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El ambiente en Tortilla era frio, llevaban tres días constantes de lluvia, pero nadie se quejaba al respecto, es como si le cielo llorara con ellos, igualara sus emociones. Las calles destruidas de los pueblos se mantenían calladas, un silencio perturbante, pero era normal, cada uno vivía su duelo de forma distinta. Hay gente que de hecho abandonó Tortillaland por completo, no pudiendo seguir con el tormento de caminar por las calles destruídas por los poderes desatados del ahora fallecido hechicero supremo. Otros se mantuvieron alejados. Flis se mantuvo en su parte oscura del pueblo, en el cementerio que había creado y con una foto de Juan y otra de Drako frente a un pequeño círculo de piedras y velas, rendía de forma callada su pésame, entregaba sus respetos, porque ella sabía que podían escucharle, lo sabía.
Otros, tomaron el control de la situción en sus manos, necesitaban una voz del pueblo, algo que les motivara a seguir, porque si no, ¿quién lo haría? No les quedaba nada, perdieron sus casas, sos locales, todo el ecosistema comercial del cual se mantenían. Perdieron a Drako. Perdieron a Juan, quienes ambos, lo dió todo por ellos. Por lo mismo, dos personas tomaron el paso hacia delante y tomaron el control, dos cabeceras, dos líderes.
Zorman se movió en la reconstrucción de los pueblos, armó los grupos para la recolección de comida, las horas de vigilancia, campamentos provisionales, algunos cocinaban para los que pasaban madrugadas enteras colocando bloque a bloque. También, fue quién se encargó del plan de reconstruir el santuario. Estuvo semana creando planos nuevos, los anteriores quedando hechos cenizas. Avanzaban lento, de forms dificultosa, pero Zorman necesitaba ver el recuerdo de Juan vivir, y haría todo para que eso se cumpliera y si debía sacrificar su sueño y la poca resistencia mental que le quedaba, lo haría.
Tanizen, fue el otro líder, su misión era mover la economía, el que tuvo la idea de unir los pueblos. No más naranja, únicamente verde. En esos momentos no podían soportar la separación de los pueblos, no cuando debían estar más unidos que nunca. El albino junto con la compañía del híbrido de vaca y el alien, se movieron, persona por persona, organizando, dando los espacios para sus nuevas casas, marcando donde irían los negocios, todo con la esperanza de levantar todo.
Tortillaland sobrevivió no solo por el sacrificio de Juan Cubito, si no porque sus amigos, no dejarían su sacrificio ser en vano, pero aún así lo que debieron pagar con una parte de cada uno. Zorman dejó de sentir, porque cuando te quedas solo y pierdes a tu único amigo quién te comprendía es un golpe de realidad que no asimilas hasta que llega. Pero no tuvo tiempo para llorar, para lamentarse, no, se mantuvo fuerte por todos, con el pequeño puerco azul acompañándole a todos lados, consolaron al pueblo, palabras de ánimos, abrazo, noches donde todos comían juntos bajo troncos y piedra para no mojarse, donde hablaban de historias con Juan, sus recuerdos.
Tanizen por otro lado, lloraba seguido, más de lo que le gustaría admitir. Nunca frente al resto, siempre mantenía sus mejores sonrísas para Edurne o para Kajal cuando le ayudaban con el nuevo Empalas Tanizen, siempre manteniendo el espíritu que le remarcaba por ser alguien orgulloso y extremadamente fuerte, mental y físicamente. Pero tras puertas cerradas, lloraba bastante. Pequeñas lágrimas, su respiración ahogada. A veces le costaba levantarse en la mañana, en la noche veía las estrellas en silencio, pensando lo cabrona que era la vista que tenía Juan desde arriba para verles. Por eso, sabía que no estaba solo, y no solo porque Juan lo cuídaba, si no, porque Noni estaba ahí, siempre, la única razón por la cual se esforzaba para darlo todo de él. Noni era quién ahora debía cargar en sus hombros a Tanizen, un hombre roto que por más que había intentado ayudar al hechicero, todo terminó escapándose por sus dedos y terminó con el pelicafé muerto, no cenizas, tampoco un cuerpo al que llorarle, era un trauma complejo, un peso que ambos tenían, pero la vaca sabia qur lo lograrían, juntos, saldrían adelante como siempre lo hacían.
Habían pasado dos meses. Aún faltaba mucho por hacer, aún no estaban bien, pero ahora ya no llovía, el cielo no lamentaba la pérdida, flores verdes crecieron en grandes cantidades, pequeños tréboles de cuatro hojas aparecieron a montones. Tanizen y Noni comían en el pasto, frente al casi finalizado Empalas Tanizen renovado, tenían su pequeño descanso de almuerzo mientras Ollie había ido a buscar más piedra.
Noni comía en silencio, Tanizen en silencio, rezaba, manos juntas, ojos cerrados. Tanizen nunca fue creyente, no creía en Dios. Pero ahora, cada día, le rezaba a las estrellas, al color verde, pedía por ellos, por los pueblos, y Noni, mantenía silencio porque sabía lo importante que era ese momento para Tanizen, el conversar con Juan, el pedirle, el agradecer, el mismo también lo hacía de vez cuando, cuando se sentía desesperado y sabía que Juan estaba ahí para escucharle.
