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Language:
Español
Stats:
Published:
2026-04-07
Updated:
2026-04-07
Words:
1,633
Chapters:
1/2
Comments:
4
Kudos:
63
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2
Hits:
306

Flores Amarillas

Summary:

Es 21 de septiembre y para Lautaro eso significa dos cosas; que empezaba su época favorita y que iba a recibir un ramo de flores de parte de su novio.

Notes:

es mi primera vez publicando algo de lo que escribi, intente inspirarme en una de mis escenas favoritas de floricienta y nada espero que les guste !

Chapter Text

Era 21 de septiembre y con eso el comienzo de la primavera. Lautaro se encontraba en su casa terminando de limpiar cada rincón de su casa y un poco ilusionado. Porque hace 4 años cada 21 de septiembre su novio le regalaba flores por la primavera y porque era la fecha donde se habían puesto de novios.

Miro el reloj y marcaban 12:30, era hora de preparar el almuerzo sabía que Manuel vendría con hambre y decidió cocinar algo que llenara la casa de un aroma casero y reconfortante. Mientras cortaba los ingredientes, no podía dejar de pensar en aquel jarrón de vidrio vacío que descansaba en el centro de la mesa, como un recordatorio silencioso de la tradición que los unía cada 21 de septiembre.

A las 13:00, el sonido de la puerta abriéndose hizo que el corazón de Lautaro empezará a acelerarse. Manuel entró con una sonrisa cansada pero brillante,saludando con un beso rápido y sentándose en la mesa.

El almuerzo transcurrió entre quejas del morocho por lo cargado que había estado el trabajo ese día sumadas a las quejas de su jefe, el rubio se dedicaba a escuchar, pero no dejaban de pensar en ese rincón del living que había dejado impecable esta mañana para las flores, así que cada vez que Manuel hacía una pausa, Lautaro esperaba la misma frase de todos los años "traje estas hermosas flores, porque me recuerdan lo hermoso que sos y lo mucho que te amo” Pero la frase no llegaba.

El almuerzo avanzaba y el nudo en la garganta que se formaba hacía más difícil para Lautaro pasar la comida. Se sentía tonto por estar tan ilusionado, esperando un ramo de flores amarillas mientras su novio hablaba de planillas de Excel y lo mucho que tuvo que trabajar hoy.

– ¿Pasó algo Lauti? Hoy estás muy callado – preguntó Manuel, pinchando su último bocado, sin notar la ilusión rota del rubio al esperar flores, que nunca llegaron.

– No Manu, no pasó nada –mintió Lautaro, fingiendo una sonrisa –Solo estoy cansado.

Terminaron de comer y juntos levantaron los platos de la mesa, para que después el rubio decidiera lavarlos.

– Bebote, me voy a dormir un rato – dijo Manuel – Después venís y dormimos juntos?

– Si Manu, termino de ordenar acá y subo– dijo Lautaro, forzando una sonrisa mientras abría la canilla.

El sonido del agua llenó el silencio de la cocina y el rubio dejó caer unas lágrimas silenciosamente, con la intención de no llamar la atención de su novio y simplemente descargar el dolorcito que tenía en el pecho. Un dolor de esperar algo que no llegaría, tal vez su novio se había cansado de regalar siempre lo mismo, pero para él esas flores eran el mejor regalo, le recordaban a que comenzaba su época del año favorita y que ese mismo día con una flor arrancada del pasto, Manuel le había pedido si quería ser su novio.

Y ahora cuatro años después, Lautaro sentia que era una tarde de siesta cualquiera donde el amarillo de las flores ya no tenía lugar.

Lautaro terminó de secar el último plato con movimientos lentos, como si quisiera retrasar el momento de subir. Se limpió el rastro de las lágrimas con la manga del buzo y respiró hondo antes de encarar hacia la escalera, pensó en Manuel durmiendo arriba y sintió que lo amaba, aunque esa tarde solo sintiera desilusión y tal vez, un poco de enojo.

Al abrir la puerta de la habitación que compartían, encontró a su novio plácidamente durmiendo y su lugar reservado, listo para dormir en su posición favorita; la cucharita, aparte eso era más cómodo para su pequeña panza.

Porque si, Lautaro estaba embarazado, se había enterado hace 2 días cuando después de 2 semanas de vómitos y mareos, decidió hacerse un test de embarazo. Los resultados arrojaron que tenía 3 meses, por lo tanto tenía planeado contárselo a su novio hoy, el día de su aniversario. Pero al parecer, lo tendría que posponer porque no se encontraba bien emocionalmente. Decidió cerrar los ojos y dormir, tal vez así pasaba más rápido el día.

Despertó porque el sol empezaba a filtrarse dentro de la habitación pese a que las persianas estaban cerradas, además del vacío que sentía al lado de él. Su novio no estaba y eso le preocupaba, normalmente no se levantaba hasta que él no se despertará por lo menos. Es así, que decidió bajar hasta el comedor y encontró una notita apoyada en la mesa.

“Bebote, tuve que ir al trabajo, es una escapadita, no tardó en regresar, te deje la merienda en la mesada. Por favor merenda tranquilo y no me esperes. Te amo”
-Manuel.

