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Language:
Español
Collections:
Anonymous
Stats:
Published:
2026-05-05
Completed:
2026-05-18
Words:
52,941
Chapters:
19/19
Kudos:
8
Bookmarks:
2
Hits:
185

Alfita

Summary:

HeungMin está bastante seguro de que Romero lo hace a propósito. Nadie puede ser tan insistente sin darse cuenta.

Entre comentarios, miradas y esa costumbre de invadir su espacio personal, Cristian no parece ver ningún problema.

HeungMin, en cambio, ve uno muy claro.

Ambos son alfas.

Chapter 1: Capitulo 1

Chapter Text

HeungMin llevaba días (quizá semanas, si era honesto consigo mismo) intentando entender qué demonios pasaba con Romero.

No era un misterio dramático ni uno de esos problemas enormes que terminaban afectando el rendimiento del equipo. Era algo mucho más pequeño, más cotidiano y, precisamente por eso, más difícil de ignorar. Una especie de insistencia constante, como una piedrita dentro del botín: no te impedía correr, pero estaba ahí, recordándote su presencia cada pocos pasos, obligándote a notarla aunque intentaras concentrarte en otra cosa.

Cristian tenía la molesta costumbre de aparecer cerca de él, casi siempre sin que pareciera intencional.

No se trataba solo de lo que decía sino de la forma en que lo hacía, con una naturalidad sospechosa, como si no hubiera nada fuera de lugar en esa cercanía constante. Comentarios lanzados en voz baja, miradas que se alargaban un segundo más de lo necesario, frases que parecían inocentes en el momento, pero que se quedaban dando vueltas después, cuando HeungMin las recordaba con demasiada claridad y se daba cuenta de que… bueno. No eran tan inocentes.

Al principio lo había tomado como una broma. Los vestuarios estaban llenos de ese tipo de cosas: jugadores gritándose desde la otra punta del campo, empujones al salir del túnel, comentarios exagerados solo para provocar reacciones y romper la tensión antes de un partido. Era parte del ambiente, de esa camaradería ruidosa que se formaba casi sin darse cuenta en cualquier equipo, algo normal, esperable, fácil de ignorar.

Pero lo de Cristian no encajaba del todo en eso.

No hablaba así con nadie más ni buscaba esa cercanía con el resto del equipo, y había algo en su actitud que resultaba demasiado preciso para ser casual. HeungMin no podía señalar un momento exacto en el que empezó a notarlo, pero sí tenía claro que Cristian sabía lo que hacía, o al menos lo suficiente como para que no pudiera descartarlo como una simple broma.

HeungMin era alfa. Cristian también, y eso, en teoría, debería haber bastado para explicar por qué todo aquello le resultaba tan... extraño.

En el mundo en el que habían crecido, las cosas funcionaban de forma bastante clara: los alfas terminaban con omegas, los omegas con alfas y los betas se movían en ese punto intermedio donde nadie esperaba demasiado de ellos. No era una norma escrita, pero sí una de esas ideas que se absorbían sin cuestionarlas, repetidas lo suficiente como para convertirse en algo casi automático.

Por eso, la idea de dos alfas no era lo habitual; no era imposible, claro. Nadie iba a expulsarte de la sociedad por algo así. Pero sí lo suficiente extraño como para que la gente murmurara, o frunciera el ceño, o simplemente mirara con esa curiosidad incómoda que siempre decía lo mismo: eso no es lo normal.

Por eso HeungMin no terminaba de entender qué estaba haciendo Romero, o, más precisamente, por qué lo hacía con él.

Había otros alfas en el club, algunos mayores, otros con un carácter mucho más fuerte, incluso algunos que no habrían dudado en responder de inmediato a cualquier provocación. Si lo que Cristian buscaba era divertirse incomodando a alguien, tenía opciones mucho más fáciles, gente que reaccionaría más rápido, que le seguiría el juego sin pensarlo demasiado.

