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Language:
Español
Series:
Part 2 of OJTW 2026 un poco tardío.
Stats:
Published:
2026-05-07
Words:
11,174
Chapters:
1/1
Comments:
4
Kudos:
45
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7
Hits:
283

Conejo fuera de la galera.

Summary:

James está completamente bien con su amistad con Jason. Más que bien, de hecho, es su relación más sana fuera de los Vengadores. Nada jamás podría perturbar los tiernos sentimientos que los une.

Hasta que extraños alfas comienzan a rodar alrededor de su amigo y a su alfa no le gusta.

o

La sociedad descubre que Jason está de regreso y James no sabe que él es un omega muy cotizado.

Notes:

OJTW |N°2. Jason es secretamente un omega|

Voy a hacer sincera: todo es una puesta en escena para que Buckjay se besen. Si te da la impresión de que algunas cosas no están muy desarrollada, no te comas la cabeza, lo dejé así porque soy una vaga jsjsjs

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

James conoce a Jason lo justo y necesario. 

Sabe que tiene veinticinco años recién cumplidos; vive con su mejor amigo, Roy, y su hija, Lian; trabaja en una pequeña panadería, es voluntario en varios centros de acogida en Nueva York, no se lleva muy bien con su familia, y le gusta patear traseros engreídos en el cuadrilátero. 

Luego de eso, no hay mucho más. No sabe de dónde proviene, aunque tiene un acento muy marcado. Utiliza parches de aroma que inhabilitan su dinámica como si fueran su segunda piel, por más que es sencillo deducir que es un alfa. Nunca le ha contado a James algo de su infancia, ni por qué se niega a hablar de su familia. O el motivo detrás de que desperdicie un entrenamiento de grado militar en enseñarle a los niños y adolescentes de bajos recursos en Brooklyn a defenderse en un gimnasio que se cae a pedazos.

James cree que es justo. Él mismo no es el libro más abierto del mundo, por lo que sería muy hipócrita exigir algo que no da a cambio. 

Las personas entienden lo básico sobre él: ex activo Hydra, ex Soldado del Invierno, el motivo de la separación de los Vengadores, ex fugitivo de la ley. El público se hace una idea de él y cómo deberían tratarlo a través de esos hechos y se vuelve insoportable.

Pero Jason es diferente. No vio al Soldado del Invierno cuando James puso un pie en ese destartalado gimnasio, lo instó a subirse al cuadrilátero y luego lo doblegó en una llave para demostrarle a los niños bajo su supervisión cómo deberían neutralizar a un atacante que los toma por sorpresa. No vio a alguien roto. No señaló sus desperfectos. Ni se quejó de ser un viejo cansado y harto de la vida atrapado en el cuerpo de un treintañero traumatizado y discapacitado. 

Le dijo que tenía una cara chistosa mientras lo hizo comer el polvo del cuadrilátero y luego lo invitó a tomar un café como si fueran viejos amigos. 

Jason lo trata como una persona. Solo eso. No hay segundas intenciones. No espera más de él. No existen expectativas de que tome el manto manchado de sangre y salga a hacer el bien. Solo ve a James y está cómodo con como es.

Está de más decir que agradece la amistad de Jason sobre toda las cosas, ¿verdad?

Entonces, ¿por qué siente que está por explotar mientras mira a un alfa desconocido, media cabeza más bajo que Jason, pero no menos musculoso e imponente, de cabello negro sedoso, profundos ojos azules y una sonrisa radiante, meterse descaradamente en el espacio de Jason como si tuviera la libertad de hacerlo?

El hombre le habla a Jason por lo bajo, palabras intencionales se esconden detrás de un rostro sonriente que se roba la atención de los presentes mientras ayuda a un niño hacer una vuelta carnero en las colchonetas.

Jason no parece muy contento con su presencia, incluso hay un obvio gesto de fastidio alrededor de su boca. Y si bien apenas se muestra visiblemente predispuesto a escuchar lo que sale de su boca, es obvio que no se pierde ninguna parte de su discurso. 

James llega a su zona típica de entrenamiento, deja sus cosas sobre la banca y prepara las gasas para envolver sus manos. No pretende hacerse notar o molestar a los dos alfa en su charla. Tampoco intenta llamar la atención de Jason para que se dé cuenta de que ha llegado. Solo deja que las cosas sigan su curso sin intervenir.

Excepto que, no es su culpa contar con un oído mejorado, y logra escuchar de qué están hablando a tres metros de distancia de él a su susurros.

—No quiero verme insistente —el alfa comienza, con un tono ligero que a James le suena bastante controlado para ser natural.

—Qué curioso —Jason lo interrumpe—, estás siendo todo lo contrario.

—Jay, por favor… —Uno de los niños que Jason entrena los interrumpe y le pide ayuda al alfa para impulsarse sobre la colchoneta. Una vez que el alfa lo hace y el niño se aleja en una voltereta casi perfecta, centra toda su atención en Jason, y lo observa con los ojos más triste y suplicantes que James ha visto en mucho tiempo—. ¿Tanto te disgusta la idea de pasar tiempo juntos?

Jason se cruza de brazos.

—Sí —contesta tajante y el alfa se queja como un cachorro mimado.

—Estás siendo malo ahora.

—Esa es la idea, Dick, porque quiero que te vayas y me dejes en paz.

James siente sorpresa genuina al oír el tono tan monótono con el que habla Jason. Nunca ha escuchado al alfa referirse a alguien de esa manera. Jason es todo sonrisas simples y tacto sutil, vigila a los niños bajo su cuidado como un papá oso y pone en jaque a los adultos que amenazan la tranquilidad del gimnasio, pero siempre con un gesto amable. 

El alfa, este tal Dick, tal parece que logra sacar lo peor de él. Y quizás no le preocupa mucho al hombre, porque acto seguido da un paso al frente, rompe por completo la distancia entre ambos y está lo suficientemente cerca de Jason como para que sus narices se toquen. Luego como si estar a centímetros cerca no fuera suficiente, lleva ambas manos a los antebrazos de Jason y aprieta.

—Te amo Jay, ¿tanto te cuesta aceptarlo?

Si bien James no lo demuestra, todo su cuerpo se pone rígido, sus manos se quedan duras y su cerebro deja de funcionar. Hay tanto sentimiento y devoción en las palabras de ese alfa que casi suena a una confesión típica de un alfa desesperado por la atención de su omega deseado. Lo cual es una locura porque Jason es también un alfa.

Alfa cuyo temple no se quebranta por nadie al parecer porque —escucha más que ve— Jason suelta un bufido irritado. Y James se pregunta, muy por encima, si todo el gimnasio apestaría a feromonas dominantes y rabiosas si el hombre más joven no usase parches que neutralizan su aroma natural.

No es que James quiera saber a qué huele, pero…

—No soy unos de tus chicos, idiota, endulzarme el oído no funciona conmigo.

La respuesta es contundente y negativa, lo que por una razón extraña, libera su cuerpo de esa inesperada parálisis.

«Jason dijo que no», piensa para sí mismo.

—¿Crees que haría algo como eso contigo?

«Aunque el alfa no entiende.»

—¿Ahora soy especial? 

James escucha ruido de ropa moverse muy rápido y ruidoso como para que sea solo su audición mejorada funcionando. Intenta convencerse de que no tiene que voltear y ser un fisgón, pero el culo inquieto de su alfa lo gobierna y termina por dar un vistazo sobre su hombro.

Dick (apodo raro si es honesto) retrocede, aleja sus manos de Jason en un gesto exagerado y modela la mueca más sorprendida y adolorida a partes igual que que James no ha visto en mucho tiempo.

Casi se ve al borde de las lágrimas. Aunque ese pequeño destello de vulnerabilidad dura lo mismo que un parpadeo.

—Siempre lo has sido —el alfa confiesa al fin, en un murmuro roto.

Jason evita la mirada del hombro al instante. Y para su mala suerte, sus ojos coinciden. James tiene un segundo completo para tragarse el pánico y actuar con la normalidad de un tipo que se supone no puede oír a tanta distancia. 

