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La noche caía sobre la ciudad con un brillo cálido, la ex-clase A avanzaba en grupos dispersos, todavía con risas tras la cena y la misión rápida que habían atendido después. Era raro tener una noche así de tranquila. Raro… pero bonito.
Izuku se ajustó la mochila y miró a Bakugo. Tembloroso se acercó hacia él dudando un segundo antes de hablar
—Kacchan… voy un momento con Uraraka. Quiero… hablar un poco más con ella.
Bakugo lo miró levantando una ceja, no había molestia ni sorpresa en su expresión.
—Haz lo que tengas que hacer. —Respondió con ese tono medio gruñido que ya no engañaba a nadie— Pero no tardes. Mañana tengo que ir a buscar a Edgeshot temprano al aeropuerto.
Izuku sonrió.
—Volveré pronto.
Dio unos pasos y, mientras se alejaba, las palabras que Bakugo le había dicho se deslizaron en su memoria
“Si tratas a todos de forma especial… entonces nadie es realmente especial para ti.”
Izuku apretó el puño suavemente.
Él sabía exactamente a quién trataba de forma especial. Y por eso mismo, debía ser honesto con el resto de las personas que también habían marcado su historia.
Cuando llegó al sitio donde Ochako se encontraba, ella giró con sorpresa, no lo esperaba ver corriendo hacia ella.
—¿Izuku? ¿Pasó algo?
Izuku respiró hondo.
—Quiero… hablar más contigo. Hablar de verdad. De lo que pasó, de lo que significaste para mí y de lo agradecido que estoy.
Ochako bajó la mirada sorprendida, pero no dolorida, él no venía con amor, venía con gratitud. Levantó la vista con una sonrisa cálida
—Si. Yo también quería eso.
Mientras caminaban juntos, Izuku y Ochako sintieron que una puerta antigua se cerraba con suavidad detrás de ellos. Ochako lo miró por un momento más con una suavidad distinta, como quien agradece algo que fue real sin necesidad de retenerlo. Ella sabía que Izuku ya tenía alguien especial, había querido alcanzarlo alguna vez, ahora no, ahora quería avanzar, no hacia alguien, sino hacia sí misma, y eso, por primera vez, se sentía bien.
Tenía la libertad de elegir qué hacer con todo eso.
Y esta vez, iba a hacerlo por ella.
Uraraka había sido alguien especial desde el inicio. Lo acompañó sin hacerlo sentir menos, haciendo que todo fuera un poco más fácil incluso en los días más pesados. Con ella aprendió que no estaba solo, que podía apoyarse en alguien sin sentirse una carga.
Bakugo también era especial, pero de otra forma. Con él nada había sido fácil ni tranquilo, pero fue una constante durante toda su vida. Crecieron enfrentándose, midiéndose, empujándose hacia adelante, cada uno siendo la motivación del otro por alcanzarse. Bakugo no lo dejaba retroceder, no lo trataba con cuidado, pero tampoco lo soltaba. Estaba en los detalles que se habían vuelto costumbre sin que se diera cuenta: en las discusiones que nunca iban en serio y en cómo siempre terminaban caminando uno al lado del otro.
Ambos eran las personas más importantes. Eran distintos, y precisamente por eso, ninguno reemplazaba al otro.
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VERSION BAKUGO
Bakugo estaba parado observando la situación a su alrededor mientras los demás conversaban en el fondo. Fingía desinterés, pero en realidad tenía su atención puesta en Izuku, que se acercaba con cierta incomodidad. La forma en que dudaba, cómo se acomodaba los dedos, ese gesto pequeño que siempre hacía cuando estaba pensando demasiado.
Ya lo conocía demasiado bien.
—Kacchan… voy un momento con Uraraka. Quiero… hablar un poco más con ella.
Ajá.
Ahí estaba. Ese intento de explicarse demasiado.
Bakugo no sintió ni un pinchazo de celos, para su propia sorpresa, ni una chispa. Era Ochako, tenía más integridad que todos los héroes del área juntos.
Y Deku… Deku ya era suyo. No porque lo “poseyera”, sino porque ninguno de los dos sabía existir sin el otro.
Así que solo soltó un resoplido.
—Haz lo que tengas que hacer. Pero no tardes. Mañana tengo que ir a buscar a Edgeshot temprano al aeropuerto.
Después de tantos años, confiar en Izuku se había vuelto automático
Izuku asintió, más relajado, con ese brillo tranquilo que le aparecía cuando sentía alivio. Cuando se alejó, Bakugo lo siguió con la mirada de manera involuntaria, como si sus ojos lo buscaran solos, bueno, en realidad siempre fue así.
