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Nosotros, otra vez [jinsu]

Summary:

Hay amores que no se terminan... solo aprenden a vivir separados.

Min Yoongi y Kim Seokjin lo intentaron todo. Se amaron, formaron una familia y, aun así, se rompieron en el camino. Cinco años después del divorcio, han aprendido a coexistir sin hacerse daño. O al menos eso creen.

Jungkook, su hijo, está a punto de graduarse... y también está cansado de fingir que no ve lo obvio: sus padres todavía se miran como si el tiempo no hubiera pasado.

Así que decide hacer algo al respecto. Aunque eso signifique arruinar citas, incomodar silencios y, de paso, espantar a cierto omega que se interpone en el camino.

Porque, al final, hay cosas que no se pueden reemplazar.
Y hay amores que... tal vez, solo necesitan otra oportunidad.

Chapter 1: Nuestra pequeña bolita

Chapter Text

Kim Jungkook no había sido planeado, pero sin duda alguna, fue amado desde el primer momento que supieron de su existencia.

Kim Seokjin y Min Yoongi eran novios universitarios cuando se enteraron que estaban por ser padres. Estaban a mitad de carrera y aunque no era algo planeado, tampoco parecía un error.

—Jinnie...—sollozó Yoongi, apretando la prueba de embarazo—¿Qué vamos a hacer? Mis papás me van a matar.

—No permitiré que te toquen—susurró Jin, abrazándolo—Hablaremos con nuestros padres, y confío en que los míos nos apoyarán. Pero ya no llores mi amor, por favor.

Tal como lo dijo Yoongi, los señores Min explotaron.

—¡¿UN HIJO?!—gritó Hyolin, su madre alfa—¿Qué no conoces los malditos condones o las pastillas anticonceptivas?

—Que barbaridad—susurró Bora, su madre omega—No te educamos de esta forma. Yoongi, te enseñamos que lo mejor era estudiar—se pasó la mano por el cabello—¿Qué harán con eso?

Yoongi se llevó las manos a su vientre plano, como si lo estuviera protegiendo.

—Esa pregunta es estúpida, amor—gruñó la alfa—Vas a abortar esa cosa de inmediato. Hablaré con el doctor Lee para que nos agende una cita.

—No—susurró el omega—Es mi bebé y yo sé que fue un error, pero no me quiero deshacer de mi cachorro.

—¡Por Dios, Yoongi!—Bora gritó, poniéndose de pie—¿Tienes una idea de lo que dirán de nosotras?—señaló su vientre—¡Esa porquería que llevas ahí dentro arruinará nuestras vidas!

—¡Dejen de insultarlo así!—sollozó, haciéndose bolita en el sofá—Es mi bebé, es mi cachorrito...no es una cosa para que hablen así de él.

Hyolin apretó el celular en su mano y maldijo por lo bajo. Tenían un apellido y empresa por defender, porque no eran cualquier familia. Ellos eran losMin, dueños de media ciudad y los más respetables de todos, ¿por qué su hijo las estaba humillando?

—Si tanto quieres conservar tu error, lo harás lejos de nuestra casa.

—No esperaba tampoco nada de ustedes—se limpió las lágrimas, poniéndose de pie—Espero que nunca quieran conocer a su nieto.

—Ni muerta—escupió Bora—Por suerte nuestro lindo Woozi aún es pequeño y podemos corregir con él los errores que permitimos en ti.

Yoongi asintió y subió a su habitación. Tampoco tenía mucho para poder empacar, porque no quería llevarse todo lo que sus madres le habían dado. Si se iba, era en ceros porque iba a empezar todo con su novio.

Y, a diferencia de los Min, los Kim eran sin duda muy diferentes.

—¿Por qué no nos dices ya?—preguntó su padre Hyunbin.

—Cariño, no seas impaciente—murmuró Yejin, tomando su mano—Si nuestro Jinnie dice que hay que esperar a Yoongi, así debe ser.

—No tardará—susurró, mirando la hora en su reloj—Dijo que ya venía en camino.

La gran puerta de la sala se abrió y un sirviente anunció su llegada. Seokjin se puso de pie y su lobo aulló de dolor al ver a su omega con el rostro rojo y empapado de lágrimas.

—Amor, ¿qué sucedió?

En tan solo cinco pasos ya se había acercado a su novio, abrazándolo en un fuerte abrazo.

