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I bet you got pushed around (somebody made you cold)

Summary:

El reguero de sangre que goteaba entre los dedos de Mare era inapreciable comparado con el manantial que derramaba su corazón traicionado.
***

Título alternativo: amiga, date cuenta.

Notes:

Unas migajas para las fans del Lord Legislador

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

—No necesitaba razones, pero tengo una más para alegrarme de no haber cometido la imprudencia de prometer amor eterno a nadie.

Mare apretó la mandíbula y dio un tirón a sus ataduras. La gruesa cuerda que aprisionaba sus muñecas se clavó en su piel, profundizando las heridas. Con sus anteriores forcejeos pretendía conseguir la libertad, pero este último buscaba ocupar su mente con el dolor físico para no dejar que el fuego que ardía en su garganta terminara abrasándola.

—Menuda joya de marido tienes. ¡Qué afortunada!

Cada sonido que salía de la boca de Lord Tirano atravesaba su pecho como una lanza. El veneno en su tono emponzoñaba el aire, volviendo el cuartucho en el que se encontraban sombrío y hostil. ¿Alomancia emocional? Era posible, pero el monarca no lo necesitaba para producir dolor.

—Ha hablado alto y claro. No necesitabas metal para potenciar tus oídos. —Su voz, ronca y profunda, removía las entrañas de Mare.

Un desgarrón más en sus muñecas para aplacar las emociones.

—No has podido evitar oírlo, pero te has negado a escuchar.

Una gota de sangre brotó del dorso de la mano de Mare, justo donde se encontraba el nudo que mantenía sus muñecas prisioneras. El punto donde la aspereza de la cuerda castigaba su piel con mayor dureza.

—”¿Cómo lo has hecho?” —de alguna manera, el Lord Legislador había captado a la perfección el timbre y cadencia de la voz de Kelsier—. “¿Cómo la convenciste para que se uniera a ti?”

Los ojos de Mare se cerraron con fuerza. No podía taparse los oídos y era la única forma que tenía para distanciarse del Lord Legislador y su cruel representación de la escena que la propia Mare acababa de presenciar.

—Tú misma lo has visto, yo solo te he dado las gracias. No he rebelado conspiraciones, no he pronunciado tu nombre una sola vez. Ninguna palabra relacionada contigo ha abandonado mis labios. Un simple ‘gracias’ y él ha asumido que eres mi aliada.

El reguero de sangre que goteaba entre los dedos de Mare era inapreciable comparado con el manantial que derramaba su corazón traicionado.

—Le habéis sugestionado. —Sus labios, secos y agrietados, apenas se separaron para responder las provocaciones del emperador—. Vuestra alomancia emocional le ha confundido. La tensión del momento…

—No he necesitado ni una sola gota de metal para convencer a tu marido que su esposa le ha traicionado.

Lord Tirano no podía mentir. O eso decían las leyendas, pero Mare no se amedrentó.

—La incursión ha dejado a flor de piel sus emociones, no es justo fiarse de la palabra de alguien que se encuentra en un momento de semejante tensión. No son sus verdaderos sentimientos.

Un resoplido escapó de la garganta de su carcelero, una mezcla de burla e indignación que animó a Mare a continuar hablando.

—No podéis entenderlo porque no sabéis lo que es el amor. Está por encima de los errores puntuales. Somos débiles, pero el amor es lo que nos fortalece y nos hace luchar. —Con ánimos renovados alzó la cabeza y cuadró los hombros, llena de dignidad. Seguía sin dirigir su atención al monarca, pero quedaba patente que sus palabras no habían hecho mella en la confianza que le tenía a Kelsier —. Con una simple mirada leería la verdad en mis ojos y tendría la certeza que jamás lo traicionaría.

Esta vez el resoplido se pareció más a una risa. Una profunda y amarga risa cubierta de bilis y hiel.

—¿Eso es lo que piensas?

Mare se limitó a asentir con la cabeza. Había desplazado la vista a la pequeñísima ranura desde la que había podido observar la entrevista de Kelsier con el Lord Legislador. No había podido intervenir, había estado amordazada hasta que su marido había desaparecido por el largo pasillo que conducía a los sótanos de Kredik Shaw.

—¿Apostamos?

La honestidad que parecía reflejar la propuesta del Lord Legislador sorprendió de tal manera a Mare que olvidó su intención de ignorar al monarca y se volvió para mirarlo. Sus ojos, despojados de cualquier emoción, se clavaron en las pupilas de Mare, tan vacíos que ella misma sintió que le arrancaban los sentimientos durante un instante.

—¿Qué? —apenas fue capaz de murmurar.

