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Language:
Español
Stats:
Published:
2026-04-07
Words:
1,723
Chapters:
1/1
Comments:
2
Kudos:
4
Hits:
37

Las sospechas de Chisato || SumiKeke

Summary:

Arashi Chisato cree conocer bien a sus amigas, es por eso que empieza a sospechar cuando el comportamiento de Sumire y Keke durante su nuevo viaje a la isla de Sunny Passion es... inusualmente pacífico.

¿Dónde quedaron los berrinches y las peleas eternas?

Decidida a no dejar que un secreto se le escape de las manos, Chisato emprenderá una pequeña investigación con el fin de descubrir lo que pasa... siempre y cuando haya algo que descubrir. ¡One Shot! (SumiKeke).

✿ Heanna Sumire x Tang Keke ✿

✯ One Shot ✯

••• Disclaimer: Love Live! School Idol Project no me pertenece, es propiedad de ASCII Media Works (Kadokawa), Lantis (Bandai Namco Music Live) y Sunrise (Bandai Namco Filmworks).

••• Advertencias:
*Yuri
*Girls Love
*Personalidades algo Ooc
*Datos ficticios inventados por el autor
*Algunas partes pueden carecer de sentido ;v
*Errores ortográficos

Notes:

Fanfic basado en la primera generación de Liella! (Primera temporada de Love Live! Superstar!!).

Work Text:

            Chisato no era la más observadora del mundo; sin embargo, cuando se trataba de sus amigas, solía estar un poquito más pendiente de lo usual y mirar con más atención de la acostumbrada lo que fuera que estuvieran haciendo. Fue por eso que se dio cuenta de que algo sospechoso estaba ocurriendo cuando a Sumire y Keke les tocó compartir cama, pues, a su parecer, cuando ese par se enteró de la noticia, estuvieron más tranquilas de lo que ella esperaba.

            Según lo que le había contado Kanon, Sumire y Keke armaron un buen berrinche cuando tuvieron que compartir la cama durante el tiempo en el que estuvieron hospedadas en la isla natal de las integrantes de Sunny Passion.

            Ahora que la agrupación había vuelto a invitarlas, pero esta vez siendo cinco integrantes y llamándose «Liella!», las chicas pudieron disponer de una habitación un poco más grande que la de esa vez. El problema radicaba en que solo disponían de tres camas.

            Al principio, por medio de un «piedra, papel o tijera», determinaron a la que se quedaría con una sola cama, y esa fue Ren. Luego de otras rondas, se llegó al acuerdo de que una de las camas sería ocupada por Kanon y Chisato; la otra correspondía a Sumire y Keke.

            Chisato esperaba presenciar tremenda discusión, la pelea del siglo. Sin embargo, nada pasó. No hubo pelea, ni discusión y mucho menos berrinches. Solo hubo un ligero refunfuño por parte de Sumire y un bajo gruñido emitido por Keke, quien se cruzó de brazos en un dramático intento de parecer más molesta e inconforme de lo que realmente se sentía.

            Kanon y Ren solo se encogieron de hombros y agradecieron que nada agresivo ocurriera entre ellas. Chisato, por su parte, con una expresión extrañada y el ceño fruncido, miró a sus amigas con detenimiento. Había algo raro, de eso estaba segura.

            Después de eso, Chisato —quien sospechaba que ocurría algo extraño entre esas dos— se dedicó a observar el comportamiento de sus compañeras por el resto del día.

            Las miró con atención mientras corrían, estudió sus expresiones cuando les tocó hacer un dueto de práctica para su próximo concierto e incluso apoyó a Sumire en la cocina durante la preparación del almuerzo.

            Para cuando la tarde empezó a caer y las chicas decidieron finalizar el entrenamiento especial y volver al hospedaje, Chisato no cabía en su asombro.

            Al observar a sus amigas con más detalle, notó que, aunque al principio —cuando Liella! no era más que un grupo de tres integrantes— no se llevaban nada bien, en la actualidad apenas discutían. No se trataba de que sus interacciones hubiesen mejorado o algo por el estilo, sino que ahora procuraban mantenerlas al mínimo. Era como un acuerdo tácito entre ellas, hecho para reducir los conflictos; pues, a menor contacto, menos problemas.

