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Dentro del hueco de un viejo árbol, un niño despertó tras una larga noche de sueño tormentoso.
Como cada mañana desde hacía seis meses, el niño se quedó un momento sentado sobre las mantas que poco hacían para evitar que la humedad y frío del suelo se filtraran, pensando en lo desafortunado de su situación, y lo mucho que deseaba volver el tiempo atrás.
Su vida no era muy buena antes tampoco, pero al menos tenía un hogar al cuál regresar después de pasar todo el día jugando en el mercado con sus amigos. Alli su padre vendia lo que cazaba en las montañas. A veces, solía acompañarlo a sus cacerías, y observaba mientras preparaba la carne y las pieles para venderlas aprendiendo el oficio también.
Habían sido solo ellos dos desde que tenía memoria, ya que su madre se había ido cuando él era pequeño. Aún así, fue muy feliz, sin embargo, las cosas cambiaron un poco cuando su papá se casó por segunda vez.
La nueva esposa de su padre, fue amable al principio, pero después de un tiempo parecía que no le agradaba. Poco después de su boda su padre enfermó y falleció.
Cuando eso pasó, él solo tenía siete años, y su nueva madre le dijo que ya era un hombre, por lo que podía cuidarse solo. Sin embargo, él no se sentía un hombre y muchas cosas lo asustaban como para sentirse capaz de cuidar de sí mismo. Aun así, ella no lo dejó regresar a su casa.
Cada día nuevo era aterrador, pero siempre se levantaba de las mantas, y se dirigía a un arroyo cercano para asearse porque su papá le decía siempre que era importante estar limpio. Después, regresaba a su árbol, escondía bien sus cosas y se dirigía al pueblo. Allí ofrecía su ayuda a cambio de comida, ropa o lo que necesitara.
Como era alto y fuerte, a veces ayudaba a la gente a acomodar sus puestos. La tia que hacía bollos solía darle uno si la ayudaba a cargar sus cosas desde la entrada del mercado hasta su puesto. Ella era la única que lo conocía de antes, así que sabía que no era un ladrón como otros niños que deambulaban por el mercado.
Los demás desconfíaban de él y lo alejaban con gritos o intentaban golpearlo por lo que siempre debia correr lejos para resguardarse. No le gustaba ser un hombre, quería ser el niño de siempre que solo jugaba con sus amigos a recrear la Campaña de Derribar al Sol.
Era el mejor HánGuāng-Jūn de todos, pues era el único que podia ser calmado y estar callado por mucho tiempo, porque su papá le enseñó a ser sigiloso y callado cuando cazaba. También era el más guapo de todos, y tenía aquel cordón que encontró para usar como cinta en su cabeza, y una réplica de Bichen que hizo después de que viera a su héroe hacía tiempo.
Pero ya no podía jugar, era un hombre y debía preocuparse por sobrevivir buscando comida, abrigo y resguardo.
Por las noches cuando tenía demasiado frío o hambre, trataba de distraerse pensando en lo increíble que sería ser un verdadero Lan, ser un cultivador impresionante como su héroe. Asi, nunca estaría solo porque tendría amigos de su secta, y nadie nunca podría gritarle o golpearlo.
Como ese día no tuvo suerte en el mercado, volvió al bosque para revisar las trampas de conejos que había puesto. Cuando fuera mayor podría cazar animales más grandes y venderlos como su papá. Pero primero tenía que seguir practicando porque aún no era bueno separando la piel de la carne.
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En las montañas, Wei WuXían detuvo su historia sobre su última cacería con los juniors de la secta Lan, cuando notó que a su lado, Lan WangJi se detenía con el ceño levemente fruncido mirando en dirección a un grupo de árboles.
— ¡Lan Zhan! ¿ahora me ignoras? — bromeó ofendido al notar la distracción de su amante. Estaba acostumbrado a parlotear mientras obtenia solo "mhs", o comentarios breves de su parte. Sin embargo siempre tenía completamente su atención cuando hablaba, sin importar lo que estuviera diciendo.
Al escucharlo, Lan WangJi lo miró de inmediato y Wei Ying le sonrió como recompensa.
—No, escuche algo — declaró, y sin esperar una respuesta, se dirigió hacia los árboles.
Wei Ying lo siguió comenzando a buscar tambien la fuente del sonido. Pronto ambos lo descubrieron.
Eran trampas de conejos, y el corazón de Wei Ying se apretó de pesar por su Lan WangJi. Sonriendo con afecto, miró a su amante preguntándose qué haría. Cazar estaba prohibido en Gusu, cazar conejos era especialmente aberrante para su Lan Zhan. Sin embargo, las reglas de Gusu no se extendían hacia el resto del mundo, por lo que ahora mismo su amado estaba teniendo un profundo dilema moral. Ese conejo podría ser el único alimento de alguna familia, y no podía liberarlo.
