Chapter Text
—Hijo ya deja esa pinche computadora al menos una vez.
Con un gruñido de hartazgo, el joven se cruzó de brazos al notar la presencia de su padre apoyado en el marco de la puerta. La brecha generacional los separaba en demasía, el menor en sus 20's, el mayor a mitad de sus 60's, un constante motivo de fricciones entre ambos, aunque tampoco era el único.
—¿Qué quieres?
—Baja, tenemos que hablar contigo.
—¿Sobre qué?
—Que vengas, es importante.
—Estoy ocupado... Haciendo cosas.
—Ahorita lo retomas, tú ven.
—Ah que la chingada... —Levantándose y hablando entre dientes mientras el más adulto se adelantaba— Ya saben cómo me zurra que no me digan las cosas directo...
Lo esperaban en la sala su mamá y hermana mayor con rostros serios, el más joven lucía un porte despreocupado si bien su mente solo pensaba en la urgencia de acabar con la charla para volver a encerrarse.
—Hijo —Comenzó la madre— Como sabes, ya tienes 24 años cumplidos.
—Ajá.
—Y el año pasado te titulaste.
—A costa de mi salud mental y vesícula, sí.
—Pues ya va siendo hora de que te metas a trabajar papasito —Su hermana tenía menos tacto, a veces se agradecía, en este caso no— Te la pasas todo el día echadote sin hacer nada.
—¿Y tú? Hace casi tres años te corrieron y estás exactamente igual que yo.
—Pero yo ya trabajé, y lo mío fue por salud.
—Por salud es que no quiero trabajar, salud mental.
—Ay pinche cristalito, ora resulta que has sufrido mucho, no aguantas nada.
—Ya, deja a tu hermano —Interrumpió la mayor para retomar— Solo piensa en que esto nos conviene a todos, sí es cierto que tenemos lo suficiente para comer con nuestras pensiones, pero ese extra no viene mal.
—Qué vergüenza, somos familia bienestar.
—Vergüenza para ti —El menor de la familia se encogía de hombros— Si de todas formas cualquier gobierno nos tiene jodidos mínimo que me den dinero... Yo quería la pensión de discapacidad pero no me veo lo suficientemente malito según su criterio.
—Y justo por eso te toca hacerlo de la forma convencional.
—¿Y a dónde se supone que iré? No puedo ser terapeuta porque me hace falta maestría y especialización para eso.
—Por eso dicen que las amistades son un tesoro —Intervino el padre— Mi compadre me contó que justo andan buscando psicólogo para su empresa.
—Ay no, no, no, no, cualquier cosa menos eso, saben cuánto me caga esa rama de psicología.
—Pendejo, si es la que más deja.
—Psss claro, si es la aliada de la esclavitud y sometimiento de la clase obrera, 'mana.
—Aquí no salgas con tus chairadas —Le cortó su progenitor— Te guste o no mañana te presentas en su oficina para la entrevista, igual es probable que te quedes porque es un favor que me hará.
—Eso lo hace peor —Rodó los ojos— ¿Y si no quiero?
—Te echamos de casa.
—¿¡Qué!? ¿¡Por qué!?
—Porque para huevones mejor nada.
—¿No te mordiste la lengua? Tú tampoco trabajas desde hace como 15 años y te la pasas durmiendo, viendo tele y chingando a mi madre como niño chiquito.
—¡Pero no estamos hablando de ti! ¡Y me respetas!
—Como si te lo merecieras.
—¡Soy tu papá!
—Progenitor, dirás —Hace unos 4 años decidió que su figura paterna es Tobias Forge, vocalista de Ghost, pero esa es otra historia— ¿No puedo solo esperar a que legalicen la eutanasia y ya no los molesto?
—Estás pero si bien jodido del cerebro tú.
—Gracias, ya tengo un papel que lo avala de hecho, es el único patrimonio que me dejas.
—¡Bueno ya, se calman los dos! Solo te presentas, trabajas y ya, se acabó la discusión.
—¡Agh, está bien, pues! —Resopló ya con tremendo dolor de cabeza atacándolo— ¿Y dónde madres es? Pa empezar.
