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Las peleas eran algo normal en el Oro Jackson. Era especialmente frecuente que Roger estuviera involucrado. Y las peleas entre Rayleigh y Roger eran el pan de cada día. Roger siempre encontraba una manera de molestar a Rayleigh y este nunca se quedaba callado, regañaba a todos por igual sin importarle que se tratara del capitán. Pero con el temperamento de Roger no era raro que un regaño se volviera una discusión y luego esta se volviera una pelea física. Rayleigh solía mantener la calma, pero a veces Roger lograba sacarlo de sus casillas.
Esas peleas eran intensas, siempre terminaban rompiendo alguna parte del barco, y usaban el haki de tal forma que algunos miembros de la tripulación terminaban desmayándose. Todos estaban acostumbrados a su forma de hacer las cosas, era una dinámica que manejaban desde el principio, cuando eran solo los dos en la tripulación. Así que nadie intervenía… nadie a excepción de Gaban, pero él solo lo hacía sí las cosas llegaban demasiado lejos, o como en este caso, si lo hacían frente a los niños.
En este punto ya ni siquiera recuerda cómo empezó la pelea, pero tampoco es como si fuera importante. Rayleigh y Roger estaban peleando en medio del comedor justo después de la cena, frente a todos los demás, sin reparos. Estaban rompiendo todo a su paso y varios miembros de la tripulación ya habían perdido la consciencia por la intensidad del haki de Roger. Eso no habría importado mucho, de no ser por las miradas aterrorizadas que tenían Shanks y Buggy.
– Roger, Rayleigh. – Los llamó con seriedad, pero como ninguno le prestó atención tuvo que acercarse y parar la pelea por sí mismo.
Se interpuso entre ellos y con un movimiento rápido los lanzó a partes opuestas del comedor. Ambos se levantaron para discutir, pero solo necesitó una mirada para que se callaran. Con una seña ambos salieron del comedor, luciendo avergonzados. Ahora podía empezar su plan rápido para solucionar el desastre que los dos causaron, primero tranquilizar a Shanks y a Buggy y los dejaría al cuidado de alguien, se aseguraría de que no hubiera heridos y le pediría a la tripulación que limpiaran el comedor. Con todo eso arreglado podía ir a matar a los dos idiotas que tenía por novios.
Entró a la habitación de Roger, que desde cierto punto comenzó a sentirse más como la habitación de los tres, sabiendo que los encontraría ahí. Ambos posaron sus miradas en el suelo cuando lo vieron llegar, al menos eran conscientes de que habían hecho algo mal.
– Asustaron a los niños. – Fue todo lo que dijo, no necesitaba decir algo más.
– No fue nuestra intención. – Roger trató de defenderse.
Rayleigh, como siempre, fue un ser razonable y se encargó él mismo de darle un codazo a Roger. – Lo sentimos, no volverá a pasar.
Gaban los miró en silencio un momento. Sintieron por completo el peso de su mirada. Después empezó a dar órdenes. – Quítense la protección. – Dirigió su mirada hacia Roger. – Después busca una esquina.
Ambos hicieron lo que les dijo. Rayleigh solo suspiró mientras obedecía, dobló su ropa y la dejó sobre el escritorio de Roger, y se quedó de pie junto a la cama esperando a que Gaban le dijera que iban a empezar. Roger, por otro lado, tuvo el descaro de hacer un puchero y quejarse de lo cruel que era todo, su ropa quedó regada por el suelo y se paró frente al rincón, cruzado de brazos.
Gaban sacó del escritorio una paleta de madera que Rayleigh solía usar para castigar a los miembros de la tripulación cuando hacía falta. Era raro que la usará con ellos, pero también era raro que fuera Gaban el que diera un castigo, usualmente estaba del mismo lado de Roger mientras que Rayleigh era la figura sensata. Rayleigh tragó saliva al ver la paleta y Gaban casi sintió pesar por él, pero su molestia seguía siendo más grande que cualquier otra cosa.
Dejó la paleta a un lado de la cama y se sentó. Rayleigh no perdió el tiempo para recostarse en su regazo, era eficiente incluso para eso. Después de un breve momento comenzó el castigo. Cubrió el trasero de Rayleigh con fuertes golpes. Estos llegaron uno tras otro sin descanso, la piel de Rayleigh era tan blanca que solo hicieron falta unas cuantas nalgadas con su mano para que su trasero se pintara de rosado.
Cada golpe debió haber dolido. Rayleigh era bueno comportándose y quedándose quieto, pero igualmente se podía apreciar cómo le afectaban cada uno de los golpes. Siseaba con los más fuertes, su respiración se hacía cada vez más pesada y su cuerpo se movía levemente con cada nalgada. Pero a pesar del dolor seguía manteniendo su buen comportamiento, no había resistencia de su parte y de su boca solo salían quejas por el dolor, nunca súplicas para que se detenga.
