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Escanor, aquel a quien nadie puede vencer, aquel que no sucumbe nunca ante nadie ni se arrodilla por nada. Tiene una sola misión en este mundo, una que recientemente se posicionó como su prioridad número uno: proteger a su nueva familia y a la dama que le tendió la mano en su momento de soledad, la hermosa mujer que, sin juzgarlo, le dio un hogar y una familia.
Esa mujer que, no importa si lo ama o no, le es incondicional, es capaz de jamás revelar sus sentimientos con tal de tener en su vida a esa mujer. Podrá vivir la eternidad sin tocar una sola parte de su cuerpo y, aun así, jamás sentir algún sentimiento de decepción. Escanor no siente celos; el león del orgullo no se rebajaría a tal cosa, por eso no se sintió intimidado por ese diminuto demonio que, al parecer, es la fuente de atracción de su dama.
Es lindo verla así, ojalá...
Él no desconfió del demonio como todos los demás; él solo podría enfrentarse a él sin problema, pero no fue necesario. Si su dama confía en el demonio, él también lo hace.
Lo que lo hace reflexionar es su forma nocturna; él sabe que en esa forma no tiene el control y, cada vez que ve al niño demonio, tiembla de «miedo», aunque eso fue al inicio.
Actualmente, el pequeño duende demoníaco ha demostrado ser digno de confianza, a sus ojos, claro. A los demás todavía les cuesta entender que el capitán de su orden no tiene posibilidad de traicionarlos.
Es por eso que transmitió ese razonamiento a su parte nocturna y, al parecer, el único que se dio cuenta de este cambio fue el zorro de la avaricia. No es tan fuerte como él, pero reconoce su astucia. No sabe qué pasó exactamente entre el capitán y el ladrón de pelo blanco, pero es algo que Ban no quiere contar, algo que no pretende compartir...
Es algo que tiene a su dama celosa, algo que la inquieta y, si bien él ha prometido no dejar que nada moleste a su hermosa hechicera, esto no es algo que la lastime, ya que parece ser que ella misma no se ha dado cuenta de lo que siente. Y debe admitir que le divierte un poco ver a su dama actuando con normalidad y no como esa inteligente, calculadora, pero fría y astuta mujer.
Le divierte ver cómo Ban ya se dio cuenta, cómo persigue a su capitán por todos lados molestándolo, cómo de reojo mira la sutil molestia reflejada delicadamente en el bello rostro de Merlín. Cómo este, con una sonrisa ladina, obliga al niño demonio a participar en sus locuras, cómo la mirada de su dama se vuelve un puchero adorable por unos segundos al darse cuenta de que el capitán tiene un ligero sonrojo de vergüenza.
Quisiera poder tocar el delicado rostro de su dama y besar delicadamente ese puchero, pero él es un caballero de palabra. Las promesas de Escanor son igual de poderosas que él; jamás tocará a su dama sin que ella lo haga primero.
Pero puede ver, puede observar cómo Merlín le deja cosas extra al capitán. Siempre le da algo más en comparación con todos los demás. El demonio lo rechaza sin dudar, pero acepta lo que parece creer que es suficiente, ni más ni menos. Esto provoca inconformidad en su chica, pero jamás lo demuestra, no abiertamente. Diana, la niña gigante, al ver la clara preferencia por el niño demonio, ha hecho un berrinche, argumentando que ella también quiere ropa extra.
Merlín le ha dicho que no necesita más, que con lo que tiene es suficiente.
—Merlín tiene razón, Diana. —El capitán habla con ellos con voz calmada por primera vez después de mucho tiempo, y tiene que admitir que a él también le resultó inesperado.
—No es conveniente tener ropa extra, es espacio y peso innecesario para las misiones. —Diana solo atinó a sonrojarse y pedir perdón, con la mano en forma de puño contra su boca, mientras el hada King parloteaba algo sin sentido para defender a su gigante de la vergüenza vivida a manos de su capitán, quien ya había perdido el interés y estaba tratando de esquivar a Ban, el cual estaba burlándose de él activamente.
