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Language:
Español
Stats:
Published:
2026-04-07
Words:
1,284
Chapters:
1/1
Kudos:
3
Hits:
37

Para entrar en calor || SumiKeke

Summary:

Tras un intenso fin de semana de ensayos y composición, las chicas de Liella! finalmente logran un respiro. Sin embargo, mientras el resto del grupo descansa, Sumire Heanna se encuentra atrapada en una especie de batalla contra su "entorno". Lo que ella no sabe es que no es la única que se siente de esa forma.

✿ Heanna Sumire x Tang Keke ✿

✯ One Shot ✯

••• Disclaimer: Love Live! School Idol Project no me pertenece, es propiedad de ASCII Media Works (Kadokawa), Lantis (Bandai Namco Music Live) y Sunrise (Bandai Namco Filmworks).

••• Advertencias:
*Yuri
*Girls Love
*Personalidades algo Ooc
*Datos ficticios inventados por el autor
*Algunas partes pueden carecer de sentido ;v
*Errores ortográficos

Notes:

Existe un fanfic SumiKeke muy bueno aquí en AO3, se llama "Sumire Heanna es mejor compañera de sueño que una pared (incluso si la pared está al lado izquierdo de la cama)" de la usuaria stardust_lovesong.

Lo recomiendo bastante porque este fic se me ocurrió mientras lo leía. Xd

El SumiKeke debería tener más contenido en español.

Fanfic basado en la primera generación de Liella! (Primera temporada de Love Live! Superstar!!).

Work Text:

            Sumire se removió en su futón mientras temblaba. ¿Era su imaginación o el aire acondicionado estaba más alto de lo que debería?

            Estaban en la casa de Ren desde el viernes en la noche; componían una canción que las ayudara a avanzar y también apoyaban a Chisato en la creación de una coreografía que fuera lo suficientemente «Galaxy» —en palabras de Sumire— para conmover al público.

            Debido a su esfuerzo constante, y a que casi no descansaron, el domingo por la noche consiguieron alcanzar su objetivo.

            Pudieron componer la canción y establecer una bella coreografía. Lograron, incluso, ensayar los pasos y memorizar la canción.

            Más tarde, después de cenar y jugar un rato, el cansancio hizo acto de presencia en sus agotados cuerpos y, apenas tocaron sus respectivos futones, cayeron en un profundo sueño.

            Todas dormían, excepto Sumire.

            La rubia suspiró ruidosamente bajo las sábanas y se descubrió el rostro, frustrada. Miró a su alrededor; sus compañeras no parecían sufrir lo mismo que ella. Seguían durmiendo apaciblemente. Hacía una hora que habían terminado sus actividades.

            Al parecer, la única que se sentía incómoda con esa situación era Sumire, que todavía daba vueltas en ese futón. No entendía por qué no podía terminar de dormirse cuando el viernes y el sábado había podido dormir —durante unas pocas horas— con relativa facilidad. Era como si le faltara algo; sentía que había un vacío que no la dejaba descansar.

            —Tch, esto sí que es una molestia —gruñó, incorporándose. Al destaparse, sintió nuevamente cómo el frío la abrazaba, haciéndole temblar—. Debo dormir, mañana hay clases —se frotó los brazos con las manos, cuyas palmas también estaban heladas, en un intento por nivelar un poquitín la temperatura de su cuerpo—. El aire acondicionado no me afectaba ayer, ¿entonces por qué…?

            —Sumire —susurró Keke, quien apareció, repentinamente, acuclillada a su lado.

            Sumire casi deja escapar un chillido de no ser porque Keke se adelantó y, en un rápido movimiento, le tapó la boca usando su mano derecha.

            —¡Qué ruidosa eres! —bufó Keke en voz baja.

            Sumire se quitó de la boca la mano con la que Keke la callaba.

            —¡Me asustaste, por supuesto que haría ruido! —replicó Sumire en un murmullo, con una venita inflamada en la frente.

            —Hmph, no sabía que los isópodos gigantes podían asustarse.

            —Es que somos alérgicos a las frikis obsesivas de school idols —replicó Sumire, con un pequeño tic en una ceja.

            —¿A quién llamas friki obsesiva, actriz de cuarta? —Keke iba alzando la voz de a poco.

            —No veo ninguna actriz de cuarta por aquí, solo a una loca que asusta a los demás en medio de la noche —contraatacó Sumire, esbozando una pequeña sonrisa.

            Keke iba a decir algo más, pero entonces Chisato, que estaba cerca de ellas, se removió en su sitio y dejó salir un bostezo, haciéndoles caer en cuenta de que era tarde y de que no estaban solas en ese lugar.

            Unos segundos después, Chisato volvió a quedarse inmóvil en su futón. Sumire y Keke volvieron a respirar con tranquilidad.