— Y pedimos que nos acompañen por siempre, el azul, el rojo, el naranja y el verde, que nos guíen con las estrellas y alumbren nuestro camino. — Y Tani besó el collar de Jade que utilizaba, Noni repitió la frase, antes de que el silencio volviera a reinar entre ellos, siguieron comiendo hasta que Noni habló unos minutos después. Como tal, no mencionaban a Juan seguido, hablaban de Verde, sí, pero Tanizen aún no reaccionaba muy bien hablando de su otro mejor amigo, por eso Noni, siempre brindaba las preguntas con suavidad.
— Jefe...¿usted cree que hay algún otro ahora mismo que está feliz, qué está bien? Siempre me lo preguntó y...aunqué más pido porque así sea, no estoy seguro. — Murmiró la vaca, su vista subió al cielo, aún de día, lleno de nubes, pero Tanizen miró hacia arriba también.
— Sabes Noni, hay algo que Juan me enseñó. Si tu mente piensa en un universo, es porque existe, ¿cómo se te ocurirría algo que no es real? ¿Cómo puedes visualizar algo desde tu imaginación sin una base previa? Siempre nos basamos en algo existente. — Tanizen habló, su voz profunda, algo ronca, ya no era alguien que hablara tan seguido, no la utilizaba mucho, siempre mantenía ese sonido más ronco.
— En otro universo, es feliz, tiene sus aventuras, tiene sus amigos, y está viviendo como ningún otro. Aquí solo nos queda verle en el cielo, en las estrellas, pero Noni, ¿no crees que de todos los universos, no es un milagro que decidió conocernos en este? — Y cuando se miraron, Noni tenía los ojos aguados, su garganta apretada y Tanizen pasó un brazo por los hombros del híbrido, quién bajó sus orejas. El ojimorado dejó un beso en la frente del contrario, en esa mata de pelo café que estaba más larga que lo normal.
— Así se que si relaja tu mente y se siente bien en tú corazón, cree en ello Noni, confía que los Dioses hicieron lo correcto, que aún quedan de Juan allá fuera que no cuentan con ninguna carga como el nuestro tuvo. — Y Tanizen habló con confianza, porque sabía que más allá, aún quedaban Juan, que entre las millones de probabilidad, la mala suerte aún no le había sonreído. Y ambos se sonrieron mutualmente, porque aún existía el peso, todo que mantenian internamente, pero tenían fé y teniéndose el uno al otro, estarían bien.
El lugar era oscuro, no había luz, pero no era silencioso, los sollozos de Juan era como el canto de una sirena torturada, el de una pena constante. Estaba en una esquina de la celda, alejado de las barras, aterrado que alguien se acercara. Su cuerpo temblaba como una hoja, su traje estaba sucio, desordenado, no pulcro como a el le gustaba, no tenía su bandaba, se había caído, sus lentes ya no estabam en su rostro, probablemente destrozados cuando lo golpearon.
Había conservado algo, a Teddy, que en ese momento era el único recuerdo de casa que tenía. Teddy, que olía como Aldo, como las flores de la casa, un poco manchado con BBQ, que aún tenía el tenue aroma del jabón para la ropa que Tina y Graf utlizaban. El único amuleto que le mantenía aferrado.
— ¡No entiendo que hice mal, lo siento, lo siento mucho! A-Aldo...¡Aldo lo va a hacer, se los prometo! — Gritó al aire, al eco que le rebotaba sus palabras. Estaba respirando de forma ahogada, le habian colocado un casco de metal que cubria su rostro por completo, solo con el espacio para sus ojos y las rejillas enla zona de la boca, pesaba, era incomodo, era frío y podía sentir como si sus pensamientos rebotaran hacia su cabeza, una tortura propia.
La cara le dolía, tenía un ojo morado ya casi cerrado al completo y sus labios dolian de los puñetazos que los azotaron contra sus dientes, sentía su boca sangrar internamente un poco. Fue todo rápido, no sabía cuanto tiempo había pasado, no habían ventanas, no había luz, corriente de aire, no forma de saber la hora y eso era lo peor que podían hacerle a una persona encerrada, robarle el sentido del tiempo.
Juan nunca había estado estado tanto tiempo fuera de casa, y ahora no era aproposito, era como si lo hubiera arrancado de su lugar seguro, de la comodidad, del aroma reconfortante, estaba aterrado, adolorido, ¿pero lo peor? Estaba solo.
— ¡Lo siento de verdad, solo dejénme ir! ¡Aldo lo hará!— Sus sollozos eran desgarradores, dios, solo podía pensar en la casa, ¿que harían? Mañana era miércoles morado, no pudo despedirse, ¿los volvería a ver? No vio a Graf, no pudo reírse una última vez con ellos.
No tuvieron si karaoke, todas las actividades que faltaban. Por favor, quería volver a casa. No parecía que todos los universos eran justos, nunca para Juan. Especialmente para Juan.
