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Dos corazones
Greg y Rochelle habían crecido juntos, se habían enamorado, y ahora ya eran una feliz pareja casada. Unos meses después de casarse, se enteraron que iban a ser padres, y en la primera revisión médica con la ginecóloga, recibieron la sorpresa de que esperaban no solo un bebé, sino gemelos. Esto llenó a Greg y Rochelle de alegría y amor, pues habían creado dos nuevas vidas, dos corazones con dos latidos que ya los esperaban con todo gusto. Wirt y Sara, los hermanos mayores de Greg y Rochelle, respectivamente, quienes para ese momento llevaban más de diez años casados y tenían dos adorables hijos: Elaine, quien había nacido cuando sus padres solo tenían 16 años, y Patrick, un niño creativo y alegre, los felicitaron por la noticia. Los meses pasaron y los futuros padres se encargaron de tenerlo todo listo. En una de las ecografías, la doctora les reveló que los gemelos serían un niño y una niña.
Finalmente, ya con nueve meses cumplidos, un día mientras Greg y Rochelle miraban tranquilos la televisión, Rochelle sintió unos pequeños pinchazos en el vientre.
- Greg, creo que sentí una contracción, ya es hora – dijo Rochelle, nerviosa pero muy ilusionada.
- Oh, Rochie, muy bien, ya está todo listo, solo llamaré a Wirt y a Sara para avisarles – respondió su esposo.
Los dos condujeron sin problemas hasta el hospital, donde ya los esperaban sus hermanos mayores así como Elaine y Patrick. Pronto revisaron a Rochelle y le comentaron que todo iba bien, y la admitieron en la habitación 206, en el segundo piso.
Pasaron varias horas, en lo que la labor de parto avanzaba. Las contracciones se hicieron más intensas, pero Rochelle las soportaba mientras Greg, Wirt y Sara la animaban. Greg nunca había estado tan serio, lo cual era notable para cualquiera que lo conociera. Se encontraba de pie junto a la cama del hospital, sosteniendo la mano de Rochelle cuando ella sintió una contracción y respiró mientras el dolor pasaba. La sostenía con ambas manos, como si temiera que el mundo pudiera llevársela si la soltaba. Ella inhalaba y exhalaba como recordaba le habían dicho en las clases prenatales que tomó junto a Greg, de una manera firme y decidida, con esa mirada que siempre había tenido desde niña.
- Oye, Rochie – dijo Greg en voz baja – solo para aclarar, sigo creyendo que dos bebés a la vez es una idea increíble.
Rochelle soltó una risa corta, que terminó en una mueca graciosa.
- Bueno, es una idea increíble pero algo aterradora, pero sé que seremos los mejores padres que nuestros bebés puedan tener – corrigió Greg.
Al otro lado de la cama, Sara se acercó con cuidado y miró con ternura a su hermana menor. Ya no era esa madre joven nerviosa de antes, sino alguien que conocía ese momento desde dentro. Le acomodó un mechón de pelo a Rochelle con un gesto casi maternal.
- Lo estás haciendo muy bien, hermanita – le dijo Sara – no tienes que apresurarte, deja que tu cuerpo y tus bebés marquen el paso cuando quieran salir. Respira y quédate aquí, con nosotros.
- Muchas gracias por tus palabras, Sara. Ahora entiendo por lo que pasaste cuando nacieron tus hijos, no es fácil, pero puedo soportarlo como tú pudiste soportarlo – le respondió Rochelle, asintiendo agradecida.
- Recuerda que no estás sola y que te queremos mucho, Rochelle – dijo Sara sintiéndose muy emocionada.
- Exacto, Rochie, todos estamos aquí – dijo Greg mientras observaba a Wirt y a Elaine, quienes observaban de vuelta a los futuros padres. Ellos se acercaron y levantaron la vista hacia ellos.
- No nos lo perderíamos, Greg. Tú estuviste cuando Elaine nació, y es lo más justo.
- No estaba en la habitación, pero si vi por el teléfono cuando ella nació y es uno de los recuerdos más bonitos de mi vida – respondió Greg muy risueño.
