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—¡Fue idea de Graf!
Gritó Juan al sentir el filo de la espada de Aldo rozar peligrosamente su cuello.
Aldo se giró y apuntó a Graf, con este último debía admitir que se tocaba el corazón al amenazarlo ya que habían pasado muchos momentos juntos y nunca lo había traicionado realmente.
Hasta ese momento.
— Graf… — Dijo Aldo, con más decepción y confusión que enojo. — ¿Cómo pudiste? ¡Invitaste al enemigo a la casa!
— ¿No estábamos en paz? Creí que sería una buena idea para fortalecer relaciones diplomáticas. — Contestó Graf, sus intenciones totalmente sinceras y sin un gramo de malicia.
Ese era el mayor punto a favor de Graf, sabía que había probado su lealtad al Norte en varias ocasiones y que probablemente lo que decía era toda la verdad. No segundas intenciones, ni nada que ocultar. Sabía que el perderse el primer karaoke le había sentado mal porque después de ver los videos que habían grabado pasó el resto de la semana recriminándoles por haberlo hecho después de que él se fuera a dormir.
Así que sí, era totalmente plausible que Graf simplemente se hubiera emocionado demás y hubiera invitado a medio pueblo a la noche de karaoke.
Incluyendo a los pendejos del Régimen.
— Ay nahual, por favor, estás arruinando el ambiente.— Dijo Molly, claramente molesta mientras intentaba acercarse al conflicto.
— ¡Tú cállate! Obviamente quieres que Ash se quede, no me vas a hacer pendejo— Gritó Aldo, haciendo que Molly se detuviera a medio camino. Era imposible dialogar con él cuando estaba convencido de que tenía un amorío secreto con el líder del Régimen.
Ash, quién simplemente tenía una cara de “sabía que esto pasaría”, finalmente se puso en medio de ambos norteños.
— Aldo, cálmate, sólo venimos porque Graf nos invitó. Si hubiéramos querido hacer algo lo hubiéramos hecho hace rato.
Una rápida inspección visual por parte de Aldo le permitió notar que aquellos tres integrantes del Régimen traían ropas bastante ordinarias (a excepción del líder que desentonaba con su traje estilo realeza) y no portaban mochilas, es verdad que si quisieran hacer un ataque sería algo complicado ocultar armas con esos atuendos.
— Y la verdad… Se veía bastante divertido el ambiente cuando Graf nos mostró los videos. — Agregó Ash, su vista migrando al piso, apenado de admitir que sentía un poco de envidia de la dinámica y familiaridad del Norte. — Así que, yo sé que no nos llevamos muy bien, pero te prometo que sólo queremos desestresarnos un rato.
La mirada de Ash regreso a Aldo, quien no había bajado la espada ni un sólo momento. Este mismo miró de reojo a los dos lacayos del moreno; Tubbo por su lado solo se miraba expectante, sus manos el los bolsillos de su pantalón; mientras que Haiper estaba detrás de Ash, sus manos ligeramente despegadas de sus costados y su espalda algo arqueada, esperando que algo saliera mal para atacar. De cierta manera, estaba siendo un espejo de Tina, quién no había dicho mucho pero se encontraba al lado de su superior, con una mano lista para desempuñar la espada y pelear.
Aldo dudó unos segundos al posar su mirada en Haiper, el cuarto silencioso, expectante de la respuesta del generalísimo.
— Aldo, yo creo que se ven bastante desarmados. — Dijo Juan, su voz temblorosa después de haber sentido el frío de la espada del otro de gafas. — Yo creo que como dijo Graf, sería bueno para reducir tensiones. ¿No es eso lo que quería Vegetta?
El castaño de lentes y gorro apretó la mandíbula. Mencionar a su padre había sido un golpe bajo pero estaba funcionando. Estaba irritado y realmente no quería compartir un momento tan sagrado para el Norte como lo es el karaoke con los pendejos del Régimen pero sabía que correrlos o matarlos directamente traería más problemas que él tendría que solucionar, después de todo era el encargado de las tácticas de guerra y aún estaba investigando nuevas armas así que si el Régimen intentara responder no tendrían con qué defenderse.
Aldo suspiró, guardó su espada y comenzó a alejarse hacía la barra. — Bien, quédense. Pero voy a necesitar mucho alcohol y kelpamine para soportar esto, Foolish.
