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El Secreto de Suo

Summary:

En la misteriosa mansión de Suo Hayato, Nirei descubre que el amor puede ser una jaula de oro. Tras una puerta prohibida, se oculta el mayor secreto de Suo, ¿Nirei será capaz de abrir esa puerta?

Work Text:

La mansión de Suo Hayato no se alzaba sobre una colina, sino que parecía hundirse en ella, en los límites más apartados de Makochi, rodeada por un bosque de sauces llorones que ocultaban sus muros de piedra obsidiana. Para Nirei Akihiko, un joven aprendiz de restaurador de arte de cabello rubio brillante y ojos siempre ansiosos por complacer, aquel lugar representaba la oportunidad de su vida... o su jaula de oro. Nirei, siempre inseguro de su talento, había sido contratado para restaurar los raros frescos de la sala de música de la mansión.

Suo Hayato lo esperaba en el vestíbulo. Era un hombre de una belleza gélida, con el cabello recogido hacia atrás y un parche en el ojo que le daba un aire de misterio y peligro contenido. Vestía con una elegancia impecable, y su sonrisa, aunque constante, no llegaba a sus ojos.

—Bienvenido, Nirei-kun —dijo Suo. Su voz era como el terciopelo rozando una herida, siempre tranquila, pero con un matiz de mando—. Espero que el aislamiento de esta vieja casa no sofoque tu creatividad. Mi hogar es tu hogar.

Nirei tragó saliva, apretando las correas de su maletín de herramientas. Es solo un hombre, se dijo a sí mismo, intentando recordar los consejos de su hermano mayor. Un hombre muy rico con un gusto impecable y... un ojo que te mira como si supiera todos tus secretos .

—El silencio es el mejor aliado de mi trabajo, Sr. Suo — respondió Nirei, intentando que su voz no temblara y haciendo una reverencia exagerada.

 

El Pacto

 

Durante las primeras semanas, el romance floreció de forma inesperada. Suo no era el monstruo frío que los rumores de Makochi pintaban. Era atento, culto y, a veces, mostraba una vulnerabilidad que desarmaba a Nirei. Se encontraban en la biblioteca a medianoche, compartiendo vino de ciruela y conversaciones sobre pintores olvidados. Suo parecía fascinado por la inocencia de Nirei, por cómo su cabello rubio parecía atrapar la escasa luz de las velas mientras hablaba de pigmentos. Nirei, a su vez, se sintió cautivado por la gracia de Suo-san, aunque siempre había algo inquietante en cómo lo observaba, como si estuviera decidiendo dónde colocarlo en un pedestal.

—Eres diferente a los demás, Nirei-kun —murmuró Suo una noche, acariciando la mejilla de Nirei con el dorso de su mano fría—. Los otros solo vieron el brillo de mi apellido o mi posición. Tú ves las sombras de mi alma y no sales corriendo. Eres...puro.

Sin embargo, el misterio siempre estuvo presente. Un día, Suo anunció un viaje de negocios arrepentido que duraría tres días. Antes de partir, colocó un pesado anillo de llaves plateadas en la palma de Nirei.

—Tienes libertad total, mi querido Nirei-kun. Camina por los jardines, entra en las bodegas, duerme en cualquier habitación. Pero —su mirada se volvió de acero, y la sonrisa desapareció por un segundo— hay una puerta en el sótano, tras el taller de tapices. Una llave pequeña y oxidada abre ese cerrojo. Si confías en mí, si valoras nuestra conexión, jamás cruzarás ese umbral.

Nirei asintió, sintiendo el peso del metal quemándole la mano.

¿Por qué decírmelo?, pensó mientras veía el coche de Suo desaparecer entre la niebla. Si no quisiera que entrara, simplemente no me habría dado la llave.

 

La Tentación y la Lealtad

 

Nirei intentó trabajar. Limpió un fresco, pero su mente no dejaba de viajar al sótano. El silencio de la mansión se volvió opresivo. Cada crujido de la madera parecía un susurro que decía: Abre la puerta.

Al segundo día, la puerta del vestíbulo se abrió de golpe. Sakura Haruka, mejor amigo de Nirei, entró con su habitual energía brusca y defensiva. Sakura, con su cabello bicolor y su uniforme de Bofurin, miraba la mansión con absoluto desprecio. Había cruzado todo Makochi preocupado por el silencio de Nirei.

—Nirei, ¿qué demonios es este sitio? —preguntó Sakura, escaneando la habitación en busca de amenazas—. Este tipo Suo... no me gusta ni un poco. El ambiente aquí es pesado.

—¡Sakura-san! Me has asustado —exclamó Nirei, aliviado de ver una cara familiar—. Suo-san ha sido muy caballeroso. Solo es un poco... reservado.

—Reservado es una forma amable de decir que oculta algo —bufó Sakura, observando los retratos de las paredes—. He oído cosas en la ciudad. Dicen que los que entran a servirle nunca vuelven a ser los mismos. Nirei, eres mi mejor amigo y eres demasiado blando para ver el peligro. Si ese sujeto te está obligando a algo, le daré una paliza ahora mismo.