Rapidamente, Wei Ying se interpuso entre la trampa donde el pobre conejo estaba luchando contra los barrotes de la trampa hecha de ramas y Lan Zhan, luego rodeó su cuello con sus brazos y dejó un beso en su mejilla.
—Lan Zhan, hay que seguir. Pronto llegaremos a la posada, deja que tu esposo te consuele.
Eso obviamente llamó la atención de Lan Zhan quien asintió con una expresión más suave.
Solo habían dado unos pasos cuando escucharon un quejido que no provenia del conejo atrapado, sino de un árbol a unos metros de ellos.
Ambos se acercaron de inmediato porque obviamente no parecia el gemido de un animal herido, sino el de una persona. Wei WuXuan suspiró al ver el bulto claro de un niño acurrucado dentro de las mantas que no eran suficientes para alejar el frío invernal. Solo podia ver la frente y parte de la mejilla del niño, quien obviamente estaba enfermo porque el sudor cubria su frente y el color de su piel era de un rojo poco saludable.
Sin perder tiempo, Lan Zhan se adelantó y se acercó sacando al niño de allí. Este apenas se resistió solo gimiendo débilmente cuando Lan Zhan volvió a dejarlo en el suelo para evaluar su estado, mientras el niño también comenzo a tocer de manera aguda y lamentable.
No podia enviar energia al niño, por lo que decidieron llevarlo a la posada. Junto al niño dentro del arbol habia una bolsa que debian ser sus únicas pertenencias. Todo indicaba que ese era el refugio de una sola persona. También, que el niño era el autor de la trampa, por lo que Wei Ying liberó al pobre conejo antes de seguir su camino.
Para llegar más rapidó a la posada Lan Zhan uno a Bichen. Wei Ying se ofreció a alcanzarlo caminando pero Lan Zhan le aseguro que podia llevarlos a ambos y así lo hizo.
Una vez allí, le pidieron al posadero que buscara un doctor e inmediatamente intentaron bajar la temperatura del niño con paños fríos. Afortunadamente el doctor llegó pronto, y tras revisarlo concluyó que tenía una fuerte gripe y estaba deshidratado. Probablemente, había pasado más horas de las saludables sin beber ni comer por lo que estaba muy débil.
No era la primera vez que se encontraban con alguien herido, pero Wei Ying estaba especialmente afectado porque el niño parecía ser un huérfano. Lan Zhan, por su parte parecía tan afectado como él, lo cual fue extraño. No es que él fuera poco empatico, pero su Lan Zhan era alguién práctico y razonable.
En esos casos solo se aseguraba de que la persona herida reciba el cuidado necesario y luego seguían su camino, pero esta vez no fue así.
—¿Lo cuidaremos hasta que se recupere? —Wei Ying preguntó, no se negaba a hacerlo, solo sentia curiosidad de saber porque Lan Zhan estaba tan conmovido por el niño.
—Mh, el posadero no sabe quién es. Quiero asegurarme de que será bien atendido.
Wei Ying asintió y se acercó al niño para mirarlo dormir. Por alguna razón su rostro se le hacia familiar.
—Esta bien, qué niño afortunado el gran HánGuāng-Jūn será su doctor.
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Al día siguiente, el niño seguía con fiebre y tos. Trataron de que bebiera agua y sopa además de la medicina que el doctoe dejó, pero no tuvieron mucho éxito y ambos estaban muy preocupados.
Para distraerse un poco, Wei Ying decidió revisar las pocas pertenencias del niño, para intentar averiguar algo sobre él. Dentro de aquella bolsa había otro conjunto de ropa remilgadanente doblada, un peine de madera, así como unos paños de tela para el aseo.
Por un momento, Wei Ying pensó en la posibilidad de que tal vez el niño solo estaba temporalmente perdido de sus padres. No parecia un huérfano arapiento como él había sido, o al menos no lo habia sido por mucho tiempo. Por lo tanto, siguió buscando algo que le sirviria para encontrar a su familia.
Finalmente encontró, algo envuelto en pieles. Parecía importante porque estaba bien envuelto y al abrirlo descubrió que se trataba de una espada de juguete hecha de madera prolijamente tallada junto a una vieja cuerda blanca. De hecho, la espada se parecía mucho a Bichen y de pronto, Wei Ying recordó algo.
