo que siguió caminando todo recto, en busca de algo interesante que hacer.

 


 

Ash estaba tumbado en un sofá de su pequeña oficina del Régimen, mirando al techo y esperando que algo interesante ocurriera. El día estaba siendo muy aburrido, con Tubbo batallando con su dilema del tren en el cielo, y Haiper ayudándole o revisando la maquinaria, y la gente del Norte parecía muy ocupada con un evento de grupo que Juan estaba organizando como para ir a molestarlos (más específicamente, para ir a molestarlo a él, pero Ash no lo admitiria).

Finalmente, después de media hora de estar tumbado sin hacer nada, escuchó unos toques en su puerta, y acto seguido entró Haiper, con una cara de disgusto.

—Ash… ¿me haces un favor? — De ahí venía la expresión de molestia, del tener que pedirle un favor a su líder, suponía Ash.

Haiper se esforzaba mucho en hacer todo bien y no molestar, así que por una vez, a Ash no le importaba ser el que le ofreciera ayuda.

—¿Qué necesitas? — Preguntó Ash, incorporandose para hablar más cómodamente con su inferior.

—Me falta hierro para arreglar una de las máquinas. ¿Podrías ir tú? Tubbo esta muy ocupado con lo del tren como para ir él

"Al fin, una excusa para salir de aquí".

—Claro, déjamelo a mí. Traeré todo lo que pueda, en las dungeons dan demasiado — Ash se levantó del sofá, en dirección a los cofres donde solían guardar comida, en caso de que tuvieran que salir a encargarse de algo, como era el caso actual.

—Gracias jefe. Me voy a seguir trabajando, te aviso si algo ocurre — Se despidió rápidamente Haiper, volviendo a dedicar toda su atención a las máquinas.

Ash preparó los suministros justos y salió en búsqueda de una dungeon muy alejada, para evitar encontrarse con más isleños en busca de recursos. Podía estar aburrido, pero no le apetecía hablar o encontrarse con mucha gente el día de hoy, por lo que explorar a bastante distancia del spawn parecía la mejor opción.

 


 

La caminata no fue corta, pero eso era lo menos importante. Fue a partir de los diez mil bloques de distancia del spawn, que se permitió fijarse en las estructuras a su alrededor, en busca de una prometedora de los recursos necesarios en el Régimen, lo cual no fue muy difícil de encontrar.

Fue justo antes de entrar al edificio que sus ojos captaron un destello de… ¿morado? Y por puro instinto de supervivencia, se escondió entre unos árboles cercanos, su corazón bombeando fuertemente de la repentina adrenalina que ahora fluía por su cuerpo.

Y es que hace unos días, Ash tuvo el lujo de tener una muy interesante charla con Maximus. El español parecía haber estado anteriormente en una isla también controlada por la Federación, y le mostró unas cintas que, según las palabras del pelinegro, "solo mostraban una pizca de lo que la Federación era capaz de hacer".

Por ello y desde entonces, Ash había tenido especial cuidado con sus palabras y estaba mucho más pendiente a su alrededor. Puede que Maxo le hubiera contagiado su paranoia, y por eso la reacción tan asustadiza que le había causado el notar movimiento ajeno a una distancia tan lejana de su hogar. ¿Quién sabe que tipo de entidades habitaban en esa isla, afiliadas o no a la Federación?

Pasados unos minutos, Ash decidió moverse de su escondite, asomándose lentamente por una ventana que permitía observar el interior de la dungeon. Habían algunos esqueletos y más seres por el estilo, algunos cofres sin abrir y bastantes spawners, nada fuera de lo normal. Hasta que lo vio a él.

Aldo.

La relación de Aldo y Ash no era la más común, realmente. Su rivalidad no era de las sanas, de aquellas que representan un "reconozco tu poder y quiero derrotarte con tal de demostrar que yo también lo tengo". La suya era una rivalidad más "reconozco que tienes poder y nunca lo admitiré, así que mejor pelearé contigo constantemente, pensaré en maneras de complicarte la vida a diario y quisiera ser el único causante de tu sufrimiento por la forma en que me haces sentir acerca de ti".

