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Fandom:
Relationship:
Additional Tags:
Language:
Español
Collections:
DULCES BESOS♥
Stats:
Published:
2026-04-18
Words:
922
Chapters:
1/1
Kudos:
3
Hits:
23

Lo que el universo se llevó (1/9)

Summary:

No hubo batalla que ganar ni enemigo al que culpar; sólo un latido que dejó de existir antes de tener nombre.

Notes:

1. Beso triste.

Work Text:

La habitación del ala médica de la Corporación Cápsula estaba envuelta en una luz tenue. Las máquinas habían sido apagadas una a una. Tan sólo quedó el silencio más pesado que cualquier ruido. Bulma estaba sentada al borde de la cama con las manos sobre su regazo. Ella no apartaba la vista del suelo como si allí estuviesen las respuestas que el universo se negaba a darle. Fue un parpadeo; un futuro que se apagó sin siquiera nacer a pesar del anhelo mutuo en esa ocasión.

 

No hubo gritos ni sangre dramática o escenas de película, sólo se fue el diminuto latido que alguna vez existió en el vientre de Bulma.

 

El médico dió la sentencia con esa voz suave y profesional que todo miembro del personal  de salud utilizaba para dar malas noticias. Aquel segundo embarazo que tanto Bulma como Vegeta habían estado esperando simplemente ya no existía. Trunks estaba dormido en una habitación lejana, porque no había necesidad de cargarlo con expectativas y pérdidas.

 

Bulma suspiró y se llevó la mano al vientre plano que no tuvo la oportunidad de albergar  el desarrollo de un bebé amado. Ella se preguntó por enésima vez si todo fue culpa suya porque ya no era la joven de antaño como cuando quedó embarazada de Trunks. Y tal vez su cuerpo ya no era tan fuerte. Además, las explosiones en el laboratorio, las noches sin dormir trabajando en mejoras, las discusiones con Vegeta…tal vez todo eso había pesado demasiado. O quizá ella no merecía tener otro hijo porque el universo le estaba cobrando el haber jugado a diosa tantas veces.

 

Unos segundos más tarde, las lágrimas descendieron en silencio por sus mejillas. Bulma no sollozaba, sólo dejaba caer las lágrimas y fue ahí cuando la puerta se abrió sin hacer sonido.

 

Vegeta entró con la misma armadura ajustada de costumbre, pero su expresión era distinta. No traía puesta la coraza de arrogancia u orgullo sayayin que lo hacía parecer invencible. En ese momento el orgulloso príncipe sólo era un hombre que perdió a su hijo o hija. 

 

Vegeta se detuvo a pasos de Bulma y el silencio cayó entre ellos. La científica se forzó a levantar la mirada y vio allí al amor de su vida con los puños apretados a los costados.

 

Él también estaba sufriendo; Bulma lo conocía demasiado bien. Después de todo, Vegeta no expresaba su dolor en palabras. Él solía tragar su dolor y convertirlo en rabia, entrenamiento y aislamiento.

 

— Vegeta— Bulma susurró porque la perdida era de los dos y necesitaba a Vegeta; necesitaba disculparse, —¿ Y si fue por mí? Por mí, por mi edad, por todo lo que he hecho— Ella pausó y trató de ver la reacción de su pareja, quien se mantuvo inmutable— Tal vez mi cuerpo ya no sirve para…

 

— No— Él la interrumpió en seco. No había enojo en su voz, si no algo más profundo que provocó más lágrimas de Bulma, la cual se mantenía atenta a algún gruñido o comparación. Tal vez un “Kakaroto y su estúpida mujer han tenido más hijos” o alguna comparación arrogante.

 

Pero no hubo nada de eso.En cambio, él le devolvió la mirada con algo que ella  rara vez veía en su hombre: vulnerabilidad.

 

Después, con lentitud, casi con torpeza, Vegeta se inclinó y una de sus manos — grande, callosa por años de combate— se posó en la mejilla de Bulma, limpiando una lágrima con el pulgar. Ella cerró los ojos al sentir el contacto que era cálido y real. Después, él la besó.

 

No fue un beso apasionado como los que se daban después de cada discusión o cuándo la adrenalina de salvar al universo todavía corría por sus venas. Fue un beso triste; un beso de consuelo. Los labios de Vegeta se posaron sobre los de Bulma con una suavidad que contrastaba con toda su naturaleza. El contacto terminó pronto, pero después de éste él se quedó quieto; respirando el mismo aire de su mujer como si él pudiera absorber parte de su dolor al elegir quedarse.

 

Y Bulma se aferró a la   armadura ajena, tirando de él hacia abajo a fin de profundizar el beso. No por deseo sino por necesidad ya que esa era la forma de Vegeta de estar con ella; dado que él no era de palabras bonitas pero con el tiempo el príncipe sayayin aprendió a quedarse y a proteger. Bulma suspiró mientras sus perfiles volvieron a encontrarse. La respiración de Vegeta era pesada, controlada.

 

« No fue tu culpa» Él murmuró al fin y Bulma lo abrazó con fuerza, enterrando la cara en su pecho. Vegeta se tensó un segundo —todavía le costaba el contacto prolongado— pero luego sus brazos la rodearon. Uno de sus manos se posó en su espalda, la otra en su cabello, sosteniéndola como si fuera lo más frágil y valioso del mundo.Permanecieron así mucho rato. El reloj de la habitación marcaba el paso lento de la noche. Fuera, las estrellas brillaban sobre la ciudad del Oeste , indiferentes a la tragedia humana. Dentro, sólo había dos personas que, a su manera, intentaban sostener los pedazos del otro.Bulma cerró los ojos y dejó que el calor del cuerpo de Vegeta la envolviera. El dolor no desapareció. Sabía que tardaría meses, quizás años en sanar del todo. Pero en ese silencio compartido, ella encontró un consuelo que ninguna palabra podría haberle dado.Porque Vegeta no era de palabras. Él era  de acciones y en ese momento quedarse fue la acción más poderosa de todas.