Pero no era el caso. Siempre terminaba volviendo a HeungMin, repitiendo ese patrón con una constancia difícil de ignorar, como si lo hubiera elegido específicamente a él por una razón que no terminaba de encajar del todo en algo simple o casual.

El vestuario estaba lleno de ruido cuando el equipo regresó del entrenamiento. El eco de las duchas abiertas se mezclaba con conversaciones cruzadas, risas cansadas y el sonido seco de los botines golpeando el suelo de cerámica, creando ese ambiente caótico y familiar que siempre aparecía después de una sesión larga. El aire era tibio y húmedo, cargado con el olor del sudor, del jabón y del césped que aún se aferraba a las medias de algunos jugadores.

HeungMin se dejó caer en el banco frente a su casillero con un suspiro contenido, sintiendo el peso del entrenamiento en las piernas, ese cansancio que resultaba casi agradable después de haberlo dado todo en el campo. Se inclinó hacia adelante, apoyando los antebrazos sobre los muslos mientras su cuerpo empezaba a enfriarse poco a poco, tomándose un momento antes de moverse.

Luego empezó a desatar los cordones de sus botines con calma, concentrado en el movimiento repetitivo, tratando de desconectarse del ruido a su alrededor, al menos por unos segundos.

Logró soltar el primer botín y lo dejó caer con un golpe suave contra el suelo, dejando que el aire más fresco rozara su pie. Se inclinó un poco más para empezar con el otro, manteniendo la vista baja, pero en ese momento algo cambió, sutil al principio, lo bastante claro para no pasar desapercibido.

El aroma llegó antes que cualquier otra cosa, una frescura limpia, mentolada, que se abrió paso entre el aire cálido del vestuario con una nitidez imposible de ignorar. HeungMin no levantó la cabeza.

No hacía falta.

Ya sabía quién era.

—Si sigues quitándote los botines tan despacio —comenzó la voz tranquila a su lado— voy a empezar a pensar que lo haces a propósito para que te mire más tiempo.

HeungMin cerró los ojos un segundo, conteniendo la reacción automática, y luego levantó la cabeza con una calma que no sentía del todo. Romero estaba apoyado contra la fila de casilleros frente a él, con los brazos cruzados y esa actitud relajada que resultaba irritante precisamente por lo natural que parecía, el cabello oscuro aún húmedo por el entrenamiento y la camiseta del equipo ligeramente adherida a sus hombros.

HeungMin sostuvo la mirada apenas un instante antes de bajarla de nuevo hacia el segundo botín, retomando el movimiento de los cordones con más fuerza de la necesaria.

—¿No tienes que ducharte? —preguntó, tirando del cordón sin mirarlo.

—Eventualmente —respondió Cristian, con una tranquilidad que solo consiguió irritarlo más.

HeungMin soltó el cordón por un segundo, tensando la mandíbula antes de continuar.

—Podrías ir antes de empezar otra conversación inútil.

Cristian dejó escapar una risa baja, breve, claramente divertida por la respuesta.

—¿Inútil? —repitió, acomodándose un poco mejor contra los casilleros—. Yo diría que estoy invirtiendo mi tiempo bastante bien.

HeungMin alzó una ceja, sin mirarlo del todo, pero lo suficiente como para dejar clara su incredulidad.

—¿Ah, sí?

—Claro.

Cristian inclinó ligeramente la cabeza, observándolo con una atención que HeungMin encontraba completamente innecesaria, casi provocadora en su calma.

HeungMin tiró del botín con un movimiento más brusco de lo necesario hasta quitárselo, y luego lo dejó junto al otro, alineándolos con un cuidado que no tenía ningún propósito real. Aun sin mirarlo, sentía la mirada de Cristian sobre él, constante, fija, sin intención de apartarse.

—Sabes —continuó Cristian después de un momento, con el mismo tono despreocupado—, desde este ángulo se nota más.

