Chapter Text
Las calles de la abarrotada ciudad de Lijiang se movian a toda velocidad a lo largo del día, los autos flotaban en un tráfico que nunca parecía tener fin. Caminos donde habían puestos de comida callejera y tiendas a por montones pero que ahora eran dejados a toda velocidad por un robot sobrevolando la zona con sus propulsores. Uno de colores chillones y rosa que contagiaba el cielo despejado de ese día.
—¡Vamos, Vamos! —la voz fuerte de una chica seguía atrapada en medio de ese tráfico.
Brigitte Lindholm estaba ahí lista para la acción ese día. “Corazón de la fuerza”, ese era su alias, vistiendo ese vestido amarillo junto a sus enormes coletas encima de su cabeza. Su mirada se centraba en el volante, en su propia minivan negra que contrastaba con el resto de sus amigas que vestían igual que ella.
—¿Corazón del coraje, puedes alcanzarla? —preguntó la sueca en su auricular, tratando de salir de ese tráfico demencial.
En lo alto de uno de esos edificios de esa ciudad futurista, estaba otra chica con una vestimenta similar. Freja Skov ampliaba su ballesta para apuntar con su mira hacia su objetivo. Tomando más altura de un salto propulsado por su capa casi volando 20 metros sobre el aire.
—No me subestimes, fuerza. Tu sabes que siempre encuentro a mi objetivo. —con total seguridad afirmó la chica, alistado un disparo cargado de la boleadora en su muñeca con una energía rosa.
La piloto que pertenecía a los corazones huecos presintio ese ataque, doblando casi los controles de su meka para dar una voltereta en el aire. Los propulsores hicieron un esfuerzo al máximo evitando el ataque que iba directo a ellos. Propulsandose hacia arriba con más fuerza mientras subía un edificio de unos 20 pisos como si nada.
—¡Maldición! ¿Corazón de la gracia, la tienes en la mira? —frustrada, descendió de los aires, escondiéndose entre las vastas calles de Lijiang antes de que las miradas se posaran en ella.
—Oui, está vez no se escapara de mi red. —la voz refinada y elegante de la mujer apareció en los auriculares.
Amélie Lacroix estaba como plan B, esperando el momento adecuado para disparar desde su posición. Quinientos metros, ni más ni menos, esperando la oportunidad para apretar el gatillo con su rifle completamente abierto y detener a la ex heroína del corazón.
Su disparo encendió y partió el cielo en dos, casi envolviendo a toda la ciudad en ese sutil pero potente estallido que llegó hasta su objetivo. Desde la azotea y gracias a sus gafas de visión infrarroja, sabría si la piloto estaría herida o no. Pero en su lugar, la legendaria jugadora de mekas había recibido el disparo en el brazo de su robot. Dejándolo completamente inútil de semejante potencia.
—¡Está herida, es nuestra oportunidad! —bramó Brigitte girando todo el volante de la camioneta para ir hasta la cima de la torre donde había caído el meka de su mejor amiga.
—¡Waaah! ¿No estamos yendo en sentido contrario? —la voz asustadiza de Juno finalmente decidio hablar, sujetándose como podía a los asientos.
—Jajaja, adoro cuando pasa eso. —Kiriko llenó el auto con una risa que contrastaba con los gritos de pánico de la nueva integrante, tomando el tiempo para visualizar la cima de la torre donde pensaban que estaría el meka.
El motor sonó una vez más acelerando con todo lo que tenía para subir el puente en espiral que había hasta los pisos superiores. Con las tres chicas mágicas vestidas y preparadas para la pelea, aunque solo dos de ellas tenían la experiencia necesaria. Juno Teo Minh apenas llevaba una semana siendo una heroína del corazón y no podía creerlo todavía.
Había dejado atrás los días normales dónde lo único que hacía era estudiar para sus exámenes mientras ayudaba a sus papás en la gran torre Lijiang. Ahora debía ser una heroína, ocultar su identidad de todos y, ahora debía “salvar el mundo”.
Pero ella no se sentía lista para eso.
No tenía conocimiento en cómo luchar o ser valiente en lo absoluto. Claro, estaba el caso de hoy: apenas se había alistado cuando recibió la noticia de las chicas sobre el robo a un museo cercano a la Torre Lijiang. Un atraco poco común de Nocturna, a plena luz del día y, más aún, por lo que se había robado.
Una simple pintura nueva de la exhibición histórica.