Nirei intentó calmarlo, pero terminó confesando el asunto de la llave prohibida.

—¿Te dio la llave y te prohibió usarla? —Sakura apretó los puños—. Eso es un juego psicológico, Nirei. Está probando hasta dónde llega tu obediencia. Vamos a abrir esa puerta. Si no hay nada, me tragaré mi orgullo y me iré, pero no voy a dejarte aquí con esa duda.

Caminaron hacia el sótano. El aire se volvió frío. La puerta era de madera de roble oscuro. Nirei sacó la llave oxidada. Sus manos temblaban.

Si abro esto, traicionaré a Suo-san, pensó Nirei. Pero si no lo hago, Sakura-san tiene razón: nunca sabré con quién estoy durmiendo.

Sakura-san se mantuvo a su lado, alerta, con una mano lista para alcanzar su hombro. Nirei giró la llave. El mecanismo cedió con un gemido agónico.

 

El Secreto Revelado

 

La habitación no contenía horrores sangrientos. Estaba llena de recuerdos estáticos. En el centro, sobre pedestales, descansaban bustos de mármol con rostros de hombres jóvenes, todos con expresiones de una melancolía infinita. Alrededor, urnas de cristal guardaban objetos: una bufanda, un reloj, un pincel desgastado.

—No son personas muertas, Nirei —susurró Sakura-san con voz ronca—. Son sus esencias. Los ha "coleccionado".

Nirei caminó hacia el fondo. Allí, un pedestal vacío esperaba, con una placa recién grabada: Nirei Akihiko. La luz dorada de Makochi.

Suo no mataba cuerpos; mataba voluntades. Buscaba la pureza de espíritu y, cuando la encontraba, la asfixiaba con su control y su "perfeccionismo" hasta que el individuo perdía su chispa y se convertía en una sombra. Entonces, los descartaba, quedándose solo con la imagen idealizada de lo que fueron.

—¿Te gusta la vista, Nirei-kun?

La voz de Suo llegó desde las sombras de la escalera. Estaba allí, impecable, con su sonrisa críptica y una pistola de plata que parecía más un adorno que un arma, aunque su peso era real. Sus ojos ámbar brillaban con una tristeza peligrosa.

 

El Enfrentamiento

 

Sakura-san se interpuso al instante entre Suo y Nirei, adoptando su postura de combate.

—¡Apártate de él, maldito loco! —gritó Sakura—. ¡Sabía que eras un peligro!

—Me has traicionado, Nirei-kun —dijo Suo-san, ignorando por completo la furia de Sakura—. Te abrí mi corazón. Te di las llaves de mi mundo. Solo pedí que no entraras aquí. Me fallaste como todos los demás.

—¡Esto no es abrir el corazón, Suo-san! —gritó Nirei desde detrás de su amigo, con el rostro bañado en lágrimas—. ¡Esto es una prisión! No soy una estatua que puedas pulir a tu antojo. ¡Soy una persona!

Suoavanzó un paso. El arma en su mano no temblaba, pero su expresión era la de alguien que acababa de perderlo todo.

—Eras el más brillante —susurró Suo-san—. Tu optimismo, tu cabello rubio como el sol... quería que se quedaran así para siempre. El mundo exterior solo te marchitará. Aquí, en mi memoria, serías perfecto.

—Si intentas tocarlo —amenazó Sakura-san, con la mirada encendida—, Makochi entero se te echará encima. Y yo seré el primero en destruirte.

Nirei, viendo la soledad profunda en los ojos de Suo, salió de la protección de Sakura.

—Entonces hazlo, Suo-san —dijo Nirei, acercándose hasta que el cañón del arma rozó su frente—. Si tanto quieres mi perfección, mátame ahora. Pero no me pidas que viva en una mentira. Prefiero morir siendo yo mismo que vivir siendo tu obra de arte.

El silencio en el sótano fue sepulcral. Suo miró fijamente a Nirei, buscando un rastro de miedo, pero solo encontró determinación. Lentamente, la mano de Suo bajó. El arma cayó al suelo.

—Vete, Nirei-kun —dijo Suo, dándole la espalda—. Llévate a tu amigo y sal de mis tierras. No vuelvas nunca. Quédate con tu libertad y con tu imperfección. Yo me quedaré aquí, donde nada cambia.

 

Epílogo

 

Nirei y Sakura cruzaron las puertas de la mansión justo cuando el sol comenzaba a iluminar las calles de Makochi. Sakura no paraba de maldecir y de insistir en que Nirei nunca volvería a aceptar un trabajo sin que él revisara el contrato primero, pero Nirei caminaba en silencio.

En su mano, apretaba la pequeña llave oxidada que se había llevado sin querer. No sentí odio, solo una extraña compasión. Miró a Sakura, su mejor amigo, cuya lealtad era ruidosa y real, y luego hacia la mansión que desapareció en la bruma. Suo seguiría allí, atrapado en su propia búsqueda de la belleza imposible, mientras que Nirei, con su cabello rubio al viento, regresaba a la vida real de Makochi, donde las cosas se rompen, envejecen y, por eso mismo, son hermosas.

 

Fin.