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LOOK BACK: For a better future (ES)

Summary:

Kyomoto era una joven que estudiaba en una academia de artes para entrar en la carrera de artista profesional. Era alguien bastante tímida que no se congeniaba bien con los demás, lo cual, la hacía sentir un poco insatisfecha por dentro.

Un día recibe una llamada de su amiga de la infancia, Ayumu Fujino, la cual no se había hablado desde hacía años. Esta le propone reunirse un día de estos para hablar de lo que ha sido de sus vidas, y Kyomoto acepta alegremente. Esta reunión no solo podría marcar el resurgimiento de una amistad que había muerto hace años, sino que también podría ser la clave para evitar una tragedia que se suponía que era inevitable...

Este es un What if del One Shot original de Tatsuki Fujimoto, el cual relata lo que hubiera pasado si el dúo de artistas se hubiera reencontrado antes de la tragedia de Kyomoto.

Notes:

Hola y bienvenidos a mi primer fanfiction. El primero de MUCHOS que planeo hacer.
Look Back es un One Shot de Tatsuki Fujimoto (El mismo man que hizo Chainsaw man) el cual habla de la amistad de dos niñas, Fujino y Kyomoto, y del sueño de ambas de crear su propio manga.

El 7 de marzo de 2026. Tuve la fortuna (Y desgracia) de ver la adaptación animada de este One Shot en amazon Prime. No sobra decir que acabé destrozado por ese final. Literal no dejé de pensar en esa historia por el resto del día. De verdad te enseña que la vida a veces es injusta, y te quita lo que amas porque si, pero que aun así tienes que continuar, porque la vida sigue ¿No?

Pero me rehúso. Me rehúso a aceptar que de verdad una amistad tan bonita halla acabado de manera tan trágica. Es por eso que estoy haciendo este fanfic donde todos son felices al final. Por que si Fujimoto hizo lo que quiso con el final de Chainsaw man, yo puedo hacer lo que quiero con sus historias. Así que es por eso que esto existe, para darle un mejor final a ambas protagonistas. Sin embargo, no voy hacer que Kyomoto solo viva y ya. A mi me gustaría que las cosas sean mas interesantes, ya van a ver de lo que hablo.

Sin nada mas que decir, comencemos.

Chapter 1: Una llamada inesperada

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

El lienzo era tenuemente cubierto por distintas capas de pintura que poco a poco empezaban a dar con la tonalidad que la artista necesitaba. Cada pincelada, cada fragmento de la pintura, tiene su propósito para la imagen general de esta. En este caso se trataba de un cesto lleno de frutas, de diferentes colores que se complementaban entre sí, o generaban un contraste que daba más peso a la obra. Podría decirse que el arte es como la arquitectura, todo debe estar en un cierto orden, tener un cierto sentido, o si no se derrumbará todo.

Varios de estos principios los tuvo que aprender Kyomoto durante sus años en la academia. Era una chica pálida con el cabello corto y enmarañado, con un enorme flequillo al frente que separaba sus ojos. Llevaba un traje blanco lleno de manchas de pintura de trabajos anteriores. Su mirada siempre era brillante pero perdida, como si estuviera atrapada mirando su propio mundo. Nunca había sido buena socializando, y es cierto que no hablaba mucho con sus compañeros; pero el hecho de salir a hablar por lo mínimo con otros ya era un avance, ya que de niña solía tener una ansiedad social grave que no la dejaba salir de casa. Al no tener a muchas personas con quien hablar, solía perderse en el arte, pintando y dibujando en todo tipo de cuadros, tal como el que estaba haciendo ahora mismo.

Había pasado un par de horas en ese cuadro, ya estaba por completarlo, solo le faltaban los toques finales. Una gran sonrisa de satisfacción salía de su rostro al ver el resultado final, vaya que había mejorado con el paso de los años.

—¡te quedó increíble! —Le había dicho uno de sus compañeros al pasar al lado suyo

—Me encanta lo que hiciste con los colores—Le había dicho otra.

Esos cumplidos siempre hacían sonrojar a Kyomoto. Pero, aunque nunca lo admitiría en voz alta, esas eran sus partes favoritas a la hora de terminar una pintura. Tener atención era un sentimiento que ella no recibía tan a menudo, pero cada vez que los recibía, se sentía tan bien consigo misma, como si pudiera hacer lo que quisiera. Se sentía, amada. Lamentablemente, el sentimiento se esfumaba por completo cuando después de esos cumplidos, sus compañeros simplemente avanzaban indiferentes a entregar sus propios trabajos al profesor. Kyomoto solo suspiró, agarró su lienzo, y también se dirigió con el profesor.

Kyomoto era una de las mejores en su clase, su talento con los fondos y los colores era algo que todos los estudiantes envidiaban. Pero su nivel social no era la gran cosa realmente. Nunca había pasado de las simples conversaciones, a veces eran un simple saludo, otras veces eran mucho más extendidas, pero jamás llegaba realmente a un nivel de conexión más profunda con algún conocido suyo. Nadie la trataba mal, es más, algunos la trataban de muy buena manera, pero siempre se sintió que vivía en un mundo diferente al de ellos, y por mas que lo intentaba, simplemente no podía ponerse en la misma sintonía que ellos. Hablando de temas que ella simplemente no conocía, o yendo de salida con sus grupos de amigos mientras Kyomoto solo miraba a lo lejos. Era como una pieza de rompecabezas que no encajaba del todo.