Desde su primer encuentro, Ash estaba fascinado con Aldo. Por fin alguien interesante. Le irritaba como se creía superior pero le sorprendía como no se dejaba pisotear. Le parecía odioso como parecía un imán para los problemas, pero le encantaba como, aún en clara desventaja en la mayoría de veces, no daba un paso en falso y les plantaba cara.

Y si el mayor objetivo de Aldo era derrotarlo, ¿quién era Ash para impedir sus intentos? Aunque las tornas hubieran cambiado, y ahora la primera cosa en la que pensaba Ash cada vez que se levantaba por las mañanas era Aldo y en qué manera conseguiría intentar sacarlo de quicio hoy, o qué conflictos empezaría con tal de que tuvieran la oportunidad de pelear una vez más.

Desde la distancia, Ash se permitió observar los movimientos de Aldo. En las dungeon parecía pelear más cuidadosamente, en comparación a cuando peleaban entre ellos. A Ash le gustaba pensar que eso era porque tenía algún efecto en su cabeza, que su presencia no le dejaba pensar con claridad.

Aldo era una clara representación del caos, de la rabia, de la impulsividad.

Y Ash se veía a sí mismo como alguien tajante, calculador, calmado. O al menos eso aparentaba ser.

Pero aún con sus muchas diferencias había algo que tenían en común, que los hacía ser así con el otro.

Ambos estaban sedientos de poder, y habían decidido que la única manera de obtenerlo era bebiendo el uno del otro, eternamente condenados a orbitar alrededor del otro, a chocar y pelear constantemente, en busca de ese poder.

A Ash le gustaba pensar que eran propiedad el uno del otro, por ponerlo de alguna manera. Ambos pensaban que nadie más podía llegar a estar a su nivel, a excepción del contrario. El principal objetivo de cada uno era ser el único capaz de derrotar al otro.

Y honestamente, haber visto a Aldo hoy en esa dungeon, con esa sudadera morada, solo alimentaba aún más esos escasamente sanos pensamientos. Porque obviamente, hoy vestía ese color en honor a su líder, Vegetta, pero de igual manera, Ash también consideraba que el morado era su color. Y ver a Aldo, vistiendo totalmente de su color, causaba un torbellino de sentimientos dentro del líder del Régimen. Ash sentía que no podía quitar la mirada de encima suya, y en su mente solo se repetía una palabra, una y otra y otra vez.

"Mío"

Ash había perdido la cuenta del tiempo que había pasado observando al general, pero cuando vio que el castaño ya estaba recogiendo todas sus cosas y se disponía a abandonar la dungeon, decidió que había tenido suficiente entretenimiento por hoy, y rápidamente se teletransportó de regreso al Régimen. Ya conseguiría hierro en otro momento, había encontrado algo más interesante que hacer.

No fue hasta que estuvo en la seguridad de su base, que se permitió mandar un mensaje a cierto miembro del Norte.

 


 

La dungeon ya estaba totalmente limpia. Le había costado un poco estando solo, pero ese detalle nunca lo admitiría delante de Molly. Además, si estuviera con alguien más, no podría haber estado escuchando música mientras peleaba, motivándose con su playlist de K-Pop.

Estaba por salir de la estructura, escuchando SIGNAL de Twice, cuando su comunicador le notificó la llegada de un mensaje.

ashswag messaged you: you look cute in purple, my prince

Aldo miró a sus alrededores, pero no había rastro del líder del Régimen, por lo que se quedó quieto en la salida, extrañado por el mensaje.

—…¿Qué verga le pasa? — Se preguntó a sí mismo en voz alta, pero pronto reaccionando y siguiendo su camino hacia la siguiente dungeon que había marcado en su mapa.

También anotó mentalmente pasarse por el Régimen en la noche, a pedir explicaciones, pero esa parte de su exploración no se la diría a nadie del Norte.

Notes:

como m gusta q estén bien loquitos el uno por el otro, obsesionados a su manera jsjsjjd

ESPERO LES GUSTEEE ya ando escribiendo más cositas y hasta d otros ships, el qsmp2 me devolvió las ganas de escribir🙏🏼

x cierto, a todos los q dejaron comentarios lindos en los otros one shots muchas gracias los amo😭💗