A él lo que le llamó la atención fue que este pequeño diálogo con su capitán logró que su dama dejara caer su máscara de indiferencia y la reemplazara con un hermoso rostro de sorpresa y un leve rubor en las puntas de las orejas. Él comprendió algo: no solo tiene que proteger a su nueva familia, sino también a ese enano rubio, él también, porque la felicidad de su hechicera depende de él. Y si es necesario tomarlo como parte de su familia para que Merlín esté feliz, lo hará.
Merlín sacude la cabeza; pareciera ser que por fin vuelve a tener el control de su cuerpo, volteando a ver a Diana.
—Eso es verdad, Diana, pero no te preocupes, te daré algo extra la siguiente vez. —La hechicera se mostró mucho más accesible que de costumbre; si bien siempre fue amable con ellos, nunca daba cosas solo porque sí.
—¿En serio? Muchas gracias, Merlín, qué linda eres. —Diana había reemplazado la vergüenza anterior por una alegría que iluminaba su rostro.
—¿Puedo elegir algo que no sea ropa de batalla, Merlín? —preguntó la gigante, ya que siempre se veía obligada a usar armadura o ropa poco estética a su parecer.
—Dejaré que elijas lo que más te guste. —Merlín era alguien que odiaba las trivialidades como escoger ropa con alguien más, pero nunca había obligado a nadie a usar algo que no le gustaba y, esta vez, por alguna razón, se sentía de buen humor.
—¡Ay, qué emoción! ¿Qué debería ponerme, capitán? —La pregunta dejó a todos en silencio. Meliodas se quedó inmóvil mientras volteaba a ver a la chica que le había hecho la pregunta. Desde hace un tiempo, ya no era raro que de vez en cuando trataran de incluirlo en las charlas comunes del equipo, pero que Diana o algún otro pidiera su opinión en algo como esto era completamente inusual. Parpadeó un par de veces mientras ladeaba la cabeza con la mano en la barbilla.
—Lo que te haga sentir cómoda, Diana. Yo no debería elegir tus atuendos. —No mentiría, Escanor sintió cómo todo quedó en absoluto silencio. Nadie esperaba que palabras así salieran de una criatura considerada cruel y despiadada. Si bien él ya sabía que no los atacaría, nunca esperó que tuviera esa forma de pensar. Y puede ver que los demás también creían lo mismo, ya que, por ese instante que se sentía como una eternidad, todos se miraron en silencio, mientras Diana solo podía ver al capitán fijamente, mientras un leve sonrojo apareció en sus mejillas. La gigante sacudió la cabeza mientras una gran sonrisa aparecía en su rostro.
—Qué lindo eres, capitán. Nunca me imaginé que fueras un caballero tan amable. —El comentario sacó a Meliodas por completo de su zona de confort. Nadie nunca le había dicho que fuera amable; solo lo había hecho Elizabeth alguna vez...
(No quiere recordar eso).
En la guerra siempre estuvo rodeado de toda clase de insultos; cuando dirigía a los 10 mandamientos, siempre fue el blanco de halagos a su facilidad para acabar con las diosas, pero jamás lo habían catalogado como alguien amable. Escanor pudo ver cómo su cuello se teñía de un ligero tono rojo y se extendía por su cara y, por una fracción de segundo, algo tan leve que fue opacado por un parpadeo incrédulo, los ojos del capitán pasaron de ser pozos de espesa agua negra a ser verdes, un tono de brillante verde esmeralda que desapareció junto con lo que pudo ser una pequeñísima sonrisa.
Meliodas se retiró rápidamente después de asentir con la cabeza a Diana, ante la mirada perpleja de Ban, quien al parecer no sabía cómo procesar lo que acababa de ver, y Merlín, quien parecía estar igual de asombrada, algo que rápidamente cambió al darse cuenta de que ahora había alguien más que había logrado sacar una nueva reacción de Meliodas. Y, si bien estaba celosa, el sentimiento era opacado por la felicidad que aún tenía por lo sucedido hace un rato. Esto hacía sonreír a Escanor internamente; su dama era muy adorable cuando algo le interesaba.