 Kyomoto solo se dio cuenta de que estaba volviendo a divagar en sus pensamientos cuando se había posicionado frente al profesor, quien estaba en esos momentos calificando los trabajos de otros alumnos. Él se dirigió a ella, y solo le basto checar por unos segundos antes de poner una gran sonrisa

—Excelente Kyomoto—Le dijo con entusiasmo—Al igual que siempre. Descansa, nos veremos mañana

Kyomoto miró la hora. Eran las cuatro de la tarde, había acabado con las clases de hoy, así que no quedaba otra que irse a casa. En el camino de salida de la academia, Kyomoto notó a varios estudiantes riendo y hablando en conjunto, sin prestarle casi nada de atención a su paso. A veces, ella quería ir, tratar de participar en la conversación, o quizás simplemente decir que tenía un plan para esta tarde en la cual quería que ellos la acompañaran. Pero el mismo miedo siempre la detenía, el miedo a que ellos mostrasen una mirada incomoda, a que inventasen excusas para no acompañarla; o peor, a que acepten, pero que la salida sea un desastre al no saber como socializar. Kyomoto tenía miedo de que su mayor temor se confirme, que solo era la “compañera rarita pero agradable” de la clase. Así que solo bajó la mirada, y se fue a la salida.

Su regreso a casa tampoco era la gran cosa, simplemente era ir al autobús, viajar en silencio todo el recorrido y llegar a su hogar. Era aburrido y un poco solitario, pero es lo que había. Además, que ya se había acostumbrado a ese sentimiento desde una temprana edad, hasta el punto de que ya no le dolían las inexpresivas miradas que todo el mundo tenía con ella.

Sin embargo, la mejor parte del día de Kyomoto es sin duda cuando finalmente llega a su casa. Era su espacio secreto y oculto, donde podía ser completamente ella misma sin recibir miradas por ello. Tenía un estante en un rincón, llenos de pilas enteras de mangas que obviamente ya se había leído más de cinco veces. Había cuadernos de dibujo desperdigados por todo el suelo, cada uno lleno con distintos sketches, doodles, arte conceptual, entre otros. Al frente, justo debajo de la ventana, había un pequeño escritorio con varias tiras de manga encima de él, y con un simple cojín rojo de asiento.

Kyomoto solía pasar el resto de las horas del día en esas cuatro paredes. Haciendo algunos dibujos en los cuadernos que aun tenían hojas vacías o leyendo esos mismos mangas que había en su repisa, por más que ya prácticamente se supiera de memoria los diálogos que había. Solo salía de su pieza para dos cosas: comer, y ver televisión en el salón principal. De resto, se quedaba en ese templo personal, que no compartía con nadie. O bueno, ya no más.

Esta ha sido su rutina desde hace un largo tiempo atrás, una rutina la cual ella no se quejaba, pero que en el fondo la dejaba un poco insatisfecha. Insatisfacción que ese día sació mediante un montón de volúmenes de su manga favorito, “Shark Kick” Específicamente, el volumen 12, el cual acababa de salir.

Fue un completo deleite leer el comienzo de esta nueva parte. Estaba un poco escéptica acerca del cambio de tono y los nuevos personajes, pero ella confiaba en su amiga, y que sabía lo que estaba haciendo, si, amiga. Ya que Kyomoto antes de leer cada volumen, se detenía a contemplar la portada, y más que nada, al nombre de la autora. Kyo Fujino, ella había mantenido el alias a pesar de su separación, y no sabía que pensar acerca de ello.

Habían pasado tres años desde que Kyomoto y Fujino se habían separado en distintos caminos. Aun recordaba la última conversación que tuvieron, en esa tarde nevada en la que Kyomoto finalmente se soltó de la mano de su amiga, ya que ella sabía que era hora de crear su propio camino en la escuela de arte, a pesar de que con ello signifique que no iba a acompañar a Fujino en su carrera de mangaka. Aun recordó el cómo Fujino trataba desesperadamente de hacer que ella se quede, gritando que Kyomoto no sobreviviría sin ella, ya que ni siquiera era capaz de hablar con la cajera. En ese momento, Kyomoto pensaba que ella tenía razón, pero igual, quería intentarlo, ya no quería seguir estando en la sombra de su amiga, quería construir su propia identidad y valía. Quería saber quién era realmente.

Aun así, esperaba que ella le diera, aunque sea una llamada. Pero desde esa conversación, no se habían vuelto a hablar nuevamente. Con el pasar de los meses, Kyomoto se empezó a preguntar qué tan dolida dejó realmente a Fujino, ¿Será que ella lo odia? No quería creer eso, habían pasado por tanto juntas que simplemente no podía ser que ella la empezara a odiar solo por distanciarse. Pero quizás…quizás ella simplemente la había olvidado; tal vez Fujino haya encontrado nuevos amigos con los cuales compartir, y ya no tenga tiempo para hablar con una amiga que vivía a varios kilómetros de casa. Esos pensamientos irritaban a Kyomoto, pero trataba de ignorarlos, creyendo que, por allá en los suburbios de Tokio, quizás aun tuviera cabida en los recuerdos preciados de Fujino. Había una manera de comprobarlo, Kyomoto aún tenía su contacto, solo tenía que llamarla, y asegurarse de que ella estuviera bien. Pero cada vez que lo intentaba, algo la detenía, no sabía que era ese “algo”, pero solo se quedaba viendo el numero por horas antes de finalmente apagar el celular.

