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– Cierra los ojos, por favor, no tardaremos ni un minuto en ir al lugar que quiero enseñarte –.
Chasca no dijo nada, se rió levemente y después de asentir una vez, hizo la orden que le pediría su pareja de cabello rubio.
Aether tomó las manos de la pelirroja, quien tenía el presentimiento de que le mostraría algo muy increíble.
– No me digas...¿adornaste el ambiente de la posada del Buque Insignia? –. Entre risas, ella soltó algo bastante habitual de la intimidad que compartían.
Chasca escuchó una pequeña exhalación del rubio, reprimiendo una carcajada por su predicción.
– No, Chasca. Ahora no vamos a hacer eso. Porque no siento que tengamos mucha seguridad de privacidad en la habitación del Buque –.
Como el problema no tenía que ver con la presencia de Paimon, la mujer decidió guardarse sus posibles ideas del porque desconfiaba de las paredes del Buque Insignia. De todas maneras, a ella no le importa eso ahora.
Pudo sentir la suavidad de su adorable y linda pareja, entrelazando sus manos con las suyas.
– Colombina me mostró un lugar que apenas recordaba cuando me mostró algo de mi pasado antes de Teyvat; sin embargo, ese lugar será totalmente nuevo e impactante para tí. Te recomiendo que te prepares, estaré contigo en cualquier momento por si te sientes abrumada –.
Chasca guardó mucho silencio, por la entonación y el modo en que habló, Aether no estaba tratando de enseñarle algo peligroso, pero debía ser un lugar que a un simple mortal de Teyvat le resulte imposible de imaginar.
Si ella está dispuesta a seguir su vuelo, los escenarios que vaya a observar no deberían bajar su moral, ni aterrorizarla o hacer que dude. Pues aunque extraña de vez en cuando a la familia, a los amigos de la tribu y de Natlan, tenía un nido al que quería darle toda su atención, y ese es Aether.
– Me dices eso, y ahora tengo más ganas de abrir los ojos –. Fue la respuesta relajada, cargada de emoción en los labios sonrientes de la pelirroja.
El rubio guardó silencio, apretando ligeramente las manos de Chasca quien esperó con el mismo aplomo. Del ambiente iluminado del Buque, sintió como si llegara más oscuridad pese a permanecer con los ojos cerrados en su totalidad.
Algo de frío comenzó a pegarse en sus brazos, y una sensación pesada la desconcertó durante un segundo. El ambiente se sentía radicalmente al que haya experimentado antes en su vida.
– Ok, puedes abrir los ojos –. Aether había soltado una de sus manos, pero siguió tomándola de la mano izquierda.
Lentamente la pacificadora se quitó el velo de la intriga, dejando escapar un gemido ahogado al percatarse de todo el paisaje y lo que ahora podía ver delante en sus ojos.
Se le ensancharon los ojos al completo, quedando con el aliento atascado en su garganta. Por suerte, en el lugar donde se encontraba, podía quedarse con la mandíbula abierta, ya que no había algo capaz de perturbar en la gravedad.
– N-No puede ser...esto... –.
La respiración silenciosa de Chasca, habló con más ruido que sus susurros incrédulos. No estaba asustada, pero entendió la sensación abrumadora al mirar esto por primera vez en su vida.
Habiendo pasado la vida entre qucusaurios, el abismo, la superficie de Natlan y los humanos...jamás pensó que un día podría ver, lo que es el verdadero cielo detrás de Teyvat.
Debía imaginar lo complicada y compleja que es la vida de un viajero, pero no sabía las costumbres que Aether había adquirido. Este espacio, infinito, donde las estrellas pasaban como si fueran los cometas de los niños de Liyue, con una esférica bola que mostraba cada rincón que ella misma había ido a explorar con Aether...resultaba nuevo, como un pesado conocimiento que podía hacerle cambiar el sentido de muchas cosas.
Para salir del shock, bajó el rostro para mirar lo que estaba pisando, algo que ni siquiera logró calmarla y le dejaba más preguntas. Puesto que a sus pies, había otro planeta como el de Teyvat.
Hundido en la superficie de la luna que estaba pisando, había un peculiar y extraño objeto de gran tamaño que reconoció inmediatamente; se trataba de la nave que Aether le habló durante el viaje en Nod Krai.