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Escanor, en su forma nocturna, estaba limpiando las copas y platos de su nuevo hogar. Parecía ser que Meliodas era más inteligente de lo que dejaba entrever y más considerado con ellos de lo que alguna vez admitiría. Al ser el capitán del equipo, Bartra lo mandó llamar y, al parecer, le dijo que pidiera algo para que su primera misión fuera un poco más accesible. Meliodas pidió una taberna a su nombre para establecerla como base de los 7 pecados capitales. El rey estaba muy sorprendido, pero accedió al final.
Eso también sorprendió a todos cuando se los dijo, pero pasó rápidamente y, cuando llegaron, había una bonita taberna a las afueras del reino.
Ahora todos tenían asignada una tarea y, mientras el capitán ganaba dinero gracias al trabajo de todos (lo cual era justo considerando que se había vuelto el objetivo de casi todos ahí), Escanor pensaba mucho en cómo hacer que Merlín dejara de tratar de sabotear a cualquiera que se atreviera a mirar al capitán y cómo evitar que Ban siguiera acosando a Meliodas para molestar a Merlín.
También tenía otro problema...
Diana parecía tener una especie de nuevo enamoramiento con el capitán, nada demasiado grande, pero uno que hacía que King se desinflara solo de verla sonrojarse por el demonio que a veces ni la miraba.
Esto era divertido, pero desesperante en cierto punto. Meliodas era como un gato huraño al que todos querían acariciar, mientras él solo buscaba la forma de huir de ellos y morderles una mano en el proceso, de ser posible.
A veces sentía lástima por el pobre capitán; parecía que no podía tener un solo momento solo porque llegaba alguien a preguntarle si se vería bonita con un vestido, o si quería probar una poción para fortalecer el músculo, o si quería salir a pelear con alguna bestia.
Se notaba un poco que, en el fondo, quería participar, pero le daba miedo hacerlo. A veces aceptaba a regañadientes, pero otras era evidente que quería estar solo. En muchas ocasiones vieron a Ban salir volando hasta el otro lado del bosque; a Diana no la dejaba ni siquiera saludarlo cuando ya estaba volando lejos y, a Merlín...
a ella nunca le negó nada.
Siempre que le pedía su opinión, él le daba una respuesta; siempre que le pedía algo, él se lo concedió. Incluso sus conversaciones resultaban ser bastante largas a comparación con cualquier otra persona (considerando que solo decía una o dos palabras antes de irse).
Por lo general, lo hacían cuando los demás no estaban por asuntos de conseguir más suministros para la taberna, y esta no fue la excepción. Mientras él estaba limpiando la barra de la cantina, ella le preguntaba algo sobre por qué no lo había visto ingerir nada más que alcohol en todo el tiempo que llevaban juntos, un tema un poco extraño y que parecía un intento desesperado por atraer su atención. Para su sorpresa, funcionó y no era su intención, pero decidió lavar otra vez los platos solo porque tenía curiosidad.
—Tal vez sea porque me alimento de almas, Merlín, ¿o ya lo olvidaste? —La respuesta del capitán fue sombría, pero estaba carente de cualquier rastro de maldad o veneno. Era como una broma un tanto macabra.
—Por supuesto lo sé, pero me refiero a que puedes comer comida humana, Meliodas. —El capitán se quedó mirándola fijamente mientras parecía estar analizando lo que Merlín había dicho.
—Nunca me interesaron los humanos más allá de comer sus almas. —Efectivamente, eso provocó un estremecimiento en Escanor; era cruel y terrorífico escuchar eso de Meliodas. Él sabe que es parte de su naturaleza, pero no puede evitar sentir miedo. A veces olvida que el capitán alguna vez fue un potencial enemigo demoníaco muy enojado, recién salido de un jarrón.
—Entonces es momento de que te enseñemos a qué sabe la comida humana. —Merlín tenía una sonrisa que, para quien no la conociera, podría parecer amable, pero Escanor y Meliodas sabían que nada bueno saldría de ahí. Con toda la calma que pudo reunir, decidió salvar su vida, dando por terminada su labor y, con pena, abandonó a su suerte al capitán con la hechicera.