De modo que el único medio con el cual Kyomoto aun podía conectarse con su amiga era con la serie de mangas que ella había publicado. Serie que era sorprendentemente buena, Kyomoto había reído y llorado con cada número, esperando expectante el siguiente. Oyó que el manga fue un completo éxito, y estaba orgullosa de que Fujino había logrado cumplir su sueño. Pero no sabía que tan lejos había llegado sino hasta terminar de leer el volumen 12 y notar algo en la portada al cerrarlo.

SHARK KICK CELEBRA. ADAPTACIÓN A ANIME CONFIRMADA

—Ay Fujino—Susurró para sí misma Kyomoto antes de soltar un chillido de emoción—¡No puedo esperar!

Guardó el volumen dentro de su ya a punto de reventar estante. Y se puso su piyama con una gran sonrisa de emoción. Ya se estaba imaginando como podría ser el opening, se le ocurrían un par de ideas, como algunas letras para las posibles canciones, secuencias enteras basadas en películas que ella había visto con Fujino, y mucho más. No podía esperar hasta presenciarlo.

Quería ver como Fujino lo hacía, quería ver la obra de Kyo Fujino transmitirse en televisor, incluso si se trataba de una examiga. Mientras Kyomoto se acostaba, recordaba el hermoso momento de ellas dos corriendo por la ciudad, tomadas de las manos; como el tiempo se ralentizaba mientras su mano era recibida por el calor de la mano de Fujino; aún tenía vivo el sentimiento en su mente, el sentimiento de que ambas estarían juntas para siempre. Lástima que ese sentimiento jamás se cumplió.

Aun así, Kyomoto no se arrepiente de haberse ido. Si, quizás aun no tenía amigos tan cercanos como Fujino aun, pero el solo hecho de estar conviviendo en un mismo entorno con un montón de personas ya era un gran logro para ella. Había aprendido a valerse más por sí misma, ¡ya hasta podía ver a la cajera en los ojos sin temblar ni ocultarse! Además, sus habilidades habían mejorado un montón desde que entró a la academia. Había hecho pinturas hasta con lienzos de 2 metros, y ya podía dibujar el cuerpo humano a la perfección sin perder la cabeza en las proporciones anatómicas. Cosas que jamás había podido lograr si no hubiera entrado

Los pensamientos de Kyomoto se detuvieron en seco cuando sintió su cabeza hundiéndose bajo la almudada. Como le encantaba dormir, le hacía llevar a su pequeño mundo imaginario, donde ella reinaba y podía hacer lo que quisiera. Lentamente empezó a cerrar los parpados, y sintió como su cuerpo se volvía ligero justo antes de caer dormida. Esperando el día de mañana, para repetir toda su rutina otra vez.

Sin embargo, solo paso una hora de sueño cuando algo la despertó. Era el ¿tono de llamada de su celular? «¿Pero ¿quién llamaría a estas horas?» Pensó. Abrió los parpados de forma pesada y a regañadientes, y sin levantarse de la cama, extendió su brazo para agarrar el celular (No sin antes agarrar por accidente una lampara y un volumen de un manga). Se frotó los ojos como una forma desesperada de mantenerlos abiertos, y vio quien era que estaba llamando. Solo con leer la primera palabra bastó para que Kyomoto abriera completamente los ojos y se levantase de la cama de inmediato. Casi se le caía el celular de lo mucho que empezó a temblar. Leyó y releyó el nombre una y otra vez en la brillante pantalla blanca, como una manera de comprobar de que no estaba imaginándoselo, no lo estaba soñando. No podía ser cierto, el celular le mostraba las palabras de “Ayumu Fujino” mientras indicaba que contestase.

Kyomoto se quedó completamente paralizada, como si su sangre se hubiera vuelto hielo sólido. De verdad era ella, la chica la cual no había visto desde hace tres años, y la que compartió vida con Kyomoto prácticamente en toda la adolescencia. Ella estaba ahí, llamándola, ¿Qué debía hacer? ¿La llama? ¿Le cuelga? ¿No le responde? Cada opción le daba gran pavor por distintas razones.

Solo le quedaban treinta segundos antes de que el mensaje se marcara como llamada perdida, tenía que pensar rápido. Pensó en por qué su examiga la estaba llamando a esa hora. Veinticinco segundos. Quizás quería reconectar. Veinte segundos. ¿Pero por qué ahora? Quince segundos. No sabía bien que decirle, la última vez que hablaron salió fatal. Diez segundos. ¿Será que esta es una oportunidad única para volver a hablar con ella? Cinco segundos.

