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Language:
Español
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Published:
2026-04-10
Words:
1,968
Chapters:
1/1
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2
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5
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53

Una excelente novia || SumiKeke

Summary:

Han pasado meses desde que Sumire y Keke hicieron oficial su relación. Sin embargo, para una de ellas, la perfección de la otra como novia es un misterio desconcertante.

¿Cómo es ésto posible si ella nunca ha tenido pareja?

Una confesión inesperada revelará que, en ocasiones, la falta de experiencia es el recurso más fuerte para darlo todo por una persona especial.

✿ Heanna Sumire x Tang Keke ✿

✯ One Shot ✯

••• Disclaimer: Love Live! School Idol Project no me pertenece, es propiedad de ASCII Media Works (Kadokawa), Lantis (Bandai Namco Music Live) y Sunrise (Bandai Namco Filmworks).

••• Advertencias:
*Yuri
*Girls Love
*Personalidades algo Ooc
*Datos ficticios inventados por el autor
*Algunas partes pueden carecer de sentido ;v
*Errores ortográficos

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

            Aunque se conocían desde la preparatoria, Sumire y Keke no empezaron a salir oficialmente sino hasta el primer año de universidad.

            —Jeje, siempre supe que acabarían juntas —canturreó Chisato apenas Kanon le comunicó la noticia—. Esas peleas que siempre tenían evidenciaban la tensión sexual que había entre ellas.

            —Creo que estás pensando demasiado, Chii-chan —opinó Kanon, con una gota de sudor bajándole por la sien.

            —Sí, lo que digas —Chisato le restó importancia mientras revisaba su itinerario—. Mmm, creo que entrenaré un poco más el día de hoy…

            Ni para Chisato ni para nadie fue una sorpresa que acabaran juntas; después de todo, lo primero que opinaban todas las que se topaban con ellas por primera vez —presenciando sus constantes peleas, discusiones y miradas intensas que daban mucho en qué pensar— era algo como: «Ustedes se llevan muy bien, ¿cierto?».


            Han pasado meses desde que empezaron a salir y Keke no puede creer que Sumire sea tan buena novia.

            No se esperaba que esa chica, odiosa y arrogante, que no se tomaba en serio a las school idols y que, además, era también la persona con la que había tenido incontables diferencias en el pasado, pudiera llegar a ser tan… ¿entregada?

            ¿Por qué era tan eficiente en su relación?, se preguntaba Keke cada vez que podía.

            No entendía cómo era que Sumire siempre estaba pendiente de ella; sabía cuándo le faltaba algo y hasta si necesitaba estar en tal parte. También podía leer su estado de ánimo y actuar conforme al mismo. Estaba muy pendiente de cómo se veía y sabía cuándo tenía que asistirla en determinadas situaciones; sabía cuándo tenía que ser cariñosa y cuándo no; incluso si Keke quería algo, ella lo conseguía. ¿Qué rayos?

            También estaba el tema de la comida, pues, como a Sumire siempre se le ha dado bien la cocina, no ha perdido la oportunidad de cocinarle a Keke cada vez que puede y eso ha generado una nueva adicción hacia su comida en su novia de Shanghái.

            Con la excusa de querer mejorar y ampliar sus conocimientos culinarios, Sumire prepara muchos platos del país natal de su novia siempre que tiene oportunidad: Wontons; pollo Gong Bao (Sumire no añade ingredientes muy picantes para que Keke pueda disfrutarlo); rollitos de primera con un Chop Suey rico en contenido de judías verdes (a Keke le encanta que se vea tan verde como los ojos de Sumire); empanadillas Jiaozi (Keke las prefiere fritas y es por eso que Sumire decidió que, de ahora en adelante, las prepararía de esa forma); un delicioso Chow Mein y hasta aprendió a preparar sus propias versiones del Zongzi, cuya dificultad al momento de envolverlo con sus características hojas de bambú es tan alta, que ni siquiera los nativos de China consiguen empaquetarlo correctamente debido a que la técnica para ello es algo tradicional y compleja, solo se obtiene mediante herencia.