HeungMin exhaló por la nariz, dejando escapar un suspiro corto antes de alzar la vista.

—¿Se nota qué?

Cristian sostuvo su mirada, inclinando apenas la cabeza, evaluando la mejor forma de decirlo, aunque en realidad no parecía necesitarlo.

—Tus piernas.

HeungMin parpadeó, confundido por un segundo, procesando lo que acababa de escuchar antes de reaccionar.

—¿Mis…?

—Son lindas —continuó Cristian con total calma, sin apartar la mirada.

HeungMin bajó la vista hacia sus botines, frunciendo ligeramente el ceño mientras intentaba ignorar el comentario.

—Te juro que hay temas de conversación mucho más normales.

—Tal vez —respondió Cristian sin prisa—, pero no son tan interesantes.

—Deberías probar con alguno de todas formas —replicó HeungMin, con un deje de fastidio que no terminaba de ocultar del todo.

Cristian soltó una risa baja y, tras un instante, se separó del casillero para dar un paso más cerca. El aroma a menta se volvió más evidente, más presente en el aire, y HeungMin negó con la cabeza, frotándose la frente con la toalla, tratando de que ese gesto pudiera ayudarlo a ordenar la situación.

—En serio… ¿por qué haces esto? —preguntó, esta vez mirándolo directamente.

—¿Esto? —repitió Cristian, con una leve inclinación de cabeza.

—Esto —insistió, haciendo un gesto vago con la mano entre los dos, abarcando todo lo que no sabía cómo nombrar.

Cristian pareció considerar la pregunta durante un segundo, lo justo para que el silencio se instalara brevemente entre ellos, y luego respondió con la misma naturalidad de siempre, sin rastro de duda.

—Porque quiero.

HeungMin frunció el ceño, claramente insatisfecho con la respuesta, y dejó caer la toalla sobre su regazo con un movimiento corto.

—Esa no es una respuesta.

Cristian sostuvo su mirada sin inmutarse, con la misma calma de siempre.

—Para mí sí —respondió—. No todo tiene que ser tan complicado.

HeungMin lo observó en silencio durante un segundo, evaluándolo, buscando algún indicio de que estaba bromeando, pero no encontró nada que le diera esa salida fácil. El vestuario seguía lleno de ruido a su alrededor, voces cruzadas, risas y golpes contra los casilleros, pero entre ellos la conversación se mantenía en una especie de calma extraña que no encajaba con el resto.

—Podrías intentar este tipo de comentarios con otra persona —comentó finalmente, apoyando los codos sobre las rodillas mientras lo miraba.

Cristian alzó una ceja, ligeramente curioso.

—¿Por qué haría eso?

HeungMin sostuvo su mirada, como si la respuesta fuera demasiado evidente para tener que explicarla.

—Porque el club tiene más jugadores.

—Lo sé —respondió Cristian sin problema.

—Entonces deberías ampliar tus horizontes.

Cristian no respondió de inmediato. Se quedó mirándolo un momento más largo, con una atención que no se sentía casual, antes de que una sonrisa leve apareciera en su rostro.

—No me interesa —solto al final, con una naturalidad que dejó poco espacio para discutirlo.

HeungMin abrió la boca para replicar, pero no llegó a hacerlo. Cristian ya se estaba apartando del casillero, girándose con esa misma tranquilidad con la que había llegado.

—Nos vemos mañana, Sonny.

HeungMin se levantó despacio, haciendo un gesto vago con la mano, sin demasiada energía.

—Sí, claro.

La risa de Cristian fue baja y breve, perdiéndose entre el ruido del vestuario mientras se alejaba, y HeungMin se quedó unos segundos más en su sitio, con la toalla colgando de la mano, observando la puerta por la que había salido. Luego sacudió ligeramente la cabeza, soltando el aire por la nariz.

En serio, qué tipo tan extraño.