Después giraría a la izquierda, para mirar la cara alegre de su pareja...qué llevaba una sorpresa muy agradable para la vista de Chasca. Tenía puesto un vestido elegante, que lo hacía ver imponente y guapo.
Obligada a tragar saliva pesadamente, poco a poco pudo acostumbrarse al lugar que Aether le estaba enseñando.
– Puedes avanzar, pero no vayas muy lejos o tendrás que usar el riflespíritu para no quedarte flotando en el aire –. Aether hizo un gesto de permiso con la cabeza, para que Chasca se sintiera libre de desplazarse.
Tenía que tener cuidado a la hora de levantar los pies, al haber una sensación súper diferente a las leyes de Teyvat. Podía saltar y permanecer unos segundos en el aire, como si estuviera flotando igual que Paimon.
Chasca decidió y le pidió a Aether, si podía mirar su nave. La mujer tuvo la osadía de curiosear todo el interior, hasta tuvo la oportunidad de hacer algo más allá; como había un traje similar al de Aether, hecho para una chica, aprovechó para probarse el conjunto.
Cómo se trataba de una vestimenta de la hermana de Tumaini, Chasca pudo ver y sentir, que ciertas partes del traje le quedaban apretadas o pequeñas. Sin embargo, Aether prometió que le prepararía un conjunto cuando llegara el día de volver a la nave, para volar y marcharse juntos a otra parte.
Al volver a ver el espacio, de color azul oscuro, Chasca pasó un rato callada, mirando la oscuridad tan espeluznante y misteriosa, que pese a todo, causaba cierta intriga por descubrir que puede haber más allá.
El cielo en sí mismo, es un mundo totalmente nuevo y distinto, pensaba por dentro.
Las historias de Aether, ahora tenían más sentido. En los momentos que los escuchó la primera vez, sintió una punzada de interés por ver todos esos lugares junto a él.
– Es...increíble que ese globo sea Teyvat –.
Aether le dió un ligero codazo divertido, guiñándole el ojo.
– Se parece a los globos aerostáticos de la tribu Plumaflora, ¿eh? –. Dijo con una sonrisa entre dientes.
– ¡Jajaja! –.
En silencio, Aether tuvo un dejá vü de la primera conversación que tuvo aquí, sentado con Colombina. Ella le permitió traer a Chasca a ver este lugar, sabiendo lo importante y especial que es, la persona en quien ha puesto todo su amor y confianza.
– Ojalá que cuando termine de visitar ese globo, pueda recuperar a mi hermana. Me gustaría que la conocieras...por lo menos –. El rubio respondió y se puso cabizbajo, sonriendo con tristeza. Chasca miró en silencio a su pareja, poniéndole la mano cariñosamente en la mejilla como apoyo.
– Espero que cuando termine este viaje, Lumine siga siendo la misma persona que conozco... –. La ilusión de Aether no es más que eso, un deseo, iluminando casi en desesperación los ojos dorados del viajero; pues en el fondo, él ya no creía que hubiera un retroceso de la Lumine que ha visto en su viaje por Teyvat.
– Depende de lo que ella haya visto, puede ser posible que algo cambie mentalmente o en su forma de actuar; es normal que las personas cambien. Yo cambié desde que te conocí en la guerra de Natlan –.
Chasca puso la mano encima de la de Aether, tomándola y acariciándola varias veces.
– Creo que fue un cambio para bien en mi vida...pues no me arrepiento de haberme enamorado de tí y haber decidido acompañarte en tu viaje –.
El dolor de los ojos de Aether, se transformó en una emoción, cargada de sentimentalismo y alegría que brotaba en lágrimas. Escapó una temblorosa sonrisa entre sollozos, mientras Chasca ponía la otra mano sobre su cara, para limpiarle las lágrimas cuidadosamente.
– Pase lo que pase, no te abandonaré en el vuelo de este viaje y de todos los viajes que hagamos por el resto de nuestras vidas –.
Aether siguió llorando, entre risas suaves con una sonrisa hermosa que conmovía a la pelirroja. Él ya sabía más que nadie, que Chasca haría todo por convertir esa promesa en un pilar de los planes que les esperaba para el futuro.
Finalmente se pudo limpiar la cara, mostrando una expresión cómica a ella.