Jason frunce un poco el ceño y James le sonríe de la misma manera bobalicona en que le sonríe a Steve para hacerle creer que no entiende algo que claramente no quiere afrontar. Y por una vez la vida, las cosas le funcionan.

Los ojos turquesas se apartan luego de darle una mirada más gentil, y recaen sobre el alfa desconocido con más irritación que antes.  

—Bueno, eso no importa ya. Esto no cambia nada, Dick. Estoy muy viejo para tratar con sentimentales alfas que me importan una mierda. 

Sus palabras suenan contundentes. Y son difíciles de digerir hasta para James, que llega a escucharlas porque no es más que un chismoso que no puede darle ni siquiera un poco de privacidad a quien dice apreciar, aunque no entiende nada de lo que hablan.

Esta etapa dura y sin pelos en la lengua de Jason es tan inesperada que le cuesta dimensionar que es el mismo joven con el que discute por tonterías y luego comparten un trozo de pastel en su panadería; sin irritación, sin disgusto o rechazo.

Es extraño. Casi imposible asimilar. 

Esto no significa que sea necesariamente algo malo. Solo… inesperado.

Su momento de revelación es interrumpida por “Dick”, quien suspira y se esfuerza por recuperar la sonrisa que perdió durante la conversación. En eso, se inclina de nuevo sobre Jason, arrastra sus manos por sus costados y lo arrastra hacia allí en un gesto acostumbrado que le pone a James los vellos de punta. 

Están muy cerca. No hay motivos para que estén tan cerca.

Dick se inclina aún más, se estira un poco para alcanzar el rostro de Jason y pega su boca brillante a la oreja de Jason. 

James no necesita estar a centímetros de ellos para oír lo que dice a continuación, por más que hubiera deseado no hacerlo. 

Sabes que puedes escaparte a Blüdhaven conmigo, estarás mejor conmigo que con él.

Su reacción es instantánea. A James se le cae el rollo de gasa de las manos e intenta hacer que su cerebro sobreviva del cortocircuito que sufre por las intenciones mal ocultas de sus palabras. 

No hay manera en el mundo que esas malditas palabras no tuvieran una connotación romántica. 

Jason lo maneja mejor que él.

—¿Terminaste tu show ya? —Apenas le echa una mirada desinteresada y se cruza de brazos, se mantiene firme en su postura cuando el semblante estreñido del alfa desconocido desaparece y ahora lo observa con una ceja arqueada—. No necesito la lástima de ti, de él ni de nadie. He superado esto por mi propia cuenta por más de diez años. Ahora toma tus cosas, regresa por donde viniste y diles a todos que dejen de molestar. ¿Me hago entender?

La ceja arqueada del alfa desaparece y a su rostro regresa el gesto de resignación que James reconoce ahora como un acto burdo de manipulación. Dick suelta un largo profundo, parpadea intensamente en dirección de Jason, haciéndole ojitos y pucheros, pero da un paso hacia atrás una vez que acepta que Jason no dará su brazo a torcer. 

—Solo quieres dañar mi corazón.

La cabeza de Jason cae hacia atrás antes de regresar la atención al alfa.

—Sí. También tus costillas —confiesa a la ligera, con una sonrisa radiante—. Ahora te vas. Y si te atreves a regresar, haré realidad mi deseo.

Con eso dicho, Jason levanta a alfa y lo carga en su hombro hasta la entrada del gimnasio. James está tan fascinado por la demostración de fuerza que, con suerte, nota la mirada azulada, gélida y analítica, que Dick le da a él instantes antes de que Jason lo deje sobre la acera y cierre la puerta en su cara.

Jason cierra los ojos por un momento, niega con la cabeza, y parece recomponerse cuando gira y camina en su dirección.

—¿Qué te parece un pequeño entrenamiento?

James no tiene tiempo de pensar cuando Jason atrapa su brazo de carne y lo arrastra al cuadrilátero. Su cuerpo formado está tenso y las venas de su cuello se marcan por un sentimiento mal contenido, pero le sonríe con ansias y lo desafía con la mirada descaradamente.

Bien, si él necesita eso de James, se lo dará por esta vez.

 

 

II

 

 

 No pasa tanto tiempo cuando otro alfa llega al gimnasio. Alto, musculoso, atractivo y muy mayor, en busca de Jason. 

Carga un enorme ramo de flores dalias, una sonrisa brillante de comercial, y exclama a los cuatro vientos sus intenciones de cortejo hacia Jason.

A Jason.

No es que esté en contra de las relaciones alfa-alfa. James supo aclimatarse en la sociedad actual en la que vive, entiende que no se le puede ganar a los sentimientos y todos merecen amor. Él no es nadie para interponerse en asuntos del corazón.

La cosa aquí es que… es raro.

Jason sufre de un cortocircuito por la sorpresa que es superado por la molestia de inmediato. Le dice a los niños que esperen un segundo. A James le da una sonrisa avergonzada al pasar a su lado y luego arrastra al alfa lejos de cualquier curioso que quiera oír lo que hablan. 

 James no tiene tanta suerte. Su oído mejorado le permite escuchar toda la conversación como si estuviera en medio de los dos, y lo odia. 

—¿Qué diablos haces aquí, Hal? —El gruñido en las palabras de Jason recorren el cuerpo de James en una descarga eléctrica que lo deja nervioso en su propia piel.

 Jason casi nunca trasmite otra cosa que no sea seguridad, confianza y tranquilidad. Verlo tan alterado es curioso, por decir algo.

—Estaba de regreso y oír las noticias —El hombre, Hal, sonríe con sorna y Jason pone los ojos en blanco—. Decidí divertirme un poco y ver si te sumabas a darle un paro cardíaco a papi.

Hay una obvia connotación en la manera en que el alfa pronuncia la última palabra que irrita a James. 

Jason resopla y ríe, como si las palabras del alfa fueran algún tipo de chiste interno, y la tensión en sus músculos desaparece al instante.

—¿Regresaste después de tanto tiempo y lo primero que se te ocurrió es meterte bajo la piel de B? —Jason niega con la cabeza y deja de estar tan a la defensiva—.  ¿Has pensado buscar un pasatiempo? 

—¿Y perder la oportunidad de subirle la presión arterial a tu viejo? —La risa del alfa es contundente. Acto seguido, le toca la punta de la nariz a Jason y suelta un pequeño pop—. Pensé que me conocías mejor, pajarito.

Jason no se eriza ante el toque imprevisto, lo que significa que hay un cierto grado de cercanía entre él y este tal Hal (no es que eso le moleste a James, claro que no), pero lo observa de una manera tan desamorada que el alfa ríe una vez más.

Si James escucha otra risa proveniente del idiota con el copete más ridículo del mundo, romperá algo pronto.

—¿Vas a decirme por qué estás realmente aquí?

—Me toca ser mensajero —Hal se encoge de hombros y sacude el ramo de flores—. No soy el único allí arriba que se enteró de las noticias, pero solo Kyle sería lo suficientemente romántico como para regalar esta monstruosidad.

Jason no dice nada por un segundo completo, para después soltar una risa incrédula.

—¿Estás diciéndome que Rayner me envió flores?

—Así como lo oyes.

Jason se cruza de brazos.

—El tipo me odia.

Es contundente con sus palabras y parece realmente creer en ellas. Lo cual para James es una locura porque no encuentra algún motivo válido para que alguien odie a Jason. No le entra en la cabeza siquiera la posibilidad.

Hal lo desestima con un vago gesto de mano. 

—A Kyle le cuesta diferenciar entre las personas que le caen mal de las que le caen mal y quiere follarse. 

James es un hombre adulto en completo control de su cuerpo, por lo que evita a la perfección erizarse debido a la manera tan desprovista de significado con la que habla.

—Bueno, dile a Rayner que, aunque agradezco el gesto, mi respuesta en un rotundo no.

Y con eso, Jason comienza a empujar al alfa fuera del recinto.

—¿Vas a romperle el corazón a un romántico empedernido? —Hal suelta un chasquido decepcionado y se resiste un poco al maltrato. Por todo lo demás, parece que solo quiere molestar a Jason—. Eres hijo de tu padre —Jason lo empuja con más fuerza al hombre esta vez, y debió de doler si la queja vocal del alfa dicta de algo. Al llegar a la salida, Jason le quita las flores—. Encima te quedas con las flores. Qué descarado.