            Y, sin embargo, Sumire aprendió a prepararlos a la perfección, empleando siempre arroz fresco en la preparación y añadiendo atún y huevas como relleno la mayor parte del tiempo porque a Keke le gusta la textura y sabor de los mismo en compañía de ese arroz.

            Aprendió tan compleja técnica con el débil argumento de que ella quería aprender a cocinar lo que sea. Pero Keke sabe más que nadie que lo que busca Sumire no es variedad en su cocina precisamente; lo que quiere es consentirla —y, probablemente, engordarla por quién sabe qué motivo—.

            Sabe que su rubia disfruta verla saborear y devorar con ganas todo lo que ella le prepara.

            Otra cosa era al momento de pasar tiempo juntas. ¿Por qué solo ella parecía nerviosa mientras que Sumire se veía tan tranquila, confiada y relajada? ¡Eso no podía ser! ¿Y qué pasaba con esa disposición a escuchar y a dar acertadas opiniones acerca de alguna situación en la que Keke se encontrara? ¡Sumire hasta la ayudaba con sus estudios! ¿No se suponía que eran de carreras diferentes? Entonces, ¿cómo era que sabía tanto acerca de la rama del entretenimiento que ella había elegido desde el principio? ¡No tenía sentido!

            Y todo eso no era más que el principio, la punta del iceberg con respecto a todo lo que ella hacía por su relación. Era como si Sumire ya tuviera experiencia en esos ámbitos; y eso no podía ser por una sencilla razón: entre las dos, solo Keke había tenido una relación en el pasado.

            En su momento, Tang Keke salió con la que fue su primer amor: Shibuya Kanon; y la relación solo duró medio año. Cuando eso ocurrió, cursaban primero de preparatoria, y empezaron a salir un mes después de conocerse. Al final, ambas llegaron a la conclusión de que estaban mejor siendo amigas y compañeras idols que siendo pareja.

            Por lo tanto, viendo la manera que tenía Sumire de hacer las cosas, Keke decidió que sería mejor indagar un poco más.


            —Ya te lo dije, no había tenido pareja hasta ahora —bufó Sumire, exasperada, mientras colocaba un enorme tazón de sopa de Wonton, que se veía deliciosa, ante una hambrienta Keke. A su lado, podía verse una taza repleta de té Longjing humeante—. Eres la primera y la única en mi vida.

            Se encontraban en el apartamento de Sumire. Era sábado y habían decidido estudiar juntas o, mejor dicho, darse asistencia para un examen que tendrían en común el día miércoles. Keke aprovechó de hacer la pregunta cuando su novia propuso que tomaran un descanso mientras ella preparaba un rápido almuerzo para las dos.

            —Aw, ¡qué tierna eres, Sumire! —exclamó Keke con todo el afán de molestarla—. No sabía que eras tan cursi.

            —Cállate —gruñó Sumire, acomodándose un mechón de cabello detrás de una de sus orejas, claramente incómoda—. Siempre arruinas el momento. Pero, ajá, volviendo a lo otro: yo no soy como tú, que andabas detrás de Kanon desde que se conocieron y lograste que saliera contigo —suspiró—. Solo he salido contigo. No hay nada más que decir al respecto.

            Keke tomó los palillos y, sin dejar de babear, inhaló el delicioso aroma que despedía esa comida.

            —Bueno, supongo que tendré que creerte —concluyó, para después empezar a devorar la comida ante la expresión de molestia en el rostro de Sumire.

            —¿Cómo que «supones»? ¡Tienes que creerme! ¡Ni que me estuvieran pagando para decir mentiras! —refunfuñando, Sumire fue a servirse su porción en la cocina—. Además, ¿por qué tanto interés en mi inexistente vida amorosa? ¿Hay algo que deba saber?

            Ante la cuestión, Keke se detuvo un momento y tomó una servilleta para limpiarse la boca. Estaba pensando si sería buena idea decirle que dudaba de sus afirmaciones debido a que, hasta ahora, no tenía una sola queja de ella como novia.

            Era difícil tomar una decisión, pues, por un lado, lo que menos quería Keke era inflarle el ego a Sumire más de lo que ya lo tenía. Pero, por otro lado, si no le decía, estaría ocultándole información.