– Lo sé, siempre me llevarás la contraria cuando trato de protegerte –.
– La mejor forma de protegerme, es dejándome protegerte y quedarme a tu lado –.
Chasca inclinó la cabeza a un lado para apoyarla sobre el hombro de su pareja, quien escapó un suspiro libre de tranquilidad y alegría al espacio.
– Entonces...esto es lo que hay más allá del cielo de Teyvat –.
Aether soltó un "ajá", observando el planeta de Teyvat, acompañado de la solemne oscuridad del espacio y la calidez de la presencia de Chasca a su lado.
“Espero que Paimon y Lumine nos acompañen la próxima vez que veamos esto”. Aether había recuperado su propia esperanza, todo gracias a la pacificadora que reparó su corazón lastimado.
Él dejó que ella pudiera acostarse en su regazo, y ambos permanecieron en silencio, mirando lo impresionante que tenían frente a sus ojos. Cuando llegara el momento de salir de Teyvat, podrían ser capaces de volar juntos, para mirar todas las estrellas que sobrevolaban a gran velocidad en el espacio, y observar los planetas que puedan tener vida como en Teyvat.
En ese silencio, los ojos azules de la mujer de cabello rojo recorrieron los puntos de colores; pasando por la luz más cegadora y brillante que alumbraba gran parte de Teyvat, la inmensidad de estrellas que brillaban debajo, donde de vez en cuando algún punto brillante se movía más rápido que cualquier cosa veloz de Teyvat.
No podía arrepentirse, pues cada día junto a Aether, valía la pena por paisajes como el del espacio.
Luego de mirar tan asombrada el paisaje, volvió a poner los ojos con ternura en el rostro relajado y tierno de Aether. Él sintió la mirada de Chasca, así que bajó el rostro para encontrarse con sus hermosos iris azules, que lo cautivaban mucho más que cualquier lugar que haya visto en su vida.
La intensidad y vida que desprendía el color de los ojos de Chasca, podía demostrar el profundo amor que ella sentía por él.
Puso la mano por el rostro de su mujer, arrimando sobre la oreja una parte del cabello que siempre interpone la vista de su ojo izquierdo.
El espacio es un lugar bastante hipnotizante, y romántico. La pareja estaba demostrándolo, dejándose llevar.
– Por más que vea más de cerca las estrellas...sigues siendo la estrella más hermosa y increíble que he visto –.
En silencio, Aether se sonrojó con una sonrisa haciéndolo más lindo para ella.
Él no resistió las ganas, así que bajó el rostro; Chasca sostuvo el rostro del chico de las mejillas, para compartir un beso lento y amoroso. El primero en este nuevo lugar que observaban juntos.
Sus labios hicieron más ruido que en toda la inmensidad del espacio. Porque en este lugar, en este preciso momento, cualquier ruido que hicieran, solo advertía que ellos eran los únicos compartiendo un sentimiento genuino y lleno de confianza.
Los besos duraron más de un minuto, luego hubo un par de miradas intensas mezcladas con pasión, ternura y alegría. Aunque separaron sus labios, sus narices seguían rozando, sin despegar los ojos del otro; ambos compartían el mismo mundo de sentimientos que tenían.
Porque aunque hubieran lugares que lograrán sacarles el aliento, nada es más inmenso y majestuoso que el amor.
Unos colores peculiares hicieron que el dúo saliera de su particular trance romántico.
Un par de estrellas, una de color rojo y una roja, sobrevolaron encima de la luna donde se encontraban. Los dos sonrieron, pese a que pudieron ver por unos pocos segundos aquellas estrellas fugaces.
El dúo de tortolitos siguió haciendo tonterías románticas y miraban más analíticamente el planeta de Teyvat, antes de volver al Buque Insignia.
– Ya tendremos tiempo de volver a este espacio. Vamos a ver cómo están las cosas hoy en la Villa –. Chasca le extendió la mano a Aether, para ayudarlo a ponerse de pie.
Él asintió, aceptando su mano y levantándose sin problema.
Los dos siguieron tomados de la mano, hasta el momento que desaparecieron luego de cerrar los ojos con una sonrisa en los labios.
Estaban seguros de que como sea, volverían juntos al espacio dentro de no mucho y un nuevo viaje comenzaría.
