Work Text:
Ser un agente secreto era una labor bastante más difícil de lo que hubiese esperado, pero ella había sido entrenada para esto desde pequeña, y lo hacía por un objetivo claro y positivo: Eliminar del camino a todo aquel que decidiese oponerse al objetivo de paz mundial que su agencia buscaba.
Sin embargo, no era la única agente en esa misión. Desde que había regresado tras una pausa forzosa, tenía un compañero que había estado con ella prácticamente desde el inicio y con el que había vuelto a colaborar una vez reincorporada como agente.
Ambos no habían compartido mucho de su vida con el otro, debido a que pertenecer a este oficio implicaba desligarse de tu identidad anterior. Aun así, el tiempo que habían dedicado juntos era valioso para ella, incluso sabiendo que, para la agencia en la que trabajaban, no eran más que peones descartables.
Sin embargo, ambos estaban comprometidos con esta labor de proteger al mundo de las pesadillas.
Y si podía hacerlo junto a su compañero, con más gusto lo hacía. Después de todo, desde que abandonó aquella vieja vida, él era la persona más cercana que tenía.
Claro, él era un hombre bastante grande, fuerte y bruto, de personalidad agresiva y con muy poca paciencia. Pero si algo lo caracterizaba era lo protector que se mostraba con ella. No en el sentido de impedirle hacer cosas peligrosas, pues él confiaba plenamente en sus capacidades como agente entrenada, sino con la rapidez con la que saltaba a cubrirla o a ayudarla cuando estaba en peligro.
Lo que habían compartido, aunque en teoría solo fuera en el ámbito laboral, era algo que ella recordaría siempre.
Y por eso... cuando ocurrió esa pelea... con esa escoria que solo quería destruir su organización, sumiendo el mundo en pesadillas...
Ella se había transformado.
La pelea era intensa.
Su compañero luchaba a su lado, protegiéndola.
Pero ella había caído malherida.
Vio el arma apuntándole directamente.
— ¡SIX! — oyó gritar a su compañero.
Una lágrima resbaló por su mejilla.
“Perdón por dejarte solo en esta misión, Five”, fue su último pensamiento.
Escuchó el disparo.
Sintió el calor...
... Así es como iba a terminar...
...
...
...
Y entonces, sus ojos se abrieron.
La habitación estaba fría.
Se encontraba acostada sobre su futón, rodeada de sus peluches blancos y peludos.
— ¡Ritaaaaaa! — se oyó una voz desde fuera del dormitorio — ¡Recuerda que hoy tienes reunión con los reyes!
“Rita... Reyes...”
— Agh... — gruñó la juez, llevándose una mano a la cabeza, aturdida.
¿Estaba soñando? ¿Con que era una especie de agente, además?
Con cuidado, se levantó del futón y comenzó su día. Intentaría no darle demasiada importancia. Después de todo, solo había sido un sueño...
La reunión entre los reyes de Chikyu había ido tan bien como cabía esperar. Surgieron algunos desacuerdos sobre cómo manejar ciertas relaciones entre reinos, pero nada que pudiera comprometer la paz de la que disfrutaban desde hacía tiempo. Incluso, para variar, esta vez la reunión no se había celebrado en el castillo de Shugoddom, como solía hacerse, sino que habían sido invitados a un almuerzo real, cortesía del rey de Tōfu.
Además de la mesa principal dispuesta para los monarcas, todos los asistentes estaban incluidos en el almuerzo. Ocupaban una segunda mesa exclusiva para ellos, donde mantenían sus propias conversaciones y debates mientras unos kurokos servían los platos a cada invitado.
Cuando Rita recibió el suyo, inclinó levemente la cabeza en señal de agradecimiento y se concentró en comer. Sin embargo, oyó cómo justo enfrente dos voces masculinas parecían estar discutiendo por algo. Al levantar la vista, vio de qué se trataba.
— ¡Oye! ¡Esto es muy poco! — protestó Yanma al notar que su plato de arroz y acompañamientos era intencionadamente más escaso que el del resto. Al alzar la cabeza, se topó con Kaguragi, sentado a su lado, luciendo una sonrisa de autosuficiencia.
— ¡Oh! ¿Ahora le parece poco? — respondió el rey anfitrión con fingida inocencia — ¿Acaso no fue usted quien dijo que yo solía comer demasiado?
— ¡Fue un comentario al azar! — Yanma se cruzó de brazos, mirando al contrario con frustración — ¿De verdad eres tan rencoroso?
—Sabe usted que no me gusta que se metan con lo que más me enorgullece de mi reino.
— ¡Pues deja de llorar y diles que me sirvan más comida!
— Mmm... tal vez lo considere~
Sintiendo que el estrés lo superaba, Yanma se levantó de su asiento.
— ¡Haré que me sirvas comida por las buenas o por las malas!
Pero Kaguragi ni se inmutó.
— Inténtelo. — dijo, sonriendo.
Gira, Hymeno y Jeramie se miraron entre sí, exasperados pero resignados, como si ya estuvieran acostumbrados a aquellas escenas. En la mesa cercana, Shiokara ya se estaba levantando para calmar a su jefe y mejor amigo, mientras Kuroda se ponía entre ambos reyes, aunque más dispuesto a defender a su señor.
Mientras todo aquello ocurría, Rita observó en silencio.
Kaguragi, un hombre de gran tamaño y considerable fuerza, aunque de temperamento tranquilo y sereno.
Yanma, enérgico, de muy poca paciencia y bastante agresivo, pese a ser más delgado.
No supo explicarlo, pero sintió algo familiar. No podía llamarlo un déjà vu, pero definitivamente le removía algo en la memoria.
...¿Por qué sentía que, de alguna forma... había presenciado esa fuerza en conjunto con esa agresividad antes?...
...Ella solo sonrió para sí misma en silencio, manteniéndose oculta gracias a su cuello, manteniendo su expresión en privado.
...Tal vez había sido solo una coincidencia...