— You got it! — Respondió con entusiasmo el de traje de tiburón, quien no perdió el tiempo preparando bebidas.
Con las tensiones disipadas, todos regresaron a sus grupitos a platicar y la música llenó el lugar en lo que las primeras personas escogían qué cantar.
Como esta vez el número de participantes era significativamente más grande, habían adaptado la terraza del Norte para la noche de karaoke, habían subido todas las sillas y sillones que encontraron e improvisaron una barra de bebidas con mesas plegables.
Ash odiaba admitirlo, pero la calidez que emanaba la mansión del Norte era algo que el Régimen jamás podría tener con tanta industrialización. Tenían edificios altos, trenes eficientes, maquinaria increíble y construcciones bellísimas.
Sin embargo, todo estaba vacío.
Faltaban personas, es verdad que disfrutaba hablar con Tubbo y Haiper, eran su familia. Pero la mayoría del tiempo discutían planes para derrocar a La Federación, armamento para hacerlo o planes para generar aún más armamento.
Así que estaba feliz de poder disfrutar de un espacio tan hogareño y sentir que pertenecía a él y pretender que era una persona normal disfrutando de una noche con sus amigos, aunque la persona que miraba en este mismo instante reírse a carcajadas lo odiara con todo su ser.
— ¿De verdad piensas cantar? — Dijo Haiper mientras tomaba asiento en un sillón posicionado frente a la pantalla del karaoke, lo suficientemente alejada para ver toda la fiesta desenvolverse.
— No mentía Haiper, la verdad es que tenía ganas de venir. Creo que es bueno despejar la mente un rato, pero no tengo idea de que canción elegir. — Ash tomó asiento al lado del felino azul.
— No importa que escojas, creo que perderemos el poco respeto que nos queda. — Dijo Haiper entre risas.
— Sí, bueno, espero que el alcohol se encargue de distorsionar un poco esta noche para todos. — Respondió Ash, provocando una risa en ambas partes. — No me animaré a cantar hasta que vea a alguien tirado en el piso.
—¡YA LLEGÓ POR QUIEN LLORABAN!
Una voz resonó por toda la azotea, dirigiendo la vista de todos hacia la puerta para encontrarse con Roier y Mariana, ambos con bolsas llenas de lo que sólo podría ser aún más alcohol.
— No creo que tardemos mucho en llegar a ese punto.— Dijo Haiper. Ambos integrantes del Régimen dirigieron la vista a la bolita que se formaba alrededor de los recién llegados y decidieron mantener el perfil bajo hasta que estuvieran lo suficientemente intoxicados para unírsele a Tubbo quién se había integrado a la plática con los del Norte desde que había llegado.
Ash sólo esperaba que Aldo no fuera el tipo de persona que iniciara peleas estando borracho, aunque eso era algo que hacía estando sobrio así que quién sabe.
Quizás vería una faceta más sensible de su archienemigo y en ese caso estaba emocionado por poder obtener material para chantajearlo en un futuro.
Al menos esa era la historia que contaba.
La energía en el techo de la mansión del norte había aumentado de 0 a 100 en un instante. Desde que Molly arrancó con una canción que todos los mexicanos parecían conocer, los ánimos se elevaron y la gente comenzó a participar y mientras el alcohol se terminaba y rellenaba las canciones iban rotando de idioma y géneros. Varios pasaban en dueto o en grupo, sin embargo esto no importaba mucho cuando toda la sala se sabía la canción y todos se convertían en un coro, uno muy malo pero finalmente un coro, y si no sabías la letra no había problema, siempre podías bailar o seguir tomando hasta que sintieras que podías cantar cualquier cosa que se mostrara en la pantalla como lo había hecho Katie quien podría jurar estaba destrozando “La Chona”.
Habían pasado al menos tres rondas de vasos de plásticos llenos de lo que Ewroon juraba era 50% refresco y 50% alcohol pero que Ash juraba iba disminuyendo de porcentaje de refresco cada vez más. Haiper en ese punto ya se había parado del sillón y se encontraba riendo a carcajadas.
Ash se rió suavemente ante esta vista, de cierto modo estaba feliz que Haiper se hubiera relajado un poco y estuviera platicando con el resto por su cuenta. Pasaba mucho tiempo con él todos los días y lo conocía como la palma de su mano así que estaba consciente de que platicar y simplemente pasar el rato no era algo que el del suéter azul solía hacer con frecuencia.