—Tranquilogatito, aquí está hyung—acarició su espalda, dejando que se desahogara.

Kim Hyunbin hizo señas a la ama de llaves para que le trajeran un té. Pero Yejin se quedó estática en su lugar. Vio la pequeña maleta abandonada en el suelo, la protección de su hijo hacia su novio, el olor demandarinassiendo más dulce que de costumbre y lo entendió.

—Cariño...—susurró, pegándose más a su esposo—Ya sé lo que quiere decirnos Jinnie.

—¿De qué hablas?—frunció las cejas, confundido.

—Papá, mamá—Seokjin se giró hacia ellos, aún abrazando a Yoongi—Vamos a ser padres.

La ama de llaves se quedó estática con la taza de té en sus manos. Sus padres intercambiaron miradas, porque claro que estaban molestos, pero...era su hijo.

—Kim Seokjin, a mi oficina—su padre se puso de pie, arreglándose el saco—Tenemos que hablar.

—Pero Yoonnie...

—Yo me encargo de él—le sonrió su madre, acercándose a Yoongi—Ven cariño, supongo que tuviste un día pesado con tus madres ¿verdad?

—Lo siento mucho señora Kim—sollozó—No quería ser una molestia, pero no tenía a donde ir.

—Me alegra que nos tengas confianza—tomó su mano, dándole un apretón—Vente, te pondré cómodo en la habitación de Jin mientras ellos hablan. Pediré que te preparen la tina, necesitas relajarte o le hará daño ami nieto.

Yoongi asintió, conteniendo el quejido de dolor. Sabía que había hecho mal, que sus madres tenían razón al enojarse con él por haber sido tan descuidado, pero no les daba derecho a insultarlo a él y sobre todo a su pequeño bebé.

—Ven hijo—habló Hyunbin—Él estará bien y lo sabes.

Seokjin asintió y siguió a su padre a la oficina. No tenía excusas ni justificación ante lo hecho, iba a aceptar su regaño como el hombre que era.

—Papá...

—Hijo, ¿en dónde tenías la cabeza?—negó—Mejor no me respondas.

Eso lo hizo soltar una pequeña risa, porque su padre podría ser estricto y duro, pero lo amaba tanto que no tenía corazón para ser rudo con él.

—Por el estado de Yoon, supongo que sus madres no reaccionaron bien—se sentó en su sillón de cuero, entrelazando sus manos sobre sus piernas—No veo correcto que tan jóvenes sean padres. Tú vas a cumplir veintiuno, él tiene veinte. No han terminado sus carreras y un niño cuesta mucho.

—Papá—

—Pero aún así, los apoyaré—lo miró a los ojos—Porque eres mi hijo, y sé que vas a lograr mucho por tu cachorro. También él lo hará, ambos son fuertes—se pasó la mano por el cuello, tratando de relajar su tensión—En cuanto terminen la escuela, conseguirán trabajo y se irán de aquí, ¿eso está bien?

—¡Está perfecto!—sonrió, parpadeando rápido cuando sus ojos comenzaron a arder—Muchas gracias papá, y perdón por fallarte.

—Nunca me fallarías. Un hijo no es un error en nuestra familia y sé que ustedes lo harán muy bien.

Seokjin se quedó unos minutos hablando con su papá sobre el manejo de la empresa. Por algo estaba estudiando administración, porque algún día sería el próximo dueño y con un bebé en puerta, debía tomarse todo con total seriedad.

—Ve a ver a Yonnie, luego seguimos hablando de esto—dijo, guardando los documentos en las carpetas.

—De nuevo, gracias pa por todo.

—No debes agradecerme nada—le sonrió—Al final, esa bolita es mi nieto.

Jin sonrió y salió corriendo de la oficina para subir a ver a su novio. Desde que llegó no pudo dedicarle el tiempo que hubiera deseado, pero confiaba en que su madre lo estaba teniendo todo bajo control.

Llegó a la puerta de su habitación que estaba entreabierta y estuvo por abrirla del todo, pero la charla al otro lado lo detuvo.

—Mi amor, ya sabes que tu Hyolin es tan...tan ella—suspiró Yejin, acariciando los cabellos negros de Yoongi—Tus mamis te aman, tal vez solo estaban asustadas.