Para la poca experiencia que tenía recibiendo tundas, se comportaba mil veces mejor que el idiota que ni siquiera podía quedarse quieto viendo a la pared. Incluso cuando detuvo las nalgadas, Rayleigh se mantuvo quieto. Esperaba ya sea una orden o que ahora fuera la paleta la que aterrizara en su trasero.
– Cambia de lugar con Roger.
Rayleigh se paró de inmediato, a pesar de sus ojos llorosos y sus piernas temblorosas obedeció sin quejarse. Incluso puso sus manos sobre su cabeza aunque no se lo había pedido, porque sabía que eso era lo que se esperaba de cualquiera que mandaran a pararse en el rincón. Roger por otro lado, ignoró la orden de Gaban. Se quitó de la esquina para que Rayleigh pudiera pararse ahí, pero se mantuvo de pie y se aseguró de estar lo más lejos posible de Gaban.
– Roger, ven para acá.
– Bannie… – Dijo con voz suplicante y ojos de perrito regañado.
Se obligó a mantener la calma ¿Cómo le hacía Rayleigh para aguantarlo?
Sabía que razonar con él no funcionaría. Tenía experiencia suficiente estando al lado de Roger haciéndole la misma mirada a Rayleigh como para saber que la forma más eficiente de hacer que obedezca era amenazándolo.
– Si no vienes para la cuenta de tres te quedarás sin cena lo que queda de la semana. – El efecto que tenía la comida en Roger era algo maravilloso, ni siquiera tuvo que empezar a contar para que este se acomodara en su regazo.
– Por favor no hagas algo tan cruel.
– No lo haré si te comportas.
Roger le prometió que se comportaría. Sabía que esa promesa quedaría en el olvido apenas comenzara a sentir el dolor, pero era lo suficientemente bueno para comenzar la tunda.
Teniendo tanta fuerza y habiendo estado en tantas peleas que dejan la pregunta de cómo carajos salió con vida de ahí, Roger sorprendentemente tiene pésima tolerancia al dolor. Casi desde el comienzo se quejó por lo demasiado fuertes que eran las nalgadas y porque Gaban estaba siendo cruel y desalmado. En serio le tenía pesar a Rayleigh por tener que soportarlos a él y a Roger, porque era consciente de que podía llegar a ser tan fastidioso como el capitán. Pero también estaba molesto con Rayleigh porque ahora le tocaba a él aguantarse a Roger.
Le daban ganas de usar más fuerza con él de la que había usado con Rayleigh para que Roger de hecho tuviera razones para quejarse tanto, pero si hiciera eso entonces de hecho estaría actuando como alguien cruel y desalmado. Así que tuvo que recordarse una y otra vez que Roger era su novio, lo amaba y podía aguantarselo siendo un llorón un rato en lo que se terminaba la tunda.
Por toda la resistencia que estaba poniendo Roger le tomó más tiempo completar la primera parte de la tunda, pero finalmente lo logró. Tuvo que sostenerlo con fuerza mientras se estiraba para coger la paleta, si dejaba que Roger se levantara sería imposible hacer que se volviera a posicionar.
– Voy a pasar a la paleta ahora, Roger. Necesito que te comportes porque yo no soy tan amable como Rayleigh. Si tratas de cubrirte, voy a pegarte en las manos y no quieres eso. – Roger tembló al escucharlo, sabía cuánto dolía.
Los gritos de Roger fueron ensordecedores. Agradecía enormemente que la habitación estuviera insonorizada, de otra forma Shanks y Buggy estarían preocupados pensando que estaba matando a Roger.
El trasero de Roger era de un color rojo oscuro para cuando la tunda llegó a su fin. Tanto Roger como Gaban estaban aliviados de que finalmente se hubiera acabado, ninguno podría soportarlo más tiempo.
Tan pronto como se terminó, Roger tiró a Gaban a la cama para poder llorar cómodamente sobre él. Resultaba gracioso cómo el hombre tan poderoso que podía hacer que cientos de hombres se desmayen con solo una mirada se volvía un bebé llorón después de recibir una tunda por meterse en problemas.
– Rogie, corazón. Te amo y me encantaría seguir abrazándote, pero tengo que terminar el castigo de Rayleigh. – Roger le mostró un puchero e hizo un sonido lamentable, pero afortunadamente aceptó moverse. Por poco y vuelve a llorar cuando le dijo que espere en el rincón otra vez.
Hasta el momento había sido difícil ser quien daba el castigo porque Roger era un dramático, pero estuvo a punto de mandar todo al carajo y dar por terminado el castigo cuando vio a Rayleigh. Estaba llorando en silencio, su cuerpo temblaba y el miedo era claro en su mirada. Se le rompió el corazón al verlo. Se sintió como un idiota, pensó que dar el castigo en ese orden sería la mejor forma para que lidiar con Roger no fuera imposible, pero no pensó en cuánto afectarían sus gritos a Rayleigh.
– Rayleigh, vida mía ¿Estás bien? – Rayleigh se limitó a asentir, Gaban tuvo que detenerlo antes de que se recueste, incluso en ese estado Rayleigh seguía queriendo tomar el castigo sin poner resistencia. – No me mientas, por favor.
– Estoy bien. T-tengo algo de miedo, pero confío en ti, sé que no me vas a lastimar. – Después de decir eso se puso en posición. – Solo terminemos con esto, por favor.
En este punto él quería fingir demencia y no darle el castigo más de lo que Rayleigh podría querer eso mismo. Con un suspiro se preparó para lo que vendría. – ¿Quieres que sostenga tus manos?
– Por favor.
Sostuvo las manos de Rayleigh contra su espalda con delicadeza. Rayleigh y Roger eran diferentes, Roger era perfectamente capaz de dejar sus manos quietas, pero no le gustaba hacerlo; mientras que Rayleigh se esforzaba por hacerlo, pero no podía controlarlo. Es por eso que a Roger le daba una advertencia, pero a Rayleigh le ofrecía ayuda.
Se obligó a ignorar el dolor en su pecho al ver a Rayleigh temblar cuando le dijo que comenzaría. Tenía que recordarse que Rayleigh había hecho mal y tenía que afrontar las consecuencias, también que ser suave con él sería injusto con Roger. Así que endureció su corazón y dio el primer golpe con la paleta.
Las reacciones de dolor de Rayleigh fueron más ruidosas esta vez, lo que tenía sentido. Y Gaban se sorprendió al notar que estos, en lugar de hacer que dar el castigo fuera más difícil de dar, no tuvieron mayor efecto. De hecho, con cada golpe que daba resultaba un poco más fácil continuar.
Le dolía saber que Rayleigh estaba sufriendo, del mismo modo que en el fondo le dolió escuchar a Roger, pero pudo mantener presente la razón de todo aquello. El recuerdo de las miradas asustadas de los niños le permitió dar cada golpe con firmeza. No permitiría que sus novios volvieran a pelear frente a los niños, tenían que aprender a controlarse incluso si esta era la manera de lograrlo.
Pero a pesar de su motivación, Gaban seguía siendo un simple humano, y los humanos eran débiles ante sus sentimientos. Terminar el castigo se volvió una tarea casi imposible cuando Rayleigh comenzó a sollozar. No faltaban muchos golpes, estaba solo a tres de la cantidad que le había dado a Roger, pero precisamente por eso fue más fácil ceder ante la tentación.
– Terminamos, Ray.
– No digas tonterías. – Rayleigh controló su llanto para regañarlo. – Todavía faltan tres. Sería injusto con Rogie terminar antes.
Roger ni siquiera se daría cuenta, pero por supuesto que Rayleigh había estado contando. Ya lo sabía, pero tenía que intentarlo. Como no funcionó tuvo que volver a ponerse en el papel de adulto responsable que los idiotas de sus novios lo obligaron a tomar. Eran solo tres golpes, podía hacerlo.
Los dió lo más rápido que pudo para evitar querer detenerse a la mitad y no usó tanta fuerza como con los anteriores. Rayleigh seguramente lo regañaría después por eso, pero eso sería problema del Gaban del futuro. El Gaban del presente tenía cosas más importantes que hacer, como consolar a sus novios.
Levantó a Rayleigh, le dio un abrazo y le dio besos en las mejillas. Los pocos segundos que se demoró en hacer eso fueron suficientes para que Roger estuviera más impaciente que nunca por salir del rincón.
– Ven, Rogie.
Roger solo necesitó esas palabras para llegar corriendo. Al menos tuvo la delicadeza de no tirarlos a la cama como había hecho antes, la probabilidad de que haciendo eso le hubiera causado dolor innecesario a Rayleigh era demasiado alta.
Llenó a ambos de besos y palabras lindas. No podía estar más contento de que se hubiera terminado y ya no tuviera que ser estricto con ellos. Nada lo hacía más feliz que poder consentirlos.
– Bannie, perdón. No queríamos asustar a los niños. – Fue lo primero que Rayleigh le dijo cuando dejó de llorar. Siempre era tan correcto,
– Está bien, cariño. Sé que lo sienten. Solo asegúrense de disculparse con los niños y explíquenles que la pelea no fue en serio. – Le respondió con ternura.
– Lo haremos. Perdón. – Vaya, era la primera vez en el día que escuchaba a Roger disculparse. Parece que el castigo funcionó.
– Los amo. – Podían ser unos idiotas, pero los amaba de todas formas.
