Chapter Text
Había un ambiente tenso sobre la región incluso después de establecer la paz entre las dos facciones. El Régimen había cedido a la calma aunque sus líderes ansiaban el dominio completo del territorio y El Norte había prometido mantener sus manos lejos de las armas. O al menos así había sido en un principio, Ashswag debió preveer que el más joven de los príncipes mellizos del Norte, uno de los primeros en llevarlos al borde de la guerra, sería terco e impulsivo sobre sus propias motivaciones.
No habría paz por mucho tiempo, no cuando los ataques inofensivos pero irrascibles del príncipe y sus ayudantes no dejaban de fastidiar los días del Régimen. Desde algunas minas cercanas a su base, robos menores y alarmas.
Ash dudaba poder mantener la falsa calma un segundo más, había contenido a sus hombres y el descontento inmediato, pero era algo que no podía sostener por siempre. Cada segundo que pasaba se convencía de que no tenía sentido retenerse solo por la relación casi amistosa que había construido con algunos del Norte cuando el General principal estaba tan obsesionado con crear caos en sus tierras.
A nada de convocar una reunión con el rey, uno de sus hombres más leales lo interceptó antes del amanecer con lo que denominó 'el plan de dominación definitiva', aunque el artículo sobre el que depositaba toda su confianza no era sino un trozo de libro mohoso.
En aquel momento, salido recién del estupor de un sueño intermitente, había sido una idea maravillosa.
Por supuesto que no debieron esperar nada de un grupo de hojas apenas sujetas entre sí por una encuadernación que se caía por su propio peso. Por alguna razón, que después escaparía de su lógica, habían creído que en aquel patético intento de libro se encontraba la posibilidad de un arma inigualable. Les había costado la primera parte del día a fuerza de un diccionario demasiado arcaico y sus pocos conocimientos del tema desentrañar del idioma rudimentario lo que parecían un conjunto de rituales de invocación, descritos con mucho detalle, para criaturas de gran potencial mágico.
Ashswag había estado extasiado, en medio de una inminente guerra el libro llegó como una esperanza macabra. Tenía por supuesto una criatura en mente perfecta para el plan, pues qué mejor que atacar a tu enemigo con su propia arma.
El Norte era conocido por sus dragones, o las historias que quedaban de estos.
Era algo que circulaba casi como una leyenda, un mito en versiones que sonaban imposibles, cuando se hablaba de los dragones del Norte. Criaturas que atormentaban otros territorios pero que allí vivían en armonía con sus habitantes, el poderío que acarreaban llevó al reino a imponerse por el tiempo suficiente para volverse historia. Tener en su poder una de aquellas criaturas daría la fuerza necesaria al Régimen para dominar sobre la isla, sin embargo, había un problema...
Los dragones se encontraban extintos.
Fue la realización de la desgarradora realidad lo que llevó por unos segundos a la cordura al grupo, estaban por dar terminada tan emocionante pero corta planeación cuando su segundo al mando habló:
"¿No es acaso algo no confirmado? Lo sabremos si la invocación no funciona."
Y el plan se retomó.
Lo que llevó a otros grandes contratiempos. Dado a que la invocación requería de un elemento ligado a la criatura de interés tuvieron que dar con una escama real de dragón. Corrían rumores de ventas ilegales y exposiciones privadas donde se guardaban con recelo las últimas existentes. Pero al revisar dichas posibles pistas se llegaron una y otra vez a callejones sin salida.
Sólo quedaba un opción bastante arriesgada y que pese a resultar exitoso en la ejecución del plan Ashswag juraba llevarse a la tumba tal deshonroso acto. Pues había tenido que urgar como vil ladrón en la alcoba de la princesa del Norte.
Dado a la nula existencia de algo relacionado a los dragones lo más cercano eran aquellos con sangre de su descendencia. Los príncipes del Norte llevaban en su sangre aquel linaje y había visto con anterioridad en sus visitas que algunos de ellos manifestaban escamas o algunas otras características de la especie.
Obtener una sola escama no había sido su trabajo más limpio, una visita apurada y de incógnito en el Norte donde había tenido que colarse en la habitación de tonos rosas que pertenecía a la heredera. Estaba seguro de no tener testigos, y esperaba que nadie se hubiera enterado, pues tuvo que buscar por los minutos más eternos de su existencia en la habitación. Llevaría un ramo en disculpa a su amiga en la próxima reunión que tuvieran.
