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¡BANG!

Summary:

¿Mariposas en el estómago? ¿manos sudadas? ¿el entendimiento puro bajo la luz de las estrellas? eran tonterías absolutas, cosas de cuentos de hadas.
La verdadera realización del primer amor en realidad se siente como una bala directa a la cabeza, o al menos así la sintió Kozume Kenma.

Work Text:

Cómo un disparo en la cabeza. Kenma sintió ganas de reír, pensando en todas las novelas y cuentos de hadas que relataban el enamoramiento como mariposas y nervios dulces. En realidad todo estaba alejado completamente de la realidad, de su realidad. El darse cuenta que estaba enamorado de su mejor amigo no fue más que un disparo directo, el sonido ensordecedor del BANG haciendo eco en sus pensamientos mientras la imagen idílica de amigos de infancia se caía a pedazos sobre sus pies, destrozada por el impacto.

¿Cómo demonios había pasado todo eso? ¿¡Cuándo se supone que empezó a ocurrir?!.

—...Esto es una mierda—murmuró para sí, sin embargo tuvo la mala suerte de ser escuchado.

—Yo creo que es divertido.

Kenma miró a su derecha, dónde Akaashi miraba a los dos idiotas teniendo peleas en las máquinas de baile mientras comía de sus papas fritas. Suspiró.

—No me refiero a eso, Akaashi—explicó, repentinamente viendo menos apetitosa la hamburguesa con doble queso que se había pedido y ahora estaba abandonada a medio comer sobre la bandeja.

¿Qué era peor que enterarse de un enamoramiento absurdo por su mejor amigo?.

A sí.

Que te dieras cuenta en el momento menos oportuno.

—¿Entonces qué? ¿Hay algo mal con tu comida?—quiso saber el moreno.

Kenma alejó la bandeja con un golpe desinteresado, dejando que Akaashi tejiera sus propias respuestas sobre la situación; mientras, Kenma observó nuevamente hacía el frente, dónde Kuroo seguía los movimientos de las flechas en la máquina de baile que sonaba con una escandalosa música pop.

Los momentos de realización eran absurdos. Bien podrían ser como en los animes, dónde ambos se daban cuenta que estaban siendo unos idiotas enamorados luego de acabar en una situación vergonzosa que los dejara demasiado cerca. Sería una forma romántica, cliché y simple de resolver. Ambos guardarían sentimientos el uno por el otro y a la semana estarían siendo unos idiotas incómodos tomándose de las manos en los pasillos de la escuela.

¿Darse cuenta que sus sentimientos por su amigo de la infancia mientras éste hacía el idiota en una máquina de baile? Bueno, eso definitivamente no era normal, y estaba bastante seguro que solo era su mala suerte hablando.

Suspiró. No llevaba ni media hora de darse cuenta y ya estaba agotado mentalmente. Siempre dijo que el amor no era para él ¿Entonces qué se supone que era esa tortura?.

—Aquí—llamó su atención Akaashi, una bolsa de papas a medio comer fue dejada frente a él en la mesa. Kenma lo miró buscando respuestas, sin embargo el moreno solo le resto importancia con un movimiento de hombros.

Kenma llevó una papa a su boca, teniendo dificultad incluso para tragar un aperitivo tan pequeño.

En las máquinas de baile Bokuto logró hacer el combo más difícil del juego, haciendo que ambos pararan de jugar solo para consumirse en la adrenalina del momento. Kuroo sacudió por los hombros a Bokuto, Bokuto reía sin control, casi sin poder creerselo. Habían instaurado un nuevo récord, aunque solo eran máquinas de baile en un café recreativo.

—No dejarán de hablar de ello al menos por un mes—comentó Akaashi. Kenma estuvo de acuerdo.

Su mirada vagaba una vez más a Kuroo, sintiéndose ahora agónicamente incómodo cada que observaba. ¿Cómo era si quiera posible? Tan solo esa mañana estaban durmiendo ambos de forma perezosa en la misma cama, completamente agotados después de pasar toda la madrugada viendo una maratón de Scream; ahora sentía sus mejillas ardiendo sin control con el simple hecho de verlo sonreír.

¿Sería así todo el tiempo? ¿Cómo se supone que lo ignoraría entonces?.

—¿¡Vieron eso?! Akaashi, ¡'Kaashee!—Bokuto se dejó caer sobre el asiento, estirándose sobre la mesa solo para jalonear los brazos de Akaashi en busca de atención. El moreno no parecía ni un poco molesto por ello.