—No lo creo—susurró, acomodándose en su pecho—Ellas siempre quisieron un alfa como heredero, pero nací omega. Recuerdo que antes eran más cariñosas conmigo, no del todo porque muchas veces me gritaban o mamá Hyolin me soltaba una cachetada—hizo una mueca al recordar su infancia, no había sido la más bonita de todas—Por eso cuando se expresaron tan mal de mi bebé sentí mucho coraje, porque es mi pequeño cachorrito y no quiero que le hagan daño.

Seokjin apretó los labios, ¿cómo era posible que ese par de brujas se expresaran tan mal de su bebé? Aún no nacía, no lo conocían ¿y ya lo estaban juzgando? Eran increíbles.

—Ya no hablemos de eso—la señora Kim se puso de pie, dejando a Yoongi en la cama—Hablaré con el doctor Im para programar una consulta y revise a mi nieto, ¿tienes una idea de cuántos meses llevas?

—No exactamente—murmuró—Pero los malestares comenzaron hace dos meses, solo que no les presté atención.

—¡Min Yoongi!—su suegra lo reprendió—Tuviste que habernos dicho desde antes, ¿y si te pasaba algo?—negó para alejar cualquier pensamiento negativo—Ahora mismo hablaré con él y que mañana te revise.

—Lo siento, los hago correr a todos.

—No debes disculparte, porque un hijo no es un error cuando sabes que lo amas—le apretó la mejilla, haciéndolo reír—Te dejo para que mi hijo pase porque nada más nos está espiando.

—¡No es cierto!—gritó Jin, abriendo la puerta—No quería escuchar a escondidas, pero tampoco iba a interrumpir.

—Si tú lo dices—bromeó su madre y se acercó a él, besando su frente—Te amo Jinnie, y esto no hará que nada cambie—le sonrió a ambos—Los dejo solos.

Cuando Yejin cerró la puerta, Seokjin se acercó a su novio, acostándose a su lado para que se acurrucara en él.

—¿Dos meses? Mi amor, tuviste que haberme dicho antes.

—No creí que fuera algo así—murmuró, apenado por su error—Otras veces son cuadros de anemia y pensé que de nuevo se estaba presentando—llevó una de sus manos a su vientre—Pero estamos bien, y mañana lo confirmaremos con el doctor.

—Aunque no deseaba un bebé a nuestros veintes...—susurró, sintiendo su cuerpo relajarse con su omega—Me siento muy feliz de tener un cachorro contigo, porque te amo demasiado Min Yoongi.

—Yo también te amo mucho Kim Seokjin.

En medio de la tormenta, ambos lograron conseguir total calma. Porque mientras estuvieran juntos, nada a su alrededor arruinaría la felicidad de ser padres.

 


 

Yoongi acababa de cumplir el sexto mes de embarazo y estaban sentados en la sala de espera de obstetricia para saber si su pequeña bolita sería un niño o una niña.

—¿A ti que te gustaría que fuera?—preguntó Yoon, tomando su mano.

—Lo que sea, solo quiero que mi bebé esté bien—le sonrió, acariciando su vientre—Ey, no tardes mucho en nacer. Ya necesito tenerte en mis brazos.

—Faltan tres meses, no te desesperes.

—No puedo evitarlo—se inclinó, dejando un beso corto en sus labios—Mi lobo y yo estamos enamorados de ambos.

—Min Yoongi, puede pasar.

Se puso de pie con ayuda de su novio y entraron al pequeño consultorio del doctor Im, quien se había vuelto en su médico de confianza desde el primer encuentro.

—¿Cómo han estado?, ¿algún malestar, dolor o algo parecido?

—Todo perfecto—sonrió Yoongi—¿Cómo ha estado Jooheon?

—Insoportable—bromeó—De por sí es un mimado, ahora lo es al doble porque estamos esperando gemelas.

Jooheon era el esposo del doctor Im Changkyun. Lo había conocido semanas atrás cuando le llevó unos postres que al final terminó comiendo Yoongi porque su pequeño bebé tenía antojo de chocolate. Claro que se sintió muy apenado por su atrevimiento, pero ambos lo comprendieron.

—¿Te imaginas que tengamos gemelas?—Jin palideció, haciendo reír a su novio—Es broma, solo será uno.

—Eso mismo me dijo Honey—comentó, sonriendo al ser cómplice del omega en la broma—Ven Yoon, ponte la bata en el baño y cuando salgas te recuestas aquí en la camilla.