- ¿Cómo te sientes ahora, tío Greg? – preguntó Elaine.
- Voy a ser papá de dos, cariño, de dos – le respondió su tío emocionado.
- Lo sé, Greg – le respondió a su vez Wirt – y vas a ser increíblemente bueno en esto.
Greg tragó saliva y sus ojos brillaron.
- A veces tengo miedo – admitió sin rodeos – no por mi, por no estar a la altura.
Sara se acercó a su esposo y le dijo:
- Eso mismo pensabas tú cuando nació Elaine, ¿lo recuerdas?
- Sí, pero cuando la vi y la cargué por primera vez, todas mis dudas y mis temores se desvanecieron – respondió Wirt mientras cariñosamente frotaba el cabello de su hija.
Greg le sonrió a su hermano y se sintió más seguro. Pero antes de que pudiera decir algo más, sintió como Rochelle le apretaba la mano a la vez que dejaba escapar un gemido de dolor ante una nueva contracción.
- Greg, no me sueltes, por favor – dijo Rochelle mientras el dolor la hacía sufrir.
- Nunca te voy a soltar, amor, mírame, todos estamos aquí contigo – le respondió su esposo.
Pronto el dolor pasó, y Tiffany, la obstetra que había traído al mundo a Elaine y a Patrick, entró en la habitación para revisar a Rochelle. Ya tenía 9 centímetros de dilatación, faltaba muy poco para conocer a los bebés. Le mencionó que el primer bebé estaba en posición de nalgas y le preguntó si quería dar a luz de forma natural o quería una cesárea, a lo que Rochelle respondió que quería intentarlo de forma natural. Greg se sintió orgulloso de la valentía de su esposa, y le recordó que no la iba a dejar ni un minuto mientras los bebés nacían.
Media hora después, Rochelle sintió una contracción muy intensa con la que apretó con una mano a Greg y con la otra a Sara, no pudiendo evitar gritar de dolor y además causando que su fuente finalmente se rompiera. Tiffany y otra enfermera volvieron a revisarla y le dijeron que ya estaba completamente dilatada, así que cuidadosamente la trasladaron a la sala de partos para prepararla. La siguieron Greg y Sara, mientras Wirt y Elaine se quedaron en la sala de espera.
Luego de acomodarla en la cama y colocarse el equipo médico, Tiffany le dio instrucciones a Rochelle.
- Recuerda, Rochelle, cuando sientas la contracción puja con todas tus fuerzas. No pujes si no sientes una contracción, pues eso solo hará que te canses muy rápido. Enfoca toda tu fuerza en tu pelvis y déjate llevar por lo que tu cuerpo te pida, aquí están tu esposo y tu hermana y no te van a dejar sola.
- Si, gracias, doctora – dijo Rochelle respirando rápido ante el creciente impulso de pujar como si fuera a hacer popó. Greg le sostuvo la mano y la besó cariñosamente – Aquí viene, uff, ufff.
- Muy bien, Rochelle, ¡puja!
Así lo hizo la chica mientras Greg la sostenía, usando todo su cuerpo con una fuerza que ni ella sabía que tenía.
- Puedes hacerlo, amor, puja, no te rindas – le decía Greg, muy nervioso.
- Eres fuerte, hermanita, tu puedes – le decía también Sara.
Tras unos esfuerzos más, Tiffany les comentó como uno de los diminutos pies del primer bebé comenzaban a emerger por la vulva, significando que todo iba bien. Rochelle se sintió aún más decidida y volvió a pujar mientras Greg y Sara le daban caricias de ánimo. Las piernitas salieron junto con las nalguitas del bebé, revelando que sería la niña quien nacería primero. Rochelle no dejó de esforzarse ni Greg dejó de animarla. El cuerpo de la bebé fue saliendo poco a poco, faltando solo la cabeza. Rochelle se sentía cansada, pero el sentirse animada por su esposo la hizo recuperar su energía y pujar con todas sus fuerzas.
- ¡Aaaaaaaaaaaagggggggggggggh!
La cabecita de la bebé broto y empezó a llorar inmediatamente, con Rochelle sintiendo alivio y llenándose de amor. Greg no pudo evitar llorar de la emoción y besar a su esposa cariñosamente.
- Lo hiciste, amor, nuestra niña nació, te amo mucho.
- Yo también, Greg, no puedo creerlo – dijo Rochelle, exhausta pero muy feliz.
- Felicidades, hermanita – le dijo Sara, también conmovida.
Tiffany limpió a la bebé y la colocó sobre el pecho de Rochelle, y la bebé dejó de llorar mientras sentía el calor de su madre.
- Bienvenida, mi pequeña – dijo Rochelle – soy mamá y él es tu papá.
Unos minutos después, Rochelle volvió a sentir contracciones. Una enfermera se llevó a la pequeña bebé a una cuna, mientras Tiffany atendía el segundo parto. Rochelle volvió a pujar con todas sus fuerzas y pronto se asomó por la vulva la cabecita del segundo bebé. Rochelle soltó un grito ante la sensación de ardor, pero Greg y Sara la sostuvieron y no dejaron de animarla.
- Lo haces muy bien, amor, no te rindas, nuestro hijo ya viene – le decía Greg, mientras Rochelle gemía y pujaba ante el dolor.
- Sé que arde mucho, Rochelle, pero todo vale la pena al final, créeme, yo ya pasé por esto, sigue así – le dijo Sara.
Pronto salió la cabeza y con un último pujido en el que Rochelle puso todas las fuerzas que le quedaban, el resto del bebé salió y empezó a llorar inmediatamente.
- Muchas felicidades, Rochelle, tus bebés ya están aquí – le dijo Tiffany.
Rochelle sintió como el dolor se desvanecía y era reemplazado por ese inconfundible amor de madre. Tiffany limpió al bebé y también lo colocó sobre el pecho de Rochelle, mientras la enfermera regresaba a la primera bebé para que estuvieran juntos con su madre.
- Nuestros hijos, son hermosos, Rochie, lo lograste, te amo – dijo Greg, besándola en los labios.
- Gracias por estar a mi lado, Greg – le respondió su esposa, agotada pero sintiéndose la mujer más afortunada del mundo.
- Lo hiciste muy bien, hermanita, lo soportaste como la campeona que eres – le dijo Sara, recordando las palabras que Whitney, la fallecida madre de Wirt, le dijera a ella después de dar a luz a Elaine.
Poco después, regresaron a Rochelle a la habitación con Greg, Sara y los gemelos, con lo que permitieron a Wirt y a Elaine entrar para conocerlos. El hermano mayor de Greg no pudo evitar sentirse feliz y orgulloso de él, y se abrazaron cálidamente.
- Llegaron juntos... como prometieron – le dijo Greg a su hermano, emocionado.
- Lo sé, Greg. Es el milagro de la vida – replicó Wirt.
Sara se llevó una mano al pecho.
- Míralo, Wirt... tu hermano sigue siendo Greg, pero ahora es papá.
- Siempre supo cuidar de los demás, solo estaba practicando para este momento – respondió Wirt sonriendo.
Greg levantó la vista hacia ellos, con lágrimas de alegría inundando sus ojos.
- Gracias por estar aquí, no quería pasar este momento sin ustedes.
Sara se acercó y le tocó el hombro.
- Somos familia, y la familia siempre se queda junta. Así funciona – dijo ella – y a propósito, ¿cómo se van a llamar los bebés?
- Nos acordamos de aquella serie animada que vimos de niños y de sus personajes principales, Hilda y David, y nos encantaron esos nombres, así que así se llamarán – dijo Rochelle.
- Son nombres muy hermosos, muy bien por ustedes – replicó Sara.
Así, en esa habitación de hospital, la familia de Wirt y Sara creció con dos nuevos corazones que estarían rodeados de cariño y amor por toda su vida, los de dos bebés llamados Hilda y David. Greg entendió algo que nunca había sabido poner en palabras: que crecer no significaba dejar de ser quien era, sino poder amar a más personas al mismo tiempo.
FIN