En ese momento, Kyomoto recordó a Fujino, sentada de espaldas mientras dibujaba en ese escritorio mientras la luz del sol le golpeaba en la cara, y el cómo a veces se quejaba cada vez que un dibujo no salía como quería; el cómo reían con las tiras cómicas, hasta acabar tumbadas sobre el futón mientras el aire se les salía de los pulmones; la sonrisa que Kyomoto ponía cada vez que mostraba un nuevo panel del manga, hacía que hasta la mirada más fría de Fujino se ablandase hasta el punto del sonrojo. Todos esos recuerdos eran hermosos, nostálgicos y altamente tentadores. Pero Kyomoto también pensó en su despedida final, aquella en la calle nevada, donde le dijo que se iba a ir a estudiar. “Depender de ti…” pensó, una parte de ella no quería contestar esa llamada, quizás, si volvía a hablar con Fujino, terminaría viviendo en su sombra otra vez.

Pero el recuerdo de ellas dos corriendo por esas calles anuló cualquier duda previa. Le gustaría escuchar la voz de Fujino otra vez, le gustaría verla otra vez. Ya habían crecido, ya se habían separado. Quizás Fujino haya cambiado, y quiera volver a hablar con Kyomoto, no para controlarla, sino para que ambos se perdonaran por lo que pasó. La amistad que ambas tenían era una de las más valiosas que alguien siquiera pueda llegar a tener en vida, había llegado un punto en el que casi se sentía como si una fuera la mitad de la otra. Ya había pasado tanto tiempo desde que vivió eso, y a pesar de todo, Kyomoto, en lo más profundo de su ser, aún tenía la pequeña esperanza de que las cosas pudieran volver a ser así, o quizás un poco mejor. Solo eso bastó para convencer a Kyomoto, levantó el celular, y con una gran determinación, puso el dedo y…se había quedado pensando por tanto tiempo que la llamada ya se marcó como perdida.

—Oh no, Oh no, ¡Oh no!, ¡OH NO! —Alcanzó a decir Kyomoto con completo pánico

Desbloqueo el celular como una bala, se fue directa al historial de llamadas y cliqueo la primera llamada perdida que había. Se llevó el teléfono a la oreja, y se puso a vagar por toda la habitación esperando que contestara. Fueron unos exasperantes diez segundos antes de que finalmente contestaran. Al oír que los pitidos de espera dejaron de sonar, Kyomoto tomó mucho aire, inflando sus mejillas hasta el punto de que se veía como una regordeta muy tierna, luego exhaló y se dispuso a iniciar la conversación

—Ho- ¿Hola? —Empezó ella, sin notar que sus piernas temblaban

Pasaron unos segundos de completo silencio. Antes de oír un gemido que parecía ser de sorpresa, y luego unos tartamudeos inentendibles que parecían ser de Fujino hablando consigo misma. Tras unos solidos dos minutos, finalmente se escuchó una voz que dejó helada a Kyomoto.

—Ho-hola, Kyomoto—La voz era la misma que Kyomoto recordaba de hace tantos años atrás. Pero sonaba quebrada, y tartamudeaba, como si estuviera a punto de romperse en llanto.

Ya había pasado el saludo inicial. La verdad era que ninguno de los dos sabía cómo continuar con la conversación. ¿No era irónico? De niñas solían pasar horas enteras hablando de un solo tema como si fuera la cosa más natural del mundo, pero ahora pareciera que a ambos se les trancó una bola de metal en medio de la garganta, impidiéndoles hablar.

—Y-yo…lamento molestarte a estas horas—Prosiguió Fujino—Simplemente…no encontré otra hora y…

—¿Por qué me llamaste? —Dijo impulsivamente Kyomoto antes de notar de inmediato que sonó un poco demasiado fría. Pudo escuchar unos balbuceos nerviosos provenientes del otro lado del teléfono—Quiero decir, me refiero. Ha pasado mucho tiempo desde, bueno…Es extraño que me llames ahora después de tanto.

—Oh. Si, tienes razón y—Fujino dio un muy pesado suspiro—Mira, lo que sucede es que…bueno…He recibido dos semanas libres en mi trabajo y me gustaría pasarlas regresando a Yamagata. Y…me preguntaba…si-si podíamos reunirnos algún día de estos.

Kyomoto sintió que su corazón se detuvo en ese mismo momento. No podía ser cierto ¿O sí? Su mejor amiga, la que no había visto en años, aparecía de repente para decirle que viene de visita. La situación era tan surrealista que se parecía a la de esos mangas rom con que solía leer con Fujino, y que eran tan malos que eran buenos. Kyomoto sintió que su mente se bloqueó por completo, cada palabra que se le ocurría para responder o le parecía muy fría, o muy cursi, o muy extraña.

—¿Kyomoto? —Preguntó débilmente Fujino desde el otro lado del teléfono

—¡Si! Yo…eh—El nudo que Kyomoto tenía en la garganta se extendió hasta el estómago. Dio una risa nerviosa que sonó más perturbadora que otra cosa—la verdad…yo…no sé qué decir

—¿D-dije algo m-malo?

—¡No, para nada! —Trató de aclarar Kyomoto—Es solo que fue tan...de repente. Digo, no hablamos desde hace, no sé cuánto tiempo, y luego tu…bueno—Kyomoto trataba fervientemente de buscar las palabras correctas. Se sentía caminando en hielo fino, cualquier paso en falso y todo se quiebra. Un paso en falso, y volverían a ese fatídico día nevado—Acabas de llamarme por la madrugada.

