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dulce cama

Summary:

Atom y Kongthap tienen una pelea, pero incluso enojados, no pueden dormir separados.

Work Text:

Kongthap estaba sentado en el borde del sofá, con los codos apoyados en las rodillas y la mirada fija en la alfombra. Habían tenido una discusión sobre el presupuesto que escaló demasiado rápido y el silencio en el departamento se sentía pesado. Kongthap pensó que dormir separados era lo más maduro para procesar el enojo sin decir algo hiriente.

Pero entonces, escuchó el arrastrar de unos pies por el pasillo.

Apareció Atom. Tenía su manta favorita naranja envuelta alrededor de los hombros, arrastrando una parte por el suelo, y el cabello revuelto. Sus ojos estaban entrecerrados, en esa mezcla de indignación y ganas de llorar que siempre suavizaba a Kongthap.

—El sofá es incómodo y vas a amanecer con dolor de espalda —sentenció Atom, parándose justo frente a él como un pequeño juez— ¿De verdad prefieres un sofá duro a dormir conmigo? que cruel eres, Kongthap...

Kongthap suspiró, intentando mantener su fachada de «estoy enojado», pero ver a Atom parecerse a un gatito resentido hacía que su resolución se desmoronara con demasiada rapidez.

—Atom, dijimos que necesitábamos espacio... —empezó Kongthap con voz tranquila.

—¡Pues el espacio es enorme en la cama! —lo interrumpió Atom, agitando una mano dramáticamente— ¿O sea que me vas a dejarme solo? ¿después de que me dijiste que siempre me cuidarías? estás usando la pelea como excusa para abandonar tus «responsabilidades». No tienes «derecho» a dejarme solo.

Kongthap apretó el puente de su nariz, cerrando los ojos con fuerza para evitar sonreír y traicionar su supuesta seriedad. Escuchar a Atom usar términos como «responsabilidades» y «derechos» para referirse a dormir juntos era, objetivamente, lo más adorable y manipulador que había presenciado en toda la semana.

—Atom... —susurró Kongthap, su voz perdiendo esa rigidez que había mantenido durante la discusión— No estoy abandonándote. Solo intentaba que no termináramos gritando de nuevo.

—El sofá es tu enemigo y yo soy tu novio. No puedes elegir al enemigo sobre mí. Es traición, Kongthap —replicó Atom— Enójate conmigo, pero en la cama.

Kongthap dejó escapar un suspiro largo, rindiéndose finalmente, bajó su mano y miró a su novio. La imagen de Atom ahí parado, luciendo como un gatito enojado pero con la audacia de un abogado de élite, terminó por casi derretirlo; y estaba cansado; el entrenamiento de la tarde, la tensión de la pelea le pesaban en los hombros, y la idea de dormir en ese sofá estrecho empezaba a parecerle una penitencia innecesaria ante la lógica de Atom.

—Está bien, tú ganas —claudicó Kongthap, levantándose del borde del sofá.

Atom finalmente se relajó.

Cuando llegaron a la habitación, Kongthap se acostó en el borde izquierdo de la cama, dándole la espalda a Atom. No dijo una sola palabra, simplemente se acomodó y cerró los ojos, manteniendo una distancia.

Atom, por su parte, se dejó caer al lado derecho, mirando fijamente hacia el techo con los brazos cruzados sobre el pecho y su manta naranja hecha un nudo alrededor de sus piernas. Estaba indignado. Para Atom, el protocolo era claro: se pelea con luz, pero se perdona en la oscuridad.

Pasaron 5 minutos. Silencio.

Atom soltó un suspiro largo y ruidoso. Nada.

Pasaron 10 minutos. Atom cambió de posición ruidosamente. Silencio. Nada.

A los 15 minutos, Atom no pudo más. Empezó a desplazarse hacia el centro, como un espía en una misión secreta, hasta que su brazo rozó el de Kongthap. Al no obtener reacción, estiró un dedo y le dio un toquecito en el bícep. Luego otro. Y luego una patada suave bajo las sábanas.

Kongthap seguía inmóvil, aunque por dentro estaba luchando por no soltar una carcajada ante la persistencia de su novio.

