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Tim siempre estuvo al tanto que no era el miembro de su familia más hábil, ni el mejor combatiendo, ni si quiera la más carismático, aunque el negara rotundamente ese aspecto. Pero siempre conto con que era indispensable por su habilidad con la investigación, su familia lo necesitaba, tenían que necesitarlo.
Eso fue al menos hasta que lo incapacitaron, solo era un pie torcido (ignorando las heridas de bala que se negaba a traer de vuelta a su memoria) estaba prácticamente curado y solo llevaba la mitad de su tiempo fuera, tres semanas, ¿Qué podrían ser tres semanas en una ciudad tan dañada como Gotham? No es como si fueran a resolver todo el crimen sin él. Pero entonces ¿Por qué todos parecían estar tan tranquilos con él en el banquillo?
"Sabes que solo estamos tranquilos de al fin verte tomar un respiro. ¿Verdad?" Tim se sobresaltó, olvidaba que no estaba solo, no al menos en ese momento, no antes de una noche de patrullaje. Resolvió sonreírle a Dick, mientras este lo miraba con un ceño fruncido reflejando una ligera diversión en su semblante. Esto logro sacarle una pequeña risa.
"Si si, lo sé, vete ya".
Ya se había vuelto rutina, ellos saldrían, Tim encontraría algún caso con el que distraerse hasta que regresaran y lo molestaran hasta que se hartara y se retirara a su habitación a terminar la investigación o sobrepasaría hasta caer dormido. Eso si no salía al balcón a ver las estrellas y esperar que la luna se remplazara por el sol.
Todos se retiraron, despidiéndose de Tim, mientras se reunían en grupos para el patrullaje de la noche. En la soledad de la baticueva con solo sus pensamientos de fondo, el seguir viendo casos de personas desaparecidas simplemente se había vuelto demasiado.
Mientras desviaba sus pensamientos entre casos, caía en esa espiral de nuevo aquella la cual recientemente se había vuelto muy difícil salir, necesitaba salir de la baticueva antes de llegar a los pensamientos que sabia no querría darle vuelta, de nuevo.
Subió cansado a la mansión mientras el tren de pensamiento seguía yendo a ese lugar que el mismo sabía que no quería pasar. Se dirigió a la terraza que se encontraba en uno de los pisos superiores, usualmente tenía más cuidado, pero no se preocuparía, no ahora, cuando sabía que los únicos en la mansión eran él y Alfred, que sabia se había quedado en la baticueva.
Se acerco al borde justo al lado de una maseta, se inclinó para moverla así retirando el ladrillo que había descubierto hace unos días estaba suelto, saco la cajetilla y encendedor comprados antes de que su tiempo en el banco empezara en una tienda con otro adolescente al cual no le pagaron lo suficiente como para importarle la restricción de edad de sus productos.
Sabía que no debía hacerlo, no era estúpido, lo supo cuando los compro y lo recordó de nuevo cuando encendió un cigarro por primera vez. Se lo habían dicho, sus padres cuando era joven, aún más joven que ahora, que pensarían de él si lo pudieran ver. No importaba, al final todo era inútil cuando daba la primera calada, nunca se sentía más suave, pensó que para este punto no sentiría ese ardor en sus pulmones, pero solía equivocarse más veces de las que quisiera admitir.
Mantuvo el humo en su boca y respiro, manteniéndolo un tiempo en sí, mientras se cuestionaba lo tonto que se vería a los ojos de su familia, con la cual él sabía que podía hablar, nunca entenderá eso, las náuseas que le causa admitir un momento de debilidad, la duda que siempre tiene de si mismo es manejable hasta que la idea de externarla cursa en su mente y le revuelve el estómago.
Exhalo el humo, sacándolo de su sistema, así como la preocupación de externar lo que ocurría en su cabeza, estaba bien, no era la primera vez y lo había manejado bien hasta ese momento. El podía manejarlo solo, siempre podía.
Sería útil, no dejaría que pensaran otra cosa. La noche se sentía tranquila, silenciosa, la luna siendo su única compañía, la única testado de el torbellino de pensamiento que ocultaba tras su semblante relajado.
Seguía frunciendo el ceño, sí que era estúpido, como se fue a lastimar en patrullaje, más aún como dejó que lo dejaran fuera de combate tanto tiempo, no le hacía bien, demasiado tiempo para pensar.
Volvió a aspirar del cigarro ¿Le faltaba entrenar más?, no, había estado distraído, fue un descuido honesto, ¿Cómo no se dio cuenta que empezó a pensar a la vez que combatía? fue descuidado, tenía varios casos encima esa semana y llego a un punto que interrumpió su línea de pensamiento cuando no debería.
Soltó el humo y volvió a suspirar, como es que seguía cometiendo esos errores, no era propio de él, tenía que poder hacerlo todo, si ya no podía seguir su propio ritmo, en lo que mejor era bueno, entonces, ¿Que podía ofrecerle a su equipo? Solo un peso extra que cargar.
Sabía que podía apoyarse en su familia, lo sabía, pero ¿Por cuánto tiempo? Se cansarían, él sabía que pasaría, en el momento en el que alguien no es eficiente o tan siquiera útil es lógico que representa un gravamen.
Solo tenía que seguir, continuar hasta que ese sentimiento de poder ser desechable se deshiciera en su pecho, deseaba que lo hiciera, no podría sostener esa carga por mucho más tiempo, conocía sus límites, tanto físicos como mentales.
La noche continúo siendo inquietantemente tranquila, pasaba los minutos mientras él se encargaba de seguir terminando la cajetilla que se mantenía en el barandal como un recordatorio de lo que estaba haciendo. Sabía que después vendría la culpa, pero en ese momento la bruma mental le daba un poco de tranquilidad a su mente tormentosa.
Seguiría con su trabajo, después de todo eso era lo que sabía hacer, aún con la carga en su pecho y las dudas, seguiría. Y si necesitara un respiro acompañado del humo abrumante de la noche, esperaba que fuera un momento de soledad, sin seños fruncidos preocupados o miradas consternadas, aún si el sabia lo mucho que necesitara esos ojos en él.