No conocía los detalles exactos solo sabía que todas las chicas se habían desplegado alrededor de la ciudad listas para retener a la piloto del meka. Transformadas con sus vestidos ostentosos y con sus armas mágicas que llamaban “magitech”.
—Chicas estén listas, estamos a solo 2 pisos de la cima. —advirtio Brigitte pisando a fondo el acelerador.
Kiriko solo asintió con más seriedad y alistando sus kunais bajo su falda. Ambas estaban conscientes de que ellas eran las únicas que podían detener a los corazones oscuros de esparcir la aflicción en la gente. Jurando proteger a sus seres queridos luchando con todas sus fuerzas.
—¡Ya la veo!
La voz de Kiriko apunto directamente a uno de los paneles solares de la torre, efectivamente la chica de cabello negro hasta la cintura estaba fuera de su meka. Tratando como podía arreglar el daño en el brazo de su robot, con el cañón completamente inutilizado por el disparo de Amélie. Hasta que noto la presencia de la camioneta de su ex amiga, sacando su pequeña pistola personal y disparando mientras tomaba cobertura.
—¡Hana, esto debe parar ya! No sabes qué buscan los corazones huecos de ti, solo te estás utilizando. —aclamó la mayor alzando su mangual y escudo.
—No les debo nada a ustedes. Será mejor que se alejen si sabe lo que les conviene.
Hana dio un salto desde la parte de atrás, aterrizando dentro de su meka para ponerse en pie una vez más. El cañon derecho estaba dañado y apenas respondía pero la piloto no iba a dejarse vencer, apretando sus gatillos en los controles delanteros disparando desde sus compartimientos laterales varios misiles en línea recta.
—¡A cubierta! —Briggite desplegó su escudo, recibiendo el daño mientras las chicas a su espalda avanzaban con ella.
La piloto no iba a quedarse de brazos cruzados, encendiendo una vez más sus propulsores para intentar alzar vuelo. Hasta que un kunai afilado como un diamante voló cerca de sus propulsores intentando cortar su escape, apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de contraatacar con su único cañón disponible.
El combate comenzó entre chicas mágicas y su ex amiga, Brigitte trataba como podía de hacer entrar en razón a su mejor amiga mientras Kiriko se encargaba de cuidar las heridas de las demás lanzando sus kunais de vez en cuando para detener el fuego.
Solo que Juno no estaba del todo segura, usaba sus pistolas de pulso para disparar ráfagas continúas pero la villana podía neutralizarlo con su matriz, activando sus sistemas de escudos reforzados haciendo que todo el daño entrante sea convertido en curación para su robot. Moviendo las palancas con esa profesionalidad que solo ella podía tener al jugar videojuegos.
—¡Corazón de la esperanza, despliega tu hipercorazon! —Briggite hizo una seña con su brazo libre indicándole a Juno que use su habilidad para avanzar.
—A-ahi voy. ¡Hipercorazon desplegado!
Juno alzó su brazo y de su manga decorada con un brazal dorado se proyecto un holograma de un corazón rosa que trataba de mantenerse en el aire. Pero falló a los pocos segundos, doblándose en una forma que no se asemejaba en nada al perfecto corazón de un principio.
—¿Jajajaja eso es todo lo que tienen? ¡A-BU-RRI-DO! —bufo la villana encendiendo una vez más su matriz defensiva por los disparos entrantes.
—¡L-lo siento! Prometo hacerlo mejor la próxima vez —Juno se disculpó como pudo, apuntando con su pistola que casi se le resbala de las manos. Pensando en cómo ayudar rápidamente, hasta que desplegó de su espalda a los dos tiburones flotantes que apuntaban ya a aliados y a Nocturna.
La chica del meka sonrió por esta invitación, analizando la postura de canalización de la chica que era el corazón de la esperanza antes de arremeter con todo y sus propulsores directo hacia ella. Juno grito por sorpresa y terror, aún todavía seguía tratando de apuntar con Phobos y Deimos antes que el robot de casi 2 metros tratara de embestirla.
—¡Cuidado! —Kiriko hizo una seña con sus dedos, desapareciendo del lado de Brigitte reapareciendo en un humo turquesa al costado de la chica para después lanzar un suzu de protección.
El ataque fue mitigado en su totalidad y Juno había quedado suspendida en el aire antes de caer por la sorpresa e inestabilidad de sus botas mágicas. Siendo atrapada por Kiriko que la puso a salvo mientras buscaba ayudar a Brigitte que hacía lo que podía.