Yoongi asintió y aceptó la bata que el doctor Im le dio para irse al baño. Con su barriga creciendo le dificultaba hacer varias cosas solo, pero debía aprender. Cuando cumpliera ocho meses de embarazo se tomaría un descanso de la escuela y aunque se quería en casa siendo cuidado por la señora Kim y los empleados, no quería depender totalmente de ellos.

—Dime la verdad—Seokjin suplicó—¿Crees que tenga gemelos?

—Claro que no—Chang carcajeó—Solo te estábamos molestando. Si gustas sírvete agua y toma asiento, no sea que de la sorpresa te vayas a desmayar.

Yoon salió del baño y con ayuda del doctor se recostó sobre la camilla, haciendo una mueca por el líquido frío que colocó en su vientre.

—Bien...—murmuró, acomodándose los guantes—Veamos cuantos gemelos tienes ahí dentro.

—¡Changkyun hyung!

Rieron levemente por el grito de Seokjin y Changkyun se concentró en la pequeña pantalla, buscando al bebé.

Yoongi sonrió al escuchar el latido de su bolita. Recordó la primera vez que el doctor Im se los presentó, aunque era pequeño, su corazón latía con fuerza. Se quedaron abrazados llorando por el hermoso sonido que inundó la habitación y Seokjin le juró que sería el mejor padre y esposo. Porque sí, se habíancomprometido al cumplir los cuatro meses de embarazo. Aunque muchos murmuraban que fue por presión, ambos sabían que no era así.

—Encontré a la bolita—anunció—¿Listos para saber qué será?

Intercambiaron miradas y asintieron. Seokjin se acercó a su novio y lo tomó de la mano, siendo su soporte.

—Es un bebé, de eso pueden relajarse—Jin soltó el aire acumulado, ganándose un suave golpe en el pecho por su dramatismo—Tienen la dicha de ser padres de un sano y fuerteniño.

El mundo pareció quedarse en silencio por un segundo.

Yoongi parpadeó, como si necesitara procesarlo, y su mirada cayó de inmediato a la pantalla. A esa pequeña forma que, aunque aún borrosa, ya sentía completamente suya.

—¿Un... niño? —susurró, con la voz temblándole apenas.

Seokjin no respondió de inmediato. Sus dedos se aferraron con más fuerza a la mano de su omega, como si necesitara asegurarse de que ese momento era real, de que no se iba a desvanecer en cuanto respirara.

—Un niño... —repitió, esta vez más bajo.

Y entonces sonrió. No fue una sonrisa amplia ni escandalosa, sino una de esas que nacen despacio, cargadas de algo más grande que la felicidad. Algo que le apretaba el pecho y le hacía arder los ojos.

Se inclinó un poco, apoyando su frente contra la de Yoongi.

—Lo logramos...—murmuró—Vamos a tener un hijo.

Yoongi dejó escapar una risa ahogada que se rompió a la mitad, convirtiéndose en un pequeño sollozo. Sus dedos buscaron automáticamente su vientre, acariciándolo con cuidado, como si ya pudiera sentirlo ahí, respondiéndole.

—Es nuestro...—dijo, casi sin voz—Es de nosotros.

Seokjin bajó la mirada hacia su vientre y, con una delicadeza que no sabía que tenía, colocó su mano sobre la de Yoongi.

—Hola, pequeño—susurró—Soy tu papá... y prometo que voy a cuidarte siempre.

El latido del bebé llenó la habitación una vez más. Y, por un instante, todo fue perfecto. Como si el mundo entero se hubiera reducido a ese sonido, a ese contacto, a ese nosotros que aún no sabía que algún día tendría que romperse.

 


 

Yoongi había escuchado sobre el parto por las historias que le contaba la ama de llaves y las empleadas de la mansión Kim que ya habían sido madres. Le resultaba fascinante el brillo de felicidad que había en cada una de ellas, pero también el tono de incomodidad al recordar sus partos.

Así que, ahora con nueve meses de embarazo y recostado en la mesa quirúrgica, supo que el dolor no era como lo había imaginado. Era peor, horrible, como si algo dentro de él se rompiera por completo.

Su respiración salía entrecortada, sus dedos aferrándose con fuerza a las sábanas mientras su cuerpo se tensaba una y otra vez.

—J-Jin... —jadeó, buscando su mano a ciegas.