—¡Lan Zhan!— Exclamó exaltado por su descubrimiento acercándose a Lan Zhan — ¿recuerdas a esos niños que jugaban a interpretar la guerra? Este niño era tu. Mira, no tenía esta espada en ese momento, pero si está cuerda, estoy casi seguro que es el mismo niño.
Lan Zhan observó la espada de juguete que Wei Ying sostenía, y luego al niño seguramente recordando auquel momento. Obviamente también lo reconoció, y parecía incluso más conmovido que antes.
We Ying se sentia de la misma manera. Recordaba al niño porque había sido tan adorable al interpretar a Lan Zhan permaneciendo en silencio, solo luciendo guapo y pulcro con la cinta falsa en la frente. En aquella época no deberia haber tenido más de 5 años.
—Aquel mercado no está lejos, podemos ir a preguntar por él. Recuerdo que otro niño mencionó que su padre era cazador. Eso explica las trampas también....
Sin embargo, al decir aquello, Wei Ying tuvo un mal presentimiento. Si el mercado no estaba lejos, no había manera de que el niño solo estuviera perdido.
Además recordó que aquella vez mientras hablaba con los niños, el padre de "Lan Zhan" se había acercado a su hijo y tras un breve intercambio de palabras el niño regresó al grupo y se despidió de los demás con una reverencia formal que hizo que los demás niños rieran e intentan imitarlo.
A lo lejos, su padre le sonrio con cariño y cuando su hijo se acercó colocó su mano sobre sus pequeños hombros de manera cariñosa y protectora. Las posibilidades de que solo estaba perdido desendió con ese recuerdo.
Lan Zhan pensó lo mismo pero solo asintió.
— Estará bien. Buscaremos a su padre.
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Al día siguiente, Wei Ying se dirigió al mercado a investigar mientras Lan Zhan se quedaba cuidando al niño en la posada. Lamentablemente, cuando regresó no tenía buenas noticias. Sus temores fueron confirmados cuando la gente allí reconocieron al niño, y le dijeron que su padre habia fallecido hacía meses. Cuando Wei Ying preguntó por su madre, le dijeron que la mujer se había relacionado con gente indecente y desapareció desde hacía un tiempo. Por lo tanto, la casa donde solían vivir ahora estaba abandonada.
De regreso en la posada, Wei Ying le sonrió a Lan Zhan, pero ovbiamente él supo de inmediato que no habia tenido suerte en su busqueda, y parecia tan aflijido como él mismo. Siempre habian encontrado un familiar preocupado por las victimas que se encontraban en el camino, por lo que podian dejarlos con ellos cuando se iban sin preocuparse demacado.
Esta vez no era así, y no podian abandonar al niño a su suerte. Dudaba que otras personas aceptaran cuidar de un niño desconocido, y mucho menos en su estado.
—Esperaremos que se recupere antes de tomar una decisión— Lan Zhan propuso.
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Despues de dos largos dias donde temieron por la vida del niño, comenzaron a percibir una leve mejora. Este pudo abrir los ojos, y parecia un poco más despierto. Hasta el momento habia entrado y salido de la inconsciencia, despertando por espasmos de tos que volvían a dejarlo agotado e incosciente. También llamaba entre llanto a su padre en sueños. Era totalmente lamentable y triste.
Finalmente, un día, cuando el niño abrio los ojos y los enfocó en Lan Wangji sonrió levemente y lo llamó HánGuāng-Jūn antes de dormirse de nuevo, y esta vez, su sueño parecía más relajado.
Wei Ying percibió la adoración en sus palabras.
—Ah, Lan Zhan —suspiró divertido —te encontraste con un admirador —En aquella época, realmente había captado tu personalidad.
Lan Zhan no respondió pero Wei Ying percibió un poco de orgullo en él.
—Tal vez debamos llevarlo a Gusu. Seguramente estará feliz de aprender algo. Es mayor, pero parece fuerte —Wei Ying propuso preocupado por el futuro del niño.
No podían simplemente dejarlo por allí, el niño que recordaba era tan amable y dulce. No estaba preparado para la vida en las calles.
—Mhn — Lan Zhan aceptó más rápido de lo que pensó, y Wei Ying comenzó a preguntarse por qué el niño había afectado tanto a su Lan Zhan.
Como si leyera sus pensamientos, su Lan le dio una mirada avergonzada y luego miró al niño con melancolía. Parecía estar recordando algo.
—Sizhui estaba en las mismas condiciones cuando lo encontré —explicó y Wei Ying sintió un nudo en la garganta.
El niño en la cama parecía tan pequeño, pero su A-Yuan había sido un bebé en aquel momento.