—En jabones Olimpo.
—... Tiene que ser una broma.
—Vamos, hijo —El viejo le habló con su tono normal, como si no le hubiese llamado dañadito hace 10 segundos— Es una empresa muy buena, la más importante de Aguascalientes... Es el trabajo soñado para cualquiera.
—Nadie con tantita cordura soñaría con trabajar... Pero ok, no es como que me dejan opción, ¿Ya me puedo largar?
—Sí, ya puedes irte.
—Gracias.
—¿Ves ma'? Por andarlo cuidando tanto ahora quiere andar de inútil.
Dicen que la familia de sangre no se escoge... Y es cierto, porque aunque el chico se describía como tremendo pendejo, ni en un millón de años habría elegido nacer en una familia com múltiples capaz de trauma generacional, nivel socioeconómico bajo y alta predisposición a enfermedades físicas y mentales... Bueno, no habría nacido en general.
Pero como ya lo habían metido en este desmadre bajo amenazas, no le quedó de otra más que fingir ser alguien funcional y preparar todo lo que necesitaría para su entrevista el día siguiente, así como lo hizo en su momento para sobrevivir hasta culminar la educación superior, total, aún tenía la oportunidad de perder otros cuantos órganos no tan vitales. Cuando tuvo todo organizado y tras verificar 20 mil veces en Google Maps el recorrido que tendría que hacerse para llegar, se dejó caer en la cama, cerrando los ojos para pensar en su más grande sueño:
Sufrir muerte de cuna a su edad actual.
[...]
La alarma sonó temprano, su primer pensamiento fueron lamentos por despertar con vida mientras su cuerpo en piloto automático procedía con su rutina perfectamente estipulada desde hace años; baño de pies a cabeza, no ducha rápida pero tampoco de horas, lavado de dientes, peinando sus rizos negros tomando como referencia una foto de Will Graham porque le encantaba verse así aunque fuera su versión de bajo presupuesto, razón por la cual no se rasuró; se vistió con una camisa azul oscuro, chaleco y pantalones grises, junto a una corbata rayada con los colores antes mencionados, terminó con zapatos negros y se miró al espejo. Habían más cosas que desearía ponerse, por desgracia al menos en esta primera impresión debería parecer alguien normal... Si es que eso era posible.
Tomó la mochila donde tenía su carpeta con documentos, ahora armado con sus audífonos con cancelación de ruido, música, 50 varos pal pasaje y 4 trastornos salió de su casa rumbo a su destino.
Los viajes en camión eran un tormento sensorial entre el calor, el amontonamiento de gente, el movimiento ajetreado, la música de la bocinas del chófer y el escándalo de esa carcacha que ya debía ser descontinuada, pero ningún viaje era tan largo cuando años de trauma te "bendicen" con la capacidad de disociar.
Suspiró de alivio ante una de las más grandes dichas para cualquier introvertido, una persona gritó "bajan" justo cuando él pensaba hacerlo, se apuró a decender quedando frente al estacionamiento del edificio. Se quitó los audífonos y los guardó para sacar su carpeta, y aprovechando que sus emociones lo abandonaron por completo gracias a la falta de sueño, puso su mejor cara, lo más "neutra" posible... Entre comillas porque su verdadera expresión base le daba a todos la impresión de que estaba encabronado y con ganas de matar a alguien... A veces sí, pero no era tam común... Igual no se iba a arriesgar a que lo malinterpretaran aquí.
Una vez dentro inició el verdadero desafío... Hablar con alguien. La recepcionista se veía enseguida, no hubo mayor debate y fue primero con ella, intentó no mirar al resto de trabajadores, a los que percibía como perros de pelea capaces de oler su miedo... Sí, cosas como esta le recordaban que en efecto estaba dañadito.
—Ehm, disculpe... —Con una voz más débil de la que quiso usar, su corazón latía a millonésimas por hora, hasta su visión se nubló... ¿Tan rápido se colapsaba?— Disculpe...
