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—Joey, ¿Creés en la reencarnación? —Preguntó un pequeño Who bicolor con bastante curiosidad.
—¿Uh? ¿Por qué preguntas eso tan de repente? —Cuestionó ahora aquel Knox de pelaje amarillo y sombrero morado, mientras fijaba su mirada hacia su compañero.
—Vamos Joey, ¿Algo así no te parece mágico y fantástico? ¡Solo imaginarlo! Creer que al final todo vuelve a comenzar y te conviertas en alguien más —Explicó con emoción mientras seguía observando el paisaje que las colinas coloridas podían ofrecer, más cuando se quedó sin palabras, solo soltó un suspiro y mostró una tranquila sonrisa mientras añadía— Es tan mágico... ¿No lo crees?
El Knox de nombre Joey no terminaba de comprender la filosofía de vida de su compañero; siempre tan alegre, siempre tan positivo, siempre tan misterioso cada que lo demostraba, y esa ocasión era una de esas. No entendía como podría creer que algo así podría ser real, pero al final eso sonaba mucho mejor a qué... Bueno, lo que siguiera después.
—Si tú lo dices... —Murmuró el mayor—. Sabes, hay veces en las que no entiendo que es lo que sucede por tu mente Juan Ramón.
—Supongo que soy demasiado impredecible —Canturreó con orgullo el antes mencionado. No obstante, su tono cambió a uno mucho más dulce para concluir— Al igual que tú... Esa es una de las cosas que más me gustan de ti...
Y he allí otra prueba de lo que se estaba refiriendo, no esperaba para nada que su amigo pronunciara algo asi, ni mucho menos que esas palabras se las dedicará a él y solo a él.
Pero al final... No le molestó para nada, solo se acercó más a él para tomar su mano y continuar viendo el paisaje.
Más el Who de nombre Juan Ramón dejó de prestar atención, ahora su mirada se centraba en Joey; en esa sonrisa tierna que adornaba sus mejillas, en ese sonrojo de tonos rosados que le hacía ver tan adorable, en la forma en la que tomaba su mano mientras miraban el amanecer.
Y con un poco de dudas tomó la mano del de sombrero morado y entrelazó sus dedos en esta, dando a entender que correspondía a su acción.
Desconocía el porque, pero cada que estaban juntos sentía como si su corazón quisiera salir de su pecho y sentía una inmensa alegría. Bueno, nuestro pequeño Juan Ramón siempre estaba feliz, ya sea por su actitud positiva o por qué así se sentía cada que degustaba un plato de huevos verdes con jamón. Pero está alegría era diferente, era una alegría mucho más especial.
Lo mismo sucedía con Joey, quién al estar junto a Juan Ramón sentía que tenía mil razones para ser feliz. Con tan solo probar un bocado de ese platillo que tanto le desagradaba, había aceptado de forma indirecta que el Who de sombrero rojo entraría a su vida.
Y puede asegurar con total certeza de que esa fue la mejor decisión que había tomado en su aburrida vida. Él le dio felicidad, en él encontró a un compañero, un amigo, a alguien especial que siempre iba a querer. Más sin embargo, "querer" no era la palabra indicada para describir el cariño que sentía por él.
No cabía la menor duda, ambos estaban enamorados
Pero había un problema, ninguno lo sabía y no podían saberlo.
Porque de hacerlo, las demás personas los juzgarán y quizás deseen que desaparezcan para siempre.
—Juan... Si resulta ser cierto lo que dices, si termino convirtiéndome en alguien más en otra vida y por casualidad te vuelvo a encontrar... ¿Cómo sabré que eres tu?
—Sencillo, ¡Seré el primer desconocido que te ofrezca un plato de huevos verdes con jamón! En caso de que en otra vida también los odies ¡Yo haré que los pruebes una vez más!
—Nunca vas a cambiar ¿Verdad?
—Vamos Joey, yo sé que así me quieres —Mencionó el Who con un tono bastante juguetón, mientras se apegaba aún más a su compañero, su amigo, su amor imposible.
—Tienes razón... —Suspiró el Knox y de igual forma se apegó más a su compañero, añadiendo con un tono más tranquilo— Así te quiero...
Se quedaron quietos a observar la primera luz de la mañana, soñando y deseando en silencio que ese amor que ambos se ocultan pueda hacerse real, que algún día finalmente puedan estar juntos como algo más...
Aunque sea en otra vida.