Kyomoto escuchó un fuerte suspiro por parte de Fujino. No podía saber si era un suspiro de frustración o un intento de calmarse.

—Es, cierto—Dijo ella, su voz sonaba incluso más frágil, por más que tratase de ocultarlo—Tres años, ¿no? Eso…eso es mucho tiempo—Hubo otra pausa incomoda

¿Por qué era tan difícil comunicarse? Kyomoto solo deseaba volver a la época en la que ambas se expresaban de manera tan natural que parecían pájaros cantando. En lugar de esta cruel parodia donde ellas apenas eran capaces de intercambiar unas palabras antes de volver al silencio absoluto.

—Es que—Volvió a decir la voz de Fujino—me gustaría volvernos a ver, y saber que fue…que fue de ti—Kyomoto contuvo la respiración—P-pero está bien si no quieres. Quizás estás muy ocupada en la academia de artes, o-

—No, no, no. Está bien—Respondió rápidamente Kyomoto. Toda su incomodidad se empezó a transformar en emoción. Fujino aún le importaba, ella quería verla. A pesar de todo, ella aun la recordaba—La verdad es que ¡Me gusta la idea!

—¿En serio? —Dijo Fujino. En su voz se podía detectar una pizca de asombro, además que ya no sonaba tan quebrada como antes.

—¡Si! La verdad es que yo también estuve pensando en reunirnos un día de estos. Han pasado varias cosas en estos últimos tres años que me gustaría contarte, y creo que tú también tienes bastante que contar.

—¿A qué te refieres?

—Bueno—Kyomoto dirigió su mirada a su estante de mangas. Y puso una leve sonrisa—Me refiero a tus mangas

Kyomoto escuchó un débil jadeo de asombro de parte de Fujino, lo que la hizo sonreír más.

—¿Te leíste mis mangas?

—Tengo todos los volúmenes físicos, los leí y debo admitir que son trabajos muy buenos. Como, por ejemplo, el volumen seis de Shark Kick. Casi que me pongo a llorar cuando Raisel dijo que ella tampoco había ido a la escuela

Fujino dio una leve risa de satisfacción, lo cual contrastaba con la actitud tan afligida que tenía hace un momento atrás

—Que puedo decir—Respondió ella, su voz sonaba un poco más confiada que antes—Quería que ella se quedará como una “maldición” en la mente de mis lectores.

—Y vaya que lo lograste. No deje de dibujar fanarts de ella durante semanas después de leer el volumen—Fujino emitió otro jadeo de sorpresa, pero no dijo nada al respecto—Pero no se compara con el volumen nueve, esa pelea de bolas de nieve, uf, lloré como niña sobre ese manga. Creo que algunas páginas aún tienen manchas de lágrimas.

—Oh—La voz de Fujino sonó un poco sombría. Como si le acabaran de recordarle algo horrible. Pero antes de que Kyomoto preguntara, ella rectificó—Digo. ¡Me alegro de que hallas disfrutado ese tomo! La verdad, hasta a mí me dio algo de pena al dibujar la escena. Pero sentí que ya era momento de concluir a Akira

—No tenías por qué hacerlo tan trágico. Casi grito el ya típico “Vas a caer Fujino” cuando vi su cuerpo tirado con la escopeta saliendo de su boca.

—En mi defensa, se los advertí—Dijo desafiante Fujino—“Vas a morir de la peor forma posible”

—Uy, buen punto—Kyomoto entonces empezó a revisar frenéticamente las portadas de sus mangas, buscando algún tema de conversación. ¡Lo estaba logrando! Estaba volviendo a reconectar con ella, no podía perder esta oportunidad—Pero mi parte favorita, definitivamente está en el volumen siete. La llegada del demonio del vacío la sentí en mi alma, el cómo los brazos se elevaron al aire mientras el demonio empezaba a degollar a todos, se me hizo la piel de gallina.

—Sinceramente, fue un infierno hacerla

—¿En serio?

—Bueno, tuve que redibujarla varias veces. Por más que lo intentaba, nunca conseguía el sentimiento de desesperanza y terror que quería transmitir. Siempre las consideraba o muy sangrientas, o muy extrañas. Y lo peor es que por cada vez que rehacía las viñetas, mis editores se ponían más rabiosos por las fechas de entrega.

—No sabía eso, debió ser duro—Respondió Kyomoto con un tono un poco más preocupado.

—El trabajo de Mangaka en general es uno difícil. Lleno de dolores de muñeca, fechas de entrega, gritos de editores abusivos, el tener que ponerse en poses “ergonómicas” para evitar joderse la espalda. Pero al final del día son gajes del oficio, me gusta este trabajo, y todas las historias que he hecho con este.

Ahora fue Kyomoto la que rio.

—¿pasa algo?

—No, no es nada. Solo es…que me alegra que hallas logrado ser Mangaka, a pesar de todo.