Las manos de Juno temblaron antes de ponerse en tierra, temblaron de manera incontrolable estaba a poco de ser dañada y no había podido contraatacar o ser útil en algo.
“N-no puedo.”
Su cabeza se llenó en todas las posibilidades posibles de que hubiera pasado si la dañaban o disparaban, sus papás obviamente lo notarían. La gente a su alrededor también lo haría, ya no podría estudiar ni trabajar en la misma torre que sus padres. Sentía su corazón apagarse con la idea de estar separada de ellos. De pronto volteo todavía asustada hacia su espalda al ver algo apagarse, el listón rosa brillante que hacía de adorno se apagaba hasta encogerse y desaparecer al fin.
Su sorpresa no tuvo tiempo para ser procesada, pudo escuchar los gritos y sonidos de la pelea a pocos metros de ella cuando Nocturna soltó una risa descontrolada al aire. Dejando en su estela un caparazón rosa vacío pero que comenzó a brillar de un rosa más fuerte antes de parpadear intermitentemente. Dando la señal que iba a explotar su meka en el aire para poder poder escapar una vez más.
—¡Curen ésto! —rio por última vez la villana antes de ser recogida por un pétalo gigante caído del cielo que se movió velozmente para evitar la explosión.
—¡Juno usa el rayo de corazón optimista! —grito Kiriko usando una vez más su teletransportación llevándose a Brigitte a su lado.
—Y-yo… n-no puedo. No sé qué sucede. —confeso la chica que todavía seguía temblando, no podía invocar su rayo de luz que las salvaría de esa explosión.
Todo se sentía en silencio esperando poder cubrirse a tiempo o que sucediera un milagro.
—¡Unamos nuestros corazones! —Briggite rompió una vez más el silencio alzando su escudo, invocando al gato que salió desde su armadura que comenzó a brillar de un dorado sagrado.
El escudo se amplió hasta ser una barrera lo suficientemente grande para las tres mitigando el daño por completo antes de romperse en mil pedazos. La sueca suspiro con cansancio antes de destransformarse a su ropa civil, cayendo de rodillas por la fatiga.
—Se escapó… se escapó otra vez. —murmuró dolida la chica con lágrimas de rabia ya cayendo, de nuevo Hana había escapado. Sintiéndose vacía una vez más.
—Habrá otras oportunidades, Bri. Ahora debemos saber para que quería esa pintura los corazones huecos. —trato animar la chica japonesa colocando una mano en la espalda.
Juno observó la escena con una mezcla de culpa y frustración. Su hipercorazón había fallado, sus tiburones no habían hecho la diferencia, y si no era por Brigitte... prefirió no terminar el pensamiento. Miró sus manos, aún temblorosas, y apretó los puños con una melancolía que no era propio de ella.
—¿J-juno que paso? —asustada Brigitte señalo su vestido mágico, había perdido la mayor parte de sus brillos y además Phobos y Deimos ya no estaban presentes.
—¿E-eh? Yo… no sé que paso estaba tratando de ayudar y…
—Estas perdiendo poder mágico… deberías destransformarte ya. —afirmó Kiriko terminando de curar una herida de la sueca con sus ofudas.
La chica del cabello rubio no entendió que estaba pasando, era la primera vez que veía eso. Además que como su primera misión como heroína del corazón lo había hecho pésimo. Apagando el brillo de su arma y regresando a su forma civil, una vieja camisa blanca y pantalones negros de vestir.
Un sonido de un gancho en la cornisa las puso a todas en alerta, suspirando aliviadas al ver que solo era Amélie o mejor dicho el corazón de la gracia. Terminando de subir para después volver a su ropa casual, una chaqueta oscura con una bufanda roja adornando el simple polo a rayas negras que llevaba puesto.
—No hubo suerte, ¿n'est-ce pas? —la mujer suspiró profundamente al ver las caras negativas de las demás.
Masajeó su sien con dolor de cabeza, como la mayor y más experimentada del grupo creía que todo eso debía recaer encima suyo. Era cierto que Brigitte era la mecánica y quién daba mantenimiento a las armas pero ella debía organizarlas mejor. Exhalando más fuerte por esta desesperación por tener que trabajar en equipo con personas más jóvenes.
“Si no hubiera sido tan permisiva con Hana… ella tal vez no hubiera abandonado al equipo así.”
