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Si buscas indecisión en el diccionario, aparecerá una foto de Shanks. El pelirrojo no podía hacer algo por más de un par de semanas sin aburrirse. De niño cambiaba su película favorita todo el tiempo, Roger tenía problemas porque siempre quería juguetes distintos o cambiar la decoración de su habitación. Un día podía jurar que amaba el helado de chocolate por sobre cualquier cosa y negarse a probar cualquier otro sabor, y al siguiente decir que siempre había amado el helado de limón y que era mejor que el de chocolate.
A veces se tomaba la escuela en serio y se enorgullecía de sus notas, para unos meses después faltar a clases diciendo que no era importante. Roger nunca le dejó tener una mascota porque seguramente, si pedía un perro, al mes estaría pidiendo un gato en su lugar. Cambiaba su forma de vestir cada semana. Y de no ser porque Rayleigh seguramente lo mataría, habría tratado de pintarse el pelo de negro a los diez años.
Incluso con las personas no podía ser constante. Cada día pasaba el descanso con un grupo distinto. En secundaría salía con una chica por una semana para luego terminarle y a los dos días cuadrarse con un chico. En resumidas cuentas, se podría decir que a Shanks le gustaba experimentar. Pero había una sola cosa con la que no había cambiado de opinión ni aunque creciera. El baloncesto.
Shanks siempre fue un atleta sobresaliente. Comenzó a entrenar baloncesto cuando era pequeño y su talento fue evidente desde el primer día. Fue una de las principales razones por las que su equipo ganó cada juego. Y cuando entró a la secundaria, no tuvo problemas para entrar a una escuela privada que se centraba en el deporte y que tenía un buen entrenador que lograba sacar lo mejor de él.
El baloncesto era lo único estable en su vida y lo que le daba un respiro a sus padres. Hasta que un día simplemente cambió de parecer.
– Quiero dejar el baloncesto. – Les dijo casualmente a sus padres una noche cualquiera mientras cenaban.
Roger casi se atraganta al escucharlo.
– ¿Por qué? – Rayleigh le preguntó con paciencia.
– Ahora quiero intentar con la natación.
– ¡No puedes seguir cambiando de parecer con todo así como así! – Roger comenzó a molestarse.
Rayleigh le dio una mirada a Roger para que se calle y luego miró con seriedad a Shanks. – Si quieres dejar el baloncesto, está bien. – Shanks lo miró contento, pero siguió hablando antes de que el menor pudiera ilusionarse. – Pero empezar un nuevo deporte a estas alturas significa que lo harás como hobby y no como profesión, por lo tanto ya no tendría sentido que sigas en la escuela en la que estás. Si dejas el baloncesto, te pasaremos a una escuela normal donde te centrarás en tus estudios y eventualmente irás a la universidad, puedes hacer natación o cualquier otra cosa que se te ocurra los fines de semana.
Shanks lo miró desilusionado. – Pero…
– Esas son mis condiciones. Tú decides si aceptar o no. Piénsalo.
Le molestaron las condiciones de Rayleigh. Siempre le habían dejado cambiar de opinión sin problema ¿Por qué tenían que impedírselo justo ahora? A pesar de su molestia no siguió con el tema, sabía que no era buena idea pelear batallas que no podría ganar, y las posibilidades de ganarle a Rayleigh siempre habían sido nulas.
Al día siguiente en la escuela se acercó como siempre a la razón de que quisiera dedicarse a la natación, con la esperanza de ese día por fin ser capaz de entablar una conversación.
– Hey, Buggy. – Trató acercándose amablemente, pero recibió la misma mirada indiferente de siempre.
– Te dije que no me hables. – Fue todo lo que dijo el contrario antes de seguir derecho sin prestarle la más mínima atención.
Pero Shanks no se centró en su frialdad, estaba distraído mirando con fascinación cómo su largo cabello azul se movía mientras caminaba. Era hermoso. Buggy era hermoso.
En realidad no quería dejar el baloncesto. Le gustaba demasiado y podía visualizarse en un futuro donde se dedicaba a eso. Pero su gusto por Buggy era más grande. Buggy era un chico precioso de otra clase, pero de su mismo grado, que era la estrella de la natación, no solo de su escuela, sino de la prefectura entera. Era lindo, gracioso y relativamente popular, y Shanks estaba encantado con él. Le gustaba como nunca le había gustado alguien antes y quería con todo su ser salir con él, pero no importaba cuántas veces lo intentara, Buggy no le prestaba atención.