La escama en la bandeja reflejaba la luz crepitante del fuego con matices en violetas. Era brillante y algo en ella llamaba a tocarla con cierta reverencia, quizá solo un reflejo de la leyenda o la imagen mental de un pasado de fuerzas colosales.
Tener a la mano una pequeña parte de un poder con tanto potencial hacía que la espera se sintiera aún más eterna.
Lo que no ayudaba a que el ritual no diera respuesta alguna.
La zona de maquinaria había sido modificada con velas, hierbas y símbolos pintados en rojo que le daban un ambiente de montaje teatral. Haiper, su segundo al mando, había insistido en apegarse lo más posible a la ilustración que aparecía en el libro el cual sostenía con cierta reverencia.
Leía el zorro con una entonación propia de película las palabras de un idioma desconocido que bien podrían ser la lista de compras de un estafador.
Llevaban medio día en esto y aún no se cumplía la mentada invocación por la que en primer lugar habían conseguido todos los materiales. La tarde terminaría en triste intento de ritual.
Empezaba a dudar si lo que habían obtenido no era sino un pedazo de basura.
"¿Qué se supone que debería estar pasando?" Tubbo, el constructor del Régimen y uno de sus hombres de mayor confianza, se hallaba al borde del colapso. Él solo iba de paso cuando lo jalaron para participar sin oportunidad de negarse. Había tenido que encender una docena de inciensos en repetidas ocasiones siendo víctima del humo constante. Estaría harto del aroma por años.
"Según esto debería de empezar a manifestarse un vínculo... ¿Han visto o sentido algo?"
"No Haiper, no ha pasado nada en absoluto." Ashswag estaba a nada de lanzar el libro a la fogata más próxima. Cambió ligeramente su postura, estaba agotado y frustrado y necesitaba terminar su trabajo. Estaba punto de dar por terminado tan infructuoso experimento cuando su otro segundo al mando habló.
"¿Qué tal si vertemos un poco de sangre?"
Ashswag apretó el puente de la nariz.
"Por si no lo has notado, Tubbo, tenemos bastante sangre en los símbolos que Haiper untó por todo el lugar y que si no limpian para mañana se van a apestar."
"No, hablo de la nuestra, esa es de vaca." Los otros dos hombres le miraron confundidos. "No viene en el libro, pero ¿que no es clásico que en rituales se use sangre humana? En especial si se supone que habrá un vínculo."
Haiper arrugó su nariz y movió sus orejas de zorro hacia atrás. "¿No podría ser contraproducente? El libro no menciona nada de sangre humana. Además lo único que debemos agregar es la escama de dragón una vez se manifieste el vínculo."
Tubbo sacó de su cinturón una daga. "¿Estamos seguros que la traducción no pudo fallar y omitimos la parte de nuestra sangre?" Extendió su mano al líder esperando por su colaboración, Haiper se interpuso casi de inmediato con la voz un poco aguda.
"Usemos mi sangre, si pasa algo que sea a mí."
Se acercó con paso firme pero Ashswag lo detuvo.
"Está bien, estoy dispuesto a tomar el riesgo." Extendió su mano con la palma visible. Tubbo dudó un segundo y luego pasó la cuchilla por la piel dejando una línea roja en consecuencia. La sensación de ardor y posterior humedad se asentó en el corte, con un silencio ceremonial Ash se acercó a la hoguera que reposaba cerca del círculo de invocación y dejó caer su sangre en el fuego. Las brasas crepitaron.
Tubbo dio un codazo no tan sutil a Haiper. "El hechizo, falta cantar el hechizo." El zorro reaccionó con prisa, abrió el libro en la página marcada y repitió los versos. Se encendieron de nuevo los inciensos y el humo pareció por un momento girar en formas extravagantes.
Hubo un viento que entró y sacudió las hierbas, en la expectativa creyeron notar algo surgir a su paso, los tres hombres esperaron.
Pronto el momento se detuvo, el silencio inundó la habitación. El viento silbaba en desasosiego.
"¿Puede que la sangre va en el círculo y no en la hoguera?" Se aventuró Tubbo. Ashswag suspiró frustrado.
"Si planeas vaciar mi sangre la misma cantidad de veces que se han prendido inciensos... No sé si deba de considerar eso como una amenaza directa."
Tubbo retrocedió negando. "No, claro que no." Prendió una última vara apestosa. "Pero no está de más probar."