—Estoy aquí, amor, estoy aquí —respondió de inmediato, entrelazando sus dedos con los suyos— Lo estás haciendo increíble, solo un poco más, ¿sí?

Pero la voz de Seokjin no era tan firme como intentaba aparentar. Había algo más. Su lobo estaba inquieto, alterado por el olor del dolor, por la ansiedad que impregnaba el aire... y por ese aroma dulce, cada vez más intenso, que solo podía significar una cosa.

Su omega, su cachorro, era instinto puro. Sin darse cuenta, su feromona comenzó a expandirse, profunda y envolvente, como madera cálida rodeándolo todo. Buscando calmar. Buscando proteger.

—Necesito que empujes una vez más —indicó el doctor con calma— Ya casi está aquí.

Yoongi negó levemente, agotado, con lágrimas acumulándose en sus ojos.

—No puedo...

Pero entonces lo sintió. El aroma de Jin, siendo firme y segura, sosteniéndolo para brindarle esa confianza que necesitaba. Su cuerpo reaccionó antes que su mente. Se aferró a él, respirando hondo, dejando que ese olor a madera lo envolviera, lo anclara, lo mantuviera en pie.

—Sí puedes —susurró Jin, apoyando su frente contra la de él— Tú puedes con esto... siempre puedes.

Eso bastó, para que con un último esfuerzo, con todo su cuerpo temblando y el corazón latiéndole con fuerza, Yoongi empujó.

El llanto llenó la habitación. El tiempo se detuvo.

Pero para Seokjin, el mundo se redujo a algo más. A ese pequeño sonido... y al cambio inmediato en el aire. El aroma a mandarina se volvió más intenso, más dulce, más puro.

Su cachorro había nacido.

Sus instintos reaccionaron de inmediato. Se inclinó apenas, casi sin pensarlo, como si quisiera cubrirlos a ambos, envolverlos, asegurarse de que nada ni nadie pudiera acercarse demasiado.

—Está perfecto —escuchó decir al doctor, distante— Es un niño sano.

Cuando finalmente lo colocaron en los brazos de Yoongi, algo dentro de él terminó de asentarse. Eso era suyo, ellos eran ahora su familia.

Yoongi lo sostuvo con cuidado, completamente absorto, con lágrimas silenciosas deslizándose por su rostro.

—Hola... —susurró, su voz suave, cálida—Hola, mi cachorrito...

El pequeño se movió apenas, y el aroma a mandarina se mezcló con el suyo, creando algo nuevo. Algo que hizo que el pecho de Seokjin se apretara con fuerza. Se acercó despacio, casi con reverencia.

—Es tan pequeño... —murmuró.

—Pero es fuerte—respondió Yoongi, sin apartar la mirada—Lo siento... lo siento aquí.

Seokjin dudó solo un segundo. Luego llevó su mano hasta la de Yoongi... y después, con una necesidad que no pudo contener, inclinó el rostro, rozando con cuidado el cabello del bebé.

Su lobo se calmó al reconocer a su pequeño como parte de su vida, como algo nuevo que tenía que cuidar con su alma, porque era el pequeño bebé que Yoongi le había regalado.

—Nuestro... —susurró, casi para sí mismo.

—¿Cómo lo llamarán?—preguntó una enfermera—Necesitamos llenar el formulario del bebé.

 

 

—¿Jungkook?—repitió Yoongi, acostado sobre el pecho de Seokjin—Suena fuerte...

—Mi abuelo siempre decía que ese nombre era para alguien que crecería bien... alguien firme —murmuró Jin, jugando con sus dedos— Como un pilar.

—¿Un pilar de la nación?—sonrió apenas—Suena importante, me gusta.

—Porque lo es—respondió Jin, besando su cabello—Nuestro hijo lo será.

Yoongi guardó silencio un momento, luego llevó la mano a su vientre, acariciándolo con suavidad.

—Entonces que sea Jungkook—susurró—Quiero que viva bien... que sea feliz.

—Lo será—aseguró Jin—Porque es nuestro.

 

 

—Jungkook... —murmuró Yoongi, regresando al presente.

Seokjin lo miró, y entendió sin necesidad de más palabras.

—Kim Jungkook —repitió, con una sonrisa temblorosa.

El pequeño hizo un leve sonido entre sus brazos, acomodándose. En ese instante, sin saberlo, acababan de nombrar todo su mundo.