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A la mañana siguiente, un sonido de una pelea estalló por toda la taberna; parecía ser que venía la la cocina. Escanor, en su forma diurna, estaba parado enfrente de Merlín, protegiéndola de un Ban muy molesto porque habían intentado sabotear el desayuno que él ya había preparado.
—Ya te dije que no quería arruinar tu comida, zorro testarudo. —Dijo la hechicera detrás de Escanor, con una cara de evidente fastidio.
—Entonces, ¿por qué todo sabe horrible, bruja? —gritó Ban indignado como nunca antes. Había algo que él no soportaba, y eso era que se metieran con su comida.
—No le faltes el respeto a mi dama, zorro. —Escanor prometió que siempre protegería a su dama, y eso implicaba no dejar que nadie la insultara.
—Tú no te metas, Escanor, esto es entre ella y yo. ¿Qué es lo que querías hacer, Merlín? Sé que últimamente estás molesta conmigo, pero no es motivo para que desperdicies comida que a todos nos cuesta. —Merlín guardó silencio. Tenía que admitir que Ban tenía razón, pero esa no había sido su intención. Ella solo quería preparar algo para el capitán, pero, sin querer, tiró algunas cosas en la comida y la echó a perder. Tenía que admitir que le daba vergüenza, ya que la deja en ridículo; ella sí sabe cocinar, pero los accidentes pasan.
—Tienes razón, Ban, y lo siento, no era esa mi intención. Quería agarrar un poco para darle al capitán, ya que él nunca ha probado la comida humana. —Esto hizo que el enojo de Ban se esfumara y apareciera en su cara una sonrisa ladina. Una que hizo que Escanor se diera cuenta de que alguien (Meliodas para ser precisos) iba a sufrir.
—¿Dices que el capitán nunca ha probado comida? —Esto era oro, no podía dejarlo pasar: una nueva reacción, una nueva forma de burlarse del capitán, de acercarse...
—Te perdono si te vuelves mi asistente en la cocina por hoy. Hay muchas cosas que hacer. —Escanor no sabía qué pensar; hace poco estos dos estaban a punto de matarse y ahora se sonreían con absoluta diversión. Lentamente, se quitó de en medio mientras salía del lugar. No quería saber de qué otra cosa sería víctima el pobre Meliodas; es mejor esperar de lejos a lo que sea que tengan planeado esos dos.
Sin duda, la relación entre Ban y Merlín mejoró bastante. Ahora solo existía una intensa rivalidad entre ellos cuando se trataba del demonio. Todos habían sido testigos de cómo obligaron a comer al capitán hasta que básicamente se atragantó y King tuvo que darle golpes en la espalda.
Diana regañó duramente a ese par de obsesivos. Mientras ambos estaban arrodillados en frente de ella con la cabeza gacha.
La comida estuvo bien, pero Meliodas decidió que era peligroso y ahora come entre Diana y King, quienes son víctimas de las miradas de odio de una hechicera y un ladrón que, si no fuera porque el capitán los fulmina de vez en cuando, ya habrían iniciado una guerra.
Este suceso pareció solidificar el lugar de Meliodas en la familia; ya no es un posible traidor, ahora parece haber tomado el papel de la víctima de acoso que se esconde detrás de un hada y una gigante. Escanor solo puede ver desde lejos; sabe que esta es su familia y debe protegerla, más al capitán. Ahora sabe que él es quien mantiene la vida en su hogar, aunque él no lo sepa.
Escanor es poderoso, es imponente, pero alguna vez fue considerado un monstruo, y si no fuera por estas personas, él seguiría siendo uno a los ojos de todos. No solo su dama le dio la mano, también lo hicieron los demás. Todos ellos son su familia ahora y hará hasta lo imposible por mantenerlos vivos y bien, por proteger esta felicidad.
Porque él es Escanor, el león del orgullo. Aquel que se alza por encima de todas las razas.