Para sorpresa de James, Jason le enseña los colmillos, y son más pequeños de lo que esperaba viniendo de un alfa de su calibre.

—Vete ya. No quiero saber nada de ti o de Rayner por el resto de mi vida.

—Lo haré, pero cuando el chico tenga la esperanza por el suelo y nos perjudique a todos, te acusaré con John. 

A Jason no le importa el dedo acusador que apunta a su rostro y aparta la mano con un golpe seco.

—Sí, sí. Ahora largo. 

Luego de eso la puerta se cierra y la tranquilidad regresa al gimnasio. 

James ve como Jason apoya la frente contra el marco, suelta un suspiro y se recompone. Una vez que se estabiliza de nuevo, su mirada turquesa cae sobre el ramo de flores y un sutil polvoreado rosa inundan sus mejillas. 

Se ve lindo así: tierno y dulce. Y James odia la idea de que otro alfa haya sido el culpable.

Pero lo oculta lo mejor que puede al instante en que el joven se da la vuelta, camina hacia donde están todos y se disculpa como si hubiera sido atrapado de infraganti.

Los niños no le dan vuelta a lo sucedido. Le dicen que se apure a  enseñarles como patear el trasero a delincuentes y le dejan librarse de dar explicaciones. 

Por otro lado, James se siente un poco mezquino de repente. Y cuando Jason pasa por su lado para depositar las flores en un lugar donde no se estropeen, abre su idiota boca.

—¿Cupido tocó tu puerta hoy también?

Jason da un pequeño salto en su lugar y sus ojos tienen esa mirada de ciervo extraviado que remueve una cosa en lo más profundo de su pecho que James se niega a reconocer.

—Fue más bien una broma de mal gusto —Dicho eso, Jason pone las flores sobre el recibidor del gimnasio, gira sobre sus talones y huye hacia donde están los niños.

Intentar actuar normal después de un sucedo repentino es esperable. Que tu rostro se tiña de un rojo perlado cuando alguien lo señala, no lo es. 

James se mira las manos envueltas en vendas de entrenamiento y siente que las ganas de entrenar caen en picada.

No está del todo seguro del porqué, pero quiere irse a casa ahora.



III



James entra en la cafetería de Jason a las nueve y media de la mañana.

No le gusta el café y su gusto por lo dulce es casi inexistente. Sin embargo, el ambiente es tranquilo, los clientes habituales son amables, y un simpático alfa le sonríe radiante cada vez que lo ve, del otro lado de la barra.

Esta vez Jason no le sonríe al entrar. De hecho, ni siquiera lo nota. En su lugar, está enfrascado en una batalla de miradas con un joven de cabello oscuro, que viste un traje gris de tres piezas y en su mano derecha se aferra a un vaso de café demasiado grande para el bien de cualquiera.

El alfa —James lo nota al acercarse—, enfrenta la fiereza líquida de esos brillantes ojos turquesas con honor, y bebe un largo trago de su bebida, sin apartar la mirada.

James se pregunta qué está sucediendo justo cuando Jason lo nota acercarse. Le dirige una pequeña sonrisa y le hace un gesto sutil de que preparará su pedido típico en un segundo.

Por otro lado, el joven alfa deja la taza de café en la mesa-bar, se gira apenas en la silla giratoria, y clava toda su atención en él con la misma intensidad que un doctor analiza un tumor malicioso.

No es el mismo tipo de azul, pero los ojos del joven le recuerdan al primer alfa, Dick, que apareció en el gimnasio. El muchacho aparenta estar relajado, casi apático a lo que sucede a su alrededor. No obstante, James no hubiese sobrevivido tanto tiempo si no lograra ver las mínimas señales de alerta, y ese alfa es de todo menos amistoso.

James se niega a ser intimidado por un niño que le saca

—como mínimo— sesenta años. Camina hacia la barra con la tranquilidad de siempre, le devuelve la sonrisa amistosa a Jason, y luego asiente suavemente hacia el chico.

Para su sorpresa, el joven alfa tiene la decencia de devolverle el saludo, reservado y serio. Pero después de eso, regresa su atención a Jason y no vuelve a reconocer su existencia.

—No le hagas caso —Jason aparece de pronto, con su taza de café muy cargado y una porción de pastel Red Velvet en mano—. Está de mal humor y decidió que es mi problema.

El joven no reacciona físicamente, pero la audición mejorada de James logra escuchar un balbuceo contra el borde de su taza, repite las palabras de Jason con burla y luego entrecierra los ojos en un punto fijo hacia las cafeteras.

—Tú atraes personas muy curiosas, Jay —dice al azar, y se estira para agarrar su pedido.

Jason no se inmuta por el apodo cariñoso.

El que sí parece que tiene algo que decir es el joven alfa, porque ahora dirige su profundo entrecejo hacia él.

Como si fuera pactado de ante manos, ambos lo ignoran.

—Es mi maldición —Jason sonríe, y sus pequeños colmillos se asoman dulcemente detrás de sus labios llenos y rojizos—. No puedo evitar a los idiotas que pululan a mi alrededor.

James le regresa la sonrisa y se inclina hacia Jason con confianza.

—¿Eso significa que soy otro de tus idiotas?

El joven alfa se ofusca en su sitio.

Jason, por otra parte, se ríe con soltura, niega con la cabeza e imita su sonrisa juguetona.

—Siéntete con suerte —Jason le guiña un ojo y el cerebro de James sufre un cortocircuito—, eres de lo pocos que aún tolero.

James y su alfa se recuperan a tiempo para reconocer que es hora de marcharse. Su amigo se ve más feliz y ligero desde que llegó, pero es obvio que estaba en medio de un asunto importante con el muchacho que su llegada interrumpió.

Suelta un suspiro divertido, reconoce una despedida cuando la ve. Así que se mueve para buscar su billetera, pero una mano cálida se apoya en su antebrazo y Jason niega con la cabeza.

—Un regalo de la casa para mi alfa especial.

James no trastabilla, porque es un hombre con cada una de sus partes entrenada para no perder el eje. Aun así, su alfa se remueve en su pecho como un cachorro feliz y se traga un gruñido de satisfacción.

El joven alfa pone los ojos en blanco y golpea la superficie de la barra con suavidad, rompiendo el contacto visual del que ambos se vieron atrapados sin darse cuenta.

—¿Podrías darme otra taza de café, Jay? —La entonada tan marcada en la que dice el apodo rompe su pequeño hechizo.

Jason se aparta de James y sacude la cabeza, como si se recuperara de un sueño lúcido. James disimula mejor, pero por dentro está igual de desorientado.

—No te daré más, Timmy —Jason enfrenta al joven con una negativa clara, y le quita la taza vacía—. Es la tercera en dos horas.

—¿Cómo te propones mantener un negocio rechazando a un cliente que paga?

—Como lo he hecho todo este tiempo antes de que descubrieras este lugar —Jason hace un ruido chirriante con sus colmillos y el joven se refunfuña en su asiento, igual que un cachorro regañado.

—Bueno —James comienza diciendo, no con intención de interrumpir su disputa, pero ambos pares de ojos ofuscados se clavan en él con fuerza—. Diré que este es mi momento para marcharme.

—Gracias por venir, James —El semblante rígido de Jason cae, más amable y dócil, y asiente en su dirección—. Nos vemos el viernes, ¿verdad?

Viernes, claro. El segundo día en la semana que se reúnen en el gimnasio de Brooklyn para entrenar con los niños. No es como si James espera ansiosamente esos días para ver a Jason de nuevo. Por supuesto que no.

—Jamás me lo perdería —Y en su última idiotez, le guiña un ojo coqueto y se da la vuelta con rapidez, para no tener que afrontar las consecuencias de sus actos.

No es hasta que llega a la puerta de salida que escucha un murmuro alterado por parte del muchacho.

—¿Quien es ese alfa y por qué te coquetea tan libremente?

James, porque es un viejo chismoso, hace que tiene dificultades para empujar la puerta hacia afuera por sus manos ocupadas con su pedido y oye a la perfección la respuesta de Jason, cruda y amenazante.