De pronto, Atom se incorporó de golpe, sentándose en la cama con el cabello más revuelto que antes y la cara roja de pura frustración.

—¡Esto es el colmo de la crueldad, Kongthap! —estalló Atom— ¡Eres un novio sin corazón!

Kongthap suspiró, pero no se dio la vuelta.
—Atom, intenta dormir. Mañana hablamos.

—¡No! ¡no hay mañana! —exclamó Atom, gesticulando con dramatismo— No importa qué tan enojados estemos, la regla no escrita del universo dice que siempre dormimos abrazados. ¿Cómo puedes estar ahí tan tranquilo? me trajiste aquí con promesas de paz y ahora me aplicas la ley del hielo.

Atom se cruzó de brazos otra vez, con los ojos cristalizados por la mezcla de rabia y necesidad de afecto.

—Me duele el corazón más que mis brazos después de batir huevos —añadió en un susurro dramático, lanzando su última carta emocional— Y tú solo me das tu espalda...

Kongthap no pudo contenerse más. Se dio la vuelta lentamente, encontrándose con la imagen de Atom luciendo como un volcán a punto de hacer erupción.

—Ven aquí —dijo Kongthap con voz ronca, abriendo un brazo en una invitación silenciosa.

Atom se lanzó literalmente sobre el pecho de Kongthap, rodeando su cintura para hundir el rostro en su cuello, soltando un último suspiro de victoria.

Atom levantó un poco la cabeza y empezó a rozar la mejilla de Kongthap con la punta de su nariz. Era un gesto suave y constante, moviéndose desde el pómulo hasta la línea de la mandíbula, inhalando el aroma que tanto lo obsesionaba.

Ese roce delicado de su nariz contra la piel de Kongthap era la forma que tenía Atom de «marcar» su territorio y, al mismo tiempo, de pedir perdón sin usar palabras. Ese pequeño roce de la nariz de Atom fue el golpe final para la resistencia de Kongthap, terminó por soltar un suspiro rendido y rodeó la espalda de Atom con ambos brazos, pegándolo aún más a él.
La mano de Kongthap trazó la columna de Atom, pasando por su trasero, en donde apretó suavemente antes de llegar a su muslo, para subir la pierna de Atom sobre su cadera.

Atom detuvo su «marcaje» justo en la comisura de los labios de Kongthap, dejando un beso casto.

—Lo siento, no tuve en cuenta lo mucho que te esfuerzas por nosotros y que los gastos de mis materiales de se salieron de control este mes.

La mano de Kongthap acarició suavemente el muslo de Atom.

—También lo siento —susurró Kongthap— Me puse demasiado rígido con los números. Solo quiero que estemos bien, que no nos falte nada, pero no debí hablarte de esa forma.

—Y yo te grité... lo siento tanto.

Atom hizo una pequeña mueca. Ninguno de los dos están acostumbrados a pelearse, ni mucho menos a levantarse la voz. Fue un mes estresante y esa pelea fue como la gota que derramó el vaso.

—Ya pasó, cariño. Mañana nos sentaremos con calma, veremos los números juntos y encontraremos una solución.

—...Cuando te fuiste me asusté —confesó Atom— Pensé que si dormíamos separados, el enojo se haría más grande por la mañana y odio que estés lejos.

Kongthap sintió una punzada de culpa en el pecho.
—Lo siento mucho, mi amor. No fue mi intención asustarte —murmuró Kongthap, su voz volviéndose aún más suave— Solo estaba frustrado y no quería que mi mal humor te hiciera sentir mal. Pero tienes razón... el sofá es el enemigo.

—El sofá es para ver series y no para dormir cuando peleamos —asintió— Promételo —murmuró Atom, trazando con la punta de su nariz la mejilla de Kongthap de nuevo— Promete que, aunque estemos súper enojados y yo sea muy dramático, nunca más vas a intentar mudarte al sofá. Es territorio prohibido.

Kongthap soltó una risa suave.

—Lo prometo. De ahora en adelante, las peleas se resuelven aquí, aunque tengamos que estar dándonos la espalda minutos antes de que tú empieces a invadir mi lado de la cama.

Atom soltó una risita suave, sintiéndose expuesto pero inmensamente feliz.