            —Escucha —susurró Keke, quien abrazaba una almohada que había traído desde su propio futón—. Te ofrezco una tregua, isópodo…

            —¡Vuelves a llamarme isópodo y haré que te tragues esa almohada! —gruñó Sumire, cuidando de que solo Keke pudiera escucharla.

            Keke suspiró y, deshaciéndose de las ganas que tenía de decirle sus cosas, apretó la suave almohada entre sus dedos y la miró con inusual determinación. Parecía estar invirtiendo una gran cantidad de voluntad para decir lo que tenía en mente.

            —Te ofrezco una tregua, Sumire —repitió con los dientes apretados—. Por lo que he podido ver, tienes problemas para dormir…

            —Yo no tengo…

            —Déjame terminar —Keke puso un dedo en sus labios, haciendo que las mejillas de la actriz adoptaran una tonalidad borgoña—. Tienes problemas para dormir… y yo también. Tú… estabas temblando mucho; supongo que es por el frío que no has podido pegar un ojo, ¿cierto?

            Keke retiró su dedo de los labios de la rubia y Sumire, que se sentía extrañada por ese curioso comportamiento por parte de su amiga, decidió que no era momento de dejar que el orgullo guiara sus acciones.

            La chica hablaba con ella de una forma calmada y sincera; no tenía intenciones de pelear. Después de todo, ¿no había dicho algo de una tregua al principio?

            Sumire llegó a la conclusión de que solo tenía que calmarse y hablar con ella de la misma forma; por lo que se mentalizó, tomó aire y decidió seguir con la conversación sin mostrar signo alguno de hostilidad.

            —Pues… sí, así es —Sumire bajó la mirada y comenzó a juguetear con sus dedos—. No sé por qué, pero hoy he tenido más frío de lo usual y siento como si… uh…

            —Sientes como si te faltara algo —completó Keke, sorprendiendo a la rubia—. Lo sé porque yo también siento lo mismo.

            Sumire detalló el rostro de Keke y notó que, al igual que ella, un vivo sonrojo abrazaba sus pálidos mofletes.

            —Keke…

            —Así que… —Keke apretó la almohada contra su pecho y frunció el ceño; sus gruesas cejas casi se juntaron debido a su tensa expresión de seriedad—. Podríamos… ¡po-podríamos…!

            —¿Dormir juntas?

            Keke casi se atraganta con su propia saliva y Sumire dejó escapar una risita ante semejante reacción.

            —Ya suponía que lo pedirías —reveló Sumire, encogiéndose de hombros—. Es decir, tampoco puedes dormir y viniste hasta mí en medio de la noche…

            Keke clavó la mirada en el suelo, sus dedos trémulos afianzando la almohada con más fuerza de la calculada.

            —Si no quieres… —comenzó Keke con dudas, haciendo lo posible por no rehuir de la mirada jade de su amiga.

            —No he dicho eso —Sumire se echó a un lado, dejándole espacio a la chica para que se acomodara—. Ven, entra…

            —¿No tienes problema?

            —No.

            —¿No te incomoda?

            —No…

            —¿Te mueves mucho al dormir?

            —No…

            —¿Estás segura…?

            —Keke… —Sumire sonrió ampliamente mientras le ponía una pesada mano en el hombro; una ceja empezaba a temblarle—. Hazme el favor de meterte bajo las sábanas de una buena vez o te meteré a la fuerza… y estoy hablando en serio —quitó su mano del hombro de la más baja y volvió a señalar el espacio en su futón—. Entra ya o te haré entrar.

            Keke infló una mejilla y, mirándola mal, acomodó su almohada en su lugar y se metió en el espacio que le había dejado Sumire.

            —Ya ni preguntar se puede —gruñó Keke, acostándose junto a ella para después darle la espalda.

            —Eso pasa cuando agotas tu cuota de preguntas —replicó Sumire, acomodándose a su lado.

            Keke tembló ligeramente al sentir el cálido cuerpo de la rubia tan cerca del suyo. El futón no era el más grande y, si no querían terminar en el duro y frío suelo, debían estar apretadas la una contra la otra.

            —Buenas noches, Keke.

            —Buenas noches, Sumi… ¡wah! —Se tapó la boca para no hacer demasiado ruido al sentirse rodeada desde atrás por los brazos de la rubia—. ¡¿Qué rayos…?!

            —Dijiste que tenías frío —Sumire se apretó contra ella, sintiendo cómo el rico olor que desprendía el cabello de su amiga le inundaba las fosas nasales—. Yo… también estoy helada, así que esto… esto nos ayudará a entrar en calor.

            Keke no dijo nada más y, dejándose abrazar, no opuso resistencia.

            Pronto olvidó que su rostro ardía y acabó por relajarse. El cuerpo de Sumire desprendía una calidez que iba más allá de lo físico, por lo que se sintió realmente cómoda y el frío, que había estado maltratando su cuerpo, retrocedió lo suficiente como para dejarla descansar.

            De esa forma, Sumire y Keke pudieron combatir el frío y dormir plácidamente durante esa extraña noche de domingo.