—Si me entero que lo investigaste, seré yo quien te apuñale el bazo esta vez.

James no tiene tiempo para demostrar su extrañes por esa amenaza tan curiosa, porque un nuevo cliente llega, lo ve luchar con sus cosas y le sostiene la puerta con paciencia.

Aceptando que no le queda de otra más que irse, le agradece a la persona y se marcha de allí, con tantas preguntas que carecen de respuestas.

 

IV

 

Que mujeres alfas se paseen por el gimnasio no es extraño. No tienden a disfrutar tanto del ambiente minado a testosterona pura o la búsqueda de músculos marcados como los hombres, pero eso no quita que no se mantengan en forma.

Lo extraño (para James) es la mujer alfa, muy alta —más que él mismo)— con un cabello rojizo que llega hasta el suelo, vestida con un extraño traje enterizo y botas enormes que podrían pisar la cabeza de cualquiera, que acorrala a Jason contra las cuerdas del cuadrilátero.

Se alza sobre Jason con facilidad, corta la distancia, sus brazos marcados atrapan el cuerpo ajeno, y sus rostros están demasiado cerca para la comodidad de James. Hay una mueca furibunda en la mujer que dirige directo al otro alfa. Y si bien no sería la primera vez que presencia arranques de furia de otros alfas por el territorio, para James, es la primera vez que ve a Jason tan dócil bajo las feromonas irritadas y dominantes dirigidas a él.

En un día cualquiera, Jason hubiese arrastrado a quien sea que siquiera pensara hacerse el listo. Ahora, no parece otra cosa más que un cachorro que fue atrapado haciendo alguna travesura. No es que se vea amenazado de manera genuina, lo que mantiene a James apacible, pero atento. El problema es que tiende a poner la seguridad de los cachorros por sobre todo lo demás, y si, lo que sea que suceda con esa alfa escala a algo mayor, Jason se contendrá, lo que lo deja entre la espada y la pared.

James se dice a sí mismo que no aparta su atención de ellos solo porque es un buen amigo, y, como tal, quiere estar preparado por si Jason necesita apoyo.

Si tan solo sus oídos no fueran tan malditamente entrometidos.

—¿Qué es toda esta cosa de macho alfa tuyo? Si no te conociera, creerías que estás a punto de orinarme la pierna, Princesa —Jason habla con aire ligero, pero su sonrisa tiene ese temblor en la comisura que aparece cuando los nervios lo superan.

No se aparta de la alfa, se acerca más, incluso sus narices se rozan, y la enfrenta con la mirada.

La que reacciona es ella, quien chasquea la lengua con disgusto y se aparta de Jason como si él portara una enfermedad contagiosa.

—No me compares con esas criaturas sin cerebro, Pequeño. No estoy de humor —La voz de la alfa suena demasiado calmada y firme, lo que contrarresta su cuerpo tenso y las sutiles señales de molestia.

Es momento de Jason de chasquear la lengua. Se recompone y el nerviosismo desaparece para dejar paso a un entrecejo fruncido.

—Yo tampoco estoy de humor para que un alfa venga y me acorrale en mi territorio porque cree que necesito su protección, pero no me ves quejarme, ¿o sí?

Las palabras de Jason gotean rechazo puro y toma a James con la guardia baja tan de repente que se queda estático allí mismo. Intenta fingir que es ajeno a todo lo que sucede, pero el arrebato del joven alfa es una etapa tan repentina y extraña que lo descoloca y lo deja reconsiderando ciertas cosas.

Jason no es alguien agresivo. Se aleja de los estereotipos que corroen al género alfa y no hay otra cosa en su actitud que no sea tranquilidad y confianza sana. No se impone sobre otros, carece de esa fanfarrona actitud típica y no está desesperado por dejar expuesto sus peligrosos colmillos.

Si no lo conociera, James creería que es un beta, —uno con la fuerza para doblegar alfas a diestra y siniestra— tranquilo e imposible de atormentar.

Pero esta última semana, con tantas personas extrañas, alfas rondando alrededor suyo, ha visto facetas en él que jamás se imaginó.

No es que eso haya logrado que le guste menos. Solo es… desconcertante.

La mujer parece reconsiderar algo un momento y recuerda dónde se encuentra, porque de pronto mira por su hombro, hacia donde los cachorros corretean por las colchonetas, y regresa su atención a Jason, ahora con la línea de su cuerpo menos tensa y con su rostro suavizado.

—No pretendo tener ese comportamiento contigo —dice al fin, dando un paso atrás.

Jason bufa en respuesta, pero su propia tensión desaparece y en su lugar hay una mirada contemplativa.

—¿Exactamente qué te preocupa, Artemis? —Jason es gentil al hablar e intenta buscar la mirada errante de la alfa—. No es como si esto cambiara las cosas entre nosotros.

—Temo que se sobrepasen contigo, Pequeño.

—He sobrevivido a mucha mierda antes de conocerte, Arti. Sé como cuidarme.

—Sí. Pero esto no es algo que hayas elegido tú —Hay un nuevo arrebato de molestia en ella y se cruza de brazos—. ¿Que te asegura que él va protegerte luego de exponerte así?

La boca de Jason se abre sin decir nada por un segundo. Algo raro se refleja en sus ojos turquesas que desaparece de inmediato y baja la cabeza.

James se empuja a hacer cualquier cosa para disimular que está siendo un viejo chismoso. Pasa las vendas por sus manos en una acción mecánica y acostumbrada, sin embargo, todo lo que su mente piensa es en qué situación se encuentra atrapado Jason como para que deba “ser protegido”.

También “Él” es alguien recurrente en las conversaciones de estos extraños que no paran de llegar. James no sabe quién rayos es ese tipo. Lo que sí sabe es que pocos le confían la seguridad de Jason y eso no lo puede ignorar.

—Mira —Jason se recompone, y levanta las manos para agarrar a la alfa, Artemis, de ambos antebrazos en un gesto suave que intenta ser conciliador—. Esto no fue mi decisión, no voy mentir...

En eso, Jason aparta la mirada y sus ojos se encuentran con los de James por sorpresa. James tiene un segundo para tragarse el terror de ser descubierto, antes de fingir normalidad y sonreír como saludo.

Jason no reacciona de inmediato. Y James acepta que fue atrapado con las manos en la masa cuando el joven alfa le sonríe de vuelta, dulce y tranquilo. Las arrugas en su rostro desaparecen y se ve menos cansado que hace un segundo, cosa que la alfa a su lado lo nota porque un par de ojos verdes intensos se cruzan con los suyos también.

A diferencia de Jason, su porte no es amigable, y James asegura que, si tuviera algo entre manos, se lo arrojaría a la cabeza sin dudar para posteriormente interrogarlo hasta sacarle sus peores pecados.

Jason percibe las señales asesinas de su acompañante con una risilla baja, tira del agarre en los antebrazos ajenos y se apropia una vez más de toda la atención.

James finge que regresa a sus asuntos mientra sus oídos bloquean todo lo que no se la voz de Jason.

—Esta situación no es algo que quisiera. Ni siquiera sé como sucedió —Jason niega con la cabeza cuando la alfa intenta decir algo y la calla—. Pero ahora es real, y la verdad ya estoy demasiado viejo como para preocuparme por esto.

—Te volvieron un blanco —la alfa insiste.

—Lo he sido toda mi vida, Arti. ¿Cuál sería la diferencia ahora?

La mujer no contesta.

Y James comienza a considerar que tal vez no debió de sucumbir a sus ganas de husmear. Tal parece que la conversación que comparten esos dos está fuera de sus asuntos.

Pero, si se tomara el atrevimiento de considerar sus palabras… ¿eso quiere decir que Jason está metido en un aprieto por la voluntad de otro?

¿Por ese “él” del que tanto hablan?

—No quiero que pases por esto por tu cuenta —Artemis confiesa por lo bajo.

Jason no se apresura a contestar. Sus ojos se desvían, esta vez no es casualidad cuando sus miradas colisionan y James ya no se deja llevar por el temor de ser atrapado.