—Lo ví, Bokuto-san, eres increíble.

Bokuto soltó una carcajada orgullosa, sin poder mantenerse quieto en su lugar, más Kenma dejó de prestarle atención cuando una persona más tranquila se sentó frente a él.

¡Bang, Bang, Bang!.

—Estoy seguro de que solo fue suerte—se mofó, aún si él lo había felicitado segundos antes. Kenma podría habérselo hecho saber, solo para molestarlo porque Bokuto era demasiado explosivo para darle una respuesta ingeniosa. Sin embargo su mente se ocupó en otras cosas.

¿Kuroo siempre se había visto así de bien?.

Es decir, sí. Kenma no era idiota, sabía la cantidad de personas que se sentían atraídos a Kuroo por su atractivo, casi parecían abejas persiguiendo la miel, y el supuso que era guapo por eso. ¿Pero era realmente así de atractivo?.

Quizá solo era el aura segura y pícara que emanaba.

Y su sonrisa ladina, y su piel ligeramente tostada, y sus ojos rasgados. Su altura también era bastante atractiva, y aunque se podía considerar delgado estaba completamente bien tonificado.

Nonono.

Espera.

—¿Kenma?—parpadeó, saliendo de su ensoñación al ver una mano moverse frente a sus ojos repetidamente—.¿Te sientes bien?.

—Lo estoy—respondió casi en un murmullo. Kuroo no pareció del todo conforme.

—¿Seguro?—insistió.

—Estoy bien—insistió de vuelta.

Kuroo emitió un pequeño ruido con su garganta, observándolo un par de segundos antes de señalar la hamburguesa ahora fría y olvidada en su bandeja.

—Debes comer—apremió. Kenma hizo una mueca, incapaz de ver la hamburguesa sin sentir su estómago revolverse. Kuroo suspiró rendido y movió un vaso con malteada hacía él—.Al menos bebe algo entonces.

Kenma emitió un quejidito, más aceptó la bebida de todas formas, era una malteada de fresa con galletas de chocolate adornando alrededor. Estaba fría, y aunque pareciera extraño aquello logró calmar un poco sus ánimos, hasta que se dió cuenta que en realidad ya habían tomado de la malteada.

Miró a Kuroo de nuevo, quién ya estaba comiendo su hamburguesa olvidada mientras escuchaba a Akaashi hablar, y Kenma sintió su estómago revolverse y sus mejillas arder de nuevo.

No podía ser.

¡KUROO Y ÉL BEBIAN DE LA MISMA BOTELLA SIEMPRE!.

¿Era normal sentir vergüenza ahora?.

¿Por qué su cabeza decidió repetir una y otra vez aquella estúpida idea de los besos indirectos? ¡No estaban en un estúpido anime shōjo!.

—¿Realmente te sientes bien?.

Kenma levantó la cabeza. Kuroo lo estaba mirando ahora con la preocupación latente en sus ojos dorados, moviéndose sobre su asiento mientras se inclinaba sobre la mesa. Kenma quiso moverse, más su cuerpo fue incapaz de responder y solo quedó paralizado en su sitio.

La palma cálida de Kuroo se detuvo sobre su frente, tomando su temperatura. Kenma no tenía fiebre, pero estaba bastante seguro de que podría hacer combustión espontánea en cualquier momento.

—Uh...chicos—Kuroo observó a sus dos acompañantes, quienes miraban la escena con miradas evaluadoras—.Nosotros dos nos iremos a casa por hoy, creo que Kenma está a punto de enfermar.

—¿Qué? No lo est-

—Estás tan rojo como una manzana, Kenma. No esperaré a que tengas fiebre para llevarte a casa.

Kenma sintió sus mejillas arder.

∆∆∆

La calle estaba helada, lo que tenía sentido si se tomaba en cuenta que estaban a unos pocos cinco días de fin de año. Kenma movió su bufanda un poco había abajo, queriendo que el frío del exterior ayudará a sus pensamientos revueltos como lo había hecho el frío de la malteada, sin embargo se topó con un obstáculo.

—¿Qué se supone que haces?—reprendió Kuroo, subiendo su bufanda de nuevo y ajustándola más sobre sus hombros—.No quiero que te resfries, Kenma.

Kenma emitió un pequeño gruñido, encogiéndose de hombros mientras se alejaba de las manos del mayor.