Juno se removió de su lugar, con las piernas temblando. Era casi como si hubiera escuchado lo que Amélie estaba pensando con ver la expresión en su rostro, apagando más el diminuto ánimo que tenía. Se culpaba porque esa misión haya fracasado, sintiendo como un millón de “hubiera” la inundaban.
Todas las chicas subieron al auto de la sueca que se acomodo como copiloto está vez. Dejando que Amélie condujera en todo el camino, aún el ambiente estaba tenso por lo que había pasado. Ni los comentarios ocurrentes y sarcásticos de Kiriko podían romper está situación.
Nadie a excepción de Juno. Quien sorprendentemente fue la primera en hablar.
—Yo… aún tengo muchas preguntas sobre la “magitech”. Y quiero aprender… —murmuró todavía apagada pero con esa curiosidad que solo ella podía tener—. ¡Así podría ser de utilidad está vez!
—Jajajaja te ves tan animada Juno —Kiriko soltó una carcajada al verla, dispuesta a responder—. ¿De que tienes dudas?
—Ummm bueno… ¿Cómo se supone que funciona? ¿De dónde sale la energía que usamos para transformarnos? ¿Existe un medidor para saber cuánto tiempo nos queda? Si se nos pierde nuestras armas eso significa que alguien más podría…
—Wow Juno cálmate o te dará un ataque de pánico —Briggite volteó un poco más animada que antes—. En realidad es bastante más simple de lo que crees.
—Así es, mira en si nosotras no producimos nuestra propia energía. No podemos invocar por nuestra cuenta nuestras propias armas ni mucho menos curar heridas mortales en nuestra forma de civil. Pero para eso tenemos esto —Kiriko chasqueo los dedos, invocando a su costado un pequeño zorrito naranja con alas blancas—. Estás son nuestras criaturas mágicas.
Continuó Brigitte, ahora ella también mostrando al pequeño gato blanco con barriga naranja de sonrisa apacible. Amélie las siguió, con una pequeña sonrisa por esa presentación poco ortodoxa. Sacando de la manga de su chaqueta una pequeña araña azul fosforescente. Las tres criaturas mágicas flotaron hasta quedar frente a Juno revoloteando a su alrededor.
—Tomalo como si fueran nuestra conexión con la magitech. Las armas son una representación de como es que se manifiestan aquí con nosotras —Brigitte estiró su dedo haciendo que la pequeña criatura se sentará sobre este, ronroneando al sentirse cómodo—. Nos dan parte de su energía a cambio que las alimentemos.
—¿Y como se debe alimentar?
—Nuestras emociones. —respondió firmemente Kiriko— ellos buscan una fuente de energía grande e ilimitada. Y al parecer no hay mejor fuente que las emociones de las chicas.
Brigitte retomó la explicación, señalándose a sí misma con orgullo.
—Yo soy la fuerza. Mi emoción es la determinación, las ganas de proteger, el coraje de enfrentarme a lo que sea.
—Yo la gracia —continuó Amélie usando su acento francés con ese cuidado al hablar—. Mi emoción es la paciencia, la precisión, la elegancia en cada uno de mis movimientos.
—Y yo soy la pasión —dijo Kiriko, guiñando un ojo—. Mis emociones son la convicción, el entusiasmo, las ganas de luchar por lo que creo y quiero.
—Nuestra fuerza de voluntad hace que ellas puedan materializar las armas y el poder que nos dan —concluyó Brigitte, acariciando la cabecita de su gato—. Mientras más fuerte sea nuestro corazón, más brillará y fuerte será nuestra magia.
Juno asintió lentamente, pero el ceño fruncido delataba que su cabeza estaba a punto de explotar. Eran tantos factores que la hacían marear desde el asiento ahora viendo a las chicas con sus criaturas mágicas se sentía… sola.
—Suena... complicado.
—Piensa en esto como un pastel de tres capas —explicó Kiriko, usando sus manos para ilustrar el concepto—. Los bizcochuelos son tu arma, tu criatura mágica y tu voluntad. Ahora imagina que lo que mantiene todo unido es un glaseado único que son tus emociones. Ugh, genial, ahora me dio hambre
Kiriko se dejó caer con fuerza en su asiento, llevándose una mano al estómago en una expresión de puro fastidio y hambre. Buscando con el espejo retrovisor a la mayor del grupo.
—¿Podemos ir a comer un postre por aquí cerca? He oído que hay una tienda de donas que...
—No —respondió Amélie con una frialdad que cortó la emoción de raíz.