Su contrincante desvió la mirada a sus muñecas y alargó la mano hacia ellas. Mare trató de apartarlas, pero él era más rápido, atrapó su brazo y la sujetó con fuerza impidiendo que se moviera. Sus dedos se clavaron sobre la piel de Mare con tanta fuerza que tuvo la certeza que le dejarían marca. Con una mano jugueteó con el nudo de las ataduras.

Lo hizo despacio, tomándose su tiempo.

—¿Crees que podrías convencerlo? —Mantenía la atención en el nudo, sus dedos acariciaban la cuerda recreándose en su tacto áspero—. Tienes un año.

Deshizo el nudo y la cuerda se deslizó entre las magulladas muñecas de Mare, aterrizando en el suelo con un ruido amortiguado, rompiendo el silencio tenso que se había adueñado de la cámara.

—Si consigues que la patética excusa de compañero de vida que has elegido se retracte… si cambia de opinión y deja de pensar que ha sido traicionado por ti, ambos obtendréis la libertad. 

Mare había estado esperando la oportunidad de liberar sus manos para propinarle un puñetazo al monarca y salir corriendo, pero la proposición había petrificado todas sus articulaciones.

Se atrevió a levantar la mirada y fijarla en el rostro del emperador, aunque no se sintió con valor suficiente para enfrentarse a sus ojos escrutadores y la mantuvo en sus labios apretados en un rictus de rabia contenida.

—¿Por qué? ¿Qué ganas? —fue lo único que alcanzó a decir.

—Si tu existencia se extendiera durante siglos, siempre vigilando y alerta, también buscarías distracciones mundanas.

Sus ojos se encontraron. Durante un brevísimo instante la perpetua indiferencia de la mirada de Lord Tirano fue sustituida por una sombra de cansancio tan profunda que Mare vio reflejada en ella la edad real de La Lasca del Infinito. 

Extendió su mano hacia Mare, una mano joven y sin heridas. Firme.

—¿Apostamos? —repitió.

—Yo no hago tratos con tiranos.

A pesar de su negativa, había aceptado el desafío. Sabía que iba a ganar.

***

—¿El monarca supremo tiene tiempo de venir a los Pozos por una estúpida apuesta? ¿No tenéis un imperio que atormentar?

Cualquier otra persona se pensaría dos veces usar aquellas palabras y el tono de condescendencia, pero a Mare no le quedaba ningún motivo para buscar preservar su vida.

—La decepción que destila tu intento de burla me demuestra que has perdido.

La habían arrancado de su catre en mitad de la noche y la habían arrastrado hasta la cabaña de los capataces de los Pozos de Hathsin. Ella pensaba que era el castigo por terminar la semana con las manos vacías: la pepita de Atium que había encontrado se la había cedido a Kelsier en un último intento desesperado de conseguir que confiara en ella.

—No he perdido nada. No hago tratos con tiranos.

Quería cargar al emperador con la culpa de haber perdido la confianza de la persona por la que sacrificaría su vida sin dudarlo un instante. En el fondo sabía que estaba en la naturaleza de Kelsier y que ella había aceptado esa naturaleza al amarle y casarse con él.

—Dolerá —dijo el Lord Legislador con determinación—. Pero lo superarás. 

El monarca apoyó su mano sobre el hombro de Mare, sujetándola. Ella ni siquiera se había dado cuenta de lo mucho que se había acercado. Pensó en forcejear, pero ¿de qué serviría? No podría liberarse del agarre de la Lasca del Infinito y tampoco le quedaban fuerzas en su interior para luchar.

—Debe parecer que has muerto.

El agarre se hizo más intenso y Mare soltó un quejido de dolor, pero el Lord Legislador no relajó su presa y continuó hablando imperturbable.

—Alégrate, serás la primera en muchos siglos en visitar el Nuevo Mundo. Tengo que asegurarme que no contactas con nadie de tu anterior vida, espero que comprendas que tome una decisión tan drástica.

Dos capataces a los que Mare reconocía mejor por sus puños que por sus caras entraron en la cabaña y la sujetaron cada uno por un brazo. Ella sabía lo que pasaría a continuación, el castigo por no haber contribuido a la montaña semanal de pepitas de Atium de las arcas reales. Pero las enigmáticas palabras del monarca sugerían que algo más se escondía tras la demostración de crueldad cotidiana de los pozos.

Mientras la llevaban a rastras, el Lord Legislador se despidió de ella con tono solemne.

—Mereces a alguien mejor.

Notes:

Sigo viva e igual de obsesionada con el Lord Legislador que hace tres años.
Empezó como un sueño febril montada en bus y lo he subido sin apenas corregir, iré cambiando alguna cosita si la veo, pero... así se va a quedar.