Lautaro dejó la nota sobre la mesa y sintió que el silencio de la casa se le caía encima. Miró la merienda en la mesada –un té que ya estaba tibio y medialunas con jamón y queso–, pero no tenía hambre, solo ganas de llorar. Se llevó una mano a la panza, todavía chata pero que para él ya guardaba todo su mundo, y sintió una punzada de soledad.

Acarició su vientre y pensó con amargura "quería que hoy fuera el día más feliz, pero papá está trabajando y se olvidó de que hoy cumplimos cuatro años, así que por ahora sólo yo sé que vos estás ahí ".

Intentó merendar, pero fracasó el silencio de la casa le recordaba lo triste que estaba siendo este día, que era más que importante para él. Caminó por el living –aquel que con tanto esfuerzo había dejado impecable– para encontrarse con el jarrón vacío ubicado en el centro de la mesa que parecía burlarse de él. Se sentó en el sillón y prendió la tele solo para no escuchar sus propios pensamientos, pero no podía concentrarse.

Al rato se escuchó el timbre de la casa, lo cual lo sorprendió, no esperaba recibir visitas. Decidió abrió la puerta, para encontrarse con un hombre vestido de traje.

– Señor… Lautaro Moschini? – preguntó aquel hombre– ¿Es usted?

– Ehh.. si, soy yo –contestó el rubio

– Tenemos algo para usted – dijo el hombre y le entregó una carta

– Muchas gracias – respondió el rubio con una sonrisa sincera – Ay, qué será?

“ Mi amor, como aquel 21 de septiembre y como todos los demás, te traigo tus flores amarillas porque te amo y soy feliz a tu lado todos los días”
-Manuel.

Al abrir y leer la carta, se dio cuenta que varias personas iban y venían con flores, pero no cualquier flores, con sus flores favoritas. Al pasar 15 minutos, las personas dejaron de ir y venir, dejándolo solo otra vez.

– Chau, muchas gracias – dijo el rubio, despidiéndose

Y al mirar hacia el living, se dio cuenta que se habia teñido todo de amarillo, que el jarron que se encontraba vacío ahora estaba adornado por unos hermosos girasoles recien traidos de una floreria. Ni hablar de las demás flores que estaban acomodadas en el piso, sin darse cuenta había una persona parada en el marco de la cocina admirando como el rubio sonreía a más no poder.

Manuel no se había olvidado del aniversario, ni de la primavera, de nada en realidad. Es cuando giró hacia el marco de la cocina, que lo visualizo apoyado en este mismo mirándolo con esa misma sonrisa que había visto cuando le dijo que aceptaba ser su novio.

El morocho se separó del marco de la cocina y caminó despacio hacia él, esquivando con cuidado las flores que ahora alfombraban el piso. Para el rubio el perfume era tan intenso que parecía haber borrado el olor a encierro y tristeza de la tarde.

​– Pensabas que el trabajo me había ganado ¿no? – susurró Manuel, llegando frente a él y tomándole las manos– Perdón por el misterio, pero quería que este 21 de septiembre fuera distinto. Quería que nuestra casa se viera como vos hacés que se sienta mi vida todos los días: llena de luz, con ese color que solo lo visualizo cuando estoy con vos, es por eso que..

​Manuel buscó algo en el bolsillo de su pantalón y, con un movimiento firme pero cargado de ternura y nervios, se arrodilló entre las flores. Y en ese momento el corazón de Lautaro dio un vuelco.

​– Hace cuatro años te pedí que fueras mi novio con una flor arrancada del pasto. Hoy, en nuestra casa y rodeados de toda esta primavera, quiero pedirte algo más –dijo Manuel, abriendo un pequeño estuche de terciopelo que revelaba un anillo brillante –Lautaro ¿te querés casar conmigo?

El rubio sintió como las lágrimas empezaban a caer, ya no de tristeza o desilusión, sino de emoción, de sorpresa.

– ¡SI,MIL VECES SI MANU! –Exclamó besándolo y tirándose a sus brazos, fundiéndose así en un abrazo que demostraba lo mucho que se amaban. Luego de unos minutos Lautaro habló.

–Yo también tengo algo para vos… – dijo el rubio, buscando en el bolsillo de la campera – Es esto.

Le entregó la prueba con las manos temblando, Manuel lo agarró confundido y lo vio; esas dos rayitas y el indicador de tres meses. Sus ojos pasaron desde los ojos de su novio a la panza, aquella panza que se veía normal es en donde estaba su bebé.

–¿Estás… de tres meses? –dijo el morocho en un susurro, con miedo de romper la burbuja en la que estaban – Vamos a ser papás?

Lautaro con lágrimas en sus ojos,solo asintió. Manuel soltó un sollozo de alegría y lo volvió a abrazar, esta vez con una delicadeza infinita, apoyando su mano sobre la pequeña panza de Lautaro. Y en ese living teñido de amarillo, entre el perfume de las flores y la promesa de un futuro juntos, comprendieron que esta primavera ya no era solo una fecha en el calendario; era el comienzo de una pequeña familia.