—¡Qué mala eres! —Kiriko cruzó los brazos con un puchero—. Podrías ser un poco más permisiva, ¿sabes?
La francesa no respondió, pero sus dedos se tensaron ligeramente sobre el volante. Juno sintió cómo las palabras que había escuchado antes volvían a su mente. Esa voz en su cabeza, ese pensamiento que no era suyo. “Si no hubiera sido tan permisiva con Hana…” La curiosidad se apoderó de ella, picándole la garganta con ese fastidio de querer saber y las palabras escaparon antes de que pudiera detenerlas.
—Entonces... Hana también era buena en esas tres áreas, ¿no? —preguntó, tratando que no sonara muy específico o que llamara la atención—. Podríamos saber en qué fallaba y...
Apenas pudo terminar la frase cuando el auto frenó en seco. El chirrido de los neumáticos rasgó el silencio de la avenida, y las tres chicas se sacudieron hacia adelante por el impacto. Juno apenas tuvo tiempo de agarrarse al asiento delantero para no estrellarse contra el respaldo de Amélie. El silencio que siguió fue más ensordecedor que el frenazo.
Brigitte se había quedado pálida, con las manos agarradas al tablero como si fuera lo único que la mantenía anclada a la realidad. Kiriko tenía los ojos muy abiertos, su sonrisa habitual borrada por completo. Y Amélie... Amélie no se movía. Sus manos seguían en el volante, sus ojos fijos en algún punto más allá del parabrisas, pero había algo en su postura firme y serena que se veía fuera de lugar.
—Yo... ¿dije algo malo? —susurró Juno, encogida en su asiento como si eso pudiera devolver la pregunta.
—N-no, para nada —Brigitte fue la primera en reaccionar, aunque su voz sonaba forzada, quebradiza—. Es solo que... nos tomaste por sorpresa. ¿Cómo supiste eso?
¿Cómo supo eso?
La pregunta golpeó a Juno con la fuerza de una ola. No podía decirles que ahora escuchaba voces. No podía decirles que había escuchado a Amélie pensar en voz alta mientras miraba a Nocturna escapar. No podía decirles que no sabía si eso era parte de sus poderes o si se estaba volviendo loca.
—Yo e-eh... me lo imaginé —tartamudeó, bajando la mirada—. Brigitte siempre habla muy cercana con ella, y... ella también parece recibir poderes como nosotras.
El auto se sumergió en un silencio que pesaba más que el tráfico de Lijiang. Juno se encogió en su asiento, deseando poder desaparecer o, al menos, devolver la pregunta a su boca antes de haberla soltado. Sus dedos jugueteaban con el dobladillo de su camisa blanca, todavía manchada de hollín por la explosión.
Brigitte tenía la mirada perdida en el paisaje urbano que pasaba por la ventanilla, pero no lo veía. Veía otra cosa. Veía un garaje iluminado por apenas un foco, sentía todavía el olor a aceite y metal de los robots en mantenimiento, y la risa de Hana resonando entre las vigas mientras ambas ajustaban los últimos tornillos de un brazo mecánico.
—Solía quedarse hasta tarde conmigo —murmuró Brigitte, casi sin darse cuenta de que hablaba en voz alta—. Después de las patrullas, nos quedábamos en el taller. Ella decía que era la única forma de desconectar después de un día entero sintiendo y ayudando a la gente.
Kiriko dejó de retorcerse en su asiento. Incluso Amélie, que conducía con la mirada fija al frente, aflojó ligeramente la presión sobre el acelerador.
—Al principio era increíble —continuó la sueca, con la voz más frágil de lo que Juno le había escuchado nunca—. Su conexión con Tokki era... pura. El pequeño conejo que la acompañaba brillaba de energía cada vez que Hana sonreía. Podía repartir alegría por todas las calles de Busan sin apenas esforzarse. Pero luego...
Brigitte apretó el puño sobre su muslo, visiblemente perturbada por lo que sentía.
—Luego empezó a exigirse más. Quería proteger a todos, estar en todos los sitios a la vez. Las emociones positivas no eran suficientes; empezó a alimentar a Tokki con su propia adrenalina, su necesidad de ser la mejor, su miedo a fallar. Y Tokki... Tokki se volvió adicto a eso.
—La criatura mágica se corrompió —terció Amélie con voz plana, tratando de que no le afectara—. Y cuando la conexión se rompió, Hana quedó expuesta a todo el vacío que había estado reprimiendo. Los Corazones Huecos la encontraron antes que nosotras.