Jason lo buscó, el gesto fue deliberado, y James se niega a alejarse. Así que se mantiene firme. Sus ojos se aferran entre ellos hasta que todo los demás desaparece. James observa cómo las pupilas de Jason se dilatan en su dirección, el arco de sus cejar caen, sus ojos se relajan y sus labios se curvan con delicadeza hacia arriba.

Jason regresa su atención a la mujer, y con un aire nuevo y pulsante en el ambiente, dice:

—No hay lugar más seguro para mí que aquí.

 

 

V

 

 

Jason desaparece dos días después de su encuentro con la alfa. Sin mensajes, ni llamadas o reuniones para merendar juntos. Su presencia se convierte en polvo que arrastra el viento muy lejos y a James no le queda de otra que aceptarlo.

Es normal que el otro alfa se mantenga fuera de la línea cada tanto y eso está bien. Jason es un hombre adulto y no tiene que decirle a donde va o con quién como si fuera un novio controlador (mierda, ni siquiera son pareja). Por lo que James decide que su silencio no es para tanto e intenta distraerse con lo que sea.

Sale de su habitación en la Torre A y camina hacia la cocina. Va a desayunar algo y luego pasará todo el día explotando los simulacros en la sala de entrenamiento hasta que el cansancio lo consuma y su mente deje de bombardearlo con imágenes de Jason y el alfa del otro día. 

Al llegar a la cocina, lo primero que ve es a Sam, Clint y Stark desayunando en una tranquila armonía. Y por la manera en que sus ojos se clavan en él al poner un pie adentro, James ya se espera lo peor. 

—Buenos días —dice por lo bajo y se dirige directo a la cafetera. 

Stark tararea en respuesta y Clint asiente con la cabeza en forma de saludo.

—Buenos días para ti también, punk —Sam le da una palmada en la espalda al pasar.

James busca la taza de siempre y sirve una considerable cantidad de café. Sea lo que sea con lo que esos dos idiotas lo ataquen, necesitará toda la energía del mundo para sobrellevarlo. 

Cuando termina, gira y toma asiento en la isla, a un lado de Stark.

Han resuelto toda la mala leche entre ellos desde hace un tiempo, por lo que no se mosquea al ser estudiado por el omega como uno de sus tantos proyectos.

De pronto, James se pregunta si le ha hecho algo a su brazo mientras dormía y ahora le toca esperar a que explote.

—¿Decidiste que yo seré la víctima el día de hoy, Stark? 

Stark tararea una vez más. Mantiene un aire despreocupado a su alrededor y su aroma no expresa nada del otro mundo. Pero James no es idiota, reconoce ese brillo burlesco en la mirada del otro. Algo lo está divirtiendo demasiado, y es obvio que es a costa de él.

—En realidad hoy es un día espléndido para mí, Barnes. El mejor de todos en mucho tiempo.

James lo mira sin creerle una mierda y el omega le regala una sonrisa descarada. 

—No bromees con él, Stark —Sam, el ángel que es, se involucra—, acaba de despertarse.

—Dejame ser feliz un momento, Wilson. Estoy en primera fila del desastre. 

Sam no dice nada, aunque niega con la cabeza en reproche.

—Siento que me perdí de algo —James dice sin verdadera intensión de saber qué traman—. ¿Hubo otra invasión mientras dormía y me lo perdí?

Sam y Stark no hablan, aunque la sonrisa molesta de este último dice todo lo que no está escrito.

Para su sorpresa, es Clint quien se lleva a la delantera.

—Ojalá, pero no —El beta rubio lo observa a través de sus lentes violetas demasiado tiempo para el gusto de James. Luego, rodea la isla de la cocina y se acerca a él, subiendo y bajando las cejas de manera sugerente—. ¿Ya tienes algo en mente?

James bebe su café, baja la taza y le devuelve la mirada.

—¿Sobre qué?

 —Tu cortejo, Robocop —Stark interviene y pone los ojos en blanco—. No tienes que hacerte el interesante.

James se tensa en su asiento y a su cerebro le cuesta asimilar la acusación del omega.

—... ¿Qué?

¿Él cortejando a alguien? ¿Acaba de despertar en un universo alternativo donde todos eran más idiotas de lo usual?

—¿A Jason? —Sam se involucra—. Pensé que ya tendrías algo planeado tras la noticia.

Está bien. Ahora está más confundido que nunca. 

¿Por qué debería de cortejar a Jason? 

No es…no es que la idea le disguste. Jason es malditamente atractivo, con  una personalidad atrapante y de carácter fuerte. No le cuesta imaginarse que sería un compañero magnífico. Pero, ¿por qué es tema de conversación entre su equipo a las ocho de la mañana?

¡Nunca les ha confesado que le gusta en primer lugar!

—¿Qué noticia? ¿De qué hablan?

Stark, por primera vez en años que se conocen, se apiada de él y le pasa su Stark-pad, donde se abre una página al azar de noticias.

Lo primero que se roba su atención es una foto en primera plana de Jason, vestido con un traje de tres piezas blanco que le queda a la perfección. Junto a él se encuentra el segundo archienemigo de Stark (el primero es Steve), Bruce Wayne, con un impecable traje negro y modelando la sonrisa más brillante y orgullosa que ha visto mucho tiempo en idiotas pomposos y multimillonarios.

Debajo de la imagen, hay una primicia que le desconecta de la realidad:



 «Jason Peter Wayne, el misterioso príncipe Omega de Industrias Wayne, a la espera de su consorte. ¿Quién será el afortunado?».



Hay un fuerte ruido de algo estallando y le toma un vergonzoso momento en darse cuenta de que fue por su culpa. 

Aparta el Stark-pad y observa su taza favorita hecha añicos por su mano protésica, el líquido oscuro se escurre entre sus dedos de vibranium y gotea por la superficie blanca de la isla hasta ser un charco pegajoso.

Las miradas en sintonía de Stark, Sam y Clint se profundizan cada vez más en él mientras intenta que su cerebro reaccione.

Pero no lo hace.

¿Qué quieren decir con que Jason ha sido un omega todo este tiempo? 

¿Qué quieren decir que espera un consorte? 

¿Qué quieren decir que será reclamado por algún alfa que no es él?

Algo feo y ruidoso se remueve en lo más profundo de su pecho y James quiere gruñir. Su boca se llena de saliva, le pican las encías y sus colmillos se clavan en su labio inferior de tal manera que empieza a sangrar.

En eso, la puerta de la cocina se abre y Steve se asoma con su ropa típica de correr y apestando a sudor. Cuando su atención cae en James, le ofrece una deslumbrante sonrisa.

—¿Y bien? ¿Ya tienes planeado algo para tu cortejo?

El efecto de sus palabras es instantáneo.

Stark y Clint ríen a carcajadas. Sam niega con la cabeza. Y Steve se ve confundido, antes de notar la taza destrozada y darle un sermón sobre cuidar mejor las cosas que comparten como equipo.

Sin embargo, James no le presta atención a nada de lo que sale de su boca. No puede. Su cerebro solo funciona para sufrir cortocircuitos y mirar la imagen inmaculada de Jason en donde parece que está a punto de ser vendido al mejor postor.

¿Qué carajos? 



VI



Jason y James se reúnen tres días después de que la gran noticia revolucione a todo el país. 

Resulta que la condición del género de Jason fue revelado al público junto con el propio Jason, quien había desaparecido de la farándula Gothamita por “asuntos privados” y nadie sabía nada de él. Su reaparición con vida no solo fue una sorpresa que los tomó con la guardia baja, la revelación de que era el único hijo omega de Bruce Wayne hizo que todos quisieran una porción de esa gran fortuna generacional y legado, y lo saboreaban con anhelo enfermizo.

James ha leído tantos comentarios deshumanizantes hacia Jason en internet, tratándolo peor que un trozo de carne, y se pone rabioso de solo recordarlo.

Quitando eso, no investigó más. Lo que sea que se entere de Jason, será de su propia boca. Aunque no significa que no esté desesperado por unas migajas de información. Quiere saber todo. Que Jason le confíe todo. 

Es por eso que no dudó en aceptar de inmediato cuando recibió la invitación de reunirse en la pequeña panadería de Jason para charlar un poco en la hora de cierre.