Kyomoto no se dio cuenta de lo que dijo hasta que ya fue muy tarde. Ese “a pesar de todo” tenía varias interpretaciones en distintas situaciones. Pero en este mismo contexto, solo podía significar una cosa, ese recuerdo doloroso para ambas en la nieve, la cual le afectaba a cada una por distintas razones. Kyomoto se agarró el pecho pensando en lo que se podía venir ahora, quizás Fujino empezaría a criticarla nuevamente, a reclamarle por no estar para ella en estos últimos tres años. O quizás ella simplemente colgaría y cancelaría el viaje. Rayos, otra vez estaba sobre pensando las cosas, Fujino no haría eso jamás, ¿verdad? ¡Lo estaba haciendo tan bien! ¿Por qué tenía que embarrarla así? Pero, la respuesta que recibió no se la esperaba.

—Si…—Dijo Fujino, no con una voz apática, sino con una cargada de peso—Y pensar que hace no muchos años atrás me limitaba en hacer tiras cómicas en el periódico escolar—Fujino se quedó callada un momento. Como si reuniera el valor para decir algo—Kyomoto, tienes razón. Hay demasiadas cosas que tengo que contarte, demasiadas. Tantas que seguramente estaríamos en llamada por varias horas, y que seguramente no tendrían el mismo peso a si las dijera en persona. Es por eso por lo que quiero volver a verte, quizás…quizás aun no me hallas perdonado por lo que pasó. Y está bien, no estoy pidiendo que volvamos a ser amigas, pero…pero…

La voz de Fujino volvió a sonar quebrada. Había algo en ella que la quemaba por dentro, algo que tenía que ver con Kyomoto. Ella conocía a su amiga, y en muy raras ocasiones la había escuchado en tal estado de vulnerabilidad, siempre se ponía a la defensiva y se hacía la fuerte, incluso en las situaciones más difíciles. Por lo que escucharla así, no era normal.

—¿Ocurre algo? —Pregunta preocupada Kyomoto

—N-no es nada, solo me puse nostálgica—Respondió Fujino. Tratando de ocultar sus débiles sollozos

—No lo sé, te oyes como si estuvieras a punto de llorar

—¡No es nada! ¡En serio! —La actitud defensiva de ella volvió. Pero era como un animal que por más que rugiera, no podía ocultar la herida— Mira, llegaré en la estación mañana en la tarde, quizás a las cuatro. ¿Quizás nos podamos reunir allí?

—Por supuesto…—Respondió débilmente Kyomoto. De verdad Fujino, la mismísima Ayumu Fujino, ¿Estaba llorando por ella? —Te veo allá, si quieres te ayudo con el equipaje

—Gracias

—¿Sabes? Tu no tuviste la culpa. De lo que pasó aquella tarde, quiero decir

Hubo un último silencio incomodo. De los cuales no sobraron en esta llamada.

—Nos vemos allá—Fue lo único que dijo Fujino antes de colgar.

¿Qué fue eso? Toda esa conversación se había sentido como una montaña rusa. Primero casi ni podían hablar, luego empezaron a hablar como solían hacerlo, solo para que la llamada finalizara abruptamente con una Fujino a punto de llorar. Kyomoto se sintió tentada por volver a llamar a Fujino y preguntarle seriamente sobre lo de lo último que dijo, pero sintió que lo mejor ahora era dejar a su amiga descansar. Además, Kyomoto la vería mañana en persona por la tarde.

La vería en persona.

Es curioso como la vida de una persona puede dar una vuelta de ciento ochenta grados en apenas unos minutos. Si le hubieras preguntado a Kyomoto hace apenas un par de horas acerca de su amistad con Fujino, ella seguramente habría dicho que lo más probable es que no se volverían a ver en persona en un muy largo rato. Esa llamada había salido de la nada, no se esperaba el volver a oír la voz de Fujino ni en un millón de años. Y sin embargo ahí estaba parada, sosteniendo el celular donde hace unos momentos salía la voz de la chica con la cual había compartido tanto.

Kyomoto se sentó en su cama. Pensando en todo lo que esta reunión podría significar para su vida, quizás su amistad vuelva a florecer. En su mente, prevalecía la idea de volver a pasar las tardes jugando videojuegos tipo Sonic the Hedgehog, dibujando sin parar las mil y una historias que tenían en mente, o simplemente hablando mientras comían snacks que sacaron en la despensa. Era hermoso, pero no podía negar que una pequeña parte de ella sentía miedo, quizás miedo a que la reunión sea un desastre y su amistad muera para siempre. O quizás, sea miedo a volver a ser solo la “secundaria” en la vida de Fujino, ella quería creer que Fujino había cambiado tras su última conversación, que ella ya no estaría tan desesperada de tener a Kyomoto a su lado. Esa creencia se había fortalecido tras lo último que Fujino dijo en su llamada, Kyomoto no quería admitirlo, pero el saber que Fujino quizás de verdad se arrepentía por ello le había dado un gran alivio.

Pero lo que dijo era verdad, no fue su culpa. Fue Kyomoto quien decidió distanciarse, para vivir su propio camino y su propia verdad. Le gustaría que las cosas fueran como antes, sí, pero siempre y cuando ella misma pudiera experimentar las cosas por su cuenta.