—Dame un minuto —Indicó la mujer de edad avanzada que atendía el teléfono— Ay sí, ¿Tú crees? Yo siempre le dije que ese hombre tenía cara de infiel, y ve, lo que le pasa por no hacerme caso.
El chisme gratis ayudó un poco a bajar sus niveles de ansiedad... Pero estaría mejor sin tener que aplazar su inevitable entrevista, no insistía en que lo atendieran porque los flashbacks donde sus padres le gritaban por interrumpir se manifestaron. Otra mujer, muchísimo más joven dejó su puesto para acercarse a él.
—¿Buscabas a alguien, muchacho?
—Este... Sí, al licenciado Iván Mondragón.
—Ah claro —Apuntó al otro lado de la sala— Ahí está su oficina.
—Gracias, y buen día.
Inclinó la cabeza con formalidad y se dirigió para allá, no iba muy rápido ni muy despacio, de paso echó una barrida rápida con la mirada porque tenía que tener perfectamente evaluada e identificada cada parte de su entorno para que, en caso de tener que hacer algo ahí, pudiera ir directo sin necesidad de más interacción humana de la necesaria.
—Buenos días...
—Buen día —El hombre apartó la vista de su computadora para voltear hacia él— Ah, Alan, me alegro que llegaras.
—Así es, tío Mondra...
—Pasa, toma asiento —Se levantó para cerrar la puerta mientras el joven se acomodaba— ¿Qué tal el viaje?
—Meh... Pensé que me quedaría más lejos de casa, hasta eso me fue bien...
—Un trabajo cerca de casa siempre es una bendición... ¿Cómo están tus padres?
—Están... Es lo que importa.
—Supongo —Levantó una ceja— ¿Traes maquillaje en los ojos? No digo que esté mal, solo quería sa-...
—Son mis ojeras, tío Mondra.
—Ah-... Perdón, sí, debí notar que-... —Se aclaró la garganta e hizo algunos movimientos en su computadora— Ya debes saber para qué te solicité.
—Para obligarme a ser partícipe de este ciclo de destrucción llamado mundo laboral, sí —Estar con alguien de confianza deshacía sus máscaras.
—Vamos, Alan, no es tan malo.
—La palabra "trabajo" literalmente viene del latín "tripalium", un instrumento que consistía en tres palos en los que se ataba a la persona para quemarla o torturarla... No lo digo yo, lo dice la etimología.
—Pero eso fue hace siglos, ya es diferente la cosa.
—Se sofisticó la tortura, y a los que les va medianamente bien son la gente privilegiada... O me lo vas a negar.
—No... Pero tú necesitas un empleo y nosotros a un psicólogo.
—No me gusta la rama laboral, tío, y lo sabes bien...
—Sí, lo entiendo, pero ejercer como clínico es difícil sin importar si eres público o privado, el área de investigación es casi una mafia, la educativa te exije mucho por poco recurso, y la social no tiene mucha oferta.
—Es que mi idea era solo obtener un título para que me dejaran en paz y de ahí esperar la eutanasia... —Frunció el ceño y torció la boca— Este no es el tipo de información adecuada para una entrevista de trabajo, ¿Verdad?
—Es correcto, me temo —Le extendió la mano para que le pasara sus documentos, así fue— Ve el lado bueno, tal vez no era a lo que te querías dedicar, pero vas a estar aquí conmigo, no tienes que empezar desde cero, te facilitará todo.
—Eso me suena a compadrazgo o nepotismo.
—Es una empresa familiar.
—Touché... —Suspira— Ok, acepto... ¿Qué tengo que hacer?
—Ya nada, preséntate la siguiente semana.
—¿Y ya? ¿No van a hacerme más pruebas? ¿Capacitación?
—Sucede que tu puesto es nuevo, bueno, sí hay algo de datos que se deben llenar pero yo me haré cargo de eso porque sé que eres capaz, aunque ahorita estés enojado.
—Pues sí, para mi desgracia me enseñaron a darlo todo incluso cuando estoy al borde del colapso... Igual qué bien que no me sonetan a todo el proceso de reclutamiento, porque las evaluaciones psicológicas ni de pedo las paso, sobretodo las proyectivas.
—¿No te parece que te estás jugando mucho?
—Mantengo las expectativas propias y ajenas muy bajas, así todo lo que haha será bueno... —Sonrió y levantó el dedo índice— Es un mecanismo de defensa.
—Ya... ¿No te gustaría que te dé una vuelta por el lugar? Para que vayas conociendo al equipo.
—Mejor lo dejamos para cuando empiece, tío Mondra, no llevo ni 5 horas despierto y ya siento que lo di todo...
—¿No eres muy joven para cansarte tan rápido?
—Ei... Nomás que haya cumplido más de 20 años ya es un milagro.
—Esa costumbre de encerrarte en tu cuarto, pasártela en Internet y dormirte de 4 a 10 am ni te ayudará con eso, verás que una nueva rutina te va a servir.
—Lo mismo me dijeron de la universidad y ya no tengo vesícula-...
—Algo que sí debo avisarte antes es que... El jefe...
—Ay no, ¿Es un culero?
—Yo no usaría esa palabra... Es más bien... "Especial".
—¿"Especial" en buen sentido o como eufemismo para hablar de discapacidad?
—Forma de ser.
—Ah, ya entendí.
—Espero no perjudicarte en cuanto a eso...
—¿A qué te refieres?
—Lo entenderás cuando lo conozcas... —Suspiró y guardó los papeles— Sería todo... Bienvenido a Jabones Olimpo.
—Gracias... Supongo... —Se estrecharon la mano.
—Te acompaño a la salida.
—No hace falta, me sé el camino.
—Anda, vamos.
—Bueno...
Al abrir la puerta notaron que el silencioso ambiente de hace unos momentos ahora se había cubierto de una atmósfera extraña, una canción sonando a todo volumen mientras todos los presentes enfocaron su mirada hacia el mismo punto, el lugar se procedencia de tal escándalo.
VEEEEEEEEEEEEEEEN Y CUÉNTAME LAAAAA VEEEEEEERDAAAAAAAAAAAAAAAAAAD, TEN PIEEEEEEDAAAAAAAAAAD, Y DIME POR QUÉ, NO, NO, NO WUOAH
Una voz masculina intentando alcanzar las notas, sin demasiado éxito pero con una pasión inquebrantable, claro que plasmaba tal cual el sentimiento. Mondragón buscó con la mirada, el primero con el que hizo contacto visual fue con un hombre de cabello corto y rizado, cuyo puesto era el que estaba más cerca del despacho.
—Es Jero —Explicó— Tuvo una llamada con su ex esposa, algo sobre sus hijos, creo... Una cosa llevó a la otra.
—¿Creen que esté bien? ¿Debería hablar con él?
—No, no, Mondra, ya sabes cómo se pone, en un rato se le pasa.
—Mientras en su despecho no nos obligue a ir a La Calidita otra vez, que haga lo que quiera.
—Ay Lucio ni lo menciones, Dios nos libre —Agregó entre risas una mujer gordita— Luego se pone hasta la madre, se va y nos deja la cuenta a nosotros, ay no.
¿¡CÓMO FUEEEEEE QUE ME DEJASTE DE AMAAAAAAAAAR!? YO AÚN PODÍA SOPORTAAAAAAAAAAAAAR TU TANTA FALTA DE QUEREEEEEEEEEEEEEEEER
Antes de que se pusiera más incómodo, Alan fue escoltado por el de Recursos Humanos hasta el estacionamiento.
—Lamento que te haya tocado ver eso.
—No, no, está bien... Ahora entiendo por qué les urgía tanto-...
—Bueno, no es que te tengas que encargar de... Eso...
—Lo sé, pero me da una pequeña idea de lo que me tocará escuchar de vez en cuando... ¿En una semana dices?
—Sí, igual te llamo un día antes para confirmar.
—Sí, ahí estaré pendiente.
Una última estrechada de manos y un abrazo fueron el primer sello de este trato, lo oficial se daría después. El joven procedió a caminar al lugar donde tomaría el camión de regreso a su casa, con un solo pensamiento en la cabeza.
"Supongo que siempre hay alguien que la está pasando peor."