Ni siquiera le importa verse desesperado. Dejó lo que estaba haciendo en ese momento y salió corriendo de la Torre A como si su vida dependiera de ello.

Así que ahora están frente a frente, comparten un trozo de pastel Red Velvet junto a una taza de té, y fingen que nada ha cambiado. 

Jason balbucea cosas sin sentido mientras destroza su porción de pastel. Es obvio que está nervioso, incómodo incluso, por toda la situación. Y si bien a James le gustaría decir que está prestando atención a lo que sale de su boca, solo puede concentrarse en el grueso collar omega que ahora cubre su fino cuello y la falta de sus típicos parches neutralizantes de aroma. 

Hay una potente nube de feromonas a su alrededor que huelen a petricor combinado con esencias florales dulces. Pertenece completamente a Jason. Porque es un omega. Y tanto él como su alfa están al borde del precipicio emocional.

Ni siquiera sabía que le importaba tanto una dinámica sobre la otra. De hecho, está seguro de que ni siquiera le importa qué cosa es la mayoría de personas que lo rodean todo el tiempo. 

Pero esto se trata de Jason. Le afecta porque es Jason, así que por supuesto se está ahogando en un vaso con agua tratando de no revolcarse en el aroma ajeno como un perro mimado.

Jason se mueve incómodo en su asiento. No es que sea un gesto notable, el problema es que James ha telegrafiado cada movimiento del hombre que nota la diferencia. Parece que quiere decir algo en concreto. Tal vez tocar el tema. Pero cada vez que abre la boca, mira un punto fijo en la mesa y luego frunce el ceño como si la mesa lo hubiera insultado.

El aire es extraño, bastante intenso entre ellos, como si esperaran que algo de su tentativa convivencia se rompiera de golpe. Y James ahora está jugando contra reloj porque esto nunca había sucedido en lo que llevan de amistad.

—Bueno, ¿supongo que has visto las noticias? —Jason toma la delantera con las palabras.

James asiente solemne.

—Stark se la pasó todo el día quejándose de que su archienemigo se robaba la atención, así que está planeando una gala que, y cito: será mil veces más llamativa que lo que sea que haya hecho el idiota de Wayne.

Jason sonríe. Es la primera sonrisa que le dirige en todo el día y James bebe de ella peor que un hombre al borde de la deshidratación.

—Es bueno saber que alguien le está sacando provecho a toda esta mierda.

Poco después de decir eso, la conversación cae. 

Jason intenta decir algo, aunque solo suelta una exhalación frustrada que remueve el vapor en su taza. La cuchara en su mano gira en círculos sobre el plato sin recoger nada y la porción de pastel pasa a ser algo amorfo por la manera en que continua destrozándolo.

James lo observa con tranquilidad. Decide que la opción correcta aquí de manejar la situación es darle espacio y tiempo a Jason para que se sienta cómodo al hablar.

No es su vida, James comprende. No son sus secretos y su “presentación en sociedad” subastada en los medios. Si Jason quiere hablar, está bien. Si no quiere y prefiere seguir como siempre, también está bien.

James necesita que él entienda eso.

—No tienes que decir nada —dice en voz baja, cuando el silencio entre ambos se vuelve tan espeso como la nube de feromonas que los envuelve—. Lo que eres, lo que elijas compartir conmigo o no, es una decisión que solo te pertenece a ti. 

El rostro dulce y jovial de Jason se retuerce en frustración.

—Lo sé, solo siento que mecerías saberlo de mí y no por noticias amarillistas —balbucea. No lo mira. Sus ojos se clavan en la miga roja deshecha del pastel, como si la respuesta estuviera ahí—. No quería ocultártelo.  Las personas han asumido que soy un alfa desde siempre, por lo que no intento corregirlos. Siempre es más fácil así.

Porque los omegas son vigilados a cada paso que dan. Porque siempre están en el ojo público. Los primeros en la fila para ser carne de cañón y que la sociedad espera para masacrar tan pronto hacen la mínima cosa que no se alinean con lo que le adjudicaron a su dinámica.

Es esperable que, siendo el único hijo omega de uno de los hombres más ricos del país, Jason repudie la idea de ser comidilla de la gente solo por existir. 

—Tiene sentido —dice, y Jason parpadea con sorpresa—. No está mal querer pasar desapercibido. En especial si te tratan como si tu cuerpo fuera algo que sortearán al mejor postor.

El omega hace una mueca, algo entre una sonrisa amarga y cansancio puro que apaga su semblante siempre energético y confiado.

—Lo han hecho desde que Bruce me adoptó, en realidad —Hay algo en la mirada de Jason, un juego extraño de luces verdes brillan en sus ojos que desaparece al instante. Batalla un momento con lo que quiere decir antes de encontrar las palabras apropiadas—. No sabían lo que yo era, pero pensaban que tenían otra oportunidad para “cazar” la fortuna Wayne ya que Dick se negaba a sentar cabeza. Desaparecí un tiempo, lo que calmó a la Élite Gothamita. Pero ahora todo empeoró porque descubrieron que puedo parir niños a diestra y siniestra —Niega con la cabeza—. Lo chistoso es que en verdad creen que tienen una oportunidad conmigo solo porque soy un omega cuando soy mucho peor que el resto de mis hermanos.

Cierto, porque Bruce Wayne decidió que un niño no era suficiente, así que termino con seis y una protegida. Honestamente, no él entiende por qué el gobierno de Gotham le permite tener tantos niños bajo su disposición.

—Y…—James se aclara la garganta—. ¿Crees que Wayne respetará tu decisión?

Jason suelta un fuerte Ja ante su pregunta y James lo observa con incredulidad.

—Por favor, Bruce es el que tiene más que perder por todo esto. Quitando el hecho de que quieren su fortuna más que subyugarme a mí, le dejé muy en claro lo que puede llegar a suceder si intenta siquiera obligarme —En eso, la bravuconería de Jason se atenúa, sus ojos evitan mirarlo directamente de nuevo y un profundo sonrojo predomina en lo alto de sus pómulos—. Aparte, ya hay alguien que me interesa.

De pronto, el aroma a petricor y flora dulce, sugerente y rico, estalla alrededor de ellos y James queda de piedra en su asiento.

No se eriza, no frunce el ceño, no hace ninguna mueca que pueda leerse como una reacción negativa. Solo baja un poco la mirada hacia la taza vacía entre sus manos, como si en el fondo pudiera encontrar el hilo exacto para no perderse y mezclar sus propias feromonas con las de Jason.

Porque es imposible que se esté referendo a él.  A James le encantaría. Le tomó mucho tiempo pero por fin se ha dado cuenta de que está completamente perdido por el hombre que tiene en frente. Y si Jason se lo pidiera, con gusto haría arder al mundo con tal de hacerlo feliz. Una conclusión muy peligrosa teniendo en cuenta el tipo de persona que fue en el pasado. 

Aunque no le preocupa de verdad porque Jason nunca lo elegiría a él.

—¿Es así? —pregunta, con un tono suave, casi distraído, pero con los ojos puestos en Jason. Es una pregunta sencilla, sin intención de sonsacar, pero también una invitación—. ¿Y es alguien que… te corresponde?

Jason lo mira un instante, y esa mirada dura más de lo que debería para el propio bien de James. Su lengua rosada se asoma para humedecer sus labios, y no alcanza a disimular que no puede quitarle los ojos de encima. El omega no responde con palabras, sino con una sonrisa tímida, apenas perceptible.

—Me gusta pensar que sí —admite en un murmuro. Y el sonrojo en su rostro empeora, aunque es sobrepasado por una expresión frustrada—. O al menos creo que no me rechazaría si lo supiera. Pero él es tan denso que no se da cuenta y eso me irrita.

James no responde de inmediato. Intenta encontrar una explicación para que esa persona, un hombre —un alfa tal vez— no sea consciente que tiene a alguien tan especial y maravilloso como Jason detrás. 

—Entonces es un idiota si no lo nota.

Jason lo estudia en silencio por un segundo. Y luego se ríe fuerte y tendido. Sus mejillas se ponen aún más rojas y hay lágrimas de la risa acumulándose alrededor de sus largas pestañas. 