No obstante, Ash estaba consciente de que aquel que ocupaba su campo de visión mayormente era aquel que quería echarlo hace unas horas, el generalísimo de guerra del Norte.
No era algo que Ash quisiera hacer conscientemente, se decía a él mismo, pero algo que había descubierto esa noche es que Aldo era fan del karaoke. Ya llevaba al menos 6 canciones, todas de distinto género, algunas en inglés y otras en español, a veces pasaba con Tina, Molly o su grupo de mejores amigos que había aprendido se conformaba por Roier y Mariana. En la última canción que había cantado hace unos 10 minutos el generalísimo ya comenzaba a tropezar y sus mejillas se enrojecían tanto por el esfuerzo físico que ejercía bailando al mismo tiempo como por el alcohol en su sistema. Su saco largo de general se había perdido en alguna silla del lugar, su camisa blanca ya había perdido al menos dos botones de la parte de arriba y tenía las mangas arremangadas hasta los codos.
Ash no podía negar que aquel paisaje le había sacado una sonrisa.
— ¡Líder supremo! — Una voz sacó al moreno de sus pensamientos, al voltear hacía el propietario de esta voz se encontró a Haiper, quien tomó asiento a su lado. —¿No quieres venir con Tubbo y conmigo? ¿Cuánto tiempo llevas aquí sentado?
— Verás Haiper, planeaba moverme pero cometí el error de tomar todo lo que Ewroon me ofrecía así que si me levanto ahora tengo miedo de sentir los efectos de todo lo que he tomado.
Ambos rieron ante la situación hasta que una voz robó la atención de Ash.
— ¡Tengo otra! ¡Tengo otra!— La voz ahora un poco más chillona de Aldo hizo que Ash desviara su vista hasta el “escenario” donde Aldo le decía a Juan al oído la canción que quería. La azotea se llenó de gritos de apoyo de la hermana de Aldo y sus amigos.
Aldo tomó el micrófono y no tardó mucho para que la pista comenzara a sonar, una melodía que parecía melancólica llenó los altavoces.
—Love when happy hour comes at 10 AM o’clock on a Tuesday
La voz de Aldo se agudizaba para llegar a las notas, sacando una risa de todos los espectadores, incluído Ash.
—Guess a broken heart doesn't care that I just woke up…
Por un momento Ash se preguntó si había escogido esa canción por alguna razón en particular.
—Got a soft spot for a bev and a boy that's fruity. Can't lie. Whole weeks been tough
¿De verdad iba a cantar una balada?
—No party invitations, not going to the club!
La pista rápidamente cambió a una más movida, los instrumentos transformando la canción a una más “country” que provocó que varios comenzaran a bailar, Tina quien parecía conocer la canción tan bien como Aldo hacía coros.
Mientras tanto el generalísimo también trataba de cantar y bailar lo que parecía una coreografía aprendida de algún lado, pero en la batalla de la coordinación sus pies iban perdiendo y aquellas bebidas de Foolish iban ganando.
Sin embargo había algo más que estaba comenzando a poner nervioso al líder del Régimen, de vez en cuando la mirada de Aldo se fijaría en la suya. No duraba mucho pero si comenzaba a tener una frecuencia que generaba dudas en el de traje morado.
Un interludio instrumental en la canción finalmente hizo que la mirada del general del Norte se apartara de la suya al querer concentrarse en el baile que intentaba realizar. En algún punto Tina se unió a su baile, el brazo de Aldo rodeando los hombros de Tina probablemente buscando estabilidad más que nada. Las risas predominaban para el momento que la letra volvía a ponerse en pantalla pero ni Aldo ni Tina necesitaban de ellas.
Ambos comenzaron a tararear al compás de la canción y balancearse, el tono animado de la canción no combinaba con los pensamientos de Ash, quién volvió a ponerse nervioso al notar que la mirada de Aldo regresaba a él.
— How's yous been what's up!
— ¿Por qué te sigue mirando? — Dijo Haiper confundido, que para este punto ya había notado a quién miraba Aldo tan insistentemente.
— Bye, it's me, how's mmm call, do you me still love?
— No sé pero no creo que sea nada bueno. — Contestó el moreno, dándole un sorbo a su vaso más por nerviosismo que porque realmente le gustara el contenido.
— ... Some good old fashion fun sure numbs the pain.
Aldo terminó la canción envuelto el risas y sosteniéndose del hombro de Tina.
Ash creyó que aquellas miradas se habían acabado junto con la canción por lo que apartó su mirada por un instante.
No tenía idea de qué había pasado, quizás Aldo ya estaba lo suficientemente borracho para ignorar las peticiones de Vegetta, quizás él ya estaba muy tomado y su visión lo suficientemente borrosa para ver cosas que no eran.
— ¡Ash Ketchum!
La voz de Aldo captó la atención de todos en la azotea incluido el propio Ash, quién levantó la mirada para encontrarse a un Aldo, que ya se había separado de su mano derecha, un poco tambaleante caminando lentamente hacia él, sus manos en la espalda.
Se había formado un ambiente ligeramente tenso acompañado de un silencio expectante, ese silencio que aparece cuando escuchas a la mesa de al lado empezar a pelear.
— Hijo de la verga...
Siguió Aldo, todos un poco muy asustados (y tomados) para intervenir, a lo lejos se escuchaban los pasos apresurados de quien asumió eran Roier y Mariana por la manera en que llamaban al general de guerra.
— Llevas aquí como dos horas y no has cantado nada. — Finalmente Aldo se paró frente a él, peligrosamente cerca, quizás por el alcohol o quizás era parte de su técnica de intimidación. Ash solo pudo levantar la vista, analizando cuántas posibilidades había de que su enemigo atacara en ese instante.
Una mano de Aldo se alejó de su espalda para colocarse frente a él y revelar el micrófono. La mirada de Ash viajó del micrófono a la cara del chico de lentes, esta se encontraba sonrojada por el alcohol en su sistema pero más importante, tenía una sonrisa burlona plasmada. Sabía que lo estaba presionando.
— Queremos escucharte cantar, líder. —Agregó esto último en un tono burlón antes de comenzar a vitorear "Ash, Ash, Ash", provocando que inmediatamente el resto de invitados se unieran, obligándolo finalmente a tomar el micrófono.
— Bien, si eso es lo que quieres, príncipe. — Respondió Ash levantándose de su asiento, está última palabra con la misma energía con la que Aldo lo había llamado líder.
Aldo inmediatamente se desplomó en el asiento antes ocupado por Ash, sin importarle que había quedado al lado de Haiper quién solo lo miraba extrañado. Aldo miraba fijamente al de pelo rizado mientras caminaba a la pantalla y le decía a Juan su canción.
Pensaba en todas las opciones posibles que Ash tenía en mente, estaba preparado para reírse de cualquier canción que escogiera porque no había manera de que el líder supremo del Régimen no se humillara en el karaoke.
Finalmente Ash volteó al público esperando a que Juan empezara la canción, su mirada fijada en Aldo mientras sonreía, sabía que este solamente estaba esperando a que empezara para burlarse.
Los gritos de apoyo y emoción comenzaron a sonar, el grito de Molly provocando que Aldo le dirigiera una mirada retadora que esta no había captado antes de regresar toda su atención a Ash.
Si Aldo quería un show entonces Ash se lo daría.
La canción empezó en seco con unos segundos de una guitarra eléctrica, el semblante de Aldo cambiando un segundo tratando de saber qué canción era.
— So if you're lonely — Empezó Ash, los gritos de emoción haciéndose presentes en seguida.
— You know I'm here waiting for you — Siguió, la mirada pegada a la del generalísimo, retándolo a seguir escuchando.
—... I know I won't be leaving here with you.
El instrumental con la guitarra dio espacio a que los demás empezaran a gritar y aplaudir al ritmo del instrumental, animando a Ash a seguir. Esto logró sacar una risa del moreno, quién comenzó a disfrutar la canción y a sí mismo mientras ésta avanzaba, olvidándose por un momento de la mirada juzgona de Aldo y dejándose llevar por la guitarra eléctrica y el bajo. Sus brazos fingiendo tener estos instrumentos mientras sacudía su cabeza.
Probablemente perdería el poco respeto y miedo que aún le tenían en esa isla pero ¿qué importaba? el alcohol ya había hecho su parte y por una vez desde que el barco se quedó varado en ese lugar estaba disfrutando del momento.
— I say, Don't you know?
You say, You don't know
I say
Take me out
Aldo odiaba tener cosas buenas que decir acerca del Régimen, especialmente de su enemigo.
Pero no podía no admitir que la voz algo profunda de aquel de morado quedaba como anillo al dedo para la canción que había escogido y verlo en ese estado tan libre, si podía llamarlo así, era definitivamente algo nuevo y que lo había dejado sorprendido.
No podía evitar pensar en qué tan diferentes serían sus vidas si la guerra no hubiera pasado y se hubieran conocido como personas normales.
Probablemente lo seguiría odiando.
Sobre todo porque podía darse cuenta que el de morado estaba tratando de regresarle todas esas miradas que el de lentes le había dirigido mientras cantaba y sabía que aquel del Régimen tendía a escalar muy rápido las cosas porque desde que el primer coro había iniciado no despegaba su mirada de la suya más que en las partes instrumentales. No tendría tanto problema en sostenerle la mirada si no fuera porque aquellos a su alrededor comenzaban a notarlo también, lo que ocasionaba dos respuestas: que murmuraran, preguntándose si pelearían nada más terminara la canción, y gritos que escucharías en una primaria después de que alguien insinuara que te gustaba alguno de tus compañeros.
Esto último era lo que más le calaba pero no podía perder la batalla de miradas, no contra Ash y no una tercera vez, al menos.
—I know, I won't be leaving here… With you
Finalmente terminó la canción, los gritos y aplausos no se dejaron esperar. Tubbo salió corriendo a poner su brazo alrededor se su líder y comenzó decirle como era bueno verlo relajado y divertirse al menos una vez, no obstante Ash solo miraba como Aldo se levantaba del sillón y se dirigía al interior de la casa del Norte. No pudo notar la expresión de su rostro lo que lo puso nervioso y por lo que decidió seguirlo.
—Ash — Haiper se había interpuesto en su camino, su mirada claramente de preocupación.
—No haré nada, no tengo con qué y él tampoco, está demasiado borracho como para empuñar una espada.
El de azul no se veía muy convencido pero aún así decidió dejar ir a su amigo, de todos modos lo haría aunque le dijera que era mala idea.
—Si necesitas ayuda mándame mensaje.
Con ese mensaje de apoyo Ash se escabulló entre la gente que olvidó todos los sucesos previos tan pronto Katie comenzó a cantar “Party Rock Anthem”.
Se sentía raro entrar a la mansión y que el ruido estuviera afuera y no adentro, usualmente era al revés. La casa mayormente rebosaba de vida, con tanta gente viviendo dentro siempre había una conversación ocurriendo o alguien con el televisor prendido (usualmente Aldo) pero en estos momentos el ruido de afuera se ahogaba en las paredes de arenisca, los vidrios retumbando suavemente por el volumen de la música.
Ash comenzó a caminar por los pasillos buscando a Aldo, la música cada vez menos perceptible, hasta que lo vio sentado en las escaleras, su rostro aún sin poder ser visible debido a que le daba la espalda.
El de pelo rizado se acercó cautelosamente, preocupado por él mismo y por la posible reacción de Aldo.
— ¿Por qué me sigues?—Contestó el de gafas sin girarse. Debió suponer que alguien tan paranóico como él podía sentir sus pisadas.
—¿Qué fue todo eso de hace rato?— Preguntó Ash parado detrás de Aldo, quién seguía sentado, su mirada fijada en la ventana.
— No sé, tú dímelo.
—¡¿Yo?! Tú empezaste esto, de nuevo.— La indignación de volver a ser culpado por empezar un conflicto se notaba en su voz.
Sin embargo, esta vez Aldo no tenía nada que responder, algo raro en él.
—¿Quieres pelear? — Preguntó Ash, tratando de descifrar el raro comportamiento del de gorra.
— No wey. Ni siquiera creo que pueda correr en este estado.
Ash meditó por un momento qué hacer, es verdad que no tenían la mejor relación pero por alguna razón se preocupaba por el de gafas.
—¿Por qué no te llevo a tu cuarto?
— Ora
— ¿Qué sucede contigo? — Dijo Ash, un poco avergonzado por la respuesta de Aldo. —Tu sabes que no lo digo de esa manera.
— Claro, porque no soy Molly. — Respondió Aldo mientras se paraba con ayuda de la pared a su lado. Ash suspiró frustrado al comentario.
— No sucede nada entre Molly y yo, Aldo.
— Ajá.— Aldo comenzó a bajar las escaleras, le daba un poco de pena la lentitud de sus pasos pero sabía que le daría más vergüenza caer de cara por al menos 10 escalones.
Ash, quien se encontraba un poco más estable, bajó antes para poder mirarlo a la cara, encontrándose con un rostro sonrojado, un ceño fruncido y unos ojos que lo evitaban.
— Escucha Aldo, yo sé que me odias, el sentimiento es mútuo. Pero de verdad que no tenía segundas intenciones esta noche, sólo quería olvidarme un poco de toda la mierda que ocurre en esta isla.— Ash hablaba mientras Aldo simplemente se dirigía a su habitación. —Ni siquiera he hablado con Molly en toda la noche, de hecho no he hablado con ella desde hace días.
Ash se esforzaba por convencer al chico que caminaba frente a él. No sabía muy bien porque tenía esa necesidad de que el de gafas le creyera, en cualquier otra situación simplemente habría aceptado que eso es lo que el chico había decidido creer.
Pero en ese momento de verdad deseaba aclarar las cosas, quizás porque por primera vez en mucho tiempo se había sentido como una persona normal, sin conflictos ni planes que idear. Además, no era muy obvio pero podía notar que Aldo lo estaba escuchando por la manera que cuando abrió la puerta de su habitación dejó esta misma abierta.
— ¿Es eso lo que te molesta? ¿Que crees que salgo con tu hermana?
Ambos se detuvieron una vez estaban dentro de la habitación, Aldo se quedó un rato en silencio antes de voltearse a verlo.
— ¿A ti no te molestaría que tu carnalita se acueste con el wey que te partió tu madre?— Finalmente Aldo lo miró a los ojos, su enojo era notorio.
— ¿Eh? Bueno, para empezar, eso nunca pasó.— La cara de Ash se tiñó levemente de rojo por la imprudencia del otro chico.— Pero entiendo porqué te sientes traicionado de que Molly haya ido a buscarme.
Aldo tomó unos pasos hacia él, su cara aún denotaba molestia.
— Júralo. Júralo que no hay nada entre ustedes dos. —La voz de Aldo se escuchaba casi como un susurro, como si tratara de contener un grito, la música todavía podía escucharse de fondo.
— Aldo, lo juro. Lo juro por Haiper, por el Régimen. — Ash alzó las manos tratando de probar su inocencia. — Sólamente peleamos y me ayudó con mi casa, es todo.
Aldo lo miró unos segundos, su mirada recorriendo el rostro de Ash, tratando de captar cualquier acción que denotara que en realidad mentía pero no, Ash se mantenía con las manos en alto y en silencio, esperando que Aldo hiciera lo suyo.
— Esa noche contigo la pasé bien…
La voz de Molly a la distancia distrajo a ambos de la situación, quienes pararon en seco a escuchar.
— Pero yo me enteré que te debes a alguien
— Oh por dios. —Ash no pudo contener la risa, una de sus manos moviéndose a su cara para presionar el puente de su nariz. Aldo trató de mantener la imagen intimidante pero cayó a los pocos segundos.
— ¿Puedes explicar eso entonces, Ash Ketchum?— Preguntó Aldo entre risas.
— ¡No sé a quién le canta, lo juro!
Ambos pasaron un momento riéndose de lo ridículo de la situación, toda la seriedad se había perdido en menos de diez segundos. Ese era un buen ejemplo del efecto que el Norte tenía: la capacidad de transformar cualquier momento tenso en una anécdota para recordar con una sonrisa en el rostro.
Fue en ese momento, después de que las risas cesaron, que Aldo se dio cuenta de algo.
Jamás había visto ni escuchado la risa de su enemigo.
Y no podía evitar admirarla ahora que la tenía frente a él.
No hizo falta mucho tiempo para que se diera cuenta que aquel que se encontraba frente a él estaba teniendo el mismo tren de pensamiento, sobre todo cuando ambas miradas se desviaban más abajo de la nariz y regresaban a los ojos del contrario, ambos con miedo de ser atrapados.
Aldo culparía a muchas cosas esa noche: La luz de luna que entraba por el ventanal de su cuarto, el alcohol en su sistema, la cercanía que accidentalmente habían creado y el brillo púrpura que tenían los ojos de Ash debido a casi haber llorado de la risa.
Aldo buscaría mil culpables sólo para no admitir que había sido él el que había cortado la distancia y le había robado un beso a aquel que juraba era el que más odiaba en toda la isla.
Aquel beso sólo había durado unos pocos segundos, lo que tardó el de lentes en darse cuenta de lo que había hecho.
El de gorra abrió los ojos, expectante de la reacción de Ash. Al mirarlo, éste tenía una expresión similar, de sorpresa. Sin embargo, el rizado no tardaría en devolverle el favor a Aldo, sosteniendo sus antebrazos para inclinarse levemente a continuar lo que Aldo había empezado, las manos de éste último moviéndose casi automáticamente a la cara del líder supremo del Régimen.
El beso esta vez duró más que el anterior, mientras ambos se acoplaban uno al otro, las manos del general deslizándose al cuello de Ash y éste acercando más al de camisa desaliñada por la cintura.
—Lo que pasó, pasó. Entre tú y yo
No era un beso particularmente rudo o desesperado para sorpresa de ambos. De alguna manera habían encontrado su ritmo y era exactamente lo contrario a lo que pasaba cada vez que estaban juntos en un mismo espacio.
Aquella agresividad y hostilidad se había perdido hace rato.
Aldo fue el primero en separarse. Sus manos bajando a los brazos de Ash mientras su cara comenzaba a denotar la confusión que él mismo se había provocado. El de traje no se quedó atrás, su cara ahora estaba sonrojada y su boca se abría y cerraba buscando qué decir.
—¡Ashswag!— La voz de Tubbo se escuchó en el piso de arriba a la vez que sus pasos revelaban el camino que éste tomaba, un segundo par de pasos se unieron poco después, provocando que ambos tomaran un paso atrás y se separaran.
— Te digo que vino aquí siguiendo a Aldo. — La voz de Haiper se colaba. — Tengo miedo de que empiecen otra guerra.
Los pasos se dirigieron a las escaleras.
— Tengo que irme.— Dijo Ash, no sabía si le avisaba a Aldo o a su propio cuerpo.
— Claro. — Respondió Aldo, su mente aún procesando lo que había pasado.
Ash comenzó a salir del cuarto pero se detuvo en el marco de la puerta. Su mirada regresó a Aldo un momento.
—¿Aldo?
— ¿Hm? — La mirada del de gafas rápidamente se dirigió a aquel parado en la puerta.
— Creo que soy mejor que tu en karaoke.— Una sonrisa burlona adornó el rostro del de morado.
— Sueñas. — Respondió Aldo, sacando una pequeña risa de ambos antes que Ash saliera.
Así, Ash se reencontró con sus amigos, usando la excusa de que en realidad no logró encontrar a Aldo y se perdió buscando el baño, mientras que Aldo no tardó mucho en caer dormido, no sin antes cuestionarse ese cosquilleo en el estómago.
Una vez más, buscaría otro culpable.
Aldo se despertó por el vibrar de su intercomunicador. La resaca no le había pegado tan fuerte como creía, quizás porque al final había dejado de tomar una vez sus pasos se habían vuelto torpes, pero su garganta necesitaba urgentemente al menos un litro de agua.
El intercomunicador volvió a vibrar indicando que le había llegado otro mensaje y finalmente decidió ver de quién era.
Ashswag whispers to you: Ven al Régimen en 5.
Ashswag whispers to you: Y trae piedra por favor
You whisper to Ashswag: Cómo por qué haría eso???
Ashswag whispers to you: Checa tu buró :)
Aldo se giró para ver una foto colocada al lado de su cama. Era la medalla que Vegetta le había dado por defender la mansión aquel día que la guerra llegó a su fin.
— Puta madre…— Aldo suspiró y cubrió su cara con sus manos ¿de verdad había sido tan despistado? ¿Cómo es que no notó cuándo se regresó a dejar la foto?
You whisper to Ashswag: ……
Ashswag whispers to you: Entonces… ¿podemos hablar?