Sea lo que sea, nada estará decidido hasta el día de mañana por la tarde, en la estación del tren. Además, ese día tendría clases por la mañana, así que sería mejor dormir de una vez y pensar con más calma las cosas mañana. Por lo cual, Kyomoto volvió a arroparse, y hundió su cabeza sobre la almudada. No pasó mucho tiempo para quedarse dormida.

 

El ambiente del pasillo era completamente oscuro. Las ventanas estaban cerradas, por lo que ninguna luz natural podía entrar por el lugar. En el aire se sentía un fuerte silencio, no un silencio de educación u orden era un silencio de muerte. Lo único que se podían escuchar a lo lejos, eran los suaves tic tacs de un reloj mecánico que había en la sala de la casa. Kyomoto estaba parada en ese pasillo, confundida por lo que veía, era el pasillo que conducía a su propia habitación, esa en la que se supone que se encontraba adentro durmiendo.

Miró a su alrededor, no había nadie, o eso parecía. Ya que había varios zapatos en la entrada, sin embargo, la única presencia que había en su propia casa era la del silencio tan pesado que presionaba el pecho de una manera insoportable, y de los suaves tintineos del reloj que no ayudaban a mejorar la sensación. El suave siseo de las ventanas, junto con la oscuridad del lugar, daba una sensación lúgubre y fúnebre. Daba la sensación de que una tragedia acaba de ocurrir.

Entonces, Kyomoto volteó para la puerta de su propia habitación. Ahí la vio. Una mujer joven, que no parecía tener más de veinte años, yacía al frente de su puerta, rodeada de las pilas enteras de cuadernos para dibujar que Kyomoto había acumulado a lo largo de los años. Vestía un traje completamente negro, que combinaba con el ya oscuro ambiente del lugar. Su pelo era corto, solo le llegaba hasta el cuello, y las colas estaban sujetas por un caucho sencillo. No hablaba en lo absoluto, solo se quedaba allí, arrodillada, mientras el entorno entero la cubría con su desesperanza.

—¿Hola? —Dijo débilmente Kyomoto. Esperando que la desconocida que estaba frente a su habitación se revelase

Pero la chica no respondió, solo se fijó en el rincón del pasillo. Ahí, uno de los JUMP semanales de Shark Kick que descansaba sobre la pila de cuadernos, Kyomoto no pudo identificar que volumen era, pero vio como la chica simplemente agarró el manga, y considerando el suave sonido del movimiento de las páginas que Kyomoto conocía muy bien, la desconocida empezó a leerlo.

—¿te encuentras perdida? —Dijo nerviosamente Kyomoto. No sabía que hacer, nunca había visto ninguno de esos videos de seguridad que te indicaban que hacer si allanaban tu casa. Pensó en llamar a la policía, pero ya había revelado su presencia a la posible ladrona, así que no serviría de nada—Esta…esta no es tu casa sabes

Pero la chica seguía sin responder, solo seguía parada ahí, como una estatua cuya decadencia ya se empezaba a notar. Kyomoto, temblando, dio un paso al frente, seguido de otro. Kyomoto empezó a acercarse cautelosamente a la intrusa, esperando sorprenderla por detrás, aunque no sabía bien si tendría que someterla. Kyomoto no sabía nada de defensa personal.

Pero entonces, la chica dejó caer el JUMP al suelo. Kyomoto dejó todo el nerviosismo a un lado, pasando a ser una indignación contenida. Que alguien maltratarse sus propios mangas era como si le dieran una patada directo al estómago.

—¡OYE! —Gritó con una voz que se suponía debería sonar enojada, pero sonaba más desesperada que otra cosa—¡ME COSTÓ MUCHO AHORRAR PARA ESE TOMO! ¿Si sabes que mi amiga es-

—Es mi culpa—Balbuceó la supuesta desconocida. Pero su voz…Kyomoto podía reconocer la voz desde cualquier lugar. Toda la indignación se esfumó por completo.

—¿Fujino? —Balbuceó levemente Kyomoto—Pero ¿no dijiste que vendrías mañana?

—¿Por qué dibuje…ese manga ese día? —La voz de Fujino sonaba que iba a explotar de una absoluta tristeza. Sonaba de alguna manera incluso más quebrada que cuando hablaron por teléfono.

Kyomoto trató de interpretar lo que estaba pasando. Vio el manga tirado en el suelo, y vio que su amiga parecía arrepentirse de haberlo hecho.

—Pues, yo no lo considero tan malo. Ahí fue donde dibujaste la escena de la piscina, y no sé tú, pero para mí fue preciosa—Fujino seguía sin responder, ni siquiera volteaba. Kyomoto se puso muy seria, producto del extraño comportamiento de su amiga y de todo el ambiente—Fujino esto ya no es gracioso. Deja de ignorarme, ¿es una de esas bromas pesadas tuyas?

Pero entonces, Fujino cayó de rodillas, como si tuviera en sus hombros miles de toneladas. El estruendo dejó petrificada a Kyomoto, ¿Qué le sucedía a su amiga? Fue ahí, cuando notó que, en una de sus manos, sobresalía una pequeña tira de cuatro paneles. La misma que Kyomoto había recibido el día que conoció a Fujino en persona, cuando aún la tenía en un gran pedestal, considerándola la mejor dibujante de la historia. ¿Será que no se arrepentía de haber dibujado esa JUMP, sino de haber dibujado esa pequeña tira? Pero no podía ser, de no ser por esa tira, sus caminos jamás se hubieran cruzado. Y Kyomoto seguiría atrapada en ese pequeño cuarto.