—Sí —dice, una vez que se tranquiliza—. Sí que lo es.



VII



Cuando Stark dijo que iba a realizar una gala, James pensó que solo fue su ego superando su lado racional en el calor del momento. Tonto fue de su parte olvidar que estaba hablando de la mayor Diva que ha pisado el planeta.

Los Vengadores están desperdigados por el continente en diferentes misiones. La propia gente de Stark Industries está superada de trabajo ahora que su heredero legítimo se retiró. Y la población estadounidense todavía se mantiene paranoica por el último atentado que hubo por uno de los locos de Gotham.

Incluso con todo eso sobre la mesa, Stark llevó a cabo su estúpida gala.

La Torre A cuanta con varios pisos centrados específicamente para galas y eventos de sociedad; en caso de que uno fuera destruido por algún atentado, tendrían tres más de repuesto. Esta vez, el omega que paga las facturas se tomó como desafío gastarse su altura en oro y contrató un catering cinco estrellas, músicos y decoración para todas las zonas dispuestas al público. Y cualquiera con un porte decente (y que el reconocimiento facial de Viernes no active una señal en S.H.I.E.L.D.) será bienvenido esta noche.

Así que ahora hay mucha gente en la Torre A y lo detesta. 

Los olores desconocidos invaden y solapan el aroma acogedor de su manada de una manera tan abrumadora que James no está seguro de poder ocultar su disgusto. Para variar, la pajarita se siente ajustada en su cuello, la costura de su chaleco gris se tensa peligrosamente en su espalda, y sus pantalones le aprietan demasiado el trasero. Aunque el traje fue confeccionado a medida, James apuesta a que Stark tuvo algo que ver con que los botones de su camisa estén a punto de explotar. No sería la primera vez que el hombre hace algo por el estilo con el propósito de irritarlo.

Una mano cálida se apoya en su hombro y el aroma a café y coñac le advierte de la presencia de Steve. El otro alfa viste un traje de tres piezas azul, más ajustado y tirante que el suyo propio, y lleva su copete rubio perfectamente peinado hacia atrás.

Cuando sus ojos se encuentran, Steve le sonríe.

—Es bueno verte aquí, Buck.

Solo porque hay gente desconocida y demasiadas cámaras sobre ellos, James no refunfuña.

—No tuve opción. Stark desactivo mi reconocimiento facial y ya no puedo entrar en nuestro piso el resto de la noche.

 —Te hará bien —Steve mira alrededor y su sonrisa es brillante cuando encuentra a Stark entre todos esos intrusos—. Aunque parezca todo lo contrario, Tony solo está intentando ayudarte a que te integres con el ciudadano promedio.

Steve siempre fue bueno con las palabras, por eso terminaba en tantas situaciones donde alguien quisiera patearle el trasero en su juventud. Y James le creería en su intento de vender las acciones de Stark como benevolentes, si no hubiera sido por la IA con un irritante tono jovial que se burló en su cara tras denegarle su huida.

James se había resignado a sucumbir a los caprichos del omega hace mucho tiempo, pero su orgullo fue masacrado y ahora está molesto.

Aun con todo. James no es estúpido y cuando la primera cámara apunta hacia ellos, sonríe de la forma más cínica y farandulera posible.

—Cuando menos se lo espere —comienza a decir, con los dientes apretados, pero sin perder la sonrisa—, le voy a arrancar la cabeza.

Una vez que el paparazzi se aleja, satisfecho con sus fotos, Steve niega con la cabeza, pero su sonrisa no cae.

—Tony te desgarrará la garganta apenas te acerques.

James resopla.

—Será satisfactorio intentarlo.

Un revuelo se escucha a lo lejos, y los paparazzi salen disparados hacia el ascensor principal.

Las puertas se despliegan y un mar de luces blancas imposibilitan ver quién o quienes son los responsables para alterar a ese enjambre de avispas desesperadas por un primer plano millonario.

Cuando los flashes se tranquilizan y por fin puede ver quién arribó, a James se le hubiera caído la mandíbula si no la tuviera pegada al resto de su rostro. 

Bruce Wayne da el primer paso hacia el interior y los paparazzi se mueven a su alrededor con desespero, junto a otros dos hombres que poco le importa a él. Porque detrás, luciendo un traje blanco de tres piezas con intrínsecos bordados dorados, Jason aparece como si modelara por la pasarela de La Semana de la Moda. 

Hay una mirada gélida que opaca el brillo característico de sus bellos ojos turquesas. Con el mentón en alto, sobrepasa a todos los que se aglomeran a su alrededor, ignora los intentos de los paparazzi se hacerle una entrevista y no reacciona a los comentarios malintencionados referidos a su estado omega, el grueso collar que esconde la tierna piel de su cuello, y su dudosa reaparición.

Pero Jason no se deja aplacar. Camina con la espalda recta y con el profundo arco de su espalda desplegado. No hay rastro alguno en su rostro y comportamiento que alimente los delirios que esas hienas intentan conseguir.

Mientras más pasos da en dirección a Wayne, la gente no le queda de otra que apartarse para dejar paso a una larga cola de encaje cuya caída compite fácilmente a la cola soñada de una futura novia, lo que termina de cimentar su estatus de omega soltero. 

Se ve hermoso.

—Bueno, parece que ahora tienes un motivo real para quedarte —Steve dice con una sonrisa burlona.

Pero James ni siquiera registra sus palabras o cuando se aleja de su lado. En ese mismo instante, su mirada se cruza con la de Jason sin importar la cantidad de personas que los separan, y recibe a cambio la sonrisa más brillante y genuina que nadie le ha dirigido jamás.

Jason atraviesa la avalancha de cámaras y gente molesta con el andar de un rey sin corona. De reojo, James capta la mirada poco entusiasta que Wayne le dirige a su hijo y luego a él, pero por lo demás no interviene. De hecho, dos jóvenes se acercan por detrás, Dick y Tim, si no los ve mal, dos alfas que pertenecen a la manada de Jason, (dos alfas que para nada amenazan su orgullo alfa), y lo apartan de su camino con sonrisas demasiado exageradas como para no ser sospechosas.

Una vez que Jason demuestra sus intenciones de destrozar las pertenencias de un paparazzi, los demás se alejan por el bien de sus carteras. El resto de invitados curiosos dan un paso atrás al ver que su atención es robada por el infame Soldado del Invierno, y por fin logran reunirse.

De cerca, Jason es aun más impresionante.

—Si soy honesto, no pensé que fueras el tipo que usa trajes —Ese fue su saludo.

—Stark no me dejó mucha opción —James consigue decir sin balbucear.

Stark había llegado tan lejos por esta gala que trajo un sastre directamente a su piso y lo encerró con el hombre beta hasta que se dejara tomar sus medidas. Fue una situación incómoda la que tuvo que pasar para que el traje terminase siendo más ajustado de lo que debería.

Jason tararea por lo bajo e inclina la cabeza con suavidad. Sus ojos turquesas devoran las luces del lugar y se convierten en bellas farolas que James no logra apartar la vista.

—Creo que te hizo un gran favor. Sobre todo con estos botones que amenazan con explotar en mi cara.

Un dedo aventurero aterriza en el segundo botón de su camisa, donde la tela se tensa demasiado como para ser normal, justo sobre sus pectorales.

Es, por lejos, una de sus demostraciones en público más escandalosas. No tienden a tener este tipo de contacto. Claro, arriba del cuadrilátero las manos tienen permitidas ser errantes, y James ha aprendido la firmeza del cuerpo de Jason con demasiada libertad. Pero esto es algo completamente fuera de su zona de amistad y no sabe que hacer.

Hipnotizado, James levanta la mano de vibranium, oculta por un sutil guante de cuero, y atrapa el dedo travieso contra su pecho, donde su corazón se retuerce y palpita desbocado.

—Sería una pena que tu bello rostro se vea maltratado de esa manera —dice en un susurro apagado que se escapa de sus labios.

La máscara de seguridad y coquetería de Jason se corrompe por un sonrojo profundo que resalta las pequeñas pecas en sus pómulos altos. Pero eso no lo detiene para seguir apretando los botones correctos.