Juno sintió un escalofrío que le recorrió la espina dorsal. Miró sus propias manos, recordando cómo su hipercorazón se había deformado, cómo sus tiburones habían desaparecido. ¿Estaba ella también empezando a fallar? ¿Estaba condenada a seguir el mismo camino que Hana?
—No va a pasarte, por si acaso —dijo Kiriko de repente, como si le hubiera leído el pensamiento. La japonesa se inclinó hacia adelante con una sonrisa que intentaba ser tranquilizadora, pero que no llegaba del todo a sus ojos—. Estás empezando, Juno. Tienes tiempo de aprender a hacerlo bien. Hana... Hana quería correr antes de saber caminar.
—Y nosotras la dejamos —el susurro de Brigitte fue tan bajo que casi se perdió con el ruido de las calles.
—Non —concluyo finalmente la mujer francesa, con una firmeza que heló el aire—. Ella tomó sus decisiones. Nosotras tomamos las nuestras. Lo que hagamos de ahora en adelante es lo único que importa.
El semáforo donde estaban cambió a verde. Amélie aceleró con decisión, dejando atrás el cruce y también, de algún modo, el recuerdo de la ex heroína del corazón que había encontrado su camino.
Condujeron por unos 20 minutos más hasta que llegaron a lo que parecía ser un aeropuerto y Juno lo pudo notar al escuchar los fuertes rugidos de las turbinas de aviones. Antes de que pudiera preguntar sobre porque estaban ahí Amélie detuvo el auto en el estacionamiento.
—Chicas alisten sus cosas ya debemos irnos. —anuncio con su voz de mando la mujer de mirada fría.
—Q-que?
—Siento que a alguien se le pasó decirle la noticia a Juno, no es así Kiriko? —cuestiono con una ceja alzada la sueca a su amiga.
—Aaaaa de nuevo sabía que me estaba olvidando de algo. Bueno si no queda nada por hacer, creo que está es nuestra despedida.
los pasos apresurados de Amélie agarrando su maleta y cosas seguidas de las demás que ya entraban con una entrada directa a la pista de aterrizaje. Divisando un pequeño jet privado y personal donde ya las esperaba Freja con su ropa de civil. Junto a una nueva chica mágica de unos 28 años, que tenía unas gafas de piloto anunciando que ella era la piloto de ese jet.
—P-pero entonces eso significa que... ¿no volverán?
—Pfff ¡Claro que no! Nosotras somos un equipo, ¿recuerdas? Estaremos ahí para ti en cuanto lo necesites. —bromeó Kiriko con una risa.
Amélie les dedico una mirada antes de saludar a la piloto, a pesar de lo dura que era por fuera a ella le costaba mucho expresar sus emociones. Y más que todo decirlas.
—Tu debes ser Juno —la chica de pelo corto le tendió una mano con una sonrisa que contrastaba con la actitud fría de Amélie—. ¡Encantada, nueva heroína del corazón!
Juno aceptó el saludo con torpeza, todavía procesando todo lo que estaba ocurriendo.
—Oh, déjame que me presente. Soy Lena Oxton, o mejor dicho "Corazón del tiempo" —la inglesa se llevó una mano al pecho con orgullo, para luego soltar una risa ligera—. Pff, suena bobo cuando lo digo, ¿no es así?
—Un poco —murmuró Kiriko por lo bajo, ganándose un codazo de Brigitte.
—El caso es que he venido a recogeros —Lena hizo un gesto amplio hacia el jet privado que esperaba en la pista—. La base en Francia necesita a todas las heroínas disponibles para el informe sobre Nocturna. El Consejo Mágico quiere saber por qué una pintura antigua ha despertado tanto interés entre los Corazones Huecos.
Amélie asintió con gravedad, ajustándose la bufanda roja al cuello.
—Por eso debemos irnos ya. El jet despega en veinte minutos.
Las chicas comenzaron a moverse hacia la escalerilla. Lena se adelantó, intercambiando unas palabras con las demás chicas, que parecían felices de verla otra vez. Juno se quedó unos pasos atrás, observando cómo Freja subía con despreocupación, cómo Amélie comprobaba su equipaje por tercera vez, y le seguían sus dos amigas.
Un nudo comenzó a formarse en su garganta. Hasta que otra vez pudo escuchar esa voz en su cabeza, ahora con un tono diferente. Mucho más fuerte y determinado.
“¿Ya? ¿Eso es todo? No puedo dejarla sola.”