            No obstante, Chisato notó algo más: de vez en cuando, Sumire y Keke intercambiaban unas miradas «raras». No tenía mucho conocimiento de esas cosas, pero casi podría jurar que eran de complicidad, como si compartieran un secreto importante.

            Mientras esperaban por la cena —que estaba siendo preparada, una vez más, por la hábil Sumire—, Chisato llegó a la conclusión de que tenía que estar más pendiente de su entorno. Pasaban muchas cosas a su alrededor y ella apenas era consciente de una pequeña parte de lo que sucedía frente a sus propias narices.


            Cuando llegó el momento de dormir, Chisato, sin dar muchas explicaciones, tomó el lado de la cama que estaba cerca de la que ocuparían Sumire y Keke. Kanon decidió no hacer preguntas acerca de su decisión; estaba muy cansada y lo que menos sentía en ese momento era curiosidad ante el comportamiento de su amiga.

            Chisato supo que su líder se había dormido al percibir cómo su respiración se acompasaba y, en voz baja, comenzaba a entonar fragmentos de algunas de las canciones que había compuesto recientemente. Su subconsciente estaba liberando información a diestra y siniestra.

            Ren, que estaba en la cama más alejada, se durmió apenas su espalda hizo contacto con el suave y mullido colchón.

            Aunque estaba tan cansada como el resto, Chisato adoptó la determinación de mantenerse firme y no se durmió. Decidida a confirmar sus sospechas, se mantuvo alerta y, usando toda la voluntad de la que disponía, se aferró a la realidad mientras mantenía los ojos cerrados. No era una opción levantar sospechas.

            De vez en cuando, entreabría los ojos y miraba largamente hacia la cama donde reposaba la «pareja dispareja».

            Aparentemente, la única que estaba despierta en esa habitación era Chisato. Desde su perspectiva, Sumire y Keke dormían a pierna suelta, justo como su mejor amiga y la presidenta del Consejo Estudiantil.

            Tuvieron que pasar dos horas para que la voluntad de Chisato comenzara a mermar y el sueño, que arremetía contra su cansada psique, hiciera estragos en su cuerpo.

            Una hora después, Chisato reconoció que había estado exagerando y que ya debería dejar de lado la vigilancia que mantenía hacia la cama de sus amigas. Estaba bostezando y relajándose en la cama, dejándose llevar por los cálidos y cómodos brazos de Morfeo, cuando notó que Sumire estaba despierta.

            De inmediato, la somnolencia desapareció de su sistema y, procurando no dejar ver que seguía consciente, Chisato entrecerró los ojos y se quedó muy quieta. Su respiración se mantuvo lenta y constante.

            Desde su lado de la cama, Sumire observaba a Chisato con atención. Buscaba algún indicio que le hiciera saber que la coreógrafa seguía despierta, pero no lo consiguió. Al parecer, desde su perspectiva, la portadora de los ojos carmesí estaba tan dormida como Kanon y Ren.

            —¿Sumire? —susurró la aguda voz de Keke a su espalda—. ¿Todo bien?

            —Sí… —respondió Sumire, dudosa—. Creo que Chisato está dormida.

            —¡Te lo dije!

            —Es mejor prevenir que lamentar —se excusó, no queriendo darle la razón a Keke.

            —¡Nunca me haces caso cuando te digo las cosas! —masculló Keke con reproche—. Mañana tenemos que madrugar y seguimos despiertas porque tú…

            —¡Oye, no es momento para pelear! —gruñó Sumire, dándose la vuelta para encararla—. Mejor aprovechamos ahora… —Bajó su mirada jade hacia el busto de Keke, apenas cubierto por la blusa rosada—. Ahora que sabemos que todas duermen…

            —Pues ahora no quiero —Keke cruzó las manos sobre su pecho, ocultándolo de la ávida mirada de la chica con quien mantenía una relación en secreto—. Es tarde, tenemos que dormir…

            —No hemos dormido en toda la noche, ¿por qué ahora sí deberíamos? —La voz de Sumire se había hecho más profunda a medida que hablaba. Llevó sus manos hacia las de Keke y las quitó de en medio, dejando libre el escote que la chica intentaba ocultar.