—¿Te gusta mi rostro, James?

Jason se aproxima a un más. El dedo cae de su pecho hacia abajo y se pierde a lo largo de sus abdominales, el calor electrizante que le sigue su tacto le hace temblar las rodillas y algo similar a un retumbar bajo se enrosca en su pecho.

«¡James Buchanan Barnes, viejo decrépito!», piensa. «¡Estás muy grande para querer ronronear por cosas así!»

—No hay nada en ti que no me guste.

A estas alturas el espacio entre ellos es inexistente. Sus respiraciones se cruzan, la punta fina y respingona de la nariz de Jason acaricia la suya, y el aroma a petricor y floral se entremezcla a la perfección con el whisky y cuero añejado en una nube imposible de ocultar para cualquiera que se acerque.

—Ten cuidado, alfa —Jason habla tan meloso que le cuesta seguir la conversación, pues sus labios hacen contacto con cada palabra que dice y lo aturde—. Si sigues con esa lengua atrevida pensaré que es una confesión.

La palabra Alfa rebota en la parte posterior de su cerebro y desestabiliza sus pensamientos sensatos. Suena demasiado bien en la boca de Jason que sus instintos se activan y su alfa se aglomera en su pecho para salir y dar la cara para enfrentar a su bello omega dispuesto.

Soltando un suspiro tembloroso, pregunta:

—¿Sería atroz para ti si así fuera?

La respuesta no llega de manera verbal. Unas manos firmes se deslizan alrededor de su pecho, acarician sus costillas y se cierran detrás de su espalda baja, donde lo empujan hacia el cálido cuerpo que huele a euforia y triunfo omega.

El contacto directo entre ellos es febril y lo siente a través de la ropa que a James se le seca la boca al instante. Ni la brisa más delgada puede pasar entre ellos, y lo vuelve eufórico saber que todos están presenciando una demostración de intención descarada.

Mierda, las noticias serán un desastre mañana.

—¿Atroz qué el alfa al que tanto he deseado por fin me reconozca? —Jason repite la palabra con un deje de incredulidad divertida—. ¿Cómo permitiría tal ofensa?

James voltea en su dirección con desesperación palpable. Su alfa asoma la cabeza completamente interesado ahora y retumba tan profundo que toma por sorpresa tanto a James como a Jason.

James se siente mortificado por su falta de autocontrol y quiere que la tierra lo trague.

Por otro lado, la sonrisa de Jason se agranda, sus pequeños colmillos aparecen (sus colmillos de omega) con un brillo travieso y su lengua delinea sus labios rojizos con una lentitud que adormece el cerebro de Jamas para notar que está siendo muy obvio.

—Hoy es una noche estupenda —Jason dice, con la cabeza inclinada hacia un ventanal que lleva a uno de los tantos balcones de la Torre A, y se mete todavía más en su espacio personal sin pedir perdón ni permiso. James es con suerte más alto que él por unos pocos centímetros, y aun así siente el cálido y mentolado aliento del omega caer en su propia boca abierta como un manto sagrado—. ¿por qué no eres mi compañía esta noche, alfa?

—¿Solo por esta noche?

La pregunta sale tan rápido de su boca que teme verse desesperado.

Sin embargo, la sonrisa lobuna que le dirigen es todo lo que necesita para tranquilizarse.

—Podrás tenerme todo lo que quieras —Jason canturrea y su sonrisa se atenúa a una más pequeña y tímida.

—Quizás te quiero para siempre.

Jason chasquea la lengua en un falso gesto de molestia.

—Las palabras se las lleva el viento.

En un acto de osadía tardía, James sostiene la mano más próxima de Jason y la acerca a su boca, donde deposita un beso delicado sobre unos nudillos ásperos y teñidos de pequeñas cicatrices viejas.

El pensamiento de porqué las tiene pasa a un segundo plano cuando Jason se apoya completamente en él y ronronea, satisfecho de su accionar.

—Concédeme tu compañía para toda la vida, omega.

—Bueno, si lo pides así de bonito, ¿quién soy yo para decir que no?

No hay más palabras después de eso.

Jason se aleja en un movimiento ágil y rápido, echa un vistazo alrededor, y James no tiene tiempo de extrañar su calor porque lo tironea hacia el balcón dividido por gruesas cortinas, ocultándolos a la perfección de cualquier indeseado con intenciones de arruinar el momento.

La luna llena resalta en lo alto del cielo oscuro, el aire refresca su piel caliente, y las luces de la ciudad se convierten en pequeñas estrellas a la altura en la que se encuentran. Pero poco le importa cuando un decidido y hermoso hombre lo acorrala contra el barandal del balcón y sus labios reclaman la boca de James con un hambre voraz que lo consume todo y le roba la respiración hasta que sus pulmones arden.

Se separan con un ruido vulgar y un brillante hilo de saliva aun conecta sus bocas. Los labios de Jason están rojos e hinchados, el rojo en sus mejillas se profundizó junto a sus dulces feromonas, y el turquesa de sus ojos ahora no son otra cosa que un delgado halo contra sus pupilas dilatadas.

James no requiere de un espejo para saber que no se ve mucho mejor. Sin embargo, ¿cómo puede importar nada más si tiene este maravilloso ser entre sus brazos, reclamándolo?

—No te vayas a arrepentir después, alfa —Jason suelta en un susurro pequeño. En primera instancia suena a un comentario casual que promete diversión.

Y James caería en el acto sensual e impersonal de Jason si no lo conociera. Debajo de esa altivez, de la facilidad para tomar las riendas y la manera en que su toque lo consume todo, reconoce el genuino temor del rechazo.

James inhala profundo, cierra los ojos y se atreve a buscar contacto con manos nerviosas que aprietan a Jason contra su pecho, en un abrazo firme pero no oprimente, que el omega puede romper si se siente incómodo.

Jason no lo hace, por lo que consigue el valor de decir:

—¿Cómo me arrepentiría, cuando el hombre al que tanto he deseado por fin me reconoce?

El extraño juego de luces, igual que esa vez en la panadería, inundan los ojos de Jason en un verde centelleante que lo deja desorientado por un momento, antes de que el reconocimiento de sus propias palabras reemplacen en verde invasor por un turquesa vibrante y coqueto.

—Eres bueno con las palabras —Jason dice con humor renovado, y la duda desaparece de sus tiernos rangos.

—Aprendí del mejor —confiesa en un tono bajo y profundo.

Jason tiembla entre sus brazos antes de abalanzarse de nuevo contra su boca en un beso húmedo y hambriento. Él le permite al omega que lo consuma. Que reclame todo de sí hasta que no quede nada reconocible de su persona y nadie sepa donde empieza uno y termina el otro.

Si Jason le diera la oportunidad, se fundiría allí mismo, en el fervor de su cuerpo y su toque anhelante y posesivo. Se metería en su pecho, se refugiaría en la cuna de sus costillas y se aferraría a ese corazón sangrante que se unifica con el suyo en un baile descarrilado y ruidoso.

Por primera vez en décadas, James no desea otra cosa que ese momento, permanecer allí, al joven hombre que da todo de sí mismo a cambio de su amor.

Jason sabe dulce en su boca ansiosa, se derrite en sus manos, y clama por algo que no es apto para el sitio en el que están. No obstante, a James no le importa. Nada jamás logrará que se aleje de esa magnífica unión por voluntad propia. El mundo podría terminase en ese mismo instante que no voltearía a ver dos veces.

Quizás las cosas se desarrollan demasiado rápido. Hay tantas preguntas sin respuestas que flotan alrededor de ellos. Merecen una conversación más tranquila y detallada, en donde puedan sacarse todas las dudas y empezar desde cero.

Pero, por el momento, con una noche preciosa y un omega que sabe robarse su atención sin intentarlo, las cosas están bien así.

Ellos estarán bien. Hará feliz a Jason de la misma forma en que está seguro que Jason lo hará feliz a él.

Y eso es todo lo que importa.

 

 

 




Notes:

¡Gracias por darle una oportunidad a mi escrito y leerlo!
Los comentarios siempre son bien recibidos.

Bye bye.👋🏻

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