Resignado, el líder del Régimen (que bien podría estar haciendo cosas más razonables que hacer lo que parecía un intento de picnic satánico con sus dos hombres más cercanos) se acercó al círculo pintado en el suelo y dejó caer más líquido carmesí.
La espera que siguió fue eterna y muda.
"Si no es allí ¿qué tal poner algo de sang..."
Ashswag estaba por quedarse sin constructor de trenes y dejar la vacante a algún otro desgraciado. La voz de Haiper cortó la frase. "El círculo."
"¿Qué?" Al volverse vieron un fuego empezar en el dibujo del suelo, primero como unas pocas brasas hasta que de un momento a otro se encendió una llamarada y rugió con fuerza. Los tres hombres pronto entraron en pánico, buscaron con frenesí apagarlo para no poner en riesgo la maquinaria pero parecía ser inmune a todo. El fuego se extendía indomable, y sus hombres lanzaban agua y tierra sin lograr nada.
Ashswag vio entonces la escama en una mesa cercana y en un acto de mero impulso lo lanzo a la vorágine de llamas.
Se detuvo abruptamente.
El humo entonces comenzó a surgir en su lugar. Asegurados de que el fuego estaba apagado los hombres volvieron a revisar la habitación en busca de bajas, todo parecía en orden. "¿Se encuentran bien?" Los otros dos asintieron.
Había algo extraño también con ese humo, pues crecía hasta cubrir la vista, dejando cada vez menos visible la habitación en su totalidad. Incluso parecía afectar otros sentidos, pues las voces de los otros dos se perdieron en sus formas vaporosas y pronto también sus siluetas hasta ser cubiertas por completo.
La herida en la mano punzaba.
Se dió cuenta que se encontraba solo, en un entorno lleno del humo, probablemente incluso fuera de la habitación o en un espacio cercano a esta pero no en su interior. En ese estado desorientado unos hilos empezaron a formarse eran delgados filamentos que se veían a contraluz. Parecían danzar con lentitud en el aire.
Ashswag intentó tocar uno pero este rehuyó su toque, una descarga de algo ajeno zumbó son ese roce. No estaba seguro si se trataba de un movimiento o algo tan extraño como lo que describiría como una emoción pero quiso probar de nuevo. Pasó así con cada uno de los filamentos, parecían responder a él con sensaciones variadas, siempre entumecidas y lejanas.
Haiper había dicho que en el libro esos eran los lazos, aquel que ataría al familiar con el receptor. El texto decía poco en realidad, no había una guía establecida, por lo que cuando sintió al tocar uno la sensación desbordante recorrerle por completo no pudo evitar pensar que lo estaba llamando.
Se aferró al lazo, incluso cuando este también trató de alejarse, la intensidad de algo cruzó la palma de su mano desde su herida aún abierta. Eran una rabia y fuerza que no le pertenecían pero que resonaban en su interior desde la mano. Una sonrisa peligrosa se extendió en su rostro.
"No intentes siquiera huir, tú eres mío."
Tiró del lazo con fuerza y algo desde el otro lado perdido en el mar de humo se movió. Las ondas crearon un movimiento extraño y el espacio se abrió como si se rompiera con la pared de nubes hasta que sus bordes se desdibujaron y la habitación de máquinas resurgió.
Lo primero que escuchó al recobrar sus sentidos fueron a Tubbo y Haiper discutiendo en un lugar no tan alejado de él, ellos al notarlo exclamaron con alivio en sus voces, pero no prestó atención.
Había algo detrás del último bloque de humo tomando forma. El lazo temblaba en su mano, las sensaciones siendo un revoltijo confuso. Pronto las últimas nubes se dispersaron y una silueta humana se tambaleó desorientada.
Ashswag no pudo evitar identificarlo casi por instinto, lo que le amargó de inmediato.
Ante los tres hombres Aldo, príncipe tercero del Norte, General Supremo de Guerra y mayor nemesis de Ashswag, miraba confundido el entorno como quien acabará de despertar de un sueño. Sus ojos se encontraron con los del líder del Régimen y en menos de un segundo tenía su espada en la mano empuñando con una actitud desafiante y una mirada aún estupefacta.
Por el lazo que los unía la confusión y rabia ajenas quemaron con una intensidad hasta colarse por sus extremidades.
Parecía que sin duda no había dragones disponibles y el libro mohoso era una estafa demasiado eficaz.
Ashswag sacó su espada y se puso en guardia.