Recordó la frase que le había dicho más temprano dentro del auto camino hacia la cena y que sabía que Izuku no habría olvidado:
“Si tratas a todos de forma especial… entonces nadie es realmente especial para ti.”
Ahora lo veía caminar hacia otra persona que había sido importante en su vida y desarrollo como persona.
—Oye, Bakubroooo —la voz de Kirishima llegó antes de que pudiera ignorarlo— ¿Nos llevas, cierto?
Bakugo ni levantó la vista.
—No.
—¡¿Cómo que no?! —saltó Kaminari, apoyándose sobre su hombro—Muéstranos tu auto nuevo
—Dije NO— Empujando a Kaminari
—Ay, qué egoísta —añadió Mina, cruzándose de brazos con una sonrisa— Mira que dejar botados a tus mejores amigos.
Bakugo alzó la mirada por fin, claramente molesto.
—¿Cuándo mierda dije que eran mis mejores amigos?
—Recién —respondió Kirishima con sonrisa burlona
Kaminari asintió.
—Se sintió en el ambiente.
Mina ya estaba caminando en dirección a la salida.
—Ya, ya, vamos. Igual nos va a llevar—Dice con una sonrisa burlona.
Bakugo chasqueó la lengua, caminando en dirección a su auto
—Suban y cállense.
—¡Sabía que dirías que sí! —Kaminari levantó los brazos, celebrando.
Mientras los tres seguían hablando entre ellos como si nada, Bakugo metió las manos en los bolsillos y lanzó una última mirada rápida hacia donde Izuku había desaparecido.
—Que no se ponga a llorar —murmuró, ya camino al estacionamiento— Idiota sensible…
Y aun así, sin pensarlo demasiado, redujo un poco el paso. Total, no había apuro.
De todas formas lo esperaría en casa.
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El departamento estaba en silencio cuando Izuku abrió la puerta con cuidado, las luces del living estaban apagadas, pero una tenue iluminación venía desde el pasillo.
Se quitó los zapatos sin hacer ruido, dejando la mochila a un lado.
—¿Kacchan? —llamó en voz baja.
No hubo respuesta inmediata.
Avanzó un poco más, hasta asomarse al dormitorio, Bakugo ya estaba ahí sentado en la cama, con una camiseta suelta y el cabello ligeramente desordenado, revisando algo en el celular. Parecía listo para dormir.
Le lanzó una mirada apenas Izuku apareció en la puerta.
—Llegaste.
No era una pregunta.
Izuku apoyó el hombro en el marco, relajándose.
—Sí… Pensé que estarías dormido.
—Los idiotas querían que los llevara a cada uno a sus casas— dice suspirando molesto
Izuku rió.
—¿Aceptaste llevarlos?
—Tch no me dejarían tranquilo nunca si no lo hacía—Dice frunciendo el ceño e Izuku vuelve a reir.
Hubo un pequeño silencio, cómodo, sin tensión. Bakugo dejó el celular a un lado.
—¿Y?
Izuku caminó para sentarse a su lado encima de la cama.
—Solo hablamos y se sintió bien, fue liberador poder hablar de todo, de todo lo que tuvimos guardado durante todos estos años. Uraraka tenía sueños con Toga aún a día de hoy. Pero dice que al fin se siente lista para volver a empezar con ella misma, dijo que nuestra conversación le ayudó mucho para pensar eso.—Izuku mantenía una voz relajada y una sonrisa ligera mientras hablaba.
—Supongo que esta bien para la cara redonda esa—Dice como burla pero por dentro él sabe que se alegra por ella, al fin y al cabo Uraraka le caía bien, aunque nunca lo admitiría en voz alta.—¿lloraste como un Nerd?
—Kacchan! —Golpeandolo levemente en el brazo para luego murmurar—… solo un poquito.
Bakugo ríe y le agarra la cabeza con una mano para darle un beso en la sien.
—Me alegra que hayan hablado—Dice con una pequeña sonrisa, de esas que solo Izuku las puede ver, luego se mueve acostandose en la cama—Ya cambiate. Edgeshot me dijo que su vuelo llegaba a las 6 de la mañana.
—Está bien, está bien.
Luego de cambiarse y lavarse los dientes Izuku vuelve a la habitación y se acuesta a un lado de Bakugo cerca de él, donde este por inercia le rodea en un abrazo para acercarlo más hacia él.
Izuku tenía muchas personas que consideraba especiales, trataba a todo el mundo por igual, pero también aprendió quienes merecían aún más un trato especial, y la persona que tenía a su lado en ese momento era una de ellas.