            —¿Tal vez porque mañana tenemos que practicar y, de seguir con esto, estaremos muy cansadas para ello? —Pese a sus palabras y a la ironía en su voz, Keke no opuso resistencia cuando Sumire comenzó a masajear su pecho con manos impacientes—. Sumire…

            —Ni creas que voy a detenerme; puedes seguir con tus sermones todo lo que quieras —tomó el borde de la blusa y tiró de ella hacia abajo, dejando libre el pecho izquierdo de Keke, cuyo pezón estaba erguido y rígido—. ¡Esto se ve muy «Galaxy»!

            —¡Sumire! —gimió Keke con un hilo de voz, al sentir los dedos de la mencionada pellizcando su sensible pezón—. Pero… pero sí creo que deberíamos dormir.

            —No creo que pueda dormir teniéndote tan cerca —Sumire soltó uno de los pechos de su amada y subió la mano hacia su rostro, empezando a dejar suaves caricias en una de sus mejillas—. Sería un desperdicio no hacer nada justo ahora que nadie más…

            De repente, Sumire sintió algo parecido a una puntada en la nuca y, al girarse rápidamente, se encontró con que todo seguía igual a como estaba antes de que ella se concentrara en Keke. Aparentemente, todas dormían y nadie las observaba.

            —¿Sumire? —Keke se apoyó en un codo para incorporarse—. ¿Pasó algo?

            —No… nada —dijo Sumire, dudosa, y volvió a su posición original—. Eh, sabes, Keke, creo que por una vez te daré la razón —sonrió de forma poco convincente—. Deberíamos dormir…

            Ahora era el turno de que una de las gruesas cejas de Keke empezara a temblar.

            —No quiero.

            —¿Uh? —Sumire pronto se vio debajo de una irritada Keke, quien, emitiendo un agudo gruñido, aprovechó la cercanía para lanzársele encima y sentarse a horcajadas sobre su abdomen—. ¡¿Qué… qué haces?! ¡¿Te volviste loca?!

            —¡Primero haces lo que quieres! —Keke metió una mano bajo la ligera blusa a rayas verdes y blancas que portaba Sumire—. ¡Ignoras lo que te digo, me manoseas y haces que quiera más! —Puso su boca peligrosamente cerca de la de su novia mientras acariciaba la suave piel de la rubia y apretó un pecho con más fuerza de la necesaria, sacándole un ahogado jadeo a quien mantenía bajo su cuerpo—. ¡Y luego me dices que debemos dormir! ¡Pues ahora yo haré lo que quiera!

            —¡No… no lo entiendes, Keke! —intentó refutar Sumire, entrando en pánico debido a que no podía escapar. Su furiosa novia atrapó sus muñecas y las sostuvo contra la cama. De repente, era más fuerte que antes—. ¡Creo que… creo que una de las chicas nos está mirando…!

            —¡Me importa un soberano cangrejo!

            Sumire abrió la boca para decir algo más, pero Keke aprovechó esto para terminar de cerrar la distancia entre ellas y besarla con ira y deseo en partes iguales, profundizando el contacto sin perder un segundo de tiempo. Nunca lo diría en voz alta, pero para Keke, la boca de su novia siempre sabía a gloria.

            Sumire opuso resistencia, se retorció contra su cuerpo y jadeó en voz baja cuando Keke le mordió el cuello. Pronto dejó de luchar y se dejó hacer. Para lo único que luchó fue para no dejar escapar ningún gemido que pudiera delatar lo que ella y Keke estaban haciendo.


            «Siempre lo supe», pensó Chisato, sintiéndose cada vez más adormilada y feliz al mismo tiempo.

            Lo había visto y escuchado todo. Aunque sí le impactó que, al final, Keke fuera la que tomara las riendas, quedó satisfecha con el hecho de saber que no exageraba cuando sopesó la posibilidad de que esas dos estuvieran juntas.

            Habiendo visto suficiente, y sintiendo cómo poco a poco se iba dejando llevar por Morfeo, Arashii Chisato finalmente se durmió.