No hablaban mucho de esos días, no recordaba mucho, y estaba enfocado en mirar hacia adelante y disfrutar de su nueva vida. Lan Sizhui era un Lan ahora, y era un muchacho tan amable y feliz gracias a Lan Zhan y los Lan. Incluso Lan Qiren parecía apreciarlo. Siempre estaría agradecido con ellos por eso, aunque no quisieran su agradecimiento.
—Él estará bien entonces, si pudiste salvar a A-Yuan, este niño sobrevivirá también —respondió y se acercó a Lan Zhan necesitando terriblemente un abrazo de su parte, lo cual recibió de inmediato porque él siempre le daba lo que necesitaba.
El niño solo mejoró desde entonces. Cada vez que despertaba, miraba a Lan WangJi, y se relajaba enormemente.
Wei Ying presentia que el niño pensaba que estaba soñando porque solo miraba a Lan Zhan como si temiera que desapareciera. No podia culparlo. Habia sido tan afortunado de ser salvado justamente por su héroe. Cuando despertaba y lo veia a él en su lugar, solía asustarse e intentar levantarse de la cama aunque pronto se quedaba sin fuerzas para luchar.
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El niño, por su parte, comenzó a pensar, lleno de asombro, que tal vez sí habia sido rescatado por el mismisimo HánGuāng-Jūn. Al principio creía que estaba soñando, pues desde que su babá se fue, no era la primera vez que despertaba siendo parte de la secta Lan, solo para descubrir con decepción que eran solo sueños.
Sin embargo, la presencia del cultivador parecía cada vez más real. Sabía que había estado durmiendo mucho, que no estaba en su árbol porque su cuerpo se sentia cálido y seco, aunque también se sentía débil.
—¿HánGuāng-Jūn?—preguntó finalmente cuando pudo hablar, temiendo volver a despertar en su árbol sintiendo frío y dolor en todo el cuerpo.
El cultivador que admiraba desde que salvó a su pueblo de espíritus malignos sin esperar nada a cambio, y quien luchó contra los despiadados Wen que aterrorizaban a todos, se acercó a su cama.
De cerca parecia un dios, y por un desgarrador momento pensó realmente que todo debia ser un sueño. Sin embargo, pronto sintió las manos del hombre en su frente tan reales y calidas como habian sido las manos de su padre.
—Mn —el cultivador asintió leventemente. No lo miró a los ojos, pero tras tocar su frente le colocó un paño húmedo con suavidad, y el niño sintio sus ojos llenarse de lágrimas de alivio. No había manera de imaginarse algo así.
—¿Te duele algo? — le preguntó HánGuāng-Jūn al notar las lágrimas corriendo por sus mejillas.
El niño negó de inmediato pero siguió mirando al hombre frente a él.
—¡Er-gege! — alguien exclamó provocandole un susto, pero inmediatamente la mano de HánGuāng-Jūn volvió a su frente como consuelo, y el niño confirmó con asombro que definitivamente era él en persona.
—Wei Ying —HánGuāng-Jūn llamó y pronto otro hombre apareció frente a él sosteniendo una bandeja con comida. Su cara le resultó familiar pero no podia recordar de donde.
—¡Oh, mini Lan Zhan! estás despierto —el recién llegado dijo con entusiasmo —¿Tienes hambre?
El niño miró a HánGuāng-Jūn, y este asintió.
—Tienes que comer.
Por lo tanto, él asintió hacia el hombre que le ofrecio comida y le dio las gracias.
Luego, HánGuāng-Jūn tomó la comida y acercó el cuenco de congue hacía él. Intentó tomar la cuchara pero su mano estaba muy débil, por lo que sintiéndose avergonzado miró a su héroe y murmuró una disculpa.
—Está bien, no te preocupes —esté lo calmó y sus ojos se empañaron nuevamente cuando tomó la cuchara y comenzó a alimentarlo como solía hacerlo su papá cuando se enfermaba.
—¿Te sientes mejor? —el hombre que acompañaba a HánGuāng-Jūn le preguntó y él solo pudo asentir tratando de sofocar sus lagrimas.
Después de comer volvió a sentirse exausto por lo que pronto se durmió.
Así, después de algunos días con aquella rutina, finalmente se recuperó por completo. No hablaba mucho, todavia estaba asombrado por ser rescatado por su héroe y temia mucho tener que volver al bosque. Sin embargo, para su sorpresa, HánGuāng-Jūn le ofreció llevarlo a su secta, y obviamente él aceptó prometiendo estar siempre agradecido con ellos por salvarlo y darle un hogar seguro.
Fin.