Pensó que si empezaba a hacer el mismo deporte que él tendría una oportunidad, pero dejar la escuela significaba dejar de verlo y no estaba dispuesto a hacer eso, así que se rindió con su plan.
Decidió volver a tratar de hablarle todos los días, tal vez si era lo suficientemente persistente Buggy algún día le daría una oportunidad. Le tomó mucho, mucho tiempo, pero para cuando entraron a su último año de secundaria ya había logrado tener unas cuantas conversaciones con Buggy y una vez incluso lo dejó acompañarlos a él y a sus amigos a ver una película después de clases.
Estaba contento con los logros que estaba consiguiendo, pero seguía sin ser suficiente para él.
– ¿Qué tengo que hacer para que aceptes estar conmigo?
– Tienes que ser tan genial como yo. No voy a salir con un perdedor.
Shanks meditó sus palabras. Nunca sería tan hermoso como Buggy, pero estaba seguro de que era bastante apuesto de todas formas, las chicas no le pedirían salir tanto si no fuera así. Sus notas eran mejores que las de Buggy, y tenía tantos amigos como él, así que había una sola cosa por la que el otro podría considerarlo un perdedor.
A su equipo no le había estado yendo tan bien en los partidos últimamente. El año anterior ni siquiera habían sido capaces de llegar a cuartos de final en el torneo nacional. Shanks era bueno, pero por estar distraído con Buggy no se había dedicado de lleno a entrenar y su equipo todavía tenía mucho que podía mejorar. Por otra parte, Buggy no había perdido una sola vez desde que entró a secundaria.
– ¿Si gano los nacionales este año saldrías conmigo?
– Primero tienes que ganar los de la prefectura, si logras hacer eso te concederé una cita. Pero todavía te falta mucho para que llegues a ser mi novio.
No era perfecto, pero ahora tenía algo en lo que concentrarse.
Con una nueva meta en mente se puso manos a la obra. Comenzó a levantarse más temprano cada día para ir corriendo a la escuela en lugar de tomar el autobús como acostumbraba. Comenzó a usar sus ratos libres para pensar en cómo podían mejorar él y su equipo. Habló con el entrenador y los otros chicos del equipo para compartir con ellos su meta. Se volvió un verdadero líder, que ayudaba a todos a mejorar individualmente, pero también como un equipo.
Y cuando comenzaron los partidos, sus esfuerzos dieron frutos. La sincronización de todos fue perfecta, las habilidades de cada uno estaban en su máximo esplendor haciendo que hicieran más y más puntos. Estaban ganando, pero no solo eso, estaba disfrutando como nunca del baloncesto.
– ¿Qué quieres? – Buggy preguntó fastidiado, no tenía que abrir los ojos para saber quién estaba ahí, tapándole el sol.
– Ganamos los partidos de la prefectura, vamos a ir a los regionales. – Le dijo emocionado.
– Ya veo, felicidades. – Dijo abriendo los ojos, encontrándose con la gran sonrisa del pelirrojo.
– Buuggy… – Se quejó cuando el contrario no le dijo nada más. – Lo prometiste.
Buggy le mostró una sonrisa traviesa. – Sí, sí, lo sé. Pasa a buscarme el sábado, y más te vale tener todo preparado. Quiero ir a un lugar lindo.
No se molestó en ocultar su emoción.
Probablemente nunca se había esforzado tanto porque algo saliera bien. Reunió sus ahorros e incluso ayudó a Rayleigh con más tareas domésticas de las que le correspondían para ganar un poco más de dinero. Preguntó por recomendaciones de cafeterías y otros lugares para decidir qué es lo que más disfrutaría Buggy. También era la primera vez que pasaba tanto tiempo decidiendo qué iba a ponerse. Incluso compró flores para darle a Buggy.
Buggy pareció contento con todo lo que planeó, así que la cita fue todo un éxito. Pero la mejor parte fue que tomó su mano mientras caminaban.
– Esta es una cita. Es normal tomarnos de la mano en una. – Fue la simple razón que le dio cuando se mostró sorprendido.
Buggy le prometió una segunda cita si ganaba los regionales. Sobra decir que Shanks desbordaba emoción.
Siguió su ritmo de entrenamiento, ganaría sin importar qué. Incluso durante las vacaciones de la escuela usó cada segundo para entrenar, nunca se había sentido tan motivado. Los partidos comenzaron tan pronto como volvieron a clases y estuvo tan concentrado en estos que no fue sino hasta que se terminaron y fue a buscar a Buggy para cuadrar la segunda cita que se dio cuenta… ¡No había visto a Buggy desde que empezaron las vacaciones!
No se lo había encontrado en el colegio, no lo veía con sus amigos de siempre, tampoco estaba con el equipo de natación. Quiso golpearse cuando por fin lo notó ¿¡Cómo era posible que no se hubiera dado cuenta antes!?
Le preguntó a todo el mundo por Buggy, pero nadie parecía saber dónde estaba. Sus amigos habían dejado de escuchar noticias de él a mediados de las vacaciones, los profesores no habían escuchado nada al respecto de sus acudientes, incluso su entrenador no tenía idea de qué había pasado o si volvería. Era como si hubiera desaparecido de la faz de la tierra sin dejar rastro.
A medida que pasaron los días sin noticias sobre él se preocupó cada vez más. No le faltaban ganas de averiguar dónde vivía Buggy para ir a asegurarse de que estaba bien. Rayleigh no lo dejó.
No saber si Buggy estaba bien era desesperante. Lo único que evitaba que se volviera loco fue seguir la recomendación de sus padres de seguir enfocándose en el baloncesto. Si Buggy no volvía, entonces no podía hacer nada al respecto más que sufrir, pero si volvía podría mostrarle cuánto había mejorado ganando los nacionales.
Entrenar lo mantenía ocupado, pero en algún punto dejó de ser suficiente. Los partidos de los nacionales estaban llegando a su fin, habían pasado meses desde la última vez que vio a Buggy. La mejor forma de describir su estado actual es diciendo que estaba perdiendo la cabeza. No podía dormir pensando en qué le podría haber pasado, comía apenas lo suficiente y trataba de estar ocupado cada segundo de su día para no pensar.
Entonces, un día cualquiera, como si nada hubiera pasado, vio a Buggy al entrar a la escuela. Fue tan repentino que por un momento pensó que estaba alucinando, que no era más que producto de su imaginación para ayudarlo a mantenerse cuerdo. Pero no era un sueño, Buggy realmente estaba ahí, tan hermoso como siempre.
Al verlo de nuevo debió sentirse aliviado, pero por más que lo intentaba no lograba quedarse tranquilo. Buggy estaba raro, no sabría decir cómo, pero no era el Buggy de siempre. Cuando trató de acercarse a él, este lo evitó. Ya estaba acostumbrado a que Buggy no le hiciera caso, pero esta vez fue diferente. Algo estaba mal. Algo estaba seriamente mal.
Su desconcierto solo se intensificó al escuchar a la gente hablando en los pasillos. Buggy va a dejar la natación. Eso era lo que todos estaban diciendo. Shanks no podía creerlo, simplemente no podía creerlo. Buggy amaba nadar, no lo dejaría sin importar qué. Pero era verdad, supo que era cierto cuando vio a Buggy en la escuela un día que se suponía era una competencia de natación.
Al darse cuenta se sintió incluso más preocupado que cuando no sabía dónde estaba. Quería ir y preguntarle qué es lo que había pasado, pero Buggy lo estaba ignorando y no había forma de que se lo dijera así como así. Por eso le tocó aprovechar la única carta a su favor… los nacionales.
Se dedicó en cuerpo y alma en cada partido. Tenía que ganar, estaba desesperado. Necesitaba una excusa para hablar con Buggy y está era la única forma, así que perder no era una opción.
La victoria nunca antes había sido tan satisfactoria. Nunca había celebrado tanto al ver el resultado final. Nunca había apreciado tanto la medalla dorada que le dieron.
En un descanso vio a Buggy sentado en el patio de la escuela, estaba solo. Aprovechó la ocasión para hablarle. Se paró frente a él y sostuvo el trofeo que ganó para que lo viera. Sonrió al notar cómo los ojos de Buggy se iluminaban al ver cómo brillaba.
– Gané los nacionales ¿Es suficiente para que me concedas una cita?
Se aseguró de que esta vez las cosas fueran incluso más perfectas que antes.
Buggy seguía raro, pero Shanks podía notar el esfuerzo que ponía en actuar como siempre durante la cita. Guardó con aprecio en sus recuerdos cada una de las pocas sonrisas genuinas que Buggy le mostró ese día. Y cuando llegó el mejor momento que pudo encontrar sacó el tema que no lo dejaba tranquilo.
– Escuché que dejaste la natación ¿Te gustaría hablar de eso? – Se aventuró a preguntar, si Buggy no le quería contar entonces dejaría el tema de lado.
– No quiero dañar la cita que tanto querías con una historia triste.
Shanks frunció el ceño. – No estás dañando nada. Estoy preocupado, Buggy. Desapareciste por meses sin que nadie pudiera decirme algo sobre ti, y cuando vuelves a aparecer lo primero que escucho es que vas a dejar la natación a pesar de lo mucho que te importa. Desde que volviste has actuado raro, pareces deprimido, como si nada te hiciera ilusión, te ves apagado. Sé que no somos tan cercanos y que no tengo derecho de entrometerme, pero me gustaría saber qué pasó, me gustaría saber si hay algo que pueda hacer para ayudarte.
Buggy se quedó en silencio un largo rato, tenía la mirada fija en la mesa. Cuando Shanks estuvo a punto de cambiar de tema, Buggy comenzó a hablar.
– Fuimos a la playa con mi familia. El vestido de una niña se había atorado con unas piedras en el mar y se estaba ahogando. Fui a ayudarla, pero mi ropa también se quedó atorada. – Su voz comenzó a temblar con la última parte. Tomó una respiración profunda, preparándose para lo que seguía. – Entré en pánico, estaba ahogándome, pensé que iba a morir. Al final logré desgarrar la ropa de ambos. Apenas logré salir de ahí con vida, pero la niña no tuvo tanta suerte. Murió en mis brazos mientras trataba de salvarla. No he podido volver a nadar desde entonces. Le tengo miedo al agua, cada vez que lo intento siento que estoy de nuevo ahí, atorado, y que esta vez no conseguiré salir vivo.
Oh… De todas las cosas que Shanks pensó que podrían haber ocurrido, esta no estaba entre sus opciones. Había comenzado a llorar en medio de la historia de Buggy, nunca imaginó que sería algo tan horrible.
– Buggy… ¿Puedo abrazarte?
Buggy pareció pensarlo un momento, después asintió y se acercó para que pudiera abrazarlo. Buggy comenzó a llorar en sus brazos, Shanks lloró junto a él.
Buggy era una persona increíble ¿Por qué el mundo era tan malo con él?
– Lo siento mucho. Qué horrible debió haber sido. Solo puedo imaginar cuánto miedo tuviste.
– Me siento inútil. Se supone que soy bueno nadando, pero no pude salvarla. Ya ni siquiera puedo entrar al agua. Soy patético.
– ¡No lo eres! Hay tantas cosas que admiro de ti que si las nombro todas no terminaría nunca. Pero nadie puede hacerlo todo, hay cosas que se salen de nuestras manos. Hiciste lo mejor que pudiste, y estoy seguro de que saber que alguien intentó salvarla traerá algo de consuelo a su familia. Viviste algo horrible, así que es normal que tengas miedo y que no quieras nadar de nuevo. Es completamente válido que te sientas así. Y…
– ¿Y?
– Sí algún día llegas a querer intentarlo de nuevo y quieres que alguien te acompañe solo dime. Estaré ahí para ti cuando decidas intentarlo. No importa si es en un mes o en diez años, tómate las cosas a tu ritmo, no tienes que presionarte.
Buggy lo miró fijamente antes de sonreír. Shanks daría lo que fuera porque esa sonrisa nunca se borre de su rostro.
– Gracias. En serio. Significa mucho para mi.
– Te quiero, Buggy. Haría cualquier cosa para que estés bien.
Buggy no le respondió nada en ese momento, cambió el tema de conversación y siguieron con la cita. Shanks ya estaba acostumbrado a que evadiera sus muestras de interés y de cariño, así que no le dio importancia. Pero para su sorpresa, Buggy le dio una respuesta al final de la cita.
– Oye, Shanks. – Buggy le dijo antes de que se despidieran. – Este es tu regalo por haber ganado los nacionales. – Después de decir eso se acercó y le dio un beso en los labios.
Shanks se quedó en blanco, procesando lo que acababa de suceder. Después su rostro se puso tan rojo como su cabello. Su crush acababa de besarlo.
– Yo también te quiero, tonto. Siempre lo he hecho. – Buggy le dijo con una sonrisa juguetona antes de irse, sin darle la oportunidad de responderle. – ¡Yo prepararé la próxima cita! – Le gritó cuando ya estaba un poco lejos.
Las cosas no eran perfectas, pero Buggy lo quería y eso era suficiente. Se encargaría de estar ahí para él. Se aseguraría de hacerlo feliz, porque se lo merecía.