—Fujino, por favor—Dijo Kyomoto vacilante—Ya basta de secretos, ¿Qué es lo que sucede? ¿Qué no me quieres contar?

—Su muerte es, absoluta, y completamente mi culpa—Fujino miraba hacia arriba, mientras empezaba a temblar. Esas palabras dejaron helada a Kyomoto, que, en su cabeza, pareció haberlo entendido todo.

—Fujino…yo… ¿Por qué no me lo dijiste? —Kyomoto trató de acercarse más a su amiga—¿Quién fue? —Pero ella seguía sin responder—¿Por eso estabas tan afligida en esa llamada? Me lo hubieras dicho, te pude ayudar. Fujino sé que no nos hemos visto en años, pero-

—Si yo…no la hubiera sacado de su cuarto, ella no habría muerto

—Por favor Fujino, déjame ayudarte. No fue tu culpa lo que pasó esa tarde, ya te lo dije. Déjame ayudarte tal como tú me ayudaste a salir de…de mi cuarto—Kyomoto se sintió como si el aire se le escapara de sus pulmones, su pecho apretaba de tal manera que sentía que en cualquier momento le daría un infarto.

—¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué dibuje esto?

—Fujino, ¿Qué es lo que ocurre? —El pánico de Kyomoto aumentaba. Algo estaba muy mal, pero no sabía que—Fujino ¡POR FAVOR!

—Dibujar no tiene ningún sentido

—Pero ¡¿qué estás diciendo?!

Fujino empezó a sollozar violentamente, mientras sonidos de rasgaduras de papel inundaron la sala entera. Lo único que tenía en las manos era, no, ella no podía, no podía simplemente rasgar esa tira así por que sí. Kyomoto se lanzó, tratando de detener a Fujino. Pero no la tocó, ya que la habitación se alargó de manera exagerada, mientras la oscuridad empezó a consumir todo lo que había alrededor, como si fuera un parasito asimilando su comida. Kyomoto solo pudo extender inútilmente su mano mientras Fujino se perdía en esa oscuridad, dejando solo sus sollozos. Kyomoto se sentía sola, vulnerable, y solo quería que la pesadilla acabase. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué tiene este fuerte dolor en el pecho? Solo quería que pare, que todo este mal abandonara su cuerpo. Pero se sentía sumergida en un mar de sufrimiento extrañamente familiar.

El sufrimiento siguió así por unos instantes eternos, donde Kyomoto apenas podía pensar. Kyomoto escuchó el suave tic-tac del reloj, sonando lentamente como un eco en todo el extraño lugar, contando cada segundo en ese horrible vacío.  Kyomoto se sentía fría, sin vida, en un limbo del cual no podía escapar

—Ayuda—Dijo débilmente Kyomoto. Antes de ver un ligero esplendor de luz a lo lejos. Esplendor que fue lentamente creciendo; mientras que, por alguna razón, los tics tacs del reloj sonaban cada vez más rápido, como si alguien estuviera moviendo frenéticamente las manecillas del reloj de la sala.

Una voz extraña habló. No se parecía a nada que Kyomoto haya escuchado antes, era mecánica y artificial, como si proviniera de una maquina antigua que trataba de imitar la voz humana. Esta solo dijo una palabra antes de que la luz cegara a Kyomoto.

Despierta

 

Kyomoto se levantó. Hiperventilando sin parar con una cara cubierta de sudor. Se agarró el pecho mientras empezaba a estabilizar su respiración y miraba a su alrededor. Su habitación estaba iluminada por los primeros rayos de luz de la mañana, dando una sensación de calidez que contrastaba con la estética lúgubre y retorcida que había visto hace unos momentos.

—Tranquila—Se dijo a sí misma—Solo fue una pesadilla

Sin embargo, era la pesadilla más realista que había experimentado en toda su vida. Casi sentía que de verdad estaba allí en ese momento, parada en ese ambiente hostil, lúgubre y deprimente. Mientras empezaba a reponerse de lo que vivió, una pregunta empezó a rondar en la cabeza de Kyomoto: ¿Qué significaba todo lo que vio?

Notes:

¡Felicidades por llegar al final del primer capitulo! Creo que algunos ya tienen varias preguntas acerca de la pesadilla de Kyomoto. Especialmente si se leyeron el One Shot o se vieron la pelicula. No voy a decir nada todavía, pero daré una pista: El reloj.

Espero que no tengan que esperar tanto para los siguientes capítulos. Todo dependerá de mi motivación o de los deberes que me deje el colegio (Si, soy menor de edad. Pero no se preocupen, soy lo suficientemente competente para no caer en los peligros de internet) Si todo sale bien, quizás el segundo capitulo no tarde mucho en salir.

Hasta entonces, espero que les haya gustado este primer vistazo a la historia que estoy cocinando aquí. Si no, no se, ¿escribe tu propio fan fic tal vez? Nos volveremos a ver en el segundo capitulo.

¡Chao!