            En el tiempo que llevaban saliendo, Sumire había optado por dejar su orgullo de lado y ser sincera con ella desde el principio. No dudó ni un segundo en decirle que, en toda su vida, no había tenido una sola pareja. Eso era algo a tomar en cuenta también, pues dejaba ver que no quería ocultarle nada a Keke y que siempre procuraría ir con la verdad por delante.

            Al pensar en ello, Keke añadió otra razón por la cual Sumire podía catalogarse como una novia ejemplar: su sinceridad y honestidad con esos temas había incrementado sus puntos.

            —Mmmm, supongo que tengo que decirlo… —comenzó Keke, sorbiendo los fideos que le quedaban para después terminarse el caldo que quedaba en el tazón, dejarlo a un lado y colocar los palillos sobre el mismo.

            Frente a ella, Sumire había tomado asiento y comía una empanadilla, mirándola con atención.

            —Yo… —comenzó Keke, dudosa—… solo tenía curiosidad de saber si ya habías tenido experiencia en esto de tener pareja porque… porque…

            —¿Porque…?

            Keke dudó un poco más y, tras pensarlo un momento, decidió que estaba pensando demasiado. Apagó su cerebro y se dejó llevar por el impulso.

            —… ¡Porque… eres una excelente novia! —disparó con los ojos cerrados y las mejillas tan rojas como los ojos de Chisato.

            Un pesado silencio flotó entre ellas después de eso. Sumire se quedó muy quieta en su lugar; estaba sorprendida y había dejado de comer. Su mirada jade detallaba el rostro de la chica frente a ella como si buscara algún indicio de que estaba mintiendo o quería jugarle una broma.

            Sin embargo, la expresión avergonzada de Keke, y el hecho de que hubiera inflado una mejilla en señal de molestia e incomodidad, le confirmaron que no estaba mintiendo y que tampoco tenía intenciones de jugarle alguna clase de broma.

            —Disculpa, pero… —Sumire se inclinó hacia adelante mientras esbozaba una sonrisa divertida—... ¿podrías repetir eso?

            —¡No voy a repetir nada! —bufó Keke, girando el rostro y fijando su azulina mirada en algún punto de la pared más cercana.

            —Si no me dices, no habrá postre para ti.

            Keke se giró a mirarla de inmediato, con el terror reflejado en sus pupilas.

            —¡No puedes hacerlo! —Keke apoyó las manos en la mesa, incrédula—. ¡Eso es trampa!

            —Puedo y lo haré —Sumire empezó a sorber sus fideos como si nada hubiera ocurrido—. Y justo estaba preparando mis panqueques especiales con helado…

            —¡Está bien, está bien! —Keke había empezado a sudar y una expresión de derrota se había instalado en su semblante—. Ya entendí.

            Sumire terminó de comer y apoyó el mentón en sus manos cruzadas mientras esperaba que su novia repitiera aquello.

            —Tú… —comenzó Keke, sintiéndose como una completa tonta.

            —¿Sí?

            —Tú eres…

            —¿Yo soy…? —Sumire se estaba divirtiendo de lo lindo.

            —Tú… tú… —Keke parecía al borde del colapso. El orgullo había vuelto más fuerte que nunca y se le estaba dificultando mucho repetir lo que Sumire tanto deseaba escuchar—. Tú eres…

            —Bueno, ya es suficiente —la cortó Sumire y se levantó, tomó los cuencos vacíos y los apiló—. No hace falta que lo digas de nuevo; solo quería divertirme con lo difícil que se te hizo intentar repetirlo —esbozó una maliciosa sonrisa—. De todas formas, si te obligara a decirlo, yo dejaría de ser una «excelente novia», ¿cierto?

            Keke la miró, atontada, y la siguió con la vista hasta que Sumire entró en la cocina.

            —Al menos fuiste sincera por una vez —dijo Sumire desde la cocina—. Para mí, eso es más que suficiente. De todas formas, no hace falta que me digas que soy una buena novia; eso ya lo sé y seguiré esforzándome para mejorar, aunque tu opinión cambie.

            Sumire volvió de la cocina y puso ante su novia un plato con el postre; a un lado depositó una pequeña cuchara, un tenedor y un cuchillo.

            —Espero que tú también sigas esforzándote… después de todo… —se detuvo un momento, la duda cortando lo que tenía que decir. Pero la determinación en su ser era más grande que el orgullo. Esbozó una suave sonrisa y, mirándola a los ojos, continuó—: Yo sí creo que tú eres la mejor novia que pueda haber —finalizó Sumire, dejando a Keke tan atónita que ni siquiera le prestó atención a los deliciosos panqueques que tenía frente a ella.

            —Yo… —comenzó Keke, aunque no sabía qué decir ante esas palabras.

            —Oye —Sumire señaló el plato—. Es hora de comer —le guiñó un ojo—. No hace falta que digas nada, ya habrá momento para conversar. ¡Buen provecho!

            Keke solo asintió, perpleja frente al giro de los acontecimientos. Tomó el cubierto y empezó a dar buena cuenta de los panqueques.

            Mientras degustaba el postre, deleitándose con el dulzor y la cremosidad que éste ofrecía, en su mente se reafirmó lo que ya había dado por sentado desde el principio: Heanna Sumire, definitivamente, era una novia excelente.

Notes:

Según mi percepción, si ellas estuvieran en una relación, Heanna Sumire sería la más entregada de las dos. Por lo que vi en el anime, ella siempre fue la más sincera con lo que sentía y, pese a que Keke se empeñaba en tratarla a los golpes, ella siempre estuvo ahí, preocupándose por su extranjera favorita.

Aunque ambas son casi tan orgullosas como Vegeta, es Sumire quien suele dar su brazo a torcer, exteriorizando la preocupación que siente por su mujer (por eso es SumiKeke y no KekeSumi… ¿cierto?) y sufriendo ante la posibilidad de que la alejaran de su lado.

El episodio 9 de la segunda temporada es… hermoso. Una preciosa oda al SumiKeke. Ujum, qué fuerte. No creo que alguien más haya sufrido tanto frente a la posibilidad de que Keke volviera a Shanghái que la propia Sumire. Esas lágrimas, esas palabras, el hecho de que Keke fuera lo único que ocupara los pensamientos de Sumire durante aquellos días… todo eso no hace más que reforzar mi teoría de que el SumiKeke es canon.

Es curioso como Sumire dice primerio en el episodio 9 de la T2: «Quiero estar contigo» y luego dice: «Quiero ser School Idol contigo los tres años que estemos juntas». (Minuto 19:28)

Me pareció curioso porque dice algo primero y después lo “arregla” para que suene como algo de amistad y compañerismo. No sé si me salió así debido a la traducción de los subtítulos, pero creo que son señales… muchas señales.

Lo mismo ocurre en el episodio 6 de la T3, justo antes del concierto. Sumire le dice: «Pero yo quiero verte». Al escucharla, Keke la mira sorprendida y Sumire dice luego: «Quiero seguir viéndote en el escenario». (Minuto 14:43)

Sospechoso, sospechoso. ¿Por qué dice eso primero y después dice algo más acorde a esas cosas de amistad y todo eso? ¡¿Por qué juegan con las expectativas de los fans?!

También hay algo que ocurre en el episodio 5 de la T3, Kanon dice que Keke puede estar en problemas y que no pueden dejarla sola (habla en plural, de que grupo completo de Liella debe estar ahí para ella). Tras escucharla, Sumire se levanta de su asiento y dice: «¡Tiene razón! ¡Salvaré a Keke! ¡Iré a donde sea por eso!». (Minuto 10:18)

En esa escena, Sumire habla en singular; no habla de que el grupo completo salvará a Keke, habla de sí misma alegando que iría a cualquier lugar por ella, por Tang Keke.

Así mismo, hay interacciones bien sospechosas y evidentes entre otros personajes… pero ya serán para otra ocasión (espero).

P.D.: Keke menciona en el episodio 6 de la T3 que le gusta el té Lonjing. Lo bebe de un vasito blanco en la escena del restaurante. El té se muestra como una bebida dorada y humeante. Así que decidí incluirlo también en esta pequeña historia.

En fin, espero que les haya gustado este pequeño shot y gracias por aguantar mis desvaríos. ¡Saludos!