—¿Sam? ¿Estás bien?... —Preguntó el Knox anaranjado con preocupación al ser testigo de la reacción tan inesperada del más bajo.
No entendía el porque, pero al observar ese paisaje que estaba frente a ellos, ese amanecer que se podía apreciar desde la tienda de campaña en la casa del árbol del mayor, creaba en el de menor estatura una nostalgia inexplicable. Por lo que sin darse cuenta y sin poder evitarlo, pequeñas lágrimas brotaban de sus ojos.
Sin embargo, al darse cuenta de que estaba preocupando a Guy son su mirada y con sus ojos levemente llorosos, reaccionó
—¡Si! No es nada...—Tartamudeó el Who con risas nerviosas mientras limpiaba sus lágrimas— Es solo que... El paisaje es tan hermoso y más cuando lo disfruto contigo... ¿No lo crees mi querido colega de maletín?
—¿Sabes qué? Tienes razón... —Respondió con una sonrisa tranquila, aunque aún seguía desconcertado por la reacción tan extraña de su compañero.
Sin embargo, el Knox si concordaba con la descripción de Sam referente al paisaje. Podía ver un amanecer sin problemas con cualquier persona, inclusive podría hacerlo en soledad, pero únicamente cuando lo observaba junto a su mejor amigo sentía una extraña nostalgia y una sensación de alegría en el corazón.
No sabía cómo llamar a ese sentimiento, ¿Acaso era por qué se sentía cómodo estando junto al de sombrero rojo? ¿Acaso eso era prueba del cariño de amistad que sentía hacia él?... ¿O Acaso era algo más?
Aunque Guy no lo tenía claro, Sam lo sabía a la perfección. Aún siendo inexperto en el tema, sabía lo que podría significar esa alegría que también sentía en su propio corazón y ese inmenso deseo de poder estar junto a él...
Hace tiempo que lo descubrió, se dio cuenta en el momento en que lo conoció, cuando lo vió en esa cafetería y se acercó para decirle que sus maletines eran idénticos y no solo eso, en el momento en el que no pudo evitar preguntarle si le gustaban los huevos verdes con jamón.
Al principio creyó que se trataba de un cariño amistoso, un cariño que solo sentías por una amistad de verdad. Pero entre más tiempo pasaba más se daba cuenta de la realidad, una realidad que no podía negar: A Sam le gustaba Guy.
No, no solo le gustaba, lo amaba. Amaba en silencio a ese Knox anaranjado, amaba a ese inventor que con solo una sonrisa le robaba el corazón, amaba a ese hombre que fue su guía y que le dio mil razones no solo para sonreír, sino también para cambiar y dejar el camino del crimen.
Era una lastima que de entre los dos, Guy era el único que todavía no se daba cuenta de lo que en verdad sentía y que tomó una decisión antes de saberlo, una que podría afectarlos a ellos y a alguien más por igual en un futuro no muy lejano.
—Perdoname Sam, ya tengo que irme...
—¿Irte? ¿A dónde vas Guy?...
—¿Uh? Creí que ya te lo había mencionado —Preguntó Guy con confusión— Le prometí a Michellee que la acompañaría a la exposición de su nueva pintura y después iríamos a comer algo. ¿Puedes creerlo? Pronto cumpliremos un año de relación...
—Oh, cierto... Lo había olvidado... —Murmuró Sam a lo bajo con cierta inseguridad. Si bien su amor por su mejor amigo seguía presente en su corazón, lo mejor que podría hacer por los dos sería apoyarlo para verlo feliz, aunque no sea con él—. En ese caso, ¡Mucha suerte! Espero que les vaya bien... ¿Te molesta si me quedo aquí un rato más?
El Knox negó con la cabeza para responder a su pregunta, al mismo tiempo en que le sonreía en forma de agradecimiento por sus palabras. Finalmente se levantó de su lugar y caminó por las tablas que estaban entre las fuertes ramas para así bajar a arreglarse y desayunar.
Sam únicamente siguió observando la primera luz de la mañana, con esa misma sensación de nostalgia en su pecho. A pesar de que no podía obligar a su amado a estar con él, ni tampoco desear que la relación que ahora tenía con Michellee terminara para así tener una oportunidad, lo único que le quedaba era desear en silencio algo que muchos considerarían imposible.
—Quizás... Quizás algún día podamos estar juntos... Aunque sea en otra vida.