—Te dije que no tengo fiebre, me siento bien—se quejó. Kuroo pareció enojado por su actitud arisca, pero solo suspiró antes de retomar el camino.

—¿Qué tenías allí dentro entonces? Parecias estar fuera de este mundo.

Kenma sacó las manos de sus bolsillos, sintiendo sus manos molestamente pegajosas mientras pensaba con qué excusarse.

¿Estaba aburrido? Ya, eso seguro los haría sentir mal. Kuroo estaba a unos pocos días de irse a la universidad, a encerrarse en los dormitorios estudiantiles con libros de química por todos lados, estaba esforzándose en pasar los últimos días con él, no podía ser tan cruel.

¿No querer ser cruel también era parte de todo lo que estaba sintiendo?.

Nunca había sido tan considerado antes. ¿O sí?.

Espera.

Kuroo se iría pronto. Ya no sería su vecino a tres casas de distancia en los suburbios, ahora estaría completamente lejos, solo escribiéndose cuando los examenes, la tarea y el entrenamiento no los estuviera asfixiando a ambos.

¿Por qué se sentía tan deprimido de repente?.

—¡Kenma!.

Kenma saltó en su lugar, sintiendo su corazón acelerarse asustado mientras veía los ojos dorados de Kuroo observarlo con preocupación y confusión, sus manos estaban fuertemente presionadas contra sus hombros.

—Estás empezando a asustarme—admitió el moreno.

Kenma respiró profundo y suspiró.

—Solo pensaba en que te irás pronto...—admitió a medias, desviando la mirada para no tener que mirarlo tan fijamente—.Y quizá te extrañaré cuando eso pase.

Silencio.

Kenma miró de reojo a Kuroo nuevamente, observando su expresión paralizada, aquello empezaba a ser demasiado incómodo, y nervioso, Kenma empezó a removerse del agarre para alejarse.

No era bueno. Esos sentimientos no eran buenos, si Kuroo no reaccionaba ante sentimientos comunes de amigos ¿Cómo lo haría si descubriera lo que él acababa de procesar tan solo pocas horas atrás?.

Sus pensamientos se vieron interrumpidos y acallados cuando su rostro chocó contra una superficie suave y firme, su alrededor se hizo más cálido, y su cuerpo fue apresado entre dos largos brazos.

Respiró profundo, llenando sus pulmones con el ligero ahora a perfume impregnado en la ropa de Kuroo, y su cuerpo se relajó en contra de su voluntad.

Un nuevo sonido ensordecedor llenó su mente. ¡Bang! una realización más llegó para drenar su energía.

No era solo una excusa, él realmente extrañaría a Kuroo, lo extrañaría mucho, y extrañaría horriblemente lo empalagoso y encimoso que podía llegar a ser.

Sus brazos subieron lentamente, envolviendolo en un abrazo mientras sus manos se aferraban a la tela de su abrigo.

¿Qué demonios le pasaba ese día? ¿Su cuerpo había decidido atacarse a sí mismo después de tantos años?.

—No dejaré que me extrañes tanto-murmuró Kuroo contra sus cabellos—.Te molestaré todas las noches, pedirás que por favor deje de llamarte y vaya a enterrarme por ahí.

Kenma soltó una risita, viéndose muy capaz de usar justo esas palabras.

—También te extrañaré Kenma. No tienes idea de cuánto—siguió después de un rato.

Kenma sintió sus ojos arder, y en un simple gesto de defensa ante lo patéticamente emocionales que estaban siendo, empujó a Kuroo lejos, el mayor se quejó en voz alta, dando un par de pasos hacia atrás mientras su sonrisa tomaba su lugar habitual. Kenma solo fue capaz de subir la cabeza de nuevo cuando se convenció de que ya no estaría a punto de llorar.

—Hueles horrible—comentó como remate.

—¿¡Ah?! ¿¡Cómo puedes ser tan cruel luego de ser tan lindo?!.

Kenma sintió sus mejillas arder y se encogió más en su fortaleza de lana, mirando como el moreno olía su bufanda y su abrigo sin disimulo alguno.

—¡Huelo a perfume!—se defendió.

Kenma rodó los ojos, sonriendo. ¿Ese idiota le gustaba?.

—Tu perfume es horrible, da lo mismo.

—¡Por supuesto que no!.

—Que sí.

—Que no.

—Que sí.

Oh dios.

—¡Que no